30 septiembre 2014

La imposibilidad del Carpe Diem





"Los hay que cada día
ensayan su muerte" 

Verónica Calvo, Blog "Tinta de sueños"


Llegué al trabajo y el uruguayo me dijo ”……..” (no lo escuché bien). “¿Qué han enterrado a Fernando?”  No, no, que lo han ingresado” Ah, vale, pensé. “Pero es por algo del cuello, debe ser algo malo” me dijo el uruguayo mencionando el cáncer sin decirlo porque hay gente a la que las palabras de lo feo asustan como si hablar conjurase los males. Fernando, con el que ha mejorado mi relación en los últimos tiempos y parece haberse rendido a mi maravilloso encanto personal, me envía pronto un Whatsapp diciendo que está ingresado en un hospital cerca de mi casa porque el líquido de la pleura se le corrió del pulmón hasta el cuello. Charlamos no demasiado bien sobre el uruguayo. Las relaciones en un trabajo son mudables. Mirad la historia. Aquí España se alió a Francia contra Inglaterra, Inglaterra se alió a Francia contra España, España e Inglaterra lo hicieron contra Napoleón… Deja pasar un tiempo y lo que antes te parecía bueno luego te parecerá mal y tal vez si sigue pasando el tiempo suficiente vuelvas a la casilla de salida. Además, según la psicología, aliarse a otra persona contra una tercera refuerza los lazos entre dos aliados. Con Fernando se acabó temporalmente el mal rollo (pero me sigue cayendo mejor el uruguayo, la verdad).
Al día siguiente me llamó un inspector de la empresa. “¿Sergio? Bueno, ya lo sabrás pero te llamo para comunicarte que Fernando ha muerto ¿Puedo contar contigo para que le cubras mañana?” Y yo, que ya llevo una muerte cercana a principios de año y empiezo a entender que esto no es algo que solo pase en Gaza o Ucrania y que está por  cualquier sitio me quedo impresionado.
Busco a Fernando por Internet. Le veo en Facebook junto a su mujer, su pasión por el Barça, le recuerdo agobiado por el verano terrible que le ha dado la empresa, nuestros más y nuestros menos… En fin, me asalta la filosofía que te deja siempre la muerte de los otros, especialmente la de los que mueren jóvenes. Y esa noche casi no duermo.
Al día siguiente me llaman de la empresa para confirmar la noticia. También me llama el uruguayo llorando y me dice que yo que estoy cerca, me informe por favor de dónde lo entierran o si estará en el tanatorio. Voy con L. al tanatorio pero todavía no les ha llegado allí nadie del hospital. Tal vez esté en otro lugar. L. y yo nos prometemos que a partir de ahora carpe diem, la muerte está últimamente que no respeta a nadie. No es que la vida nos esté dando sorpresas. La que está que no para es la Parca.
Entonces me vuelven a llamar de la empresa. De las oficinas:
-¿Sergio? Eh… Oye que de momento todo sigue igual pero que… como te vi afectado y eso… decirte que Fernando está vivo. ¿A ti qué inspector te informó de que estaba muerto?
Luego vuelvo a hablar con Fernando, nunca antes lo había hecho con un muerto resucitado y nos reímos. Aunque os puedo asegurar que si antes cuando estaba vivo tenía mal carácter ahora que está “muerto” es peor. Me pregunta si es denunciable el error del inspector. Bueno… Sólo es denunciable lo que cause perjuicio y se pueda demostrar (y eso si se puede pagar un buen abogado).
Ahora regresaremos al trabajo, seremos “muy amigos” un tiempo y luego iniciaremos nuestro ritual de guerra fría, violencia y malos rollos.
Exactamente igual que si nunca nos fuéramos a morir.