14 diciembre 2015

Semana de reflexión


El otro día, viendo a Homer Simpson y recordando al presidente de mi país, tuve una revelación. Algo importante sobre la vida. La filosofía que necesitaba y estaba ahí sin haberla visto antes. Gracias a usted, presidente de esta zarandeada península.
Homer intentaba con sus torpes esfuerzos habituales hacer algo bien y todo se estropeaba. Le dolía tanto el fracaso que se tumbaba en el comedor de casa y decidía no volver a hacer nada en la vida, se acabaron los planes de futuro. “Si hagas lo que hagas y te esfuerces lo que te esfuerces, las cosas ocurren como quieren… ¿De qué sirve intentar algo?”, pensaba Homero Simpson. Y entonces yo, frente a ese programa de animación, pensé: pues igual que usted, “mire usted”, presidente.
Ha pasado por casos de corrupción flagrantes que apuntaban no solo a su partido sino a su mismísima persona, nos ha rescatado los bancos (que sí, vale, que según usted era otra cosa pero sólo porque le gustan los sinónimos como a todo buen político), los problemas que comenzó el anterior partido en Cataluña los ha dejado crecer usted por desidia, tuvo un desagradable caso de machismo antes de las elecciones al parlamento europeo con un candidato de su partido, etc. Y luego no pasó nada.
Con el tiempo, muchos de esos problemas se han resuelto o se han hecho más grandes. Da igual. Todos se han afrontado del mismo modo. Esperando. No haciendo nada. Lanzando ocasionales palabras tranquilizadoras o mensajes cifrados como “parece que está lloviendo”. Ganando tiempo mientras lo perdíamos nosotros hasta que pasase la tempestad.
Usted es como la madre que susurra al bebé que llora “ya,ya” y espera a que se calme con unas palmaditas. La madre lo consigue así que por qué no usted.
Y es que presidente, usted es un sabio. Ha entendido que si todo llega es porque también todo pasa. Usted que gusta de obviedades como “un plato es un plato y un vaso es un vaso” entenderá lo que quiero decir. “Todo esto para qué”, piensa usted igual que yo. Se lo pregunta, se encoge de hombros y espera. Y luego nada es tan malo como esperábamos. A lo mejor actuando todo iría a peor dadas sus limitadas competencias como político (todos sabemos que Soraya, su segunda, es el báculo en el que se apoya y delega porque sin ella su partido ya tendría la credibilidad de Pinocho incluso entre sus afiliados).
Pero dejemos de preocuparnos por todo. Usted es un mensaje de esperanza para todos nosotros. No hagáis nada, nada importa, los países se gobiernan solos, no hay problema que no se olvide en tres telediarios, tumbaos como Homer en el comedor de casa y a verlas pasar… El Universo no es para siempre. Si se va a acabar, a qué tanto movimiento y tanta preocupación.
A mí esta filosofía nihilista me inclina a ir el Domingo al colegio electoral, coger todas las papeletas, meterlas en una bolsa y luego pedir una mano inocente que saque una a boleo. Que vote el azar, a lo que salga, porque al fin da igual, de aquí a cuatro años nada importará. ¿Eso es lo que quiere que haga, señor presidente?   


Nota: A pesar del modo irónico marca de la casa, me temo que votaré sin esperanza pero con decisión al que menos malo me parezca. No llego al nivel de pachorra que tiene este presidente de política zen. No soy capaz de actuar como un maniquí o de vivir como un pedazo de nada a través de una pantalla de plasma. No le llego a la suela de los talones al presi, todavía creo que la democracia sirve para algo y hay que votar. En el fondo soy un ingenuo.   

30 noviembre 2015

Programas de televisión que no os podéis perder por nada del mundo


Entre que abandonaba una compañía de televisión a la carta y contrataba otra (y me ponía de acuerdo con ellos), me he tenido que resignar temporalmente al TDT, a televisiones públicas, a los cortes publicitarios. ¿Y qué? He descubierto mundos maravillosos que no sabía que existían. Que sea “de gratis” no tiene que significar que sea malo. Y si no,  a ver qué me decís de estas maravillas:

Hermano mayor: Un tío que podría ser tu padre mayor(o al menos el de los chicos a los que aconseja). Este señor se va a aconsejar adolescentes que no han tenido las hostias preceptivas adecuadas para su educación, les dice qué necesitan, cómo deben actuar para no aterrorizar a sus padres y acabar en la cárcel. Les explica que está feo pegarles a los padres porque lo dice el refrán (pronto veremos cómo alguno le vuela los sesos con una recortada al progenitor para subir audiencia), les enseña a buscar trabajo como si hubiera, hacen ronda final de llanto y abrazos para que pensemos que a la que se van las cámaras la cosa no va a seguir igual o peor y que estos salvajes no se solucionarán ni en una semana ni en un mes (ni sin un buen correccional). A este hermano mayorzote le viene el conocimiento de haber tenido una vida difícil. Entendiendo difícil como éxito, fama, dinero, mujeres (no hay hermanas mayores), coches y luego drogas que invalidan todo lo demás, caída al desastre, cárcel, familias rotas, más llantos. El haberla cagado a lo grande te hace más sabio. La lectura del programa es que debes dedicar una parte de tu vida a ser un vicioso, luego destrozar esta vida para demostrarte que el vicio está mal y finalmente redimirte para poder aconsejar y sermonear a niños psicópatas (que seguro que no se van a divertir nunca ni la mitad que tú porque viven en barrios pobres sin muchas posibilidades de ascenso social o recursos). Brillante. Me fascina.

Mujeres y Hombres y Viceversa: Ante todo madurez televisiva. Este formato televisivo nos viene a decir que la gente joven y hermosa con cuerpo Danone vive una espantosa tragedia: no ligan. O no como quisieran. Bueno, sí, tal vez consigan follar de vez en cuando pero de amor nada, no lo han encontrado. Claro, lo han buscado en lugares íntimos o acogedores y lejos de las miradas de la gente pero eso no funciona. El amor verdadero solo se puede encontrar en un plató de televisión frente a las miradas del público, las cámaras, tus vecinos, tus avergonzados padres. La privacidad es para perdedores.
A estos tristes hombres y mujeres y viceversas que tanta pena nos dan nos lo quieren ni en las agencias matrimoniales. Son veneno. Sus músculos, rostros de cejas depiladas, enormes pechos y culos perfectos son despreciados por todo el mundo (menos la gente de la televisión).
Ellas pelean por el macho con el poder de sus escotes, insultando a las rivales por besar al tronista antes de tiempo y en general demostrando que luchan por un tratamiento de la mujer que la ensalce y la haga ser respetada y respetarse a sí misma.
Ellos ligan diciendo que son muy maduros y demostrándolo acudiendo a buscar el amor en televisión y llevando barba hipster. O haciéndonos llorar con sus duras vidas en las que tuvieron que trabajar después de los veinte años, estudiar sin beca o contándonos cómo perdieron la matrícula del gimnasio. Pura tragedia griega a la hora de la comida.
Este programa nos informa además del rico y preciso léxico de nuestra juventud actual: “No… O sea… Lo flipas…Oyeeee….No mola pero es que nada…lo flipo full HD… ¿O qué?”
Oro televisivo.

Cámbiame: Este programa nos despierta. Estamos hartos de esta sociedad que cultiva el mundo interior, la poesía, el exceso de gente leyendo en bibliotecas. Queremos ir a la superficie. Si no te gustas como eres no cambies por dentro, eso son estupideces, lo que necesitas es un cambio de peinado o vestir mejor. Lo que mola es la superficialidad (aquí no sé a que vengo con ironías, ES QUE ES ASI).
Tres adefesios intentan enseñarnos a lucir como adefesios. Una es una mujer recién salida de su papel de mala en las siguientes entregas de “Maléfica”, yo la miro y me asusto o pienso que me va a lanzar un conjuro desde la televisión por hacer bromitas en este blog. El chico sentado en el medio es un tipo ambiguo. No sabemos si deseaba ser como James Dean o simplemente soñaba con follárselo. Y en cuanto a la última… Bueno, con la tercera no me meteré. Iba a decir que tenía síndrome de Peter Pan pero hasta que no venda mi colección de comics de superhéroes no señalaré esa pajita en el ojo ajeno.
La idea es que estos estilistas acceden si les sale de la punta del… a cambiarte, te harán mejor persona. Y tiene su lógica. Los ves tan chulitos, tan pagados de sí mismos y tan consejeros ellos que piensas: “Vaya, si estos esperpentos que se visten en el contenedor de ropa de la esquina se creen regios, yo debo parecer un príncipe”.
La parte es cuando la gente se deja transformar. Supongo que parte del truco es presentarlos antes recién levantados, despeinados y sin duchar ni maquillar y luego hacer lo contrario y jugar bien con la iluminación del plató. A veces sí parece que mejoran pero sólo por esos contrastes tan calculados. Casi nadie se atreve a decir que no le gusta el cambio pero… ¿Te atreves tú a decírselo a tu ilusionada peluquera cuando acaba?
Un programa para filosofar sobre la vida, estimulante, con valores…


De momento esto es todo. Seguid en mi canal. Lo vais a flipar… O sea… pero flipar que te cagas… Va a ser super, super cool. Comentadme, plis

09 noviembre 2015

Forever Beast




Estaba en la cafetería. Leyendo. Ninguna novedad entonces. Hasta que le vi. Diez años más tarde de la última cena que compartimos en Transilvania, año 2005. Así que este blog le conocía por poco. Todo un personaje. Tamaño torre de castillo medieval. Ancho por todos lados menos por el cerebro. Conversación de niño. Un tópico de la ficción y al parecer también de la realidad.
-      Hola- se me acercó él mientras yo dudaba en decirle algo- Te conozco.
-      Sí, sí. De aquel viaje a Rumanía. ¿Te acuerdas?
-      Sí- me estrechó la mano como con la intención de romperla- Rumanía…
Mientras él evocaba lo que fue aquello, yo hice lo mismo. Resumiendo, fue un viaje solitario que hice allí buscando vampiros. Me encontré más bien con el monstruo de Frankenstein. O con la bestia.
En el aeropuerto de llegada, mientras esperábamos a nuestras respectivas guías nos dimos cuenta que éramos españoles por eso del castellano. Su compañera, una chica menuda y no demasiado agraciada pero muy simpática, dijo que ya me tenía visto del avión y que se había dado cuenta de que era compatriota por el libro que yo leía. De Barcelona todos. Él no decía nada. Se mantenía en su volumen y condición de hombre armario. Quedamos en vernos si coincidíamos. Y sí. Fuimos compañeros también de autocar.
El viaje fue divertido. Nos unimos gallegos, madrileños, catalanes, etc de vacaciones por un país del este recién salido del comunismo de fachadas agrietadas. Todavía fuera del euro y con salarios mínimos de 75 euros. No sé cómo les irá ahora.
Yo recuerdo divertirme bastante. Con cenas en restaurantes de aspecto gótico, con casas de pueblo adornadas con ajos en las puertas (más de cara al turista que a la verdadera superstición, imagino), con visitas a las camas y lugares de paso de Vlad Tepes, su hijo, Stocker…
Durante todo ese tiempo el hombre armario se dio a conocer. Cantaba canciones inventadas en voz alta con letras como “necesito que me coman la polla, LO NECESITO Y NO ME LA COMEN”, discusiones a viva voz porque él alegaba insatisfacción amorosa y su compañera dolores de cabeza o la regla (la falta de intimidad de ciertas personas es gloriosa para poder escribir, viva la extimidad), ocasionalmente le sorprendía mirándome mal cuando su simpática pareja hablaba conmigo o me halagaba por saber inglés. Su pareja que a su lado parecía la bella porque en la comparación y junto a ese pajarraco, ganaba cualquiera. El tipo me miraba de una forma que me hacía pensar que se había montado una tómbola a mis espaldas. Que en la tómbola había montones de premios dónde se rifaba una hostia. Que me los estaban comprando todos sin yo saberlo. Lo confirmé un día que por Sighisoara, hermosa ciudad de cuento, les comenté a los del grupo que un mendigo me había mirado mal por no darle nada y el armario dijo:
-      A mí no se atreven a mirarme mal. Como soy tan alto y fuerte nadie me mira mal. Todos ven que les puedo pegar si se ponen tontos. Tú eres diferente.
Y ahora, años después de aquel viaje, lo tenía delante. Con una conversación tan difícil y árida como siempre. Si acaso peor. Sin saber qué decirle:
-      ¿Y tú mujer qué tal?
-      ¿Por qué lo preguntas?
-      No, por… Bueno, por decir… ¿Estáis bien?
-      Sí, nos va muy bien. Seguimos muy bien. Nos va perfecto.
-      Claro, se os veía muy buena pareja. Seguro que sí. Encantado de haberte visto.
Y ya no hablamos mucho más. Se fue a buscar a su santa o a tomar viento.
A saber qué le vería ella. Aparte del volumen, claro. Si se pensaba que la bestia iba a cambiar en príncipe lo tenía claro. En la realidad no hay transformaciones mutantes ni se comen perdices, por eso tenemos el divorcio.

Las bestias si acaso, tienden a empeorar.              

26 octubre 2015

Cotilleos

Hace poco les decía a unos amigos en una cena que yo no soy cotilla, que detesto el “marujeo”. Ellos aseguraban que todos lo somos de algún modo. A continuación me tentaron con una anécdota muy jugosa sobre X que me atrapó de inmediato. Pero hay sucesos y gente de la que no puedo hablar por aquí ni en plan iniciales. Me leen. Y llevan una vida de gimnasio. Tienen la fuerza de sus músculos para hacerme entrar en razón. Si me dicen que no cuente tal cosa o me romperán las piernas, la inteligencia me dice que dejar un poco de misterio no viene mal. No hay que ser tan bocazas. O su equivalente en bloguero, no sé, tan letrazas.   
Luego están los que no me leen. Esos van a pagar por los que sí. Recuerdo que hace algún tiempo coincidimos B. y yo en un hospital. Visitábamos a J. que era amigo común. B. fue compañero de infancia. Yo era el empollón de clase y él lo contrario. La pedagogía de aquellos años le hizo tener a la profesora la brillante idea de juntarnos. El objetivo es que a B. se le contagiase mi responsabilidad académica o mi capacidad para entregar más o menos bien los deberes. Creo que lo único que nos contagiamos una vez fue una pasa de gripe muy fuerte que hubo. Y el amor por el cine. Nos hicimos muy amigos. Aunque él con sus suspensos y yo con mis sobresalientes. Sin variación alguna. Aún así él gana mucho más dinero actualmente del que gano yo. Como dice una escritora catalana, “No ens calia estudiar tant”. No nos hacía falta estudiar tanto.   
Con el tiempo nos fuimos separando pero aquella operación de J. nos reunió aquella mañana. Nos turnábamos llevándole arriba y abajo con la silla de ruedas.
B. es un tipo que alienta al cotilleo. Muy directo. Tras años sin vernos esta era su conversación:
-Pues nada, que el otro día he descubierto un puticlub muy bueno cerca de tu casa, Sergio, ya sabes por… Pero no se lo digáis a nadie ¿Eh? Llegas y es una casa normal y corriente pero tienen una negrita que fue verla y dije, me la follo pero ya. Mi mujer en ese momento estaba con los críos y le dije que tenía que hacer horas en el curro. Bueno, eso es trabajo ¿no? Pero ojo con decírselo a alguien. Que no salga de aquí. Bueno, pues la negra muy  bien, hace unas mamadas… Y oye, espectacular. Muy simpática. Yo creo que hasta le gusté. Pero ahora estamos ahorrando para las vacaciones y no puedo ir por un tiempo. O sea que sólo me quedan las pajas. Da igual, me he comprado uno de esos huevos masturbadores que son mano de santo. Se lo recomiendo a todo el mundo. No había probado nada tan bueno antes de eso. Les pones lubricante, la metes y es el paraíso. Dicen que son para dos usos pero yo les he dado ya diecisiete o así, mi huevo masturbador está tan estirado y roto que parece uno de esos gorros de piscina viejos que se les acumula el polvo y se les pegan los pelos. Un asco pero a la que N. se va a dormir lo saco, meto la polla dentro y a pasar otro ratito bueno, esto no se lo digáis a nadie. ¿Vale?
- Vale, vale, a nadie. Lo prometo- dije yo.
Y como soy hombre de palabra no se lo he dicho a nadie. Solo lo escribo que es una de las cláusulas que no he firmado.

Pero que esto quede entre nosotros ¿Eh?                

13 octubre 2015

Quedada


Tenía un mensaje de P. en la bandeja privada del Facebook. No nos hemos visto en persona desde hace unos tres años. Y SOLO NOS VIMOS AQUELLA ULTIMA VEZ. Sin el despliegue habitual de jugos y juegos en los servicios de las cafeterías.
Ella me invitaba a apuntarme a un grupo de WhatsApp con los antiguos trabajadores del cine dónde nos conocimos tan de cerca.
P. recuerda lo mejor de nuestra relación. Yo sólo los problemas. Aún así solo quería que quedásemos en grupo. ¿Debía hacerlo? Para empezar también iba A.. Este era un compañero que había tenido un lío anterior altamente insatisfactorio con P. (insatisfactorio para ella que acabó siendo empujada por esa insatisfacción hasta mis comprensivos abrazos y quien dice abrazos dice todo lo demás).
Yo escribí un post hace años dónde contaba ese trío en diferido. También contaba lo pequeña que tenía A. la polla según informes desclasificados de P.. Por eso ahora me preocupaba que A. hubiese leído mi blog. Que nos viéramos los tres en la reunión con todos esos subterráneos anegados de trapos sucios entre nosotros. Pensaba en qué le diría a mi excompañero de trabajo:

-     Mira A., no le des más vueltas. Sin rencores. Yo es que me imagino a las madres diciéndoles a las hijas: “A los hombres hay que halagarles sobre todo el miembro viril, nunca les insultes la polla, les sienta fatal. Al nuevo novio siempre hay que darle mejor puntuación respecto al novio anterior. Al menos si te lo quieres quedar. Dile que folla mejor que el de antes. Siempre funciona. Ellos son así de simples”. Seguro que les dicen esas cosas y seguro que nuestra común expareja P. ahora le está diciendo a otro tipo lo pequeña que la tienes tú pero… TAMBIEN YO. ¿Lo pillas? Ja,ja No vamos a dejar de ser amigos por las cuatro tonterías que escribo. Venga, te invito a algo. Todo aquello es pasado.     

No. Definitivamente en mi cabeza siempre me rompían las gafas al final de ese monólogo inventado.
Otro problema que tenía respecto a reunirme con mis excompañeros eran los años transcurridos. Ocurre con los excolegas de trabajo lo que con los compañeros de infancia. No son como los de toda la vida con los que compartes aficiones y eliges tú. Con los primeros solo compartiste espacio y tiempo y casualidad. Con el tiempo los ves por Facebook, te informan de las nuevas en su vida y luego ya no hay nada más de lo que hablar. Reunirme con estos sería recordar las anécdotas de siempre, mis viejas performances en el trabajo(¿recordáis cuando le puse un walkie talkie escondido entre bolsas de basura a la de la limpieza y luego grité a través del mío, “socorro, me habéis enterrado en basura, sacadme de aquí” y entonces la de la limpieza salió gritando del cuartillo y diciendo que había alguien entre la basura y al enterarse que era una de mis bromas casi vino a matarme pero no lo hizo y sólo dejó de hablarme un mes seguido… cosas así, mis maneras de no aburrirme en el curro, vamos, de estas siempre sacamos las mismas a relucir). Era otro punto en contra de la reunión. Que entre nosotros no había lo mismo que con mis amigos de siempre, esos a los que veo al cabo de cuatro años y retomamos la conversación como si nos hubiéramos visto ayer porque compartimos aficiones. Aquí sólo recolectaríamos los mismos recuerdos del pasado, usados como un abrigo de beneficencia y por lo tanto gastados.
Al final las circunstancias lo han decidido. Después de tres meses en los que nadie ha usado el grupo de WhatsApp para comunicarse, la que lo creó lo ha borrado y no hay perspectivas de quedar.    
Aunque tal vez la realidad hubiese sido muy distinta de cómo la imagino y nos hubiésemos divertido todos.


28 septiembre 2015

Derechos de autorcillos





 


Esta semana tengo que ir al concierto de unos amigos.
Que sea el día antes de madrugar para trabajar no me preocupa tanto como otro asunto.
El problema empezó hace meses durante el funeral del padre del cantante. Allí me comentó algo sobre la versión de una vieja canción que escribí o escribimos hace años, cuando tocábamos en el mismo grupo. 

-¿Te importa que la use para el nuevo grupo que voy a hacer con M. el teclista

 - Vale, no importa- le dije. 

- Pero será en inglés me comentó el cantante. 

- Vale, vale. Me cuesta leer lo que escribí hace una semana sin arrepentirme. Lo que escribí con diecisiete o dieciocho años directamente me da asco. En inglés la podré escuchar sin ponerme rojo. ¡Por Dios! Pero si se titulaba “Los ojos del amor”, me vienen arcadas de pensar que eso lo hice yo. 

Recordé cuando escribí esa canción. El teclista se había enamorado de una chica que a su vez se había enamorado de otro chico más guapo que él. El chico guapo no había tenido inconvenientes en liarse con la chica así que dos menos uno igual a nos sobra el teclista. Se quedó con el corazón partío. Yo le hice “Los ojos del amor”, una estupidez dónde decía algo muy tópico y ridículo sobre el amor que sólo está en los ojos del que mira pero que esa chica no era más especial que cualquier otra, etc. En fin, nada que sirviera. A todos nos han dado calabazas por un motivo u otro y está claro que no se curan con canciones cursis. Yo las curaba con tiempo o con sexo con candidatas de segunda, tercera o cuarta opción. Actualmente ya no hay necesidad. Para que te den calabazas te tienes que enamorar y eso no me pasa. Pero vivo más tranquilo, eso sí.
Ahora, al cabo de los años, esa canción quería ser editada en un disco que les iban a editar o editarían ellos (nunca les he preguntado cómo sacan sus discos pero me consta que de eso no viven). La hicieron con mi bendición y la escuché. Les puse un “me gusta” educado en el facebook. No me gustó mucho. Me faltaba el viejo protagonismo del teclado con el sonido pianístico. Pero hay que colaborar con los amigos.
Luego leí los créditos en su página en “streaming” del disco. “Words: Sergio G. (yo)“ “Music: Sergio S. (el cantante y tocayo mío) y M.(el teclista)”
Creo que pensé algo como “me cago en Dios” pero queda de muy mal hablado y no mejor escrito así que diré que me enfadé. ¿Cómo que Words? O sea que lo único que hice yo fue escribir la letra. ¡Pues no!
Recuerdo que M. ponía una base rítmica o un fragmento de algo que se le ocurría y entonces yo tarareaba una melodía improvisada usando las imposibles palabras “wachi,wachi, wachi” y el otro me terminaba la melodía o aportaba la suya con un “wachigú, wachigú”. Vamos que la música era tan mía como de ellos. Pero no, me han dejado fuera de la música.
Cuando le hablo a mi amigo J. de este cantante, conocido de ambos, me suele decir: “No sé, me recuerda a un mal imitador del de Pulp, cuando hace esos gestos me dan ganas de pegarle una hostia por copión pero como no voy a ir a sus conciertos no importa. Eres tú el que tiene que saltar al escenario y pegarles un buen puñetazo por apropiarse de tus melodías 
Yo suelo decirle que las cosas no se resuelven a puñetazos. Las patadas son mejores ya que las piernas suelen ser más fuertes.
Pero lo que sí tengo que resolver es si ir al concierto de mis “amigos”. De si preguntarles por los créditos dónde yo solo soy el de las “words” (aunque se las suela llamar lyrics). De si dejarlo correr porque tampoco es que ellos vayan a llegar más lejos con su disco que yo con mi blog. Sólo tocan por divertirse. Al final sólo es eso, distracción. “That,s entertainment”  
   

13 septiembre 2015

Welcome home






Estoy pensando en independizarme de Barcelona. Los veranos aquí me matan. Por eso acabo de llegar del Norte. La capital está al sur de sí misma, si sigues para arriba hay mediterráneo y una costa medianamente brava antes de cambiar de provincia. He estado a punto de visitar Girona y saludar a los de “Juego de tronos” y  a un par de blogueros que están por allí pero al final me quedé solo en la playa.  
Desde el Ayuntamiento de la ciudad condal no hacen más que frotarse las manos por la gente que nos visita. Y desde la hostelería. Felicidades. El resto de los mortales sólo padecemos sus efectos y desperfectos. Barcelona, a falta de tener otra cosa que ofrecer o inventar se ha prostituido al turista barato y paellero, sin pretensiones o meón. Como si no hubiera ya bastantes por aquí que usan el espacio público como WC. 
La ciudad huele a letrina. ¡Y yo me quejaba del olor a piedra vieja y pizza de Florencia!
Visualmente no es mejor. Ya incluso los paseantes autóctonos se han rendido este año a la moda de los pantalones pirata o los zapatos sin calcetines*.
Tampoco se respeta tanto como uno esperaría por lo que te cobran si te multan, lo de no lucir cuerpo fofisano sin camiseta.
Además, como ciudad especialmente amable con la homosexualidad ha disparado la visión continua de hombres barbudos cogidos de la mano y besándose en público. Eso me parece bien, mira tú por dónde. Como el oro, los diamantes y los materiales que no se encuentran habitualmente en la naturaleza, los heteros nos estamos volviendo un producto escaso, precioso. Hemos pasado de moscones a mosconeados (bueno, esto último es más lo que espero que lo que me sucede). La ley de la oferta y la demanda nos ha colocado en un sitio perfecto. Así que viva la homosexualidad (pero sólo la masculina).
Menos mal que al menos nos queda la playa. Si te levantas a las cinco de la mañana coges sitio. Y claro, si no te molesta bañarte en un vertedero salado. Aunque la temporada de baño se acaba pasado mañana.
Al llegar a Barcelona esta mañana, ya la he liado un poco. He vuelto a pasar por una de esas múltiples cursas que promocionan para ayudar a no sé quién pero que en el fondo son promoción para “La Vanguardia”, Renault o cualquier marca que da regalos a los concursantes a cambio de publicidad. La gente se cree supersolidaria sudando como gorrinos entre tres mil borregos más en lugar de ayudar con cheques. Y lo peor, cortan calles. ¡Mi acceso al mercado de Sant Antoni! ¡Mis libros y mis comics apartados de mí por gente que corría a cambio de un reloj de plástico en el mejor de los casos! Ya he hablado alguna otra vez de lo mal que me sienta esto. De cómo paso entre medio de todo el mundo. Hoy me han empujado por hacerlo pero he resistido bien mi posición. Incluso he resistido las ganas de meterle mi navaja multiusos por el culo al corredor de la cursa que me empujaba. La gente, al verme la cara, se ha ido apartando para no enfadarme más y no hemos llegado a mayores y el corredor al que deseaba apuñalar se ha ido… corriendo, claro. No estoy en contra del deporte, sólo de necesitar hacerlo con tres mil más a tu lado y porque lo promueve alguna empresa o asociación con ánimo de lucro. Como el Ayuntamiento por ejemplo.
Pero tranquilos. Vengo de buen humor. De aquí a un par de semanas ya estaré deprimido otra vez pero de momento ya estoy en mi este… querida ciudad.
Me voy a presentar este post a un concurso sobre la marca Barcelona.

*Pantalones pirata: Conocidos ya e incluso denunciados en la prensa por su estupidez de diseño. La tela cae por debajo de la rodilla así que no son frescos. Y además son tan feos que estropean el resto del atuendo por bueno y caro que sea. Yo debo decir que no soy experto en moda. Me gusta vestir bien pero sin llamar la atención. Mi única vergüenza personal en ese sentido es que hace muchos años llevé unos tejanos verdes y otros rojos. El único documento gráfico, que quedó registrado en una vieja cámara de mano, no ha podido ser borrado porque mi madre no me deja alegando motivos sentimentales. Debí apresurarme a borrar esos vídeos como ya hice con otros dónde yo salía follando solo o acompañado.