10 agosto 2015

Sin choque entre civilizaciones






Hace poco un tío se masturbó a mi lado. ¿Parece una frase gancho para que sigáis leyendo a golpe de curiosidad malsana? Pues lo es. Voy a contextualizar antes de que penséis algo raro.
Como muchos habéis leído otras veces, suelo retirarme cuando me dejan y tengo fiesta a un lugar de la Costa Brava. Allí tengo paz de espíritu y la brisa marina me evita la alergia rinítica de primavera. Lo que no tengo allí es conexión doméstica a internet. Voy a la biblioteca, bares o locutorios. En el último de estos en los que estuve me senté junto a un adolescente de unos quince años. De raza o país que no supe ubicar bien pero hablaba con muchas jotas. De esos que piensas enseguida en no perder la cabeza hablando mal o bien de Mahoma. Respeto cien por cien. Si no por la religión, sí por el cuello. Este además hablaba un castellano perfecto. Podía haber nacido aquí. Muy bien integrado en el entorno catalán,
 también le escuché decirle algo en polaco a una amiga de la zona.
A mí me explicó un truco muy bueno para que me fuera mejor el ordenador. Se los conocía todos y hasta sus defectos. Me dijo que el mío tenía un virus y que dándole a no sé qué tecla podría usar una letra que no me dejaba emplear (me parece que no era un virus sino un problema de configuración, alguien había intentado erradicar la ñ, tan española ella).
Me puse a navegar. Él también.
A los quince minutos escuché cómo jadeaba levemente. Miré de reojo. No estaba seguro pero me pareció que tenía la mano bajo el pantalón, a la altura de la polla. En la pantalla de su ordenador una conocida cantante turca y activista contra el EI cantaba. La conocía por el telediario. Helly Luv. Iba bastante vestida pero el adolescente la estaba homenajeando con empeño. ¿Quién necesita porno cuando tienes una educación restrictiva? Acabas viendo sexo hasta en los agujeros del desagüe. Qué envidia. A mí me han dejado hacer casi todo lo que me diera la gana y necesito emociones fuertes para ponerme a tono.
El chico me estaba molestando un poco con ese tocarse la zambomba tan cercano, la verdad. Me recordaba lo neurótico que soy con la higiene y las cosas que toco. No hace ni dos meses, en la biblioteca, un tío se estaba tocando la nariz, luego pasó a rascase el culo y por último tocó el comic que yo iba a coger. No sé si se lo llevó pero yo me fui a buscarlo a otra biblioteca porque para mí ese cómic ya era más impuro para mí que el cerdo para el Islam.  
No quería ni me apetecía decirle nada. Ese día no. Además en ese pueblo me vuelvo pacífico, adquiero carácter isleño. No es una isla pero yo lo siento como si lo fuera, mi amigo Rafarrojas estaría orgulloso de mí a pesar de mis pasadas violencias (chiste privado, a esto no le deis vueltas, cosas entre blogueros).
Tampoco quería que un mal episodio de violencia llevase a ese pajillero muchacho por el camino que te hace comprar un billete a Oriente y apuntarte a presentador de programas dónde cortan cabezas o queman gente a lo bonzo.
También ayudó a mi paz el ver entrar a un viejo conocido del pueblo. Quería cederle mi sitio en el ordenador. Tiene fama de homosexual activo a pesar de su avanzada edad. Debe tener mucho dinero para pagar a los jóvenes con los que se le ve ocasionalmente.
Estoy seguro que el vejete verde marica apreciaría más que yo la silla y el ordenador que le dejé libres.