28 septiembre 2015

Derechos de autorcillos





 


Esta semana tengo que ir al concierto de unos amigos.
Que sea el día antes de madrugar para trabajar no me preocupa tanto como otro asunto.
El problema empezó hace meses durante el funeral del padre del cantante. Allí me comentó algo sobre la versión de una vieja canción que escribí o escribimos hace años, cuando tocábamos en el mismo grupo. 

-¿Te importa que la use para el nuevo grupo que voy a hacer con M. el teclista

 - Vale, no importa- le dije. 

- Pero será en inglés me comentó el cantante. 

- Vale, vale. Me cuesta leer lo que escribí hace una semana sin arrepentirme. Lo que escribí con diecisiete o dieciocho años directamente me da asco. En inglés la podré escuchar sin ponerme rojo. ¡Por Dios! Pero si se titulaba “Los ojos del amor”, me vienen arcadas de pensar que eso lo hice yo. 

Recordé cuando escribí esa canción. El teclista se había enamorado de una chica que a su vez se había enamorado de otro chico más guapo que él. El chico guapo no había tenido inconvenientes en liarse con la chica así que dos menos uno igual a nos sobra el teclista. Se quedó con el corazón partío. Yo le hice “Los ojos del amor”, una estupidez dónde decía algo muy tópico y ridículo sobre el amor que sólo está en los ojos del que mira pero que esa chica no era más especial que cualquier otra, etc. En fin, nada que sirviera. A todos nos han dado calabazas por un motivo u otro y está claro que no se curan con canciones cursis. Yo las curaba con tiempo o con sexo con candidatas de segunda, tercera o cuarta opción. Actualmente ya no hay necesidad. Para que te den calabazas te tienes que enamorar y eso no me pasa. Pero vivo más tranquilo, eso sí.
Ahora, al cabo de los años, esa canción quería ser editada en un disco que les iban a editar o editarían ellos (nunca les he preguntado cómo sacan sus discos pero me consta que de eso no viven). La hicieron con mi bendición y la escuché. Les puse un “me gusta” educado en el facebook. No me gustó mucho. Me faltaba el viejo protagonismo del teclado con el sonido pianístico. Pero hay que colaborar con los amigos.
Luego leí los créditos en su página en “streaming” del disco. “Words: Sergio G. (yo)“ “Music: Sergio S. (el cantante y tocayo mío) y M.(el teclista)”
Creo que pensé algo como “me cago en Dios” pero queda de muy mal hablado y no mejor escrito así que diré que me enfadé. ¿Cómo que Words? O sea que lo único que hice yo fue escribir la letra. ¡Pues no!
Recuerdo que M. ponía una base rítmica o un fragmento de algo que se le ocurría y entonces yo tarareaba una melodía improvisada usando las imposibles palabras “wachi,wachi, wachi” y el otro me terminaba la melodía o aportaba la suya con un “wachigú, wachigú”. Vamos que la música era tan mía como de ellos. Pero no, me han dejado fuera de la música.
Cuando le hablo a mi amigo J. de este cantante, conocido de ambos, me suele decir: “No sé, me recuerda a un mal imitador del de Pulp, cuando hace esos gestos me dan ganas de pegarle una hostia por copión pero como no voy a ir a sus conciertos no importa. Eres tú el que tiene que saltar al escenario y pegarles un buen puñetazo por apropiarse de tus melodías 
Yo suelo decirle que las cosas no se resuelven a puñetazos. Las patadas son mejores ya que las piernas suelen ser más fuertes.
Pero lo que sí tengo que resolver es si ir al concierto de mis “amigos”. De si preguntarles por los créditos dónde yo solo soy el de las “words” (aunque se las suela llamar lyrics). De si dejarlo correr porque tampoco es que ellos vayan a llegar más lejos con su disco que yo con mi blog. Sólo tocan por divertirse. Al final sólo es eso, distracción. “That,s entertainment”  
   

13 septiembre 2015

Welcome home






Estoy pensando en independizarme de Barcelona. Los veranos aquí me matan. Por eso acabo de llegar del Norte. La capital está al sur de sí misma, si sigues para arriba hay mediterráneo y una costa medianamente brava antes de cambiar de provincia. He estado a punto de visitar Girona y saludar a los de “Juego de tronos” y  a un par de blogueros que están por allí pero al final me quedé solo en la playa.  
Desde el Ayuntamiento de la ciudad condal no hacen más que frotarse las manos por la gente que nos visita. Y desde la hostelería. Felicidades. El resto de los mortales sólo padecemos sus efectos y desperfectos. Barcelona, a falta de tener otra cosa que ofrecer o inventar se ha prostituido al turista barato y paellero, sin pretensiones o meón. Como si no hubiera ya bastantes por aquí que usan el espacio público como WC. 
La ciudad huele a letrina. ¡Y yo me quejaba del olor a piedra vieja y pizza de Florencia!
Visualmente no es mejor. Ya incluso los paseantes autóctonos se han rendido este año a la moda de los pantalones pirata o los zapatos sin calcetines*.
Tampoco se respeta tanto como uno esperaría por lo que te cobran si te multan, lo de no lucir cuerpo fofisano sin camiseta.
Además, como ciudad especialmente amable con la homosexualidad ha disparado la visión continua de hombres barbudos cogidos de la mano y besándose en público. Eso me parece bien, mira tú por dónde. Como el oro, los diamantes y los materiales que no se encuentran habitualmente en la naturaleza, los heteros nos estamos volviendo un producto escaso, precioso. Hemos pasado de moscones a mosconeados (bueno, esto último es más lo que espero que lo que me sucede). La ley de la oferta y la demanda nos ha colocado en un sitio perfecto. Así que viva la homosexualidad (pero sólo la masculina).
Menos mal que al menos nos queda la playa. Si te levantas a las cinco de la mañana coges sitio. Y claro, si no te molesta bañarte en un vertedero salado. Aunque la temporada de baño se acaba pasado mañana.
Al llegar a Barcelona esta mañana, ya la he liado un poco. He vuelto a pasar por una de esas múltiples cursas que promocionan para ayudar a no sé quién pero que en el fondo son promoción para “La Vanguardia”, Renault o cualquier marca que da regalos a los concursantes a cambio de publicidad. La gente se cree supersolidaria sudando como gorrinos entre tres mil borregos más en lugar de ayudar con cheques. Y lo peor, cortan calles. ¡Mi acceso al mercado de Sant Antoni! ¡Mis libros y mis comics apartados de mí por gente que corría a cambio de un reloj de plástico en el mejor de los casos! Ya he hablado alguna otra vez de lo mal que me sienta esto. De cómo paso entre medio de todo el mundo. Hoy me han empujado por hacerlo pero he resistido bien mi posición. Incluso he resistido las ganas de meterle mi navaja multiusos por el culo al corredor de la cursa que me empujaba. La gente, al verme la cara, se ha ido apartando para no enfadarme más y no hemos llegado a mayores y el corredor al que deseaba apuñalar se ha ido… corriendo, claro. No estoy en contra del deporte, sólo de necesitar hacerlo con tres mil más a tu lado y porque lo promueve alguna empresa o asociación con ánimo de lucro. Como el Ayuntamiento por ejemplo.
Pero tranquilos. Vengo de buen humor. De aquí a un par de semanas ya estaré deprimido otra vez pero de momento ya estoy en mi este… querida ciudad.
Me voy a presentar este post a un concurso sobre la marca Barcelona.

*Pantalones pirata: Conocidos ya e incluso denunciados en la prensa por su estupidez de diseño. La tela cae por debajo de la rodilla así que no son frescos. Y además son tan feos que estropean el resto del atuendo por bueno y caro que sea. Yo debo decir que no soy experto en moda. Me gusta vestir bien pero sin llamar la atención. Mi única vergüenza personal en ese sentido es que hace muchos años llevé unos tejanos verdes y otros rojos. El único documento gráfico, que quedó registrado en una vieja cámara de mano, no ha podido ser borrado porque mi madre no me deja alegando motivos sentimentales. Debí apresurarme a borrar esos vídeos como ya hice con otros dónde yo salía follando solo o acompañado.