25 enero 2016

Otra de infieles torpes


El móvil sonaba insistentemente. Era el del conserje pero no había nadie y parecía pedirme A MI que lo cogiera. Así que respondí. Al otro lado sonó una voz cálida y amorosa. ¿Habéis follado alguna vez por teléfono? Es que es la única manera de definir esa voz. Me recordaba a aquella  chica que me llamó desde Andalucía y bueno, aquel otro post…
-      ¿Sabes quién soy?
Vaya. El juego de “sabes quién soy”. Lo odio. Soy más de certezas que de adivinanzas. Soy un poco “rollo alemán”, ir directo al grano. Menos cuando escribo, claro.
Pero el adivina quién soy por teléfono me pone en un compromiso y me hace perder tiempo. Parece estar relacionado con un egocentrismo mal entendido. Que te conozcan por la voz no te hace más interesante ni más Alpha. A veces reconoces la voz de quien peor te cae porque lo tienes fichado-a como troll o pelmazo habitual. Claro que yo me voy al extremo. Cuando llamo a alguien digo “Soy Sergio” acompañado de datos como “tu amigo de toda la vida”, “el que te dijo que te llamaría a esta hora” o “vivo en tal sitio y me conoces por…” y entonces es cuando me dicen que me calle, que vale ya, que saben de sobra quién soy, que me han conocido por la voz. Bueno, de acuerdo, hay voces que no se conocen tan bien por teléfono, yo por si acaso intento que se sepa quién soy sin dar nada por hecho. Aunque me tengan memorizado en el teléfono incluyendo fotografía y melodía personalizada (una de Bowie seguro).  
Pero volviendo a esta mujer tan cariñosa siguió la conversación:
-      No- le respondí a su pregunta. Ni idea de quién era.
-      ¿No sabes quién soy o no quieres acordarte?- le puso más calor a la voz. El cable ardía. Llegué a pensar que el conserje se hacía llamar desde alguna línea de teléfono erótico (algo absurdo, llamas tú, creo).  Aún así me hubiese gustado ser ese que se pensaba que era.
-      ¿Y tú sabes quién soy yo?- le dije para ir avanzando un poco.
-      Ja,ja,ja… Pues claro, tú eres Xavi.
Claro. El conserje. Lógico que pregunten por un conserje llamándole a su móvil. El mismo que estaba ahora con su mujer y su hija vete a saber dónde ya que era Sábado.
-      Pues no, yo no soy Xavi.
-      Ja,ja- todavía se reía pero menos. Parecía insistir en cambiarme el alma. Pero es que yo no era Xavi, estaba seguro de eso. No tiene sentido que me pase la vida diciéndole a la gente que me llamo Sergio para ahora tener que llamarme Javier en catalán.
-      No, me llamo… Bueno, no soy Xavi.
-      ¿Y qué haces con su móvil?
Esa fue la pregunta más inteligente del día. Me pilló un poco descolocado. Pero respondí:
-      Estaba sonando en conserjería, no había nadie y lo he cogido…
-      Ah… - la intuí desilusionada por el tono. Me colgó. Más que cortar la comunicación parecía darse a la fuga. Muy sospechoso todo.
Digo yo que quién se busca amante debería pedirle un poco más de naturalidad, que no llame a la hora de la comida de un día festivo a su móvil, que no juegue a las adivinanzas por teléfono… Por parte del conserje también encuentro muy poco acertado eso de no decirle a su amante que lo es y que ya tiene una vida hecha con la madre de su hija, que ella no es su pareja oficial y puede llamar cuando le apetezca.
Por último, no sé, se me ocurren detalles muy importantes como no ir dejándote el móvil por ahí.
Siempre puede haber algún curioso desalmado o inmoral al que no le importe responder un teléfono con la única excusa de que estaba sonando.


11 enero 2016

Desde el día en que murió mi ídolo


Esta mañana desayuné una mala noticia. No me hizo falta cafeína para despejarme. Estaba en la cama y un locutor semi-incrédulo me dijo en el transistor bajo la almohada que David Bowie había muerto. Que se había esperado a confirmarlo por si era uno de esos bulos que mataban a mi ídolo desde los setenta pero no, la familia había dicho que esta vez iba en serio.
Yo muchas veces había pensado qué ocurriría cuando mi ídolo no estuviera en este mundo. Pero como lo veía en buena forma me olvidaba.
Esta noticia me ha dejado impactado porque era mi número uno (a pesar de los Depeche, Morrissey, Sabina, etc.). Mi modelo de juventud cuyo mayor lema se había convertido en el mío “Cambia”. Era el eterno retorno de Nietzsche, la idea de que debemos morir y resucitar muchas veces durante nuestra vida, reinventarnos, no quedarnos quietos y tratar de buscar nuevas formas de ser para no estancarnos. Decía que cuando alguien hacía un disco parecido al anterior sentía que estaba cavando su propia tumba.
El escritor peruano Santiago Roncagliolo me dijo una vez en la Casa América de Barcelona que en la literatura también se podía hacer eso (y en cualquier arte). Hacer algo muy distinto cada vez, cambiar hasta el estilo si era posible, que él lo intentaba en su literatura. Reencarnarse de nuevo como los budistas o como el superhombre del citado Nietzsche (sí, Dios ha muerto, el mío hace unas horas).
Así que fui mitómano en mi adolescencia y coleccioné todo lo que me llegaba de ese artista. Le imité. Me puse pesado con todo el mundo que me conocía hasta el punto que me han llegado condolencias de amigos y familiares que han relacionado su nombre con el mío nada más escuchar la noticia. Y no, no temáis, no estoy tan loco que la tristeza me haga llorar por un ídolo. Soy avaro con las lágrimas y de momento me las guardo para familiares o amigos cercanos pero aún así…
Si amas la música como yo, tu ídolo es una parte de tu vida y sus recuerdos (soy un melómano confeso enamorado de todo lo inglés pero que lee con música clásica o jazz, o no le haces ascos al heavy, a los buenos cantautores con buenas letras, al blues, a… creo que en distintos momentos puedo escucharlo casi todo salvo el folclore que no es lo mío por más que lo intenté).
Me recuerdo en un cine de adolescente con otro Sergio que tocaba conmigo en nuestro grupo de música. Él solía decir que Bowie era un moñas confeso. Yo le respondía que para moñas sus Pet Shop Boys que además eran dos y se daban todo el tiempo entre ellos (¿Y qué? ¿A quién le importa hoy en día que alguien sea gay? Sólo a los adolescentes subnormales como nosotros).
En mitad de la proyección, una de terror, un susto nos hizo gritar como nenazas y nos quedamos callados y con el corazón latiendo a mil por hora. Así que empate técnico. Como moñas quedamos mi amigo y yo en ese cine. Es una anécdota que siempre nos hemos recordado muertos de risa. Luego mi amigo se hizo fan de Bowie aunque no haya relación con esta anécdota.
Y recuerdo también la música de aquella banda sonora de película infantil “El laberinto” que mi prima se aprendió de niña por mi culpa y hoy me ha recordado (veremos mi sobrina que también tuvo que soportar eso).
Y recordé a mi hermana y amigos que me llamaron pesado hasta lo indecible por meterles a Bowie hasta en la sopa y luego, cuando de mayores lo han escuchado les ha gustado y me han pedido disco o hasta han llegado a comprárselo(o me han seguido llamando pesado pero con cariño).
Y aquella vez en las alturas de Barcelona, en aquel estadio, cuando pasé horas hasta conseguir mi primera fila aplastado contra una valla para la comunión con mi dios. Nada de eso desaparecerá “como lágrimas en la lluvia” porque los medios están más pelmazos incluso que yo. Hoy toca Bowie en las notícias. Incluso teniendo una maldita infame infanta sentada en el banquillo de los acusados.
Con vuestro permiso voy a torturar a mi vecino con unos cuantos discos que tengo por aquí. Hoy toca dejarme la garganta. No soy de homenajes ni cosas así pero bueno, que este es mi guía espiritual.   

Es lo que tienen los artistas, que se mueren y dejan algo bueno detrás que no se muere nunca. No podemos decir lo mismo de los políticos. Descansa en paz, genio. 

03 enero 2016

Construyendo puentes


Ya pasadas casi todas las fiestas he descubierto la cantidad de atrocidades que estas pueden llegar a producir en la gente. Estos días en los que ha habido algún que otro puente, he visto cómo en mi empresa alguno forzaba o construía puentes inexistentes. Llamaban y decían que se les había muerto alguien y ya no iban a trabajar. Siempre entre dos festivos para poder ir a comprar algo a Andorra llorar en paz. A veces tenía que ir a reforzar o substituir debido a que mi familia goza de buena salud. Eso es terrible si quieres quedarte en casa. A falta de tragedias que esgrimir te llaman a ti. Parece que todos tenemos que cargar una cruz. Mis compañeros, la muerte de sus suegras y yo las malditas horas extras para sustituirles. Es curioso que esto también me ocurre cuando hay algún partido importante del Barcelona. Si los culés juegan contra el Madrid o hay Champions mi compañero Fernando va a tener problemas graves. El último campeonato tuvo a su suegro en el hospital. Porque claro, matar u hospitalizar al padre o alguien más cercano debe dar yuyu. Y hay más partidos de fútbol importantes que padres. Si dices que es tu suegro el aquejado cumples un sueño y consigues una excusa. Que también me sorprende cómo en mi empresa no se deben llevar mucho los justificantes. Algunos han matado, resucitado y vuelto a resucitar al mismo suegro. Deberían pedirles algo. Aunque fuera una foto en el cementerio con un periódico fechado el día del entierro. Y hasta con otra foto del finado.
Por eso el último no-puente que tuve entre el seis y el ocho de Diciembre estuve a punto de decir algo. Pero no por la excusa sino por el exceso de estas. Por la falta de coordinación. La cosa fue así:

    -Un compañero: Creo que tendrás que venir el siete. A X. se le ha muerto la suegra.

-Otro compañero: Me han dicho que a X. se le ha muerto el suegro. ¿La suegra dices? A mí me han dicho el suegro.   

-La jefa: Sergio, X. me ha dicho que está enfermo, tendrías que venir el siete.


-X.: Perdona, tío, lo siento, pero mi mujer está fatal. Siento que tengas que ir por mí cuando no te tocaba… 

    Desde luego las desgracias no vienen nunca solas.