29 julio 2017

Mi condena de tres meses a verano. Primer mes.



He estado de vacaciones. En el blog las comencé antes. No las he agotado todas, me gusta fragmentarlas para pensar que lo mejor no se ha terminado y no me toca volver a arrastrarme por un trabajo por el resto del año, que aún hay vida libre durante el curso 2017. Dejar un lugar indeterminado en el futuro cercano para volver a la parranda de la que nunca saldría si fuera rico.
He vuelto a disfrutar de la playa. Se ha vuelto un lugar común en este blog. Mi compañera no descarta sacarme a punta de pistola del país y hacerme regresar a nuestras antiguas visitas por Europa. Estaban bien. Menos cuando volaba en avión y alguna turbulencia me ponía al borde del infarto.
Tampoco echo de menos lo de ser yo el extraño en un lugar diferente, el fácilmente timable (especialmente por los taxistas, algunos de ellos, verdaderos carteristas con mucha intuición para apagar el taxímetro y cobrarte más con la intuición y el siempre inquietante “ojo de buen cubero”).
Tampoco tengo nostalgia por ese estrés de “tenemos que verlo todo”. Con esto me pasa como con ciertos cantantes en ciertos conciertos, que los veía mejor y más nítidos en la pantalla del televisor que in situ. Florencia me agotó la vista pero más las piernas, en Transilvania me volvió loco la gente que al verme solo (pero no solitario) me quiso inundar de compañía y de una semana de trasnochadas y madrugones extenuantes, en Viena mi sobrina me prestó su gripe pero bien, gracias, muy bonita; en Praga descubrí que hay gente más antipática que yo y que puede tratarse de un país completo… Y así sumo y sigo hasta llegar a este verano o el pasado dónde braceando en una playa de las siete de la tarde, hora en la que ya la gente se ha castigado tanto que me dejan la arena y el mar como si ya no lo quisieran, casi con la sensación de estar en un lugar privado, descubrí lo sencillo que es sentirse bien. Y los pocos kilómetros que necesito para lograrlo. Casi soy como un millennial, que al entender que el mundo virtual ha desvirtuado lo de ir a conocer sitios (se ven muy bien en sus dispositivos) optan por buscar sensaciones y no lugares. Supongo que habrán hecho lo de siempre. Ponerle un nombre en inglés a algo que ya conocíamos de otra forma y pensar que son sus descubridores. Pero yo no necesito nombrar a esto de buscar sensaciones agradables en vacaciones. Son “sensaciones” así que me limito a sentir y bracear por el agua.
También he descubierto que en los lugares costeros no se ven cucarachas. Así que este año me he evitado mis dos fobias preferidas, los insectos y viajar volando sobre grandes depósitos de combustible altamente inflamables (al menos de momento, mi compañera insiste en meterme en aviones y es muy convincente).
Me he sentido como el personaje de “Ciudadano Kane”. Un tipo que se hace rico y al final de su vida dice una palabra “Rosewood”, que sólo representa (alerta spoiler) el lugar de su infancia, como si lo más importante de su existencia no fuera su imperio económico y sí sus juegos en trineo por la nieve en su viejo pueblo natal. Pues yo di algunas vueltas por Europa, no muchas la verdad, y al final he regresado al mar primordial. Y me he sentido más descansado y feliz en lo de siempre que en lo otro.

Pero vamos, que en este plan pocos meneos buenos le puedo dar al blog. Las tonterías que me suelen pasar están ahí fuera.     

16 junio 2017

Autores airados



Recibo un mensaje de una comentarista habitual de mis blogs para que le borre un comentario suyo antiguo. “Que luego me explica”, asegura. Y lo hace en cuanto le comunico que su comentario ha pasado a mejor vida. Ahora sólo hay un vacío en el post que dice que ese comentario ha sido eliminado por un administrador del blog. Bien. Esos comentarios cortados siempre nos hacen soñar con lo que debe haber detrás. En este caso resuelvo el caso aquí mismo. 
Resulta que mi amiga bloguera ha tenido un problemilla.
No hace demasiado tiempo hizo la reseña de un libro en un reconocido lugar de reseñas. Se puntúan libros con estrellas y si te animas, escribes un comentario. Ella lo hizo con bastante respeto, la verdad. El libro no le había gustado por un problema con la simplicidad de sus conflictos pero alababa la imaginería de recrear un mundo particular como el de la autora. Nada más. Todo perfectamente respetable. Pero la sorpresa le llega cuando la autora se registra para puntuar el libro con cinco estrellas y soltarle un largo párrafo intentando que cambie su actitud negativa. Argumenta que un reputado psicólogo que conoce ella y a los demás no nos importa ha puesto el libro por las nubes (yo ni siquiera creo en la psicología, la mayoría de los que he conocido no están muy finos, lo siento por los que sí). Pero mi amiga, como es lógico, le responde que sí, que está bien pero que no puede cambiar su impresión sobre el libro, que lo que sintió leyéndolo sigue ahí. Que su crítica seguirá sin pasar de dos estrellas. También imagino que si tienes un mínimo de carácter no vas a decir que te gusta lo que te disgusta solo porque alguien interesado en el asunto te lo exija.
Pero la autora se pone salvaje y empieza a pedir que si alguien tiene opiniones negativas sobre un libro que se las guarde, que puede tirar por tierra el trabajo de un autor-a, su modo de vida y blah, blah, blah. Como le dice otro comentarista en el foro que se abre, esa señora solo quiere que exista el pensamiento único, el “buenismo”. Pero no acaba ahí su aventura.
La autora, cada vez más desatada y al parecer con enormes cantidades de tiempo libre, se desplaza hasta otro foro buscando la sangre de mi amiga, en este caso una página de bookcrossing dónde la localiza in fraganti, desfogándose de lo que le ha pasado. Allí pide a los administradores que pongan orden porque se está fomentando el odio hacia su libro. Claro, cuando lees debajo de una crítica moderada a su historia que la autora te censura por opinar libremente la gente se molesta. Será que a nadie le gusta ser dirigido-a. Y los lectores están diciendo que sus libros no se los van a comprar de ningún modo. Pero esto lo ha provocado su actitud, no la crítica de la bloguera. Hay formas de responder a una crítica mala que no te hundirán y son estas:
-      Argumentar sobre lo que te critican, por qué lo hiciste así pero respetar al que te ha criticado mal si no te ha insultado, no forzarle a cambiar de opinión.
-      Aceptar la crítica sin más y asegurar que lo tendrás en cuenta en el futuro (mi preferida).
-      Aceptar y agradecer que te hayan leído.
-      No decir nada. 
Lo de acosar al que ha dicho algo que no te gusta provoca más o menos lo contrario de lo que buscas.
Aunque mi amiga ha quitado los comentarios del foro de bookcrossing (innecesariamente, dudo que la ley te pueda meter una cadena perpetua porque no te haya gustado un libro) en el foro de la página de críticas han florecido montones de comentarios de gente que asegura que la actitud de la autora es intolerable. Tanto que esta ha borrado sus comentarios. Le ha salido el tiro por la culata. Ya dice bien uno de los comentarios, que esta señora necesita un buen community manager. Su carácter le ha hecho daño a su obra. Es como los padres que a fuerza de defender las barbaridades de sus hijos quedan mal ellos mismos y a sus hijos se les tolera todavía menos.
Es el mundo egocéntrico y narcisista de muchos autores.
Una de las primeras veces que “disfruté” de la ira inesperada de estos fue en una reunión de la biblioteca dónde trabajaba. Un reconocido divulgador del tebeo español en general y la escuela Bruguera en particular del que tengo un par de ensayos, hacía coloquios sobre un cómic. Uno de esos clubs de biblioteca en los que comentas la lectura del mes. A mí me invitaron porque trabajaba allí y sabían que me iba el tema (el director).
En un aparte del debate, el entendido dijo que sólo en España se había dado una rebelión de autores contra su propia empresa que les oprimía (la escapada de Vázquez y otros de Bruguera para fundar su propia empresa que acabó en fracaso allá por los sesenta). Yo recordé y expliqué que en América autores de Marvel y DC le hicieron un corte de mangas a estas empresas fundando la independiente Image. Y vi que varios asistentes entendidos reconocían la anécdota y asentían en silencio con la cabeza. Pues vaya, el que no asintió fue el señor que allí era amo del debate. Como todos los de su generación, debe andar por los sesenta años o más, piensa que en América sólo hay fascismo y nada de allí puede ser bueno, leer algún cómic de allí es cómo dejarte tentar por el demonio. Su comentario fue tan cortante como hiriente porque cuando iba a continuar con lo que decía me paró en seco:
-      Aquí el que está hablando soy yo, ¿Me puedes dejar seguir con lo que estoy explicando?
Como si yo hablase mucho en las reuniones. No había dicho nada en toda una hora de charla. Pero claro, lo que dije no le sentó bien. Y así puso punto final al asunto.
He leído en otros foros de un famoso crítico de cómics al que conozco, todo un influencer de las viñetas, que le denunciaron por atacar el dibujo de un compatriota español que dibuja superhéroes. El autor se puso como una moto y quiso ganar el paraíso de las buenas críticas cerrando la boca de los que no disfrutaban con su dibujo (por cierto, una porquería). Y lo malo es que cuando te amenazan con juzgados consiguen moderar los comentarios.
Yo no estoy defendiendo que entres como un troll a insultar a nadie. Pero opinar de forma razonada sobre un libro o lo que quieras no debería ser perseguido de este modo.
Tengo más historias de autores brutales. Conozco a un autopublicado que es una mala bestia, si no he contado nada de él por aquí antes es porque me avergüenza esa vieja historia que me sucedió hace dos o tres años ya.
Pero de momento ahí queda.
Casi siempre, lo mejor de los escritores son sus libros. Para todo lo demás, quedad con personas. Y si os hacéis escritores o escritoras de éxito (ya conozco a varios-as de vosotros que dais la talla), no dejéis que se os meta el virus dentro. Por fa.

  


26 mayo 2017

El precio de la compañía



Llené el estómago. Muy buena la comida. Ahora lo que me iban a llenar era la cabeza. De problemas ajenos. Y adoro que lo hagan. Debo ser de los pocos hombres que realmente escuchan con interés ese tipo de asuntos. Aunque sea porque luego tengo algo que escribir a falta de hacerlo sobre mis propias miserias (aunque de esas tengo muchas y vergonzosas y tendrán que caer tarde o temprano).
Fuimos a tomar el café a otro sitio. Allí, sin mediar más conversaciones puente me desarrolló su historia. Se notaba que le dolía, estaba muy alterada:

Ella- ¿Recuerdas aquel tipo con el que salía cuando trabajábamos juntos tu y yo?

Sí, lo recordaba. Me apareció una ficha mental del pájaro. Sus méritos empezaban y acababan en que era alto. El resto era una impresionante cara de retrasado y a veces de retrasado con mala leche. Quedaba con ella un par de veces al año. Yo a eso no me veo con el ánimo de llamarlo relación. La señora Teresa y yo somos más íntimos salvo por el hecho de que no quedamos para hacer nada íntimo.
Cada seis meses el tipo aparecía en la vida de mi excompañera de trabajo, follaban en su casa y luego él ponía la excusa de que no le gustaban las obligaciones y desaparecía medio añito más. A lo mejor es que es un tipo de recuperación lenta y necesita seis meses para recuperar la buena forma física.
Tras su desaparición mi amiga y su hermana aprovechaban la mensajería gratuita que ofrece el whatsapp para insultarle de variadas formas una de las cuales premio por su imaginería y originalidad rencorosa: “gordo verrugoso”.  Tras el cese de hostilidades pasaban los meses, el gordo verrugoso volvía a recuperarse, la llamaba y vuelta a pegar el polvo semestral.

Ella- Ya no estoy con él.

Yo- La última vez que hablamos ya no estabas con él.

Ella- No, bueno… No me llamaba pero pasó un tiempo y recibí un mensaje suyo. Lo hicimos dos veces. Luego desapareció. Pero mi hermana se hizo pasar por otra persona en una cuenta falsa de facebook. Allí descubrió que el muy cabrón tenía novia. Ya sabes como es mi hermana- sí, lo sé, fue la que inventó lo de gordo verrugoso y en una ocasión le rompió la antena del coche y otros gadgets al tipo- Pues le explicó todo a la novia. Así que él se enfadó y claro, no me llamó. Aunque después de más tiempo regresó con uno de sus mensajitos. Yo no quería quedar porque me sentía muy tonta. Pero lo hice. ¿Y sabes lo que me dice el muy gilipollas? ¡Que la chupo muy bien! Que me llama porque la chupo bien.

Yo- Para algunos gilipollas es una virtud muy importante. Y hasta para otros que no lo son.

Ella- Ya, pero es que por muy bien que se lo haga, el tío luego va y me dice que se va a Madrid y que no nos veremos durante unos meses. Me sigue tomando por idiota. No sé qué quiere de mí.

Yo- Pues está claro. Lo que le das a cambio de nada. ¿Has pensado en no quedar con él cuando le va bien? ¿O en no verle más?

Ella- Sí, pero ya sabes. Él me llama cuando le dejan colgado y no le hacen caso. Yo acabo cayendo por eso mismo. Porque si estuviera ocupada y menos aburrida no le llamaba ni loca.

Esta historia la escucho muy a menudo. El mundo se mueve a veces por la necesidad de un contacto que suele salir muy caro. El miedo a la soledad genera muchas víctimas como mi amiga. No es tonta. Es vulnerable.
La mayoría de la gente vende su dignidad por no estar sola.
Me voy a buscar por la agenda algún amigo que valga la pena pero no le puedo prometer nada.
Hace años leí sobre un caníbal que se quería comer a un tipo. ¡Y lo encontró por internet! ¿Cómo es posible que por internet encuentres alguien que quiere que lo despedaces, lo cocines y te lo comas y no es posible encontrar una pareja mejor que el tipejo de esta historia?


08 mayo 2017

Los celos de Pierrot



Era la oscura y lamentable época en la que tenía una amante y millones de problemas. Todos creados y manufacturados a partes iguales por mi mala cabeza y mis genitales.  Mi amante tenía celos de la primera dama. A nadie le gusta ser el segundo plato de nadie. Incluso aunque lo sea y el primer plato ya estuviera servido cuando llegó.
Escribí algo sobre los celos en este blog (allá por el 2008). Algo para divertirme un rato y olvidarme de lo que me agobiaba en la vida haciendo el payaso en la red. Fue mi historia más exitosa. Si dejo de escribir y miro las estadísticas no hay día que no entre alguien en este blog. Pero no a buscar una posible nueva entrada. Eso da igual. Entran a ese post titulado “Celos retrospectivos”. Si lo hubiese etiquetado serían más (he puesto celos en el título de este post más gratuitamente, para provocar similar efecto pero ya sabéis lo que me comeré). Todos los días recibe visitas. Han pasado algo más de diez mil visitantes y cada día, de manera modesta, continua subiendo el contador.
Imagino a gente desesperada con lo que más les duele en la vida y buscan páginas dónde salga ese sentimiento que tan mal le sentó a Otelo.
Hace poco vi que algunos visitantes incluso comentaban y al ver que yo les respondía lo daban por actual y se animaban. Son hombres y mujeres pero más lo primero. Ya he tenido unas cuantas historias gracias a esos comentarios “retrospectivos”. Me han confundido con un especialista psicólogo. Uno me pide recomendaciones sobre libros que traten sobre los celos. Me halaga casi tanto como me desespera. Se han saltado el tono lúdico del post y se han centrado en lo que les obsesiona, imagino. Un día me voy a hacer gurú de la autoayuda y entonces sí que voy a ver dinero de verdad.
El primer comentarista era uno muy habitual de la época. Creo que durante un par de meses Pierrot inauguraba la caja de respuestas al blog. Mi tristemente famosa P., la amante celosa, siempre me preguntaba por lo que me parecía Pierrot. Y yo tenía que vigilar con lo que respondía. Había perdido al menos tres comentaristas porque mi amante tenía la mala manía de entrar en sus blogs y decirles cosas como:

Sé que eres una perra en celo. Pero S. es mío (yo era Houellebecq en esa época, ponedme el nombre que queráis, eran tiempos de mucho Nick, mucho antifaz y mucha tontería). Que sepas, zorra, que S. es mío y sólo mío, puta”   

Yo de eso me enteré mucho más tarde así que observaba las desapariciones de seguidoras como un proceso normal de desinterés y despedida a la francesa. Gente que comentaba semana sí y semana también se iba abruptamente para no volver nunca más. Aunque una no escapó. Se quedó para decirme que controlase a P. y me descubrió lo que ocurría, que Patry la había amenazado o insultado por comentarme.
Pero P. o Patry, decía yo, me solía preguntar mucho por Pierrot, ese-a comentarista misterioso que abría la caja de comentarios e inauguraba los debates a mis entradas.

-      No sé, parece una chica muy inteligente- me decía P.

-      ¿Chica? Puede ser un chico.


-       Sí, claro. No sé por qué habré dicho eso-dije yo.

-      Porque es lo que quieres.    


-      No, qué va, quiero que me lean. Para intimar me gustan solo las mujeres, quiero decir, tú. Para que me lean me van los lectores de ambos sexos. Manías mías.  

Y seguíamos con una inacabable conversación solo apta para paciencias del tamaño de los santos. Y con los santos ya sabemos que se exagera mucho.
Es cierto que yo quería dejarla. Pero no era menos cierto que trabajábamos juntos. Y que ella no se dejaba abandonar. Amenazaba con espectáculos maravillosos en mitad del trabajo (algunos cayeron y pude disfrutar de ser portada durante mucho tiempo en la prensa amarilla de los cotilleos laborales), venía con sus muñecas rasguñadas por cuchillas, se convertía en un ancla en mi cuello cuando iba a entrar en al autobús de vuelta a casa, me gritaba sus frustraciones cuando más gente teníamos cerca. Estaba en un verdadero lío que yo mismo había enredado por dejarme llevar.
Alguien me preguntó alguna vez si P. estaba loca. Yo respondía que hacer locuras no siempre es estar loco. En ciertos estados y ciertas situaciones ciertas personas sin madurez actúan de forma desproporcionada. Y ella tenía un problema y yo no sabía aliviárselo o no quería (así que ya veis qué psicólogo de chichinabo, ni siquiera creo en esa licenciatura).
Hasta que P. me dijo un día:

-      Pierrot soy yo. Estaba un poco celosa de esas guarras que te escriben y que se creen tan listas y me hice pasar por una comentarista tuya para saber cómo me responderías. Quería comentarte y ver si yo daba el nivel. Estar al mismo nivel intelectual de esas que te escriben- los hombres estaban libres de su ira y bueno, eran pocos, creo que leen menos.

Y sí, yo sigo defendiendo la cordura de P.

Pero bueno, algún problemilla tenía.   

17 abril 2017

Driving your girlfriend home









"I´m parking outside her home And we´re shaking hands Goodnight, so  politely"
                                                                                                                                                                  
 (Aparco enfrente de su casa Nos damos la mano,  Las buenas noches, tan educadamente. )


Morrissey, la canción que titula este post, 1991





Como esta semana tuve algunos días libres y en casa estábamos de morros L. y yo, aproveché para salir con una amiga a enviarnos mensajes de voz sin móvil en una cafetería.
Quedar con una amiga supone dar muchas explicaciones a mi compañera, mucha burocracia de la pequeña mentira por mi parte. Informes muy elaborados también que expliquen que no va a pasar nada entre alguien que tiene vagina y yo que tengo lo opuesto (o su complementario, depende del caso). Incluso cuando salgo con J. que es del sexo masculino no me libero de atraer sospechas como establecí varios posteos atrás. Si salgo solo por la puerta soy culpable en potencia de adulterio. Me alegra no tener perro o gato. Podría ser sospechoso incluso en casa.
Aunque yo insisto. El problema no es la tensión sexual que se establezca con una amiga. El problema es más bien destensarla. Ahí sí sería más culpable de algo como por ejemplo de ser débil. Ir a tomar café no es por tanto fiscalizable. Yo incluso vine más tenso de lo que me fui.
Pero no tenía que dar explicaciones. Estábamos muy disgustados. Y yo vivía ese intermedio conyugal como unas vacaciones. Sólo me molestaba vigilar los movimientos de L. con el oído o entreabriendo la puerta para que no nos cruzásemos en el pasillo. No me apetece verle la cara en esos casos. Ella parece vivirlo de otra forma por cómo me observa, más crispada. Consigue que el asco y el odio se den la mano a juzgar por su expresión. Y qué bien sabe L. recriminar con miradas. Yo lo intento frente al espejo y no recrimino ni la mitad de bien.
Así que salí con S., una amiga con la que comparto inicial y amigo (bueno, él es su pareja). Ellos también estaban de morros ¡Danger, danger! ¡Alta tensión! Menos mal que ojos recriminadores que no ven, recriminan menos.
Nuestra conversación se la comió en buena parte su monólogo. Pero estuvo bien. Es imaginativa sacando defectos. Y cruel. Y muy buena haciéndolo con humor. Fue un auténtico festín del cotilleo, lástima no poder compartirlo con la señora Teresa. S. me informó de intimidades sexuales patéticas de mi amigo, hizo hincapié en sus manías(sexuales o no), habló de su inseguridad, de sus celos, de sus arranques de rabieta infantil, de su comportamiento patriarcal hardcore (le pide vasos de agua cuando acaba de salir de la cocina y se sienta, sólo por verla moverse, dice). Yo asentía a casi todo pero sin pronunciarme en exceso. Pero ella quería que me mojase. Venía a por todas. No es un buen desfogue si tu contertulio no te da la razón. Así que le di dos respuestas:


   1. Carraspeé ganando tiempo, desvié la mirada y dije “bueno, es un asunto complicado…”
  
 2. Le dije algo como: “Tu pareja, mi amigo… por lo que cuentas acabo de entender que es escoria. Habría que escucharle a él también pero en principio y con los datos que tengo el tío es una auténtica mierda. Una auténtica revelación en el mundo de los hijos de puta. Normalmente insultamos así, “hijo de puta”, con mucha prodigalidad. Pero eso está mal. No debemos juzgar tanto al prójimo. Un hijo de puta de verdad es tu pareja. Con él sí que juzgamos con acierto. Es como el malo de una mala película donde los malos son muy malos y los buenos muy buenos, no tiene matices, sólo es basura que camina y respira. Déjalo si no dependes de él. Y luego denúnciale. Eso si es tan terrible como lo pintas y todo esto no es producto de tu enfado. Dicen que hasta los pederastas merecen un juicio justo pero este tipo no. Mejor contrata a alguien para que le dé una paliza y luego le enseñe formas increíbles y nuevas de usar una escoba que ni tú que le odias querrás saber. Habrás empleado bien el dinero con el sicario. Mucho mejor que con las reformas de la casa. IKEA o un atajo de paletas pueden cambiar tu hogar pero no a tu marido. A tu marido lo puedes cambiar haciendo que le rompan las piernas. Te sentirás mejor. ¿No crees?

Lo cierto es que os quería hackear un poco el cerebro con mis bonitas imágenes. De las dos respuestas sólo le di una y pensé la otra.
Hablamos un rato más, nos reímos, tomamos tanto café que lo que me quitó el sueño esa noche no fue ella si no la cafeína… y al final, como en la canción, nos despedimos.
Me ha llamado hace poco para decir que él está cediendo un poco. Vete a saber en qué. Después de lo que me contó es como si me dijera que Hitler había cedido un poco por matar más rápido.
En cualquier caso yo hice bien en solo carraspear y usar la respuesta corta. A estas horas ya se han arreglado esos dos. Y sé perfectamente contra quién habrían hecho causa común de usar la respuesta larga.
Es difícil aparentar ser una buena persona si vas diciendo por ahí lo que piensas.   


03 abril 2017

Mi nueva relación



La señora Teresa me ha estado llamando estos días. Lo de darle el teléfono fue como abrir la caja de los truenos. Paso varios días siguiendo el asunto del dichoso cable en la fachada y el técnico que no llega a arreglarlo como un infierno. A propósito de esto es curioso cómo son nuestras compañías de comunicaciones. Cuando no te tienen te acribillan a llamadas todo el tiempo hasta que te consiguen como cliente. Luego, cuando tienes una incidencia te marean, te reenvían a gente de otros países que poco o nada pueden hacer con tus asuntos, te ningunean. Parece que es el mismo mecanismo de la seducción. Al principio todo son promesas y al final también, pero de las que se han roto.
Pero volviendo a Teresa la escucho todo lo que me da de sí la paciencia. Habla muy alto, los decibelios en mi oreja son intolerables, alejo el teléfono y aún así la escucho imperativa, cojo el teléfono y lo pongo en el sofá con un cojín encima pero parece que he raptado una enanita y la he metido allí, suena la voz lejana pero todavía entendible. Me explica lo que me tiene que explicar y lo que no tiene que explicar también, de eso todavía mucho más:
-      Porque antes no te he podido llamar. Estaba hablando con una señora que me ha contado que se ha muerto alguien- no le pregunto nada, estoy alejado del teléfono pero ella entiende mi silencio como una pregunta- se ha muerto una persona del pueblo. De Barbastro. Yo no soy de allí pero mi pueblo es tan pequeño que siempre digo Barbastro para que se sepa por donde cae. Allí tienen un santuario muy grande los del Opus. Yo soy de La Obra también. De siempre. Pero bueno, que me han dicho que se ha muerto una persona allí y no puedo ir. Así que te iba a llamar cuando te dije a las dos pero he tardado diez minutos más porque me han llamado para contarme esto. Y sobre el tema de lo del cable tu vecina, que tiene el mismo problema que tú ha llamado a su compañía y hasta me ha dado el teléfono a mí para que les meta prisa así que a ver qué técnico llega antes y nos arregla el asunto porque….
Y sigue y sigue y sigue:
-      Tendremos que subir a la terraza y decirle, ¡no! exigirle al técnico que ponga el cable por el otro lado porque, blah, blah, tú pídeme las llaves a mí porque…
Yo termino de lavar unos platos. Veo que sigue. Traslado el teléfono junto a un cazo. Ahora la “enanita” está en la cocina. Intento divertirme con el asunto pero no le encuentro la gracia. Quiero que se calle y me deje en paz y deje de llamarme para explicarme todos los días asuntos que no necesito saber. Y no debería ser yo el que está en contra de la digresión. En la poesía como en la literatura esta atención por los asuntos nimios es hasta interesante. Pero Teresa está desprovista de humor. Habla y habla sin el más mínimo atisbo de gracia ni humor y cada cierto tiempo te ordena algo como si fuera tu capataz de obra (no de La Obra). Desde luego me crecen los… ¿lo diré? Sí, los enanos. Maldigo internamente a las compañías de internet por no acabar antes con este asunto más rápido. ¿Para qué me llamará Teresa cuando se acabe este estúpido problema de un cable situado en el lado incorrecto del edificio por unos técnicos incompetentes? Yo me estoy temiendo que puede inventarse algo. Se está viniendo arriba y nuestra “relación” ya va viento en popa, hablo más con ella que casi con el resto del mundo.
-      Aunque si quieres vamos arriba y miramos cómo están los cables de mal puestos, que veas que no te miento. ¿Puedes subir ahora?
-      No, ahora no…
-      ¿Te dan miedo las alturas?
-      Sí, un poco.
No es del todo cierto. Me da más miedo subir y no poder vencer mi deseo de empujarla desde el trece.

Por lo demás es buena mujer.  

19 marzo 2017

¿Y a ti qué tal te va?



Llevo algunas semanas bajo algún tipo de maldición o mal de ojo. Pequeños asuntos burocráticos o kafkianos me vienen a molestar por las mañanas. En mis horas de calma o “relaxing coffee”.
Es coger un libro o un cómic y piiiiip, timbre de la calle, unos policías. Les abro la puerta. Dicen que vienen a por mí o el vecino pero que no lo saben seguro porque la dirección de la puerta no está clara. Admiten que buscan que sea dominicano y yo no lo parezco. Aún así les confirmo que soy autóctono. Luego me hacen unas preguntas. Buscan a la familia que estuvo viviendo de alquiler en el piso de al lado hace dos años. Ahora están en paradero desconocido que es un lugar dónde la policía no puede llegar con sus notificaciones del juzgado. La policía me agradece la información sobre la familia (les he informado que ya no viven allí) y me aseguran que no me volverán a molestar. Yo les aseguro que lo dudo.
Otro día me encuentro una notificación de Endesa. El cartero ha escrito que yo no estaba en casa. Siempre dice lo mismo. Pero yo siempre estoy a esas horas. Creo que es él el que tiene sobrecarga de trabajo y no quiere pulsar el timbre de mi casa y entregarme los envíos en mano. Por suerte su compañera de Correos es muy amable y no me hace esperar al día siguiente a recibir la notificación y por la tarde la coge del montón de cartas no entregadas sobre su mesa y me la entrega. Las mismas cartas que dejó el mentiroso de la mañana que no entrega nada porque no le da la gana.
Endesa me dice que la ley obliga a cambiar los contadores y yo me estoy rezagando bastante en dejarles hacerlo. El límite es el año 2018. Pero ellos dicen que si no cambio en dos meses el contador pasarán a cortarme el suministro eléctrico. Supongo que su ley es diferente a la que escribe el gobierno. Claro que como son amigos da igual. Se lo perdonan todo entre ellos.
Esto es más bien una lucha entre mi compañera contra la eléctricas. En la asociación en la que está le han dicho que no la pueden forzar a cambiar al nuevo contador antes de tiempo y así vamos. Yo digo que si lo vamos a hacer por qué no hacerlo ya. Pero ella lo lucha todo. Hace poco la llamaron de TV3 para entrevistarla por lo de la asociación esa. No le gustó la experiencia televisiva:
-      Uy, qué mal me veo. Y se me ve enfadada.
-      Estás hablando de las estafas de las eléctricas en este país. Es normal que se te vea enfadada. Hasta yo me estoy cabreando un poco.
-      Pero he salido fea. ¿No?
-      No, qué va, pero claro, en la realidad estás mejor.
-      Pon otra vez el vídeo.
Y así veinte veces. A ver si en una de esas visualizaciones cambiaba el vídeo y se veía tan guapa como deseaba.
El asunto eléctrico sigue por ahí rondando.
Al día siguiente pensaba que ese día me dejarían en paz con las notificaciones pero apareció la señora Teresa en la puerta de mi piso. En bata y zapatillas de estar por casa. Despeinada de almohada. Sabía que era ella antes de verla por esa forma tan cabreada que tiene de pulsar el timbre.
Lo de siempre. El aire ha vuelto a soltar los cables de los que tenemos internet y estos golpean en la chapa de la fachada y hacen ruido. Le digo que pase a mi casa y lo solucionamos allí mismo. Ella duda. Mi compañera y ella no se pueden ver y teme algún enfrentamiento pero estoy solo.
-      Pero no le digas nada a tu mujer- me pide.
La observo. El mechón alzado detrás de su cabeza la hace parecer un pajaro carpintero. Uno de andar por casa. Ella es así, puro glamour. En mi escalera el único que sale a la calle con ropa de… calle soy yo. Todo lo demás son pantuflas, batines, batas, remolinos capilares de recién levantado y en general moda de geriátrico. Todos tienen muy superada la mirada del prójimo.
Soluciono el asunto más o menos. Quedo atrapado durante días en casa esperando que mi compañía envíe un técnico para solucionar los problemas. La primavera se queda fuera y yo me quedo en casa. Expuesto a más notificaciones y llamadas de bancos que intentan robarme más y mejor. En fin, la maldición de la que hablaba.   
Así que ayer, en pleno fin de semana y libre y en el campo me puse a lo final de “Lo que el viento se llevó” y con tierra en la mano alcé mi puño al cielo prometiéndole al dios que estuviese de guardia que no iba a dejarme avasallar por ninguna maldición.
No mucho después me caí por un terraplén que no vi bien y conseguí un par de esguinces de segundo grado en los tobillos. Uno por tobillo, muy bien repartidos.
Actualmente estoy de baja. Esperando que mañana por la mañana alguien venga a buscarme y demostrarme que la mala suerte o las maldiciones, contra lo que siempre he pensado, sí existen.       

06 marzo 2017

Teatro interactivo



Hace un par de semanas fuimos al teatro. Estaba Alberto San Juan  presentando su versión perroflauta de la historia de España. Aunque me gustan los perros y las flautas, sin ser mi instrumento preferido, tampoco me disgustan, los perroflautas no me agradan demasiado. La película que me hago en la cabeza incluye este atrezo: cabello descuidado y pintarrajeado o rapado de la forma más horrible a los lados (o con el flequillo cortado a lo bocado de burro que diría el otro actor, Dani Rovira). Filosofía de la vida contra el sistema pero que no le hace ascos a ponerse ropa comprada en tiendas del sistema con dinero mendigado a personas que trabajan en el sistema, con ordenadores hechos en el sistema y wifi robado de compañías del sistema. No les entiendo, por eso les juzgo menos de lo que parece. Si alguno de ellos, alguna vez está pirateando la banda ancha de su vecino y me lee, por favor, que me explique su rollo a ver si lo entiendo. Si todos vivimos de tocar la flauta y de pedir… ¿Quién nos dará las monedas? Es como el modo de vida de los vampiros y zombis que van mordiendo y convirtiendo gente sin tener en cuenta la estadística que dice que de esa manera exponencial se quedarán pronto sin sustento. O como las enfermedades que te devoran el cuerpo y luego mueren ellas también. Que el sistema es una porquería ya lo digo yo. Pero en vez de romperlo vamos a ver si lo mejoramos. Y si lo tiráis abajo al menos ponedme un plan mejor que vivir como antes de la revolución industrial. Está demostrado que los radicalismos nunca han sido mayoritarios. Claro que a lo mejor ya les va bien ser unos pocos pedigüeños. Quejarse de algo es un modo de vida. A veces te quitan al enemigo y te quedas sin objetivos en la vida.
Pero yo estaba antes de divagar con Alberto San Juan. Su espectáculo parecía perroflauta por la batería de poemas de izquierda acompañados por Fernando Igozcue a la guitarra. Y por los insertos de historia de nuestra península que hablaban en contra del rey, de Franco, del PP. Vamos, que ahí entraba Marhuenda y la liaba.
Yo iba por mi compañera y porque ambos nos hemos reído con “Al otro lado de la cama” “Días de fútbol”, etc. El hombre nos caía bien y hasta nos parecía talentoso. Y porque la ideología que vendía no era intrusiva, parecía razonable, comulgábamos bastante con casi todo lo que se decía y el humor se sirvió durante casi buena parte del espectáculo (al final esa es mi verdadera bandera, si el tipo se pone serio lo dejó solo con su guitarrista en el escenario y abandono el barco).
A mi lado había un tipo que estaba rememorando su pasada incursión en el teatro, algún espectáculo con Carmen Machi en el que se quedó dormido. Debo decir a favor de la actriz que en este espectáculo el tipo ya cabeceaba a los quince minutos. Hasta el punto de que temí que su cabeza cayese sobre mi hombro. ¿Cómo despiertas a un desconocido que se acurruca en tu hombro en el teatro? Pero afortunadamente, en uno de los cabeceos se despertó al dar su barbilla con el pecho y asustarse a sí mismo. Abrió los ojos como si hubiese visto a la virgen María y luego tras girarse a un lado y otro y ya repuesto gracias a su minisiesta le fue cogiendo el gusto al actor. El poema de García Lorca en Nueva York y contra el capitalismo ya había pasado. Ahora Alberto nos contaba que iba a cometer dos temeridades, cantar porque no sabía cantar y hacerlo en catalán porque tampoco sabía catalán.
En algún momento de la obra sonó un móvil, esa peste de los espectáculos en vivo y de los espectáculos en diferido. A ciertos actores les he visto encolerizados con esto. Más que yo. Y ojo que yo cogería el móvil y se lo rompería a golpes a la gente que los usa y luego los sacaría a patadas del teatro. Pero este actor sólo preguntó si la llamada era para él y nos hizo reír. Luego alguien se animó con eso de la interactividad del directo y gritó cuando Alberto San Juan citó a uno de sus poetas preferidos. Y más tarde el ambiente lúdico hizo que la gente empezase a soltar sus ideas, pensamientos y demás hasta el punto de que temí que la obra se estropearía irremisiblemente. Pero este actor encauzó muy bien a los espontáneos. La obra era suya y se la quedó él hasta el final. No sé si otro con menos experiencia o peor talante hubiese podido. Esto es ya una epidemia. Ya nadie entra en un espectáculo público con la idea de suspender lo que quiera que deje fuera del local ni un minuto. No entran para dejar sus miserias atrás, se las traen consigo. Le doy un premio especial “al más gilipollas” a uno que veía un partido de fútbol en su móvil. Pero no voy a empezar a tratar este tema porque ya hay quejas por ahí que lo tratan más profundamente que yo.
A lo mejor en el mundo preindustrial que nos venden los perroflautas los espectáculos serán más tranquilos y respetuosos. Lo dudo pero por desear que no quede.

De momento tenemos el buen sentido del humor. San Juan no lo sabe pero su comportamiento me enseñó incluso más que su espectáculo “España ingobernable”. Hizo honor a sus ideas y convenció sin insultar o amenazar. Hizo del desastre un anexo de su espectáculo como si estuviera ensayado. Bien por él. Si hubiera más gente como él yo me quitaba de misántropo. 

19 febrero 2017

La vida hace bullying pero...



Cada vez que veo a G., pocas veces y por casualidad, me cuenta la vida y milagros de alguien que “se ha jodido la vida” por vete a saber qué pecado o tontería. Su última historia era sobre un amigo suyo que destruyó su vida por tener relaciones extramatrimoniales y no se lo han perdonado. “Está acabado”, me dice con más ánimo vengativo que tristeza. Es como si la gente que comete alguna debilidad mereciera ese final tan espantoso. Joderse, destruirse, arruinarse la vida… ¿Pero realmente existe una vida que se arruine así para siempre y sin esperanza?
Yo no le quiero contar mis aventuras porque le daría una excusa para poner esa cara tan desagradable de santón que ha venido a redimir a la humanidad de sus pecados. Pero tengo unas cuantas para él.
La vida te la puedes arruinar o se te puede arruinar sola. De hecho el bullying escolar no es nada comparado con el bullying existencial. Te levantas una mañana más contento que unas castañuelas, sales a la calle dispuesto a comerte el mundo y en el buzón de casa te notifican un gasto de más de quinientos euros en gas (absolutamente imposible porque apenas has estado en casa tres días ese mes pero es un error y una gestión a realizar y ya lo supo Kafka, la burocracia es el infierno). Y ya vas menos feliz pero continua hasta que te llama alguien de tu trabajo. A mí que me llamen de mi trabajo ya me molesta en cuanto que esa llamada solo es suciedad en mi tiempo libre, llenar mi mente con imágenes de un lugar al que solo voy porque me pagan y creo que no lo suficiente así que debería irme o hacer algo para que me echaran (aunque me han dicho que bajarme los pantalones y cosas así supone expulsión sin derecho a paro porque está justificado el despedirte si eres un guarro).  Y como decía te llama el compañero de tu trabajo, te pide unas horas de trabajo que no estaban en tu esquema mental, te fastidia. Pero solo son ejemplos de bullying vital. Reales o no cada uno tiene los suyos.
En cuanto a lo de arruinarte verdaderamente la vida, sí tengo verdaderos momentos estrellas ocasionados por una mala gestión de mi libido (hace tiempo de esto, ya puedo contarlo con humor), de mi mal humor o de mi tendencia a sacudirme el aburrimiento metiéndome en algún problema.
Una vez perdí un trabajo que me gustaba y de años porque metí la polla en la olla y me la quemé. Allí me arruiné la vida. Y luego empecé de nuevo.
En otra ocasión casi perdí mi relación de casi años por el mismo asunto y luego pasó el tiempo y no perdí nada pero si lo hubiese hecho hubiese reiniciado de cualquier otro modo en algún otro lugar con cualquier otra persona.
La otra noche veía en el programa de Risto Mejide a Mariscal, un tipo que se arruinó tres veces por arriesgarse más de la cuenta con los proyectos que emprendía. Estoy seguro de que la última vez se lo tomó mejor que la primera. Uno se acostumbra a todo. Me lo dice otro amigo, “no puedo castigar a mi hija de la misma forma porque se acostumbra y ya no es castigo”. A nuestra manera somos casi tan adaptables como las cucarachas.
Lo que quiero decir con todo este divagar es que el fin de una vida no lo marca una mala situación vital. Ninguna vida está realmente arruinada hasta que no te caza una enfermedad terminal.
Pero este conocido me sigue contando un par de cuadros más de amigos suyos que por su mala cabeza han fracasado en la vida. Escuchándole parece que no suele buscar amistades a las que les vaya bien. Debe ser de estas personas que se crecen con las miserias ajenas.
Cuando le pregunto por el trabajo me cuenta que le despidieron hace un año. Pero que está buscando algo. Claro que no me engaña. Yo sé que en el fondo ya ha tocado fondo. Está muerto, su vida está acabada para siempre jamás. Hay personas cuya filosofía de vida no incluye ponerse las pilas y empezar de nuevo.
Por si acaso le recomiendo que tome magnesio y que reduzca el azúcar en la alimentación. También le voy a recomendar que disfrute haciendo ciertas cosas agradables pero me dice que no se quiere arruinar la vida. “Claro, claro, lo entiendo” le digo antes de irme por donde vine.

Qué malo es ver patalear a la gente en frío. Como si a falta de padres que les resuelvan los problemas el universo se fuera a apiadar de ellos porque son buenas personas, signifique eso lo que signifique. Pero no sé donde he leído que pensar que la vida te recompensará por ser una buena persona es como creer que un toro no te corneará por el mismo motivo. No digo que se tenga que ser malo, eso pasa factura a la larga. Digo que hay que hacer algo. Algo más que la pataleta, se entiende.           

30 enero 2017

Amigotes



Últimamente lo de tener amigotes me está costando pasar por ciertos exámenes previos para conseguir autorización. Es como si mi compañera hubiese instalado una nueva burocracia entre nosotros para dejarme salir tranquilo a tomar algo con básicamente J.. Cada vez que salgo tengo algunos comentarios que quieren pasar por graciosos pero que mal disimulan cierto rencor:

-      -¿Otra vez con J.? ¿Vais a ir de la manito en el autobús?

-     - ¿Ya te ha llamado tu novia? ¡Sales desesperadito en cuanto te llama J.! Para salir conmigo no te das tanta prisa.

Le comenté esto a J. y me dijo que por su parte su compañera tenía comentarios alternativos. Al parecer en su pueblo llaman “Pelé y Melé” a todos los individuos o individuas que pasean juntos a menudo. Proviene de la voz francesa  pêle-mêle  y de una revista gabacha (información gratuita de internet). Otro comentario de la compañera de J. es que siempre estamos en “Mediamarkt”. No es cierto. A veces también visitamos una Rambla con artículos de segunda mano. Pero en cualquier caso para ella somos Pelé Y Melé o los tontos del Mediamarkt. Para mi compañera en cambio, somos el par de retrasados del barrio que pasearemos en el futuro de la mano (eso también nos convierte en moñas pero por suerte esto último ha dejado de ser un insulto, solo se trata de dónde metemos o dejamos que nos metan la polla).
No sé si somos dinosaurios de otra época que todavía creen en la palabra amigote o amigacho. A diferencia del amigo, el amigote es el compañero poco recomendable. Por supuesto los amigotes son más un estado mental o una opinión que una realidad. J. es tan recomendable como cualquier amigo estándar. Lo que le convierte en amigote es que salimos más veces juntos y eso genera la polémica.
He crecido toda la vida pensando que las mujeres maduraban antes que los hombres. Pero veo que para el asunto de tener que ser el centro de atención (como los niños) las que he conocido no son mucho más maduras que yo. A la que ven desplazada su atención por un amigo, solo para salir un rato a tomar algo o ser el idiota del Mediamarkt, nuestras mujeres convierten en centro de sarcasmo un hecho tan irrelevante como el de no quedarse una tarde entre semana y de día laborable en casa. Una tarde en la que no tenían más plan que quedarse en el comedor viendo televisión. En la que no les importaba lo que hicieras hasta que decidiste salir a hacer algo por tu cuenta y riesgo con otro ser humano que no fueran ellas. ¡Bienvenida por segunda vez, mi querida adolescencia, con lo que echaba de menos una madre que me recriminase salir con los colegas! Obviamente eso anima a mi alma libre a salir más. 
Que no se diga que soy una persona que rehúye las discusiones. Si hay una posibilidad de hacer que todo sea tranquilo y apacigüe el ambiente yo siempre elijo el lado contrario. No siempre de manera consciente o voluntaria. Es que creo que algún tipo de retraso sí que tengo en ese sentido. Últimamente le echo la culpa de mi beligerancia al azúcar pero da igual. Si las discusiones son hostias yo me las como todas.  

Así que salgo con mi cruny (para los ingleses que se van de tabernas) o mi Buddy (para los americanos). En esas sociedades también hay amigotes. Gente con la que sales sin todos los permisos conyugales en orden.
Imagino el cerebro de mi compañera cuando salgo con J.. Orgías con coca, putas y mucho alcohol. Tal vez J. y yo dándonos la de Sodoma y Gomorra. Su forma de no mosquearme es decir que al menos yo soy el que le da a J.. Que el muerdealmohadas es él y yo el soplanucas. En realidad prefiero no entrar en su mente cuando me ve salir y me dice que a dónde voy y le digo que me ha llamado J.. Hay cosas que ni siquiera yo dejo que se instalen en mi imaginación.  

Ella también sale. En la misma medida que yo. Pero lo suyo son amigas o amiguitas. Buscad la palabra amigota a ver si la encontráis. Normalmente le intento devolver la pelota y decirle que si se va a ir de la mano con ellas o blah, blah pero ni me escucha, ni le importa ni nada. Simplemente me dice que “hasta luego” y me deja con la sensación de que las relaciones simétricas no existen. Todo es una batalla por algo. Incluso aunque las batallas sean tan estúpidas como estas.           

15 enero 2017

Pensamiento mágico



Estaba ojeando y hojeando un comic en “La casa del libro” del centro de la ciudad. Me di cuenta que lo tenía por una escena que recordaba. Difícil de olvidar. Un carnicero montaba una mujer frankenstein hecha con salchichas y demás carne de su empresa y se enrollaba con ella. Este Garth Ennis, qué guionista tan elegante.
Para aliviar toda esa carnalidad la suerte me plantó una conferencia gratuita allí mismo sobre Kabbalah. Me acerqué a ver qué aprendía. Especialmente porque una organizadora me dijo que traerían más sillas y podría sentarme. Había bastante público. Todos pendientes de un esquema con el árbol sagrado de la vida judío proyectado en una pantalla al fondo. Podía ser algo esotérico. De hecho lo era. Toda religión tiene su lado oscuro. Los musulmanes tienen a los sufíes. Los judíos tienen esa Kabbalah. Los católicos imagino que a los gnósticos. Los jedis tienen el lado oscuro de la fuerza. Esta lo exotérico que sigue casi todo el mundo (dogmas y liturgias) y está lo esotérico, el camino alternativo a las reglas. Dos caminos distintos para llegar al mismo lugar. Los humanos intentando superar una realidad que se les queda pequeña o triste o gris mediante el pensamiento mágico. Yo tengo mi propio camino que es el del arte pero imagino que cualquier modelo es bueno siempre que no te laven el cerebro, te violen, te obliguen a explotar en un mercado lleno de gente o te vacíen la cuenta del banco y te hagan querer vaciar la de tus familiares. Esta teoría de “todo es un modelo” que por el camino equivocado o no, te puede llevar a un resultado aceptable hizo que en la comida del post anterior quisiese practicar un ritual de sigilismo de magia del caos con mi sobrina. Yo no creía en eso pero sí creo en la autosugestión. Le quería extirpar los miedos nocturnos. Convencer a su subconsciente de que dejase de temer a lo que su imaginación creaba en mitad de la oscuridad. Le dije que apuntase el deseo en la servilleta y luego crearíamos un sello que blah, blah da igual. Cuando vi que su deseo no era dejar de tener miedo si no conseguir un permiso de armas me mosqueé y dejé de hacer magia. La devolví a su pantalla. Eso sí que es diabólico pero me faltaba energía para sacarla de la tablet o del móvil. Y además hay que tener en cuenta que no es huérfana, tiene padres. Le regalo la responsabilidad a sus dueños. Sólo espero que los deseos fascistas de mi sobrina no se cumplan. Con ella no funciona la magia de mentira o la verdadera.   
Pero volviendo a la conferencia no saqué gran cosa. Casi todo pretende hacer que el ser humano salga de su rutina. El deseo de la mayoría de la gente es abandonar una realidad que le imponen. En la Edad Media por ejemplo, tenían poco tiempo para reflexionar. Su preocupación era no morir antes de los treinta. Ahora nos preocupamos más por asegurarnos de que no nos pasamos muertos casi toda la vida, caminando como zombis por una semivida en la que difícilmente nos sentimos vivos, solo a ratos. Yo he descubierto que muchas veces me he sentido vivo cuando montaba un pollo en algún lugar y me iban a dar una paliza o yo, con suerte, la iba a devolver. Pero no os preocupéis. No levanté la mano para compartir mi “sabiduría” guerrera. Tal vez por eso medran estas filosofías que quieren devolver al ser humano al centro de poder. En esta conferencia se trataba de devolver a hacerte dueño de ti mismo, despertar tu conciencia y decirte que tú eres tu propio Dios. Que tu eres causa de tu destino y que debes dejar de vivir a salto de mata, de manera casual. "Causal contra casual" era el lema. Pero no olvidemos que también era sobre sacarte veintidós euros para comprar el libro de la ponente y hasta apuntarte a sus cursillos de kabbalah. Nada que objetar. Tenía que ganarse la vida de alguna manera. Nadie me detuvo cuando acabó la conferencia y me fui a buscar un tren a casa.    
Y a partir de ahí se empezaron a dar sincronicidades.  Vi la kabbalah mencionada en la televisión de esa noche, en una página web donde decían que el Big Bang ya lo conocían los judíos porque en el primer sefirot (esfera) del árbol de la vida se habla de una gran explosión que creó la realidad tres mil años antes de nuestras teorías al respecto, me encontré con un anuncio de una película llamada así “El árbol de la vida” en un periódico. Y si yo tuviera pensamiento mágico relacionaría pensando que el universo quería introducirme en ese tema. El pensamiento lógico es similar. La inteligencia es eso, relacionar conceptos. Lo que ocurre es que en el pensamiento mágico se relacionan los conceptos solo porque están cercanos en el tiempo pero no se tienen en cuenta muchas más variables (apruebas un examen con tu suéter amarillo y crees que el suéter te ha dado suerte y olvidas que otras veces has suspendido con el mismo suéter, el pensamiento mágico se centra en el lado supersticioso y se olvida cuando este falla). La mente mágica es muy perezosa. Cuando no entiende algo, lo achaca a seres imaginarios o al destino. No piensa mucho, con la fe ya lo tiene todo hecho.
Y eso está bien si te convence de perder el miedo o hacer algo bueno con tu vida. También te puede llevar a asuntos más siniestros. Yo me alegro de ver pocas señales en el aire. Esa noche descubrí que tenía entre mis comics el de Garth Ennis y abrí uno por la página del sexo del carnicero. Si creyera también en esto podía haber pensado que el universo quería que descongelase las alitas de pollo o las hamburguesas y les diese una vida sexual. Pero no. Ya he dicho que yo la magia la encuentro cuando abro libros o comics. Y luego los cierro y vuelvo a pisar la realidad. Tampoco es que no tenga sus buenos y amables momentos.