06 marzo 2017

Teatro interactivo



Hace un par de semanas fuimos al teatro. Estaba Alberto San Juan  presentando su versión perroflauta de la historia de España. Aunque me gustan los perros y las flautas, sin ser mi instrumento preferido, tampoco me disgustan, los perroflautas no me agradan demasiado. La película que me hago en la cabeza incluye este atrezo: cabello descuidado y pintarrajeado o rapado de la forma más horrible a los lados (o con el flequillo cortado a lo bocado de burro que diría el otro actor, Dani Rovira). Filosofía de la vida contra el sistema pero que no le hace ascos a ponerse ropa comprada en tiendas del sistema con dinero mendigado a personas que trabajan en el sistema, con ordenadores hechos en el sistema y wifi robado de compañías del sistema. No les entiendo, por eso les juzgo menos de lo que parece. Si alguno de ellos, alguna vez está pirateando la banda ancha de su vecino y me lee, por favor, que me explique su rollo a ver si lo entiendo. Si todos vivimos de tocar la flauta y de pedir… ¿Quién nos dará las monedas? Es como el modo de vida de los vampiros y zombis que van mordiendo y convirtiendo gente sin tener en cuenta la estadística que dice que de esa manera exponencial se quedarán pronto sin sustento. O como las enfermedades que te devoran el cuerpo y luego mueren ellas también. Que el sistema es una porquería ya lo digo yo. Pero en vez de romperlo vamos a ver si lo mejoramos. Y si lo tiráis abajo al menos ponedme un plan mejor que vivir como antes de la revolución industrial. Está demostrado que los radicalismos nunca han sido mayoritarios. Claro que a lo mejor ya les va bien ser unos pocos pedigüeños. Quejarse de algo es un modo de vida. A veces te quitan al enemigo y te quedas sin objetivos en la vida.
Pero yo estaba antes de divagar con Alberto San Juan. Su espectáculo parecía perroflauta por la batería de poemas de izquierda acompañados por Fernando Igozcue a la guitarra. Y por los insertos de historia de nuestra península que hablaban en contra del rey, de Franco, del PP. Vamos, que ahí entraba Marhuenda y la liaba.
Yo iba por mi compañera y porque ambos nos hemos reído con “Al otro lado de la cama” “Días de fútbol”, etc. El hombre nos caía bien y hasta nos parecía talentoso. Y porque la ideología que vendía no era intrusiva, parecía razonable, comulgábamos bastante con casi todo lo que se decía y el humor se sirvió durante casi buena parte del espectáculo (al final esa es mi verdadera bandera, si el tipo se pone serio lo dejó solo con su guitarrista en el escenario y abandono el barco).
A mi lado había un tipo que estaba rememorando su pasada incursión en el teatro, algún espectáculo con Carmen Machi en el que se quedó dormido. Debo decir a favor de la actriz que en este espectáculo el tipo ya cabeceaba a los quince minutos. Hasta el punto de que temí que su cabeza cayese sobre mi hombro. ¿Cómo despiertas a un desconocido que se acurruca en tu hombro en el teatro? Pero afortunadamente, en uno de los cabeceos se despertó al dar su barbilla con el pecho y asustarse a sí mismo. Abrió los ojos como si hubiese visto a la virgen María y luego tras girarse a un lado y otro y ya repuesto gracias a su minisiesta le fue cogiendo el gusto al actor. El poema de García Lorca en Nueva York y contra el capitalismo ya había pasado. Ahora Alberto nos contaba que iba a cometer dos temeridades, cantar porque no sabía cantar y hacerlo en catalán porque tampoco sabía catalán.
En algún momento de la obra sonó un móvil, esa peste de los espectáculos en vivo y de los espectáculos en diferido. A ciertos actores les he visto encolerizados con esto. Más que yo. Y ojo que yo cogería el móvil y se lo rompería a golpes a la gente que los usa y luego los sacaría a patadas del teatro. Pero este actor sólo preguntó si la llamada era para él y nos hizo reír. Luego alguien se animó con eso de la interactividad del directo y gritó cuando Alberto San Juan citó a uno de sus poetas preferidos. Y más tarde el ambiente lúdico hizo que la gente empezase a soltar sus ideas, pensamientos y demás hasta el punto de que temí que la obra se estropearía irremisiblemente. Pero este actor encauzó muy bien a los espontáneos. La obra era suya y se la quedó él hasta el final. No sé si otro con menos experiencia o peor talante hubiese podido. Esto es ya una epidemia. Ya nadie entra en un espectáculo público con la idea de suspender lo que quiera que deje fuera del local ni un minuto. No entran para dejar sus miserias atrás, se las traen consigo. Le doy un premio especial “al más gilipollas” a uno que veía un partido de fútbol en su móvil. Pero no voy a empezar a tratar este tema porque ya hay quejas por ahí que lo tratan más profundamente que yo.
A lo mejor en el mundo preindustrial que nos venden los perroflautas los espectáculos serán más tranquilos y respetuosos. Lo dudo pero por desear que no quede.

De momento tenemos el buen sentido del humor. San Juan no lo sabe pero su comportamiento me enseñó incluso más que su espectáculo “España ingobernable”. Hizo honor a sus ideas y convenció sin insultar o amenazar. Hizo del desastre un anexo de su espectáculo como si estuviera ensayado. Bien por él. Si hubiera más gente como él yo me quitaba de misántropo. 

13 comentarios:

ReltiH dijo...

TODOS LOS SUCESOS QUE CUENTAS SE SIENTEN MUY REALISTA. SE NOTA QUE ESTUVISTE AHÍ!! FULLLL RELATO.
ABRAZOS

Sergio dijo...

Reltih: Saludos, reltih.

Dorotea Hyde dijo...

Me pone enferma que suene un móvil en un espectáculo. Dejé de ir al teatro de mi ciudad por eso. Una panda de gallinas viejas que no dejaban de hablar y en cada obra sonaban como mínimo tres móviles. Nadie les decía nada. Incluso escribí una queja. No tuve respuesta, claro.

El otro día fui a ver Las brujas de Salem, casi tres horas. Curiosamente nadie se levantó para ir al baño, pero un móvil maldito tuvo que hacer aparición. Estuvo sonando hasta que se cortó porque el dueño no lo encontró. Has tocado un tema que me toca mucho la moral. Si fuera artista, dejaría el escenario.

Dorotea Hyde dijo...

Por cierto, que la interacción con el público se ve súper interesante.

Sergio dijo...

Dorotea: Bueno, la interacción con el público me parece bien cuando es voluntaria. En en este caso nos quedamos en un plano intermedio, no entraba en la obra y sin embargo también se saldó con un buen espectáculo gracias a las tablas del artista.
En cuanto a los móviles son ya un caso perdido. Yo creía que en el teatro habría más respeto que en el cine pero va decayendo igual. Hay un local al que voy a ver actuaciones de micrófono libre ocasionalmente(se apunta el artista local que quiera a hacer lo que le dé la gana) y pegan muy buenas broncas por hablar. Y yo que pensaba que los locales con música eran más ruidosos resulta que no, que ahí sí que hay disciplina(en este). Incluso demasiada para mi gusto, un lugar de fiesta no es como una biblioteca o un teatro pero bueno, esto es una rareza. Solo sueño que a la chica de las broncas la trasladen al cine y demás y ya seré feliz. Buen fin de semana.

Mario dijo...



Sergio, acabo de llegar a la cafetería. Los periódicos descansan sus noticias en una especie de estantería que recoge ecos y expele mala información porque hoy en día la prensa está plena de avisos desquiciantes. Bien la deportiva, o mal, y bien la general, o mal, muy mal.

A Mónica le he pedido un café. Siempre me lo sirve con una capa cremosa. Muy rica. La capa cremosa, también lo está. Pero hoy no me apetecía ponerme a leer EL LARGO ADIÓS, de Raymond Chandler y su avezado detective Marlowe. Así que como me apetecía leer algo que no fuera un libro ni un periódico, ni la carta de sugerencias dulces y atacantes contra mi dieta, he decidido abrir aquí y leerte. Que dicho lo escrito, es lo mejor que se me podría haber ocurrido. Y digo yo que debería ser más mejor aún si te leyera más a menudo, más cuando publicas o subes algo y no demorarme tanto.

En fin, es cierto; la vida te la puedes arruinar o ella puede acabar contigo, arruinarte y dejarte tirado en el callejón más oscuro (influencia total de Marlowe esta frase, fijo) Pero esa frase me ha gustado leerla en ti. Así como otras cosas que he descubierto hoy en tu espacio letrado que ha hecho las delicias de mi rato contigo a este lado de las letras, del café, y de Mónica y sus tetas arrimando esta otra taza que acaba de dejar junto a estas manos que acarician el teclado y que seguro se preguntará con quién hablo. O por qué hablo y no escribo. O por qué no escribo ni leo y estoy dándole a la sin hueso 3.0

Tras leerte he recordado algo que pensaba esta mañana muy de mañana. La vida siempre acaba yéndose de nuestro lado. No sé, vamos, que el vivir no se acaba metas la polla en la olla que la metas. Tampoco se termina todo después de asistir y velar a alguien. El otro día salí de un funesto asunto, dejé a los dolientes congregados en torno al sufrimiento y a la pérdida, y al cabo de un rato ya tomaba café, ya veía la tele, ya me excitaba con la teta más tonta en un anuncio de desodorantes Fa que se acopló en mi cabeza. La vida continúa y nosotros mientras estemos en ella, encontramos siempre un cómodo modo libros, modo cafés, modo charlas, modo paseos y en modo recibir llamadas sucias y sucesivas del trabajo en nuestro tiempo libre. Qué buena esa frase tuya.

Me gustó al otro lado de la cama.
Me gustó días de fútbol.
Me reí con esas dos películas que sin ser pretenciosas, fueron un acierto.

Así que me apunto a la obra que te ha provocado hablar de perroflautas, de Lorca y su poeta “neoyorkino” de Marhuenda, del PP, de los de la izquierda, del Franco, del Rey, de Carmen Machi y de la batería de poemas de izquierda que definen a esta España plural, descontenta e ingobernable.

Fíjate tú… Descubría a San Juan casi al mismo tiempo que a G. Toledo. Y admiro al primero y abomino del otro. Y eso que me gustaba y también me hacía reír. Pero donde antes hubo risas ahora hay muchos ay….

Me encant leerte, aunque eso ya lo sabes. Y hoy voy a tu otro blog a cargarme de recomendaciones. Necesito tu criterio.

Un abrazo. Y voy a pedir otro café dominical. A tu salud ¡!

Soldadito Marinero dijo...

genial experiencia teatral :)

Sergio dijo...

Mario: Cambiar a Chandler por pasar un rato leyéndome ya es más de lo que puede asimilar mi ego. Pero ahí está. De todas formas retoma al detective irónico en cuanto puedas. A mí las respuestas rápidas llenas de humor de P. Marlowe siempre me han parecido la cumbre del género negro. No imagino ese tipo de novelas sin un esquema como el de sus historias. Sólo me quedan un par de novelas suyas por leer. Y no por falta de ganas. Más bien por no quedarme huérfano de "inéditos" suyos.
Así que es posible que Marlowe me haya influenciado. Hace poco experimentaba con una historia que escribo por si algún día me presento al concurso que hacen en Hospitalet de novela negra. Yo no tenía detective pero sí personaje cansado y con respuestas directas y sarcásticas a lo Marlowe. Como he dicho, la sombra de ese escritor es larga. Para mí se sale del marco de novela de género y se mete en el mainstream, novela digna más allá de etiquetas.
Tus cafés y los pensamientos que te rondan con Mónica cerca ya dan como para comenzar una buena historia de esas. Aunque la tendrás que teñir de rubia platino y hacerla peligrosa y fatal para los hombres.
En cuanto a San Juan, yo también estoy a favor de este tipo pero detesto a su amigo Toledo. El mismo San Juan dice que Toledo es muy bruto (aunque lo dice sin perder la sonrisa y diciendo que aún así le aprecia, Alberto es un caballero incluso cuando habla de los que no lo son o de los que parecen haber perdido la cabeza).
Yo sobre la vida acabo pensando lo mismo que todos aquellos que disfrutamos con las letras u otros artes, y es que son estos los que nos redimen de casi todo mal. A mis libros les digo aquello de líbrame de todo mal. No lo hacen, los problemas siguen moviéndose por ahí hasta que los solucionas pero vamos, que a ratos sí te hacen ir a un lugar mejor que en el que estamos. y eso ya es algo. Un abrazo

Sergio dijo...

Soldadito Marinero: Genial y muy disfrutada. Sin grandes artificios, pura austeridad. Pero a los que nos gustan las palabras ya vamos sobrados con eso. Saludos

Verónica Calvo dijo...

Cada vez soporto menos la política así que tras leerte no me apetece este espectáculo.
Sergio, el pensamiento es cada vez más radical. Si no piensas como el otro te tachan de colores y te adjudican palabras a modo de insulto. Paso. Me curo en salud.
Saber interactuar con el público nunca fue fácil, ni ponerse el mundo por montera ante el móvil que suena donde no toca.
El título de la obra lo aplaudo, eso sí.

Un abrazo.

Sergio dijo...

Verónica: Nos estamos desinteresando de la política de un modo que no les va bien ni a los mismos políticos. Espero que espabilen porque esto es lo que están consiguiendo. Un abrazo.

Noelia dijo...

Me han entrado ganas de ver la obra después de leerte y eso que yo no comulgo mucho con los temas políticos, sean de los "animales" y "músicos" que sean. Respecto al tema "política" más o menos he llegado a una conclusión a lo largo de mi vida, que tal vez se ve un poco reflejado en tu último párrafo: lo que cuentan son las personas y establecer un equilibrio entre los extremos. Hay ideas buenas y personas con intenciones y labores buenas en todos lados. Pero la intención y la ideología en la mayoría de los casos también depende de cómo sopla el viento.
Como siempre un placer leerte, me haces reflexionar.

Un abrazo Sergio

Pd.- ¿La siestecilla incluía el hilillo de baba? Espero por tu bien que no. ;-)

Sergio dijo...

Noe: Bueno, es que no solo es política la obra. Su intención parece que sí pero este actor mete otros asuntos. Y además la política, política, la del telediario es pura palabrería que no va a ningún lado y claro, aburre. La política de esta obra es mas humana, más real. Las ideologías solo me parecen bien si no son tan extremas que no escuchen a su contraria o tengan algo de flexibilidad, nada de fanatismos. Tal vez por eso no me apunto a ninguna. Todo acaba oliendo a secta.
La siestecilla no incluyó eso. No le miré tanto pero creo que no. El hombre se despertaba por efecto de su cabeza al caer hacia delante. Afortunadamente. Creo que García Lorca no le gustaba mucho. El resto sí.
Un abrazo