30 enero 2017

Amigotes



Últimamente lo de tener amigotes me está costando pasar por ciertos exámenes previos para conseguir autorización. Es como si mi compañera hubiese instalado una nueva burocracia entre nosotros para dejarme salir tranquilo a tomar algo con básicamente J.. Cada vez que salgo tengo algunos comentarios que quieren pasar por graciosos pero que mal disimulan cierto rencor:

-      -¿Otra vez con J.? ¿Vais a ir de la manito en el autobús?

-     - ¿Ya te ha llamado tu novia? ¡Sales desesperadito en cuanto te llama J.! Para salir conmigo no te das tanta prisa.

Le comenté esto a J. y me dijo que por su parte su compañera tenía comentarios alternativos. Al parecer en su pueblo llaman “Pelé y Melé” a todos los individuos o individuas que pasean juntos a menudo. Proviene de la voz francesa  pêle-mêle  y de una revista gabacha (información gratuita de internet). Otro comentario de la compañera de J. es que siempre estamos en “Mediamarkt”. No es cierto. A veces también visitamos una Rambla con artículos de segunda mano. Pero en cualquier caso para ella somos Pelé Y Melé o los tontos del Mediamarkt. Para mi compañera en cambio, somos el par de retrasados del barrio que pasearemos en el futuro de la mano (eso también nos convierte en moñas pero por suerte esto último ha dejado de ser un insulto, solo se trata de dónde metemos o dejamos que nos metan la polla).
No sé si somos dinosaurios de otra época que todavía creen en la palabra amigote o amigacho. A diferencia del amigo, el amigote es el compañero poco recomendable. Por supuesto los amigotes son más un estado mental o una opinión que una realidad. J. es tan recomendable como cualquier amigo estándar. Lo que le convierte en amigote es que salimos más veces juntos y eso genera la polémica.
He crecido toda la vida pensando que las mujeres maduraban antes que los hombres. Pero veo que para el asunto de tener que ser el centro de atención (como los niños) las que he conocido no son mucho más maduras que yo. A la que ven desplazada su atención por un amigo, solo para salir un rato a tomar algo o ser el idiota del Mediamarkt, nuestras mujeres convierten en centro de sarcasmo un hecho tan irrelevante como el de no quedarse una tarde entre semana y de día laborable en casa. Una tarde en la que no tenían más plan que quedarse en el comedor viendo televisión. En la que no les importaba lo que hicieras hasta que decidiste salir a hacer algo por tu cuenta y riesgo con otro ser humano que no fueran ellas. ¡Bienvenida por segunda vez, mi querida adolescencia, con lo que echaba de menos una madre que me recriminase salir con los colegas! Obviamente eso anima a mi alma libre a salir más. 
Que no se diga que soy una persona que rehúye las discusiones. Si hay una posibilidad de hacer que todo sea tranquilo y apacigüe el ambiente yo siempre elijo el lado contrario. No siempre de manera consciente o voluntaria. Es que creo que algún tipo de retraso sí que tengo en ese sentido. Últimamente le echo la culpa de mi beligerancia al azúcar pero da igual. Si las discusiones son hostias yo me las como todas.  

Así que salgo con mi cruny (para los ingleses que se van de tabernas) o mi Buddy (para los americanos). En esas sociedades también hay amigotes. Gente con la que sales sin todos los permisos conyugales en orden.
Imagino el cerebro de mi compañera cuando salgo con J.. Orgías con coca, putas y mucho alcohol. Tal vez J. y yo dándonos la de Sodoma y Gomorra. Su forma de no mosquearme es decir que al menos yo soy el que le da a J.. Que el muerdealmohadas es él y yo el soplanucas. En realidad prefiero no entrar en su mente cuando me ve salir y me dice que a dónde voy y le digo que me ha llamado J.. Hay cosas que ni siquiera yo dejo que se instalen en mi imaginación.  

Ella también sale. En la misma medida que yo. Pero lo suyo son amigas o amiguitas. Buscad la palabra amigota a ver si la encontráis. Normalmente le intento devolver la pelota y decirle que si se va a ir de la mano con ellas o blah, blah pero ni me escucha, ni le importa ni nada. Simplemente me dice que “hasta luego” y me deja con la sensación de que las relaciones simétricas no existen. Todo es una batalla por algo. Incluso aunque las batallas sean tan estúpidas como estas.           

15 enero 2017

Pensamiento mágico



Estaba ojeando y hojeando un comic en “La casa del libro” del centro de la ciudad. Me di cuenta que lo tenía por una escena que recordaba. Difícil de olvidar. Un carnicero montaba una mujer frankenstein hecha con salchichas y demás carne de su empresa y se enrollaba con ella. Este Garth Ennis, qué guionista tan elegante.
Para aliviar toda esa carnalidad la suerte me plantó una conferencia gratuita allí mismo sobre Kabbalah. Me acerqué a ver qué aprendía. Especialmente porque una organizadora me dijo que traerían más sillas y podría sentarme. Había bastante público. Todos pendientes de un esquema con el árbol sagrado de la vida judío proyectado en una pantalla al fondo. Podía ser algo esotérico. De hecho lo era. Toda religión tiene su lado oscuro. Los musulmanes tienen a los sufíes. Los judíos tienen esa Kabbalah. Los católicos imagino que a los gnósticos. Los jedis tienen el lado oscuro de la fuerza. Esta lo exotérico que sigue casi todo el mundo (dogmas y liturgias) y está lo esotérico, el camino alternativo a las reglas. Dos caminos distintos para llegar al mismo lugar. Los humanos intentando superar una realidad que se les queda pequeña o triste o gris mediante el pensamiento mágico. Yo tengo mi propio camino que es el del arte pero imagino que cualquier modelo es bueno siempre que no te laven el cerebro, te violen, te obliguen a explotar en un mercado lleno de gente o te vacíen la cuenta del banco y te hagan querer vaciar la de tus familiares. Esta teoría de “todo es un modelo” que por el camino equivocado o no, te puede llevar a un resultado aceptable hizo que en la comida del post anterior quisiese practicar un ritual de sigilismo de magia del caos con mi sobrina. Yo no creía en eso pero sí creo en la autosugestión. Le quería extirpar los miedos nocturnos. Convencer a su subconsciente de que dejase de temer a lo que su imaginación creaba en mitad de la oscuridad. Le dije que apuntase el deseo en la servilleta y luego crearíamos un sello que blah, blah da igual. Cuando vi que su deseo no era dejar de tener miedo si no conseguir un permiso de armas me mosqueé y dejé de hacer magia. La devolví a su pantalla. Eso sí que es diabólico pero me faltaba energía para sacarla de la tablet o del móvil. Y además hay que tener en cuenta que no es huérfana, tiene padres. Le regalo la responsabilidad a sus dueños. Sólo espero que los deseos fascistas de mi sobrina no se cumplan. Con ella no funciona la magia de mentira o la verdadera.   
Pero volviendo a la conferencia no saqué gran cosa. Casi todo pretende hacer que el ser humano salga de su rutina. El deseo de la mayoría de la gente es abandonar una realidad que le imponen. En la Edad Media por ejemplo, tenían poco tiempo para reflexionar. Su preocupación era no morir antes de los treinta. Ahora nos preocupamos más por asegurarnos de que no nos pasamos muertos casi toda la vida, caminando como zombis por una semivida en la que difícilmente nos sentimos vivos, solo a ratos. Yo he descubierto que muchas veces me he sentido vivo cuando montaba un pollo en algún lugar y me iban a dar una paliza o yo, con suerte, la iba a devolver. Pero no os preocupéis. No levanté la mano para compartir mi “sabiduría” guerrera. Tal vez por eso medran estas filosofías que quieren devolver al ser humano al centro de poder. En esta conferencia se trataba de devolver a hacerte dueño de ti mismo, despertar tu conciencia y decirte que tú eres tu propio Dios. Que tu eres causa de tu destino y que debes dejar de vivir a salto de mata, de manera casual. "Causal contra casual" era el lema. Pero no olvidemos que también era sobre sacarte veintidós euros para comprar el libro de la ponente y hasta apuntarte a sus cursillos de kabbalah. Nada que objetar. Tenía que ganarse la vida de alguna manera. Nadie me detuvo cuando acabó la conferencia y me fui a buscar un tren a casa.    
Y a partir de ahí se empezaron a dar sincronicidades.  Vi la kabbalah mencionada en la televisión de esa noche, en una página web donde decían que el Big Bang ya lo conocían los judíos porque en el primer sefirot (esfera) del árbol de la vida se habla de una gran explosión que creó la realidad tres mil años antes de nuestras teorías al respecto, me encontré con un anuncio de una película llamada así “El árbol de la vida” en un periódico. Y si yo tuviera pensamiento mágico relacionaría pensando que el universo quería introducirme en ese tema. El pensamiento lógico es similar. La inteligencia es eso, relacionar conceptos. Lo que ocurre es que en el pensamiento mágico se relacionan los conceptos solo porque están cercanos en el tiempo pero no se tienen en cuenta muchas más variables (apruebas un examen con tu suéter amarillo y crees que el suéter te ha dado suerte y olvidas que otras veces has suspendido con el mismo suéter, el pensamiento mágico se centra en el lado supersticioso y se olvida cuando este falla). La mente mágica es muy perezosa. Cuando no entiende algo, lo achaca a seres imaginarios o al destino. No piensa mucho, con la fe ya lo tiene todo hecho.
Y eso está bien si te convence de perder el miedo o hacer algo bueno con tu vida. También te puede llevar a asuntos más siniestros. Yo me alegro de ver pocas señales en el aire. Esa noche descubrí que tenía entre mis comics el de Garth Ennis y abrí uno por la página del sexo del carnicero. Si creyera también en esto podía haber pensado que el universo quería que descongelase las alitas de pollo o las hamburguesas y les diese una vida sexual. Pero no. Ya he dicho que yo la magia la encuentro cuando abro libros o comics. Y luego los cierro y vuelvo a pisar la realidad. Tampoco es que no tenga sus buenos y amables momentos.