31 marzo 2009

¿Gay?


Estos también tenían una fama de raros que no te la acabas

Mi compañero de trabajo se aburre. Eso le hace filosofar. Como casi siempre está aburrido allí (¿y quién no?) casi siempre filosofa. Yo lo hago con él pero tenemos corrientes de pensamiento algo opuestas. Él ama el hip hop, las películas de Guy Ritchie y la payasada continua. Sólo coincidimos en lo último. Hay otras divergencias, sin embargo.

Hace poco el muy cabrón analizaba la posibilidad de que yo fuera homosexual. Él usó la palabra “marica”.

¿Por qué? Las señales, a su modo de ver, eran variadas.

Me gustan películas de “sentimientos” y “aburridas” como “Expiación” o “Revolutionary Road”. Según él esas películas sólo justifican ser vistas por acompañar a la “churri” y darle un poco de “vidilla”. Yo a veces las veo solo y porque me gustan. No podía entender que fuese voluntariamente a ver ese tipo de cine.

Otra señal clave es que no pueda contarle que cuando salgo de fiesta, si es que salgo, no beba como un cosaco hasta perder cualquier signo de racionalidad y como él, vaya dando el espectáculo tambaleándome y ”tirándole la caña” a todas la mujeres posibles, con o sin novio pero mejor “con” que mola más el peligro, o me vaya haciendo ver por lugares dónde me conocen para que al día siguiente todo el mundo comente con tristeza “pero qué mal que iba este chico”.

El hecho de que nunca le haya lanzado un piropo albañilero a una “churri” desconocida porque sí me resta muchos puntos masculinos. El hecho de no entender el sentido de hacerlo y la poca funcionalidad de dichos “halagos” a desconocidas agrava mi situación y la complica sobremanera. Si alguien con quién voy lo hace me incomoda hasta el punto de que prefiero mirar hacia otro lado cómo si la cosa no fuese conmigo, o mejor, como si yo no fuese con la cosa garrula que me acompaña.

No pierdo más puntos por culpa de mi desinterés futbolero porque a él tampoco le va.

Pero pierdo una buena cantidad de credibilidad viril cuando aparezco siempre con un libro en la mano y este es o grueso, o un clásico de la literatura, o de Ian McEwan(no olvidemos que este es el tipo impresentable de “Expiación”) o de algo que no sean superhéroes, “El método” para ligar o una revista de videojuegos. La literatura de verdad y esto lo he sabido gracias a él, es para gays.

Escribir también es una mariconada, claro. Mis posts que hablan de sentimientos aunque se le dediquen a una mujer son poco masculinos.

Usar un lenguaje no arrabalero y alguna palabra pedante que se me escapa, especialmente cuando no sabe lo que he dicho y sobre todo no lo ha entendido y me pregunta ¿Pero eso qué coño significa, tío? es peligroso. Sé que me situación se complica y pasa de marica con matices a mariconazo absoluto. Vamos, el Fidel de Aida elevado a la máxima potencia.

No lo es en cambio su sentido del humor. Todas sus bromas giran en torno al sexo. Tengo una estadística de las frases más usadas por él y de las cosas que más le hacen reír:

- ¿Me comes la polla? ¿Quieres helado de mora? Si quieres yogur… y otras variantes por el estilo que implican la necesidad de recibir una felación por mi parte.

- Otras variantes relacionadas con la práctica del griego entre hombres y el uso del vestuario para prácticas que implican adoptar la posición de los perros y los gatos. Son gotas de poesía como… ¿Quieres ser el “soplanucas” o el “muerdealmohadas”?

- En un tono más romántico y a veces incluso apasionado me lanza besos o asegura que yo le amo a él o que él me ama a mí. Afortunadamente las bromas sólo se quedan en el nivel teórico.

En fin. Tengo mucho que aprender sobre el tema y él me lo puede enseñar. Tal vez lo entienda mejor.

Debo decir que no tengo nada contra la homosexualidad. La masculina me libra de competidores el paisaje y la femenina me excita. Tampoco creo que sea más importante tener una orientación sexual determinada que el hecho de que te gusten los helados de fresa o los de limón o la carne o el pescado (en sentido literal). De todos modos no puedo hacerme pasar por lo que no soy. Ni creo en eso de no saber si lo eres o no lo eres. Yo tengo muy claro lo que soy. Y si me equivoco es que tal vez soy el primer homosexual de la historia al que sólo le gustan las mujeres.

Y “Expiación” me la pasé comiéndole los morros y masajeando los pechos de una que es cualquier cosa menos un hombre.

Pero muy buena la película, que sí.

27 marzo 2009

Paradoja



Sus cejas eran más bonitas aunque a menudo fruncidas



Sólo me pedía más tiempo con ella. Pero yo no se lo daba. Pasaba por una época de sequía de tiempo incluso para mí. Y yo necesito estar a solas de vez en cuando. A veces supongo que demasiado de vez en cuando. Por eso decía que yo era un egoísta, porque quería estar mucho tiempo conmigo mismo. Pero ella también lo era por querer estar demasiado tiempo con la misma persona. Si ser egoísta es querer cumplir tus deseos por encima de los del prójimo ella era como una apisonadora con mis necesidades que se las pasaba por dónde a veces, cuando estábamos de buenas, yo le pasaba la lengua.

Yo podía entenderla en ocasiones. Quería estar todo el tiempo conmigo. Podía entenderla porque yo también quería estar todo el tiempo conmigo.

Ella me decía que intentaba respetar mi espacio pero no era cierto. ¿Qué sabía ella lo que era mi espacio? ¿Lo había medido con una cinta métrica? ¿Sabía que me podía pasar una semana en un apartamento de mis padres sin ver a nadie ni necesitarle? ¿Sólo con mis cosas? ¿Leyendo, escribiendo, yendo al cine y sin llamar a nadie ni atender el teléfono? ¿Autoabasteciéndome sexualmente si llegase el caso o la necesidad? ¿Cómo podía respetar mi espacio cuando pasar un par de horas sola y en casa ya la inquietaba? En cambio yo… ¿Un solitario? No del todo. Cómo diría Philip Roth sólo un “solitario moderado”. Pero lo que para unos es moderación para otros es orgía.

Yo no deseaba estar con otra. Si para un hombre puede ser sexualmente estimulante estar con dos mujeres no es menos cierto que es psicológicamente intolerable. Los servicios de cardiología lo deben saber bien.

El móvil era otro motivo de discusión. Es difícil que yo lo use para llamar a cualquiera. De hecho el mayor uso que hago de mi móvil es perderlo (¿Recuerdas lo que me dijiste cuando perdí aquel con todas esas fotos comprometedoras tuyas?). Pero también es difícil que cualquiera me localice a mí. Siempre lo tengo conectado. Al menos cuando no se me descarga la batería. Pero siempre lo tengo también en silencio. Cuando alguien llama a mi móvil es cómo cuando se produce un ruido en un bosque dónde no hay nadie para escucharlo. Muy rollo oriental. El móvil permanece en el interior del bolsillo de mi chaqueta, rodeado y acolchado con comprobantes del cajero automático, algún bolígrafo y los tickets del supermercado que no suelo mirar. Iluminándose con llamadas de fogueo. A la desesperada. Después, cuando me acuerdo de cogerlo descubro en su pequeña y desesperada pantallita el aviso de por ejemplo “diecisiete llamadas perdidas” y algún que otro mensaje de corte preferentemente airado. Mi móvil a veces, ni siquiera viene conmigo. Se queda perdido por algún lugar de la casa. Ella decía que si estaba en una emergencia de vida o muerte lo tenía mal conmigo para avisarme. Yo creía que si estaba en una emergencia de vida o muerte era mejor llamar a una persona menos apegada a ella, que pudiera mantener la calma y la cabeza fría. A la jefa de estudios de su facultad por ejemplo. O eso o llevar anotado el número de emergencias, muy útil para estos casos de vida o muerte (no sé cómo funciona eso del RACC cuando no tienes coche).

Nunca la vi despedirse de mí con una sonrisa. Siempre me hablaba del vacío que sentía cuando yo me iba o la despedía en el tren. Su cara lo expresaba muy bien mientras los transportes públicos se la llevaban a su casa y me restablecían la soledad perdida. Una cara de tristeza íntimamente emparentada con la insatisfacción.

Ella me pedía más. Decía que todavía podía darle más y que por eso no me dejaba. Quería saber lo que sentiría teniéndome como ella quería.

Yo estaba seguro de que en el momento en que se lo diera todo ella dejaría de quererme.

18 marzo 2009

Retazos de Marzo


He descansado dos semanas para agotarme en un día, justo al volver de las vacaciones. Como venganza me he tomado otra semana de descanso. No consigo ser como Dios que al séptimo día descansó y ni siquiera se indica si le pagaron el Sábado como festivo.

Una vez ligué en Marzo. No tengo problemas con este mes. Pero de momento los aniversarios más numerosos se hayan en Enero. Enero me favorece. El invierno me quiere. Nací en Febrero.

Noto que estoy menos vengativo que de costumbre pero solo porque estoy entretenido con los capítulos de House.

Leo un libro que me regalaron para mi cumpleaños pero casi no avanzo nada con él. Me obliga a sacar el lápiz del bolsillo para subrayarlo casi a cada página. ¿Por qué habrá gente que escribe tan bien? ¿Lo hacen por joderme a mí?

La primavera no me trae mucho más sol ni calor que hace un mes pero sí un buen montón de estornudos. La alergia rinítica no me matará pero me tocará los huevos un tiempo.

Todas las experiencias religiosas que he experimentado este mes han tenido que ver con la carne. Y más en unas zonas de la piel que en otras.

Me reúno con un amigo del que ya lo sé casi todo por su blog. Mientras le escucho siento que leo el post del día siguiente. Mientras le respondo ya estoy calculando algún post mío para el próximo mes. Todo lo que nos podemos decir nos lo podemos decir por Internet. Pero claro, por Internet no podemos compartir el gusto por charlar y comer en un restaurante japonés de buffet libre giratorio.

El Facebook es la mejor arma de destrucción cotilla que se ha inventado para los chismosos. Los problemas que me ha causado no son ni la mitad de los que me puede llegar a causar. Creo que me voy a dar de baja. ¿Es posible?

Durante este mes uno de mis peores miedos se ha hecho realidad. Tengo que hacer regalos a personas a las que quiero regalar pero no sé cual será el regalo apropiado. Miedo escénico a no acertar con los gustos del otro. Querer a otra persona no significa conocerla. Es triste ver la sonrisa forzada del que dice que le gusta mucho la porquería que le has regalado.

¿Por qué se celebran los cumpleaños si a nadie le gusta hacerse mayor?

Gracias a una película (Watchmen) siempre relacionaré el Alleluya de Leonard Cohen con el sexo. Gracias a la realidad asocio el sexo con una amplia discografía que incluye también el silencio y la oscuridad más absolutos.

Como me siento fatigado celebro una cita del libro que comento más arriba que es de Vila- Matas, uno que escribe muy bien sobre escritores como ya hacía Borges(salvando las distancias que siempre son relativas): “¿La eternidad? Sin duda me encantará; uno entra en ella tumbado(Antoine de Rivarol, Pensamientos y rivalorianas)” .

Otra cita que me viene bien para Marzo o para cualquier mes del año la encuentro en el mismo libro: “Completamente de acuerdo con Pascal cuando dice que los mayores problemas de los seres humanos vienen de no poder quedarse tranquilos en su habitación”

Yo de momento estoy tranquilo. Pero es porque tecleo esto en mi habitación.

Desconectar el móvil, el Facebook y el Messenger también ayuda.

13 marzo 2009

Fatalidad


Nadie cree las predicciones de Casandra


Hace tiempo analizaba en un post la posibilidad de que la estadística sirviera para predecir el futuro. Un poco al estilo del ciclo de novelas de Asimov “La Fundación”. En esas novelas el autor inventa el término psicohistoria(ciencia inventada que sirve para predecir la historia futura mediante el conocimiento de la historia pasada).

En otro blog leía hace poco una argumentación en contra. Venía a negar la posibilidad de que el hombre pueda calcularlo todo mediante las matemáticas. Pero las matemáticas no son culpables de nuestros errores. A veces nos faltan variables o factores que desconocemos. Sencillamente sumamos, restamos, multiplicamos o dividimos mal. Pero la herramienta sigue siendo efectiva. Que la ciencia siga errando no significa que sea ineficaz. Sólo que debe afinar más sus resultados o los debemos calcular mejor nosotros. En este universo no cuántico en el que vivimos dónde toda causa viene seguida de su efecto una cierta capacidad de observación sumada a un cierto conocimiento de las matemáticas… puede permitir la adivinación. Lo ejemplificaré con un testimonio real. El mío.

Hace poco me negué a trabajar media hora gratis durante al menos una semana. Conociendo la variable “encargado” sumada a la variable “un tono de voz admonitorio y amenazador por parte del encargado cuando nos encaramos” aventuré que sumando o multiplicando esos factores podía encontrarme con el resultado de una venganza por parte del cabrón. Pensando en el pasado me incliné por una penalización liviana y cobarde. Sólo me cambió el día festivo Viernes por el Jueves, algo menos interesante para mí. Acerté plenamente.

Hace tres semanas mi predicción era esa y aún iba más allá. Yo, sabiendo lo que ocurriría, me enfadaría de todos modos. También sabía que el día que me putease él no se quedaría en el cine para evitar mis posibles gritos y su posible humillación pública (la causa “encargado fanfarrón pero en el fondo cobarde” va seguida del efecto “dejo a mi encargado monigote para que apechugue con el empleado demente”). Y planeé con tiempo mi reacción que era pedir los nueve días de convenio a los que tengo derecho del modo más incómodo para los encargados. Pedí cinco días en la mayor brevedad posible y el resto a razón de uno por semana y en Viernes, por supuesto.

Pasadas experiencias también hacían pensar que llamaría hijo de puta en voz alta a mi encargado y golpearía lo que estuviese más cerca de mí y alejaría de mi onda expansiva a cualquier ser vivo que quisiera indagar en mi rabia y que más de un cliente en el cine pasaría miedo por temor a que le rompiera la cara en lugar de la entrada. Imaginé los paseos asustados del encargado de segunda u “hombre de paja”. En fin… Mis tres últimas semanas han sido el equivalente a un pleno al quince. Cien por cien de aciertos y aún tengo predicciones para el resto del mes. Contemplo hasta tres planes alternativos por cada putada nueva del cabrón.

Debo decir que al igual que Casandra, el mito griego, soy capaz de ver el futuro pero cierta maldición me impide cambiarlo un solo milímetro.

09 marzo 2009

Nos vigilan


Después de las vacaciones voy a por una nueva dosis de literatura y comic al Mercado de San Antonio. Mi primera parada relevante es en el puesto que me conoce desde hace años. Lo regentan un matrimonio y un cuñado. El cuñado no sé si lo es de ella o lo es de él. Sólo sé que es un tipo bastante divertido con el que intercambio impresiones sobre cine gore o sobre los comics más cafres que han salido últimamente. Habitualmente me suele pedir que le lleve un café con leche. Del mismo modo habitual no se lo llevo. También me suele servir como avisador de si ha estado por allí(antes que yo y sin avisarme ni quedar) cierto amigo con el que visito de vez en cuando el mercado. Ayer estuvo. Me lo dijo la mujer. El cuñado estaba enfrascado en una conversación friki con otro cliente así que ella aprovechó para hacerme un tercer grado del cotilleo que afortunadamente no me afectaba demasiado a mí. “Hace tiempo que no os veo juntos a tu amigo y a ti. ¿Qué pasa?” “No sé, ahora está muy liado, creo” “Ya, ya, pero igualmente hay que quedar. Y la chica esa con la que viene ahora… ¿Esta saliendo con ella?” “Bueno, sí, desde hace tiempo” “¿Es la misma con la que fue aquel año a París?” “Sí, creo que sí…” La mujer pone cara de “ajá, lo sabía” y le da un codazo al cuñado. “Mira lo que dice”, me señala “la de ahora es la misma de París… ¿Pero no habían roto?” Le digo que ahora están juntos otra vez. El cuñado no sabe de qué le hablan porque no estaba por la conversación, sólo le explicaba al otro cliente algo sobre el último número de una colección de comics sobre muertos vivientes. “¿Qué dices de París?” La mujer le pone en antecedentes “Que la chica con la que sale su amigo es la misma con la que se fue a París” “Ahhhh, vale. ¿La delgadita es la misma? ¿Y aquella otra con la que venía hace un tiempo quien era?” Yo no estoy seguro de quién me hablan así que prefiero decir que no lo sé. El cuñado abandona el mundo de los zombis por completo y me asegura emocionado que mi colega es su ídolo. El hecho de haberlo visto en estos años con más de una pareja o amiga paseando por el mercado lo convierte en un ídolo masculino. “Mira, el chico tiene éxito” dice la mujer comprensiva. “Sí, el chico es el puto amo, yo no sé qué les dará a las tías…” Ese último comentario me hace intuir que lo que el cuñado le da a las tías no debe ser muy bueno y está sufriendo una dieta forzada de coños. El mundo friki no es muy glamoroso.

Compro mis comics, el cuñado me recomienda una serie de Internet de zombis y yo le recomiendo el libro “Guerra mundial Z” sobre la misma temática que él nunca leerá porque no tiene dibujos. Nos despedimos.

Mientras me alejo de ese puesto en el que además de vender comics compran trapos sucios sobre los clientes, un miedo y una incertidumbre me agobian de pronto.

Yo suelo ir sólo a comprar allí. Las pocas veces que he ido con mi pareja esta se ha entretenido mirando libros en otro puesto o ha pasado de esperarme mientras yo compraba lo que para ella eran pueriles viñetas. Puedo imaginar las preguntas a mi amigo cuando no esté yo: “¿Oye, tu amigo ese que viene contigo de vez en cuando no será maricón?”

No necesitamos al gran hermano de Orwell para que nos vigile con una cámara.

El marujeo nos observa a tiempo completo.