29 mayo 2011

Un recuerdo de algo no muy lejano


Estaba medio dormido cuando el recuerdo me despertó. Un recuerdo que experimento como si fuera ahora. Ella me agarra las nalgas y me arrastra hacia sí. Impulsiva y vehemente como si fuese el último día. En ese lugar de paso que ahora sin embargo es un coto privado para nosotros dos. Nos amparamos a medias entre la oscuridad y lo infrecuente de que justo por allí pase gente. Tal vez nos arriesgamos al accidente, a la mirada de un niño, a la inminente creación de un trauma. Pero el deseo nos ha cogido en ese lugar y a esa hora. Y ella me ha agarrado bien y choco contra su cuerpo y nos enfrentamos pubis a pubis aunque todavía con la ropa como última barrera de la carne. Mis manos hacen el molde de su culo, giran en esa curva deseada y ya sí, nos concentramos en el beso, en mi boca cabe su lengua y en la suya la mía, compartimos el aire y el mismo beso porque ¿Quién besa a quién? ¿Se besa o se es besado? Ni lo uno ni lo otro. Entre dos labios tan pegados sólo puede haber democracia. Y la excitación más subterránea que me lleva a levantarle la falda hasta el ombligo y bajarle las bragas hasta dónde puedo con una mano y luego ya la prenda íntima, por su propio peso y por la lascivia de la gravedad sigue su curso y llega hasta el obstáculo de sus rodillas, tropieza, se cae hasta sus tobillos tal vez, no lo sé, no estoy para mirar dónde está la ropa que me sobra o le quito o le aparto. Yo por ese lado lo tengo más fácil. Sólo una cremallera y el deseo que se asoma por allí pidiendo objetivo. El que encuentra y atraviesa entre la verga y la pared. Contra el muro y con fuerza, sin soltar el beso y agarrados el uno al otro perdiendo individualidad por momentos. Sólo unos instantes en los que el tiempo deja de existir porque los relojes no funcionan en mitad del éxtasis. Ni deben hacerlo. El tiempo sólo avanza hacia algún lugar y se pone en funcionamiento después del orgasmo, justo cuando empieza la realidad. Pero en ese momento estamos más allá del mundo. A veces es posible superarlo. Al menos con la persona adecuada que decida que tú también eres adecuado-a. Es el instante en que nos estamos canibalizando el uno al otro y cuanto más conseguimos menos nos basta. Todo es ascenso. Todo avaricia del otro cuerpo.
Estoy dentro de ella por arriba y por abajo. Comienza el movimiento, el forcejeo necesario del placer. De lejos nos llegan las voces de personas que no nos ven pero creo que las recuerdo ahora. Los sentidos en ese momento no están para escuchar voces de personas de paso que nos puedan detectar allí, contra esa pared, el uno contra la otra o al revés pero sin claro vencedor porque no se está compitiendo.   
Noto  el grito de su orgasmo en mi boca. Lo sé porque me baja por la garganta excitando y arañando y finalmente logrando el mío que también se filtra entre sus labios. Sin ese beso interminable que nos amordaza nos hubiesen oído. O tal vez lo hayan hecho igual, respiramos tan fuerte que hemos dejado sin aire el escenario en el que lo hacemos. Respiramos tan fuerte que aunque nos disfracemos de oscuridad siempre dudaré si no nos contempló algún voyeur.
Por fin separamos la boca pero no el cuerpo. Ella sigue recostada en vertical y perdiendo rigidez contra ese lecho de cemento improvisado. Yo por mi parte la secundo y siento que las piernas no me sostienen con el entusiasmo de siempre. Estamos a punto de recuperar la vergüenza. Después del orgasmo se acaba la tregua con la rutina. Ya oigo el dichoso tic tac y cómo se despierta la vida cotidiana.   
A veces pienso que cualquier día de esos me pudieron hacer padre.  

23 mayo 2011

Crónica de un fracaso no anunciado (al menos por la prensa muda)



Tenía que votar aunque fuera al aire. No me gusta el sistema pero tampoco la vida y sin embargo sigo sin suicidarme. Así que mi primo me dio el fin de semana libre. Ida y vuelta a Barcelona y todo porque no me trasladaban el colegio electoral a Murcia. Tenía que ir yo al colegio. Pero el tema era otro. Yo volaba a Barcelona por un voto y una revolución que de todos modos era más interesante en Madrid. Si quería informarme mejor sobre el tema sólo tenía que regresar a lo que ya había visto días antes. Siempre he dicho que no tengo fe en la prensa ni en la televisión. Ahora todavía menos ¿Se puede perder una fe que no tenía? No debería enfadarme por lo que ya sabía. La prensa engaña más por lo que oculta que por lo que enseña. Simplemente no hablan de algo y el mundo que vemos es como una pequeña parcela.
Tuve tiempo de ver a una parte de los rebeldes. Un buen montón de personas acampando y pidiendo algo no demasiado concreto en principio. El desorden no es bueno. Estoy seguro de que había ideologías muy distintas entre todos ellos. Pero también de que todos estábamos de acuerdo en que los políticos corruptos sobran y que “tantas corbatas y tan poca vergüenza” es lo que pensamos todos (como se leía en uno de los cientos de mensajes escritos por la plaza).
Con la mayoría de los que estaban allí no me hubiese tomado ni una caña en un bar pero en ese contexto no sólo no me molestaban sino que les tenía bastante simpatía. Era sorprendente el esfuerzo de paz y calma y hasta civismo que se consiguió. No puede ser fácil que varios cientos de personas no degraden una plaza si se agolpan en ella pero no, todo bien, hasta improvisaron ceniceros partiendo latas de cerveza y arremangando los bordes afilados hacia dentro.
Había algo de festivo en el ambiente. Se mezclaban las edades, los sexos, los inmigrantes, los desposeídos. Daba la ilusión de que en esa plaza se habían suspendido temporalmente las clases sociales o los rangos y todos éramos efectivamente iguales. Se pedían derechos y se exponían ideas con megáfonos que no estaban diseñados para esos anfiteatros improvisados, el sonido sólo te llegaba si tenías enfrente al orador, los que estábamos a los lados apenas escuchábamos al ponente y sí a las personas que tenía cerca. A una de esas personas le pedí con la amabilidad que me caracteriza que se fuese con el móvil a otra parte:
-          ¿A qué coño vienes a la asamblea si vienes a hablar con el móvil? ¡O te largas de aquí o te meto el móvil en el culo!  
Todos me miraron como si fuese el típico exaltado que usan las noticias para hablar mal de esta gente. Pero como el tipo se fue con su móvil sin rechistar yo pude controlar el genio y no dejar mal al movimiento pacífico (el sol me calienta más de la cuenta).    
¿Y qué pedían? En algunos casos utopías, en otros imposibles y en casi todos los casos propuestas muy racionales. Cuando escuché trabajo para todos y no más políticos o cosas así ya supe que no se conseguiría nada pero como decía otra de esas frasecitas escritas por ahí “si luchas puedes perder, si no luchas ya has perdido”.
Allí era una lucha muy Gandhi. En realidad ni era lucha. Era protestar pero más que nada soñar. Toda la gente que conozco estaba a favor de ellos. Y yo también. Ya he dicho que no de todas sus propuestas pero sí de las más votadas.
Por la noche regresaba dirección Lorca para seguir temporalmente con lo mío y lo de mi primo y escuchaba con horror el triunfo abrumador de los políticos corruptos en Valencia y del partido en general. Ya lo sabía. En cierto blog ya dije que todos sabíamos quien ganaría las elecciones. El poder es una tarta que se reparten entre dos partidos aparentemente opuestos de cara a la galería pero muy acaramelados entre bastidores.
Recordé las asambleas. Una de ellas al lado de un árbol y una fuente donde hace tres años le quisieron robar el bolso a mi pareja mientras estábamos en lo nuestro.
Me siguen indignando más los chorizos a gran escala.
De momento sólo veo una batalla perdida.     

21 mayo 2011

De momento feliz en mitad de la desgracia. Será porque no tengo tiempo para pensar mucho.


En esta iglesia flirteaba con mis primas de pequeño en alguna misa de gallo navideña


Había más gente en pie que pisos. En pie pero no de guerra. Aunque una guerra parecía haber pasado a mi alrededor. Miré el negocio de mi primo, de pronto venido a menos. Tan de pronto como unos minutos de terremoto. La vida más fructífera necesita su tiempo para cocerse pero a la desgracia no le cuesta mucho derrumbarla. Una oficina sin paredes era lo que quedaba de la gestoría. Es por eso que no pude evitar mirar a mi primo y ver si al menos él seguía más entero que los muros. Y sí. Se le ve bien ahora y entonces, cuando fui a ayudarle con sus cosas. Si somos familia lo somos en las fiestas y en lo malo. Aunque lo malo sean los restos de un naufragio en tierra, el choque sin compasión de dos placas tectónicas. Yo no estuve allí, mi hábitat natural está en Barcelona, pero la familia de mi madre es de allí y en ese lugar caminé todos los veranos desde mi infancia hasta la adolescencia. La última vez que lo había visitado fue por un fin de semana que mi primo, este mismo que ahora mismo miraba su negocio en crisis súbita, me ofreció techo y fiesta para evitar unos planes rotos por aquella huelga de controladores aéreos. Aquel fin de semana conocí mucha gente, me emborraché sin perder el sentido y regresé contento a casa. Ahora regresaba a las calles en las que disfruté para encontrarlas desordenadas y rotas. ¿Y a quién echarle la culpa? Porque todo el mundo busca culpables incluso en las catástrofes naturales pero creo que no los hay. Es sólo que la naturaleza nos recuerda en ocasiones que no somos más importantes que las hormigas que asesinamos sin querer en un paseo cualquiera. No somos más importantes pero tampoco menos. Al final nos toca construir igual el hormiguero. De momento no había paredes, sólo saqueadores que se querían llevar incluso lo que no había, dinero. Con el tiempo habrá ladrillos nuevos dónde ahora sólo hay montañas de escombros mojadas con lágrimas y sudor, mucho sudor. Mi primo intentaba frivolizar con eso y decir que si la tragedia fuera en invierno no sudaríamos tanto pero yo le dije que a lo mejor nos mojaríamos igual por la lluvia que también puede ser catástrofe si se pasa de vueltas.
-          En Murcia la lluvia no es una catástrofe, es un regalo- me dijo él sonriendo pero ahora menos alegre.
La verdad es que él sí lo está superando. Mejor que otros.
Mis familiares estirados de los barrios ricos vieron su casa destrozada, mis familiares de los barrios pobres tenían casas menos hermosas pero más tercas, aguantaron bien y la zona cero les pilló más lejos, digamos que en la zona uno. Esta vez los ricos lloraron. Pero la tragedia no se dejó a los pobres. A estos siempre les ocurre algo, Dios no les defiende ni aunque recen. Algunos dijeron que estaban vivos gracias a este Dios pero es prepotencia religiosa. Que Dios les haya elegido a ellos para estar vivos y les prefiera a la embarazada que mató, o a la otra víctima de trece años o al resto de las víctimas que en total fueron nueve. Les podría haber ayudado muchísimo más no tirándoles las casas y los negocios. Y no dejando nueve víctimas y múltiples heridos.
Así que como no tenía ni tengo Dios pero sí un par de manos me fui para ayudar a mis familiares más queridos y saludar a los menos. Incluso a esos que no se merecían más apoyo del que dieron en sus buenos tiempos, ninguno.
Sé que mi tiempo en esa zona me ha enseñado algo pero todavía lo estoy asimilando.
Una pesadilla de infancia es perder mi biblioteca en una de esas catástrofes.
Allí fui comprendiendo que si sales con vida te queda tiempo para recuperar otra biblioteca igual o mejor.
También que si la vida no es importante, mi biblioteca tampoco lo es.
Para leer es requisito imprescindible estar vivo. 
P.D. Y mientras escribo sin acostumbrarme al portátil y sigo salvando carpetas y papeles del negocio de mi primo, no olvido la mejor revolución que ha tenido mi país en los últimos años. Para una vez que merece la pena seguir la campaña electoral estoy yo mismo en campaña humanitaria. A este país se le acumula la faena y yo con falta de manos para estar en todo sin perderme nada.   

14 mayo 2011

Un hola que va para largo


Siempre que he leído algo que me ha gustado he querido escribir. No por imitar, no, sólo por la emoción de poder crear por mí mismo una pequeña sombra de lo que he leído. Y también porque a veces se te acaban los autores preferidos y los segundos preferidos y cuando ya vas por los terceros te envaneces y puedes llegar a pensar: eso lo escribo yo mejor. Hasta que un día descubro un autor que se había saltado mi radar de escritores magníficos y vuelvo a recuperar la humildad.
Mi relación con los blogs sigue el mismo curso. Y también hay blogs que me animan directa o indirectamente a seguir. Directos los que me lo dicen con sus amables comentarios que me tomo como ciertos chocolates que sirven con algunos cafés(me gustan tanto que a veces mis conocidos a dieta me regalan los suyos). Indirectos los  blogueros que escriben tan bien que cuando acabo de leerles me revitalizan las ganas de seguir con mi blog. Un buen post ajeno da envidia sana y la envidia sana es la que te lleva a intentar mejorar en lo tuyo y aplaudirle el talento al que lo ha escrito sin ponerle celosos “peros”. 
Pero el caso es que razones para escribir no me han faltado nunca. Si acaso tiempo. Y a veces una subterránea corriente de desidia y ese periódico asomarme a mi precipicio particular, a un despeñadero hacia la depresión. Pero me prometí no caer del todo en ella y creo que de momento he cumplido. A veces tengo la sensación de que la tristeza reina y sólo hay algo de felicidad cuando aquella se toma algún ocasional día libre (o un par de horas, no mas). Pero por otro lado tengo la suerte de que mientras escribo “doña malos rollos”, la nube negra de la que hablaba Sabina, la depre, ni reina ni se adueña. Mientras escribo vivo porque no soy consciente de que vivo, sólo fluyo y me derramo (el otro modo en que me derramo felizmente no es momento para mencionarlo y en este contexto resultaría grosero).
Estos meses dejé un trabajo que me asesinaba por la espalda y a veces de frente y al que le había dedicado tanta vida que ya no recordaba otra sin este. Luego conseguí otro trabajo temporal y breve y entremedio me dediqué a la más dura de las ocupaciones: buscar ocupación. Y algo conseguí. Y ahí seguimos luchando. Estoy rodeado de enemigos pero los amigos les superan así que duermo en paz.
Y he vivido algunos grandes momentos y otros más mezquinos y hasta algunos que ya desarrollaré porque si no los escribo reviento y si no reviento yo, reventaré a esos que me los inspiraron con sus estúpidas acciones y a los que sólo soy capaz de olvidar cuando los transformo en personajes de papel virtual.
Me convertí en señor de un feudo virtual de un reino de dragones de Atlantis del facebook, uno de esos juegos que te pide permiso para robarte datos y si les dices  que vale, sientes que acabas de firmar un pacto con el diablo de la publicidad en tu buzón.
Me convertí en el enemigo público número uno del vecindario y esta vez sin razón. A veces pagamos cuentas equivocadas pero que igualmente nos merecemos.
Intenté salir mucho para no quedarme a solas conmigo mismo que es malo.
No conseguí sacudirme la idea de que el mundo es malo y la gente es peor pero sí tuve la certeza de que en toda regla hay excepciones y yo las he disfrutado, por suerte.
En líneas generales soy el que era porque en tres o cuatro meses tampoco es que dé tiempo para pasar de Houellebecq a Isabel Pantoja. Ni espero que en una vida tampoco.
A pesar de mis muchas y repetidas reclamaciones contra la realidad nunca llego a denunciarla. Antes de que lleguemos a juicio, el mundo y yo hacemos un pacto: el mundo me ofrece algo bueno y yo dejo de decir que todo es malo.
El regalo hasta la fecha y no será la última vez que lo mencione es este: a pesar de mis pesares siempre hay alguien que me ama.
De momento no necesito más.