20 abril 2013

Frases cortas, espera larga

Llego. Salgo de la estación. Hay una plaza. La utilizo como sala de espera. Observo gente que va y viene. Dos o tres individuos se parecen a mi amigo. El parecido no basta. Él sigue sin aparecer. La gente que va y viene ya no me resulta tan interesante. Tiempo transcurrido: siete minutos. 

Hay una escultura. Parecen un montón de hierros oxidados. Como rescatados del mar. Es la escultura más fea que he visto. Al menos desde que inauguraron otra parecida en mi barrio. Imagino a nuestros alcaldes respectivos. Contratan un artista conocido y amigo de la familia. Le dan una parte gruesa del presupuesto por la escultura. Se quedan otra parte todavía más gruesa. La escultura recibe la parte más miserable del dinero y es basura de primera. ¿A quién le importa? El vanguardismo lo justifica todo. Tiempo transcurrido en estas reflexiones: unos tres minutos más. 

Miro el reloj más que si fuera nuevo. Cuento nubes. Observo rótulos de tiendas. Palomas. Siempre están comiendo o buscando comida. O montándose unas encima de las otras. Mientras pienso en ese ideal de vida busco un banco. Lo veo. Me siento. Le invento una vida a la señora sentada a mi lado que teclea con el móvil .Me levanto del banco. Miro la cubierta de mi libro. Lo abro. Leo un párrafo. No me concentro y lo cierro. Camino veinte metros. Retrocedo veinte metros. Vuelvo a mirar el reloj. Tiempo transcurrido: diez minutos más. 

Doy una vuelta por los alrededores. Corta. Titubeo ante una pastelería. Venzo la tentación. Sergio uno, chocolate cero. Anoto tonterías en una libreta. Me invento cuatro versos. Los tacho. Me siento en otro banco. Y claro, me vuelvo a levantar. Tiempo transcurrido: veinte desesperados minutos.

Al final cogí el tren y me fui. 
Había quedado con un amigo al que no veía desde hacía años. Trabajé con él hace mucho tiempo. Me había localizado por Internet vía facebook y me propuso lo de quedar en su barrio. Por motivos que no vienen al caso no tenía su número de móvil. Por otros motivos que aún no sé explicar no apareció.   
La vida está llena de misterios y seguro que este se resuelve del modo más ridículo. 
Se admiten apuestas.

13 abril 2013

Inventando amores

No veíamos demasiado a F. últimamente. Una noche, entre cervezas, propuse jugar a "qué cosas te gustan y no te gustan de tu amigo". Esto provocó que mis dos amigos J. y F. estuvieran a punto de acabar a puñetazos y enemistados de por vida y tal vez que nos viéramos menos. Pero ese Sábado esperaba a J. para ir a tomar café y luego a curiosear por mercadillos de libros y DVD, cuando F. pasó con su perro y me saludó. Estaba muy simpático. Al bajar J. y reunirnos los tres nos propuso una ronda de cervezas a costa de su bolsillo y esta vez con la promesa de no acabar a hostias. Ya en el bar se nos abrazaba y nos juntaba las cabezas como para hacernos una foto como si fuéramos esos viejos compañeros de penurias en algún campo de concentración dónde hemos vivido situaciones extremas. Sin rencores. 
Nos propuso acompañarle a "El Corte Inglés". Quería comprar un par de Levis 501, unos Calvin Klein y pedía asesoría sobre perfumes de calidad para hombres. Llegados a ese punto ya sabía lo que nos iba a contar aunque no los detalles:

- Tíos, he ligado por Internet. Jugando al "Apalabrados". Este Lunes me voy a Lanzarote con una tía joven, guapa, inteligente, culta... es profesora de música- los detalles salían a borbotones de su boca.   

Por supuesto le acompañamos de tiendas. Yo odio ir a mirar ropa pero en la amistad no todo son cervezas o peleas a puñetazos. Y cierta gente se siente mejor cuando la marca de una prenda le transmite su magia. Jodorowsky dice que si te sientes más poderoso llevando un montón de dinero en los huevos que lo hagas. Jodorowsky esta loco así que tolero mejor a F. comprándose aquellos pantalones o aquellas prendas de ropa interior. Estaba seguro que iba a llegar a "eso" con la chica. Aunque la conociera de sólo dos semanas y por mensajes y por un juego. Pero él decía que para esto tenía mucho "instinto". No iba a viajar de Barcelona a Lanzarote en avión para jugar al parchís. ESTABA HECHO QUE LOS DOS QUERÍAN LO MISMO. 

Y después de ese fin de semana llegó de nuevo el silencio. No volvimos a saber de F. salvo algún saludo ocasional por Internet y jugando al "Apalabrados"(pero hacía trampa y decidimos dejar de jugar).

Recientemente paseábamos J. y yo cuando lo vimos con su perro. Le preguntamos por la historia y la resumió en un anticlimático: "No era tan guapa como en la foto". 
 La verdad se distingue por la riqueza de detalles mientras que la mentira suele ser más breve porque hay que inventarla. Ese tono de F. de "no quiero hacer más declaraciones" nos explicó más que nada que allí había habido algo no explicado pero que por eso mismo era mejor no insistir. Y entonces llegó Susi, una amiga de J. y F.. En un momento de la conversación Susi y yo hablábamos sobre "Breaking Bad", una serie de televisión en la que coincidíamos bastante. F. me miraba con mirada pícara y haciendo gestos estúpidos como si viera algo entre Susi y yo. Incluso se despidió con indirectas que me resultaron de lo más incómodas. Absolutamente patético. Entre Susi y yo no había nada de nada más que una charla afable. Entre Susi y yo debía haber más o menos lo mismo que entre F. y su chica de Lanzarote, esa que ya no sería la esposa y  madre de sus hijos que nos vendía semanas antes como algo casi oficial. 
Hay gente que ve la realidad aumentada y le pone mayúsculas dónde no las hay, que dice que lee los sentimientos de los demás(cuando solo lo cree erróneamente), que piensa que detrás de un simple comentario educado por parte de un sexo al otro hay un "te amo". 
J. me pregunta si ese síndrome tiene nombre y de momento no lo sé.   

06 abril 2013

Huellas

Hace tiempo que no veo a cierta compañera de biblioteca a la que miré y admiré cuando allí trabajaba, de ella sólo me queda un recuerdo. Pero el recuerdo ni siquiera es entero. Apenas veo su rostro ya, las caras caducan con el tiempo si nos las miras habitualmente. De ella me quedan en las neuronas un vestido estampado con dos osos polares, el hocico de uno de los cuales quedaba a la altura de su nalga derecha(y repartía mi atención entre lo que hablábamos y esa nalga durante aquellas tardes de biblioteca con pocos usuarios).
Tampoco recuerdo bien a una de mis "subalternas" del equipo del mismo trabajo. De ella no me queda ni el recuerdo de un vestido. Sólo una anécdota. Me dio su número de móvil para que la avisase cuando tuviese noticias sobre un curso de salud e higiene que teníamos pendiente con el Ayuntamiento(por si nuestra coordinadora seguía empeñada en no acordarse de avisarla, que al menos yo, el jefe de equipo, le dijera algo y no le pusiesen inútiles faltas de asistencia). Apunté su nombre y el número, claro: A.. Como era la primera de la agenda la estuve llamando todos los días. No porque quisiera sino porque mi pierna izquierda al caminar, presionaba las teclas del móvil y este llamaba a la primera del abecedario. Y A. respondía y probablemente solo oía ruido de coches o el frotar del forro de mi bolsillo del tejano contra el móvil. Supe todo esto porque en una de esas recibí un mensaje poco halagador: "¿Quien eres?" Yo, un poco ninguneado no le respondí pero si lo hubiese hecho le hubiese escrito algo como: "Un idiota que gasta dinero en el móvil por no recordar lo de bloquearlo". De A. como digo, sólo recuerdo la anécdota, su cara se me ha extraviado hasta cualquier posible encuentro fortuito por nuestro estrecho municipio.
Recuerdo perfectamente palabras que intercambio con la familia y los amigos, palabras que escribo en mi blog o en los ajenos(y mis viejas historias y las vuestras tejidas con verbos). Y también almaceno pequeñas anécdotas y detalles minúsculos que me ocurrieron y que en principio no sirven para nada(buscar utilidad si no, del vestido estampado con los osos polares). A veces me pongo nervioso y llamo a alguien antes de que esa persona pierda su cara y se convierta en el mencionado vestido, en una anécdota con el móvil o cualquier cosa así. Llamo antes de convertirme en un simple "qué habrá sido de este" o "ese que no llama nunca". A veces lo hago demasiado tarde.
Está claro que el olvido ganará la partida. Conviene resignarse. Especialmente si sólo se trata de tonterías como esta. Pero es que el otro día se murió un saludable y simpático señor al que veía cada día en la cafetería. Todos le recordamos porque sólo hacía bromas y rimas con "olla" y "oño".
A ver el recuerdo que dejo yo.