19 mayo 2014

Herbalife, Wings Network, Wish club, Mary Kay...

Que si alguien te llama después de mucho tiempo cuando casi nunca lo hace es señal de que te necesita para algo, ya lo sabéis casi todos. Yo, depende para qué o para quién, no tengo problema con eso. 
Hace años me llamó una "amiga" en ese plan. Nos pusimos al día con nuestra vida, me presentó a su pareja que llegó en un coche nuevo de la empresa y cargado de futuro y por último me presentó su plan. Este era entrar en Herbalife una empresa de característica piramidal o multinivel de esas que consisten en que el empleado no asegurado lo dé todo por la empresa y que el producto se venda solo o que lo compren sus propios vendedores. Me molestó que me llamara para sus tonterías. Pero quería que se enfadase ella, ya sabéis sobre el doble esfuerzo del que se enfada así que le seguí el juego, quedamos para otra tarde y luego no me presenté. Eso provocó que ya no volviéramos a saludarnos nunca más. Me preocupó tanto que no había recordado esa anécdota hasta hace poco, años después, cuando la cosa se ha repetido o casi. 
Otra "amiga", la evangelista que describí hace un tiempo por aquí, nos sugirió a J. y a mí colaborar con ella en Mary Kay. Yo le dije automáticamente que no. No me va pringarme la cara. Mi piel de hombre con doble refuerzo por la rudeza pero mitad de belleza ya va aguantando bien gracias a que no fumo, bebo lo justo, duermo todo lo que puedo, como fruta, bebo océanos de agua mineral y tengo una relación casi vampírica con el sol. No es por chulear a nadie pero tengo la piel de puta madre. Pero nada. La pesada de M. metiéndome cremas Mary Kay por los ojos, que si hacerme un peeling, que si J. y yo podíamos entrar también a currar con ella porque hoy en día ser empleado o autónomo es una estupidez(y eso es cierto pero sigue siendo una estupidez más inteligente que entrar a currar en una empresa en la que inviertes sin garantías de devolución, compras tú el producto que es caro, tienes que darle el coñazo a familiares y amigos, no tienes seguridad social como dicta la constitución Española, etc. y digan lo que digan trabajas mucho para ganar poquísimo).  Yo hice mi jugada habitual. Quedamos y el día de la cita me fuí a comprar cómics. El más caballeroso J. acudió al peeling. Y al terminar este, la sorpresa. M. le plantó un folio para que le anotase teléfonos de amigos y familiares, condenarlos al Spam artesanal y al coñazo de las llamadas que sólo recibes para que te vendan algo. J. se enfadó mucho y no anotó nada. 
Hace dos semanas M. ya no estaba en Mary Kay, la encontramos y nos dijo que ahora trabajaba para Wings Network. Esta es peor que la otra porque aquí no hay ni producto sino supuestas aplicaciones de móviles. Con directivos que vienen de una gran estafa en Santo Domingo. 
Regla de oro: el dinero es una amante difícil, no se deja fácilmente, requiere mucho esfuerzo y paciencia. 
Pero esta consultora de Mary Kay o Wings Network insistía en que invirtiéramos, que la acompañásemos a sus reuniones, estas tan americanas dónde te quieren meter la idea del triunfador a lo "Lobo de Wall street" de carácter casi sectario. 
M. cree lo que quiere creer. Como en su evangelismo. No quiero decir nada contra la fe por más que piense que sea la capacidad de creer tonterías porque sí. El problema es cuando inviertes tu fe en estas estafas. Ni Dios te salvará de que te timen.  

12 mayo 2014

En "Castefa"



Y por qué debe doler el pasado si no te dejas.
Hacía unos años que no regresaba a ese pueblo donde trabajé y dónde también monté mi versión personal y privada de Sodoma y Gomorra. Como conté hace años relacionaba el pueblo con mi trabajo así que les deseaba un tsunami a ambos. Estímulo condicionado, nada personal. Pero ahora regresaba a comer con M., un amigo que se ha trasladado allí por motivos sentimentales y se relaciona con una nativa del pueblo.
A mi regreso al lugar le encontré otra luz al pueblo. En estas circunstancias y sin estrés me pareció inofensivo. Incluso me gustaba. Lo bueno de los pueblos respecto al centro es que valen su peso en oxígeno, que no están tan masificados, que te corresponde una mayor porción de cielo abierto y hasta más estrellas y una luna más definida, como en HD.
Paseando por allí me asaltaba a pesar de lo dicho un recuerdo en cada paso. Aquella apasionada aunque algo desequilibrada y pesadillesca relación con P. estaba en cada baldosa del lugar. La memoria me superponía decenas de imágenes de lo mucho que ocurrió allí con ella. P. era como Alien o la primera película de Resident Evil cuando todavía no aparecen los monstruos y da más miedo que cuando ya los ves y constatas el látex o los efectos digitales y no son para tanto. La mejor inquietud la tienes cuando todavía no ves porque imaginas. Yo pensaba a cada paso que me encontraría a P., un bello monstruo eso sí.
¿Qué temía? ¿Era el miedo del adicto a recaer en la coca, el del exfumador al humo de otros, el de que te ofrezcan dulces cuando estás a régimen? ¿Miedo a recaer en aquella carne con curvas peligrosas? No. Cada vez me estaba dando más igual.
Fuimos al viejo cine dónde trabajé, follé, golpeé a gente. Estaba muy venido a menos desde que no estaba yo (nada que ver la crisis económica). Lo observé en la distancia, apenas dejándome ver como un fantasma o una aparición mariana (más bien sergiana), parapetado detrás de M. Todo aquello estaba lejos. El pasado disparaba balas de fogueo contra mí. El tiempo lo pone todo en su sitio. Y su sitio es más bien irrelevante. Ocurre que lo que ocurre rara vez suele ser importante. Al menos no hay algo que lo sea para siempre.   

05 mayo 2014

De cuando mi jefa fue más guapa

Llego a primera hora del Lunes, las nueve (la primera hora para las de esa oficina, se entiende, porque la primera del día es a partir de las doce de la noche y hasta la una de la madrugada). 
La chica de recepción se pelea y discute sola con cierto aire de locura contra un listado de gente a la que ha de llamar y no le coge el teléfono. Es un trabajo que además no le corresponde a ella pero las empresas diversifican mucho las tareas. Es una forma de decir que exprimen al empleado de muchas maneras.
Cuando me descubre me pregunta que a qué vengo. Yo le digo con tono átono que a firmar el despido. Ella dice "ah", como si mi tragedía hubiese aliviado un poco la suya o la pusiera en otra perspectiva más amable.
Puede que esté asustada. Conociendo el nivel de ciertos compañeros que he conocido con aspecto de ex-presidiarios en reinserción, uno nunca sabe como se toma allí la gente los despidos, qué escenas de horror, insultos e incluso amenazas se habrán vivido. Mira mi nombre en el ordenador, piensa y finalmente llama a alguien que debe ser mi jefa. Esta aparece en apenas un minuto por la puerta. "¿Que tal? ¿Bien?" Sí, le digo. Nadie espera detalles con esas preguntas retóricas. Pasamos al pequeño despacho dónde se disponen a despacharme a mí. Me dice que me siente y me vuelve a preguntar "¿Qué tal? ¿Bien?" Sí, le vuelvo a responder. Un poco sorprendio, la verdad. A lo mejor sí quiere que le diga cómo me encuentro y es una morbosa que disfruta con esas cosas, ver como se siente el condenado al finiquito. 
Es la segunda vez que veo a mi jefa en un año. La última vez parecía más masculina. Ocurre como con los hombres que trabajan en peluquerías y parecen más afeminados pero al revés. A mi jefa, acostumbrada a hacerlo con hombres la recordaba con maneras viriles. Pero hoy me recibe diferente, parece una hermana suya hetero. No es que importe. Es que a mí me sorprenden las estupideces que uno piensa incluso en las situaciones más serias. Cuando nos sentamos frente a frente ella comienza a hablar:
-Como sabrás se cumple un año desde que estas aquí y... la empresa no suele hacer fijos. Has agotado la prorróga y...- me mira, se enfrenta a mí mientras yo me enfrento al destino- ... no es la política de la empresa eso, hacer fijos o indefinidos, como quieras llamarlo pero... - mmmm el pero viene seguido de puntos suspensivos y una sonrisa cómplice que no tocaba- ...pero contigo hemos hecho una excepción. Contigo y unos pocos hemos luchado... para que os quedéis. Los vecinos de la finca dónde estás parecen muy contentos con tu trabajo y no quieren que te vayas. La idea es que acabes haciendo el tiempo completo que supongo que es lo que te interesa. De momento, si quieres y me firmas esos papeles ya te puedes quedar indefinido. Pero no bajes el nivel ¿Eh? Enhorabuena.
Me sonríe. Se quita las gafas que lleva y me mira como sin los cristales me pudiera estudiar mejor. O es un gesto de coquetería. Ojos azules, grandes y claros.Un rostro bonito. De hecho ahora su belleza puntua doble. Mejor que su maquillaje es una buena notícia, una mañana de primavera con sol fuera y un enhorabuena acompañado de un estrechar de manos, de firmar papeles para ganar algún pequeño derecho... Al menos ese día la belleza es eso y a ella, a mi jefa, le toca el papel de buena pero sin que sirva de precedente que no lleva dos décadas allí por ser una corderita. Una victoria parcial pero que disfruto porque para eso está. 
Ahora ya puedo buscar un trabajo de verdad y mejor. 
Pero con más calma.