26 octubre 2015

Cotilleos

Hace poco les decía a unos amigos en una cena que yo no soy cotilla, que detesto el “marujeo”. Ellos aseguraban que todos lo somos de algún modo. A continuación me tentaron con una anécdota muy jugosa sobre X que me atrapó de inmediato. Pero hay sucesos y gente de la que no puedo hablar por aquí ni en plan iniciales. Me leen. Y llevan una vida de gimnasio. Tienen la fuerza de sus músculos para hacerme entrar en razón. Si me dicen que no cuente tal cosa o me romperán las piernas, la inteligencia me dice que dejar un poco de misterio no viene mal. No hay que ser tan bocazas. O su equivalente en bloguero, no sé, tan letrazas.   
Luego están los que no me leen. Esos van a pagar por los que sí. Recuerdo que hace algún tiempo coincidimos B. y yo en un hospital. Visitábamos a J. que era amigo común. B. fue compañero de infancia. Yo era el empollón de clase y él lo contrario. La pedagogía de aquellos años le hizo tener a la profesora la brillante idea de juntarnos. El objetivo es que a B. se le contagiase mi responsabilidad académica o mi capacidad para entregar más o menos bien los deberes. Creo que lo único que nos contagiamos una vez fue una pasa de gripe muy fuerte que hubo. Y el amor por el cine. Nos hicimos muy amigos. Aunque él con sus suspensos y yo con mis sobresalientes. Sin variación alguna. Aún así él gana mucho más dinero actualmente del que gano yo. Como dice una escritora catalana, “No ens calia estudiar tant”. No nos hacía falta estudiar tanto.   
Con el tiempo nos fuimos separando pero aquella operación de J. nos reunió aquella mañana. Nos turnábamos llevándole arriba y abajo con la silla de ruedas.
B. es un tipo que alienta al cotilleo. Muy directo. Tras años sin vernos esta era su conversación:
-Pues nada, que el otro día he descubierto un puticlub muy bueno cerca de tu casa, Sergio, ya sabes por… Pero no se lo digáis a nadie ¿Eh? Llegas y es una casa normal y corriente pero tienen una negrita que fue verla y dije, me la follo pero ya. Mi mujer en ese momento estaba con los críos y le dije que tenía que hacer horas en el curro. Bueno, eso es trabajo ¿no? Pero ojo con decírselo a alguien. Que no salga de aquí. Bueno, pues la negra muy  bien, hace unas mamadas… Y oye, espectacular. Muy simpática. Yo creo que hasta le gusté. Pero ahora estamos ahorrando para las vacaciones y no puedo ir por un tiempo. O sea que sólo me quedan las pajas. Da igual, me he comprado uno de esos huevos masturbadores que son mano de santo. Se lo recomiendo a todo el mundo. No había probado nada tan bueno antes de eso. Les pones lubricante, la metes y es el paraíso. Dicen que son para dos usos pero yo les he dado ya diecisiete o así, mi huevo masturbador está tan estirado y roto que parece uno de esos gorros de piscina viejos que se les acumula el polvo y se les pegan los pelos. Un asco pero a la que N. se va a dormir lo saco, meto la polla dentro y a pasar otro ratito bueno, esto no se lo digáis a nadie. ¿Vale?
- Vale, vale, a nadie. Lo prometo- dije yo.
Y como soy hombre de palabra no se lo he dicho a nadie. Solo lo escribo que es una de las cláusulas que no he firmado.

Pero que esto quede entre nosotros ¿Eh?                

13 octubre 2015

Quedada


Tenía un mensaje de P. en la bandeja privada del Facebook. No nos hemos visto en persona desde hace unos tres años. Y SOLO NOS VIMOS AQUELLA ULTIMA VEZ. Sin el despliegue habitual de jugos y juegos en los servicios de las cafeterías.
Ella me invitaba a apuntarme a un grupo de WhatsApp con los antiguos trabajadores del cine dónde nos conocimos tan de cerca.
P. recuerda lo mejor de nuestra relación. Yo sólo los problemas. Aún así solo quería que quedásemos en grupo. ¿Debía hacerlo? Para empezar también iba A.. Este era un compañero que había tenido un lío anterior altamente insatisfactorio con P. (insatisfactorio para ella que acabó siendo empujada por esa insatisfacción hasta mis comprensivos abrazos y quien dice abrazos dice todo lo demás).
Yo escribí un post hace años dónde contaba ese trío en diferido. También contaba lo pequeña que tenía A. la polla según informes desclasificados de P.. Por eso ahora me preocupaba que A. hubiese leído mi blog. Que nos viéramos los tres en la reunión con todos esos subterráneos anegados de trapos sucios entre nosotros. Pensaba en qué le diría a mi excompañero de trabajo:

-     Mira A., no le des más vueltas. Sin rencores. Yo es que me imagino a las madres diciéndoles a las hijas: “A los hombres hay que halagarles sobre todo el miembro viril, nunca les insultes la polla, les sienta fatal. Al nuevo novio siempre hay que darle mejor puntuación respecto al novio anterior. Al menos si te lo quieres quedar. Dile que folla mejor que el de antes. Siempre funciona. Ellos son así de simples”. Seguro que les dicen esas cosas y seguro que nuestra común expareja P. ahora le está diciendo a otro tipo lo pequeña que la tienes tú pero… TAMBIEN YO. ¿Lo pillas? Ja,ja No vamos a dejar de ser amigos por las cuatro tonterías que escribo. Venga, te invito a algo. Todo aquello es pasado.     

No. Definitivamente en mi cabeza siempre me rompían las gafas al final de ese monólogo inventado.
Otro problema que tenía respecto a reunirme con mis excompañeros eran los años transcurridos. Ocurre con los excolegas de trabajo lo que con los compañeros de infancia. No son como los de toda la vida con los que compartes aficiones y eliges tú. Con los primeros solo compartiste espacio y tiempo y casualidad. Con el tiempo los ves por Facebook, te informan de las nuevas en su vida y luego ya no hay nada más de lo que hablar. Reunirme con estos sería recordar las anécdotas de siempre, mis viejas performances en el trabajo(¿recordáis cuando le puse un walkie talkie escondido entre bolsas de basura a la de la limpieza y luego grité a través del mío, “socorro, me habéis enterrado en basura, sacadme de aquí” y entonces la de la limpieza salió gritando del cuartillo y diciendo que había alguien entre la basura y al enterarse que era una de mis bromas casi vino a matarme pero no lo hizo y sólo dejó de hablarme un mes seguido… cosas así, mis maneras de no aburrirme en el curro, vamos, de estas siempre sacamos las mismas a relucir). Era otro punto en contra de la reunión. Que entre nosotros no había lo mismo que con mis amigos de siempre, esos a los que veo al cabo de cuatro años y retomamos la conversación como si nos hubiéramos visto ayer porque compartimos aficiones. Aquí sólo recolectaríamos los mismos recuerdos del pasado, usados como un abrigo de beneficencia y por lo tanto gastados.
Al final las circunstancias lo han decidido. Después de tres meses en los que nadie ha usado el grupo de WhatsApp para comunicarse, la que lo creó lo ha borrado y no hay perspectivas de quedar.    
Aunque tal vez la realidad hubiese sido muy distinta de cómo la imagino y nos hubiésemos divertido todos.