30 noviembre 2015

Programas de televisión que no os podéis perder por nada del mundo


Entre que abandonaba una compañía de televisión a la carta y contrataba otra (y me ponía de acuerdo con ellos), me he tenido que resignar temporalmente al TDT, a televisiones públicas, a los cortes publicitarios. ¿Y qué? He descubierto mundos maravillosos que no sabía que existían. Que sea “de gratis” no tiene que significar que sea malo. Y si no,  a ver qué me decís de estas maravillas:

Hermano mayor: Un tío que podría ser tu padre mayor(o al menos el de los chicos a los que aconseja). Este señor se va a aconsejar adolescentes que no han tenido las hostias preceptivas adecuadas para su educación, les dice qué necesitan, cómo deben actuar para no aterrorizar a sus padres y acabar en la cárcel. Les explica que está feo pegarles a los padres porque lo dice el refrán (pronto veremos cómo alguno le vuela los sesos con una recortada al progenitor para subir audiencia), les enseña a buscar trabajo como si hubiera, hacen ronda final de llanto y abrazos para que pensemos que a la que se van las cámaras la cosa no va a seguir igual o peor y que estos salvajes no se solucionarán ni en una semana ni en un mes (ni sin un buen correccional). A este hermano mayorzote le viene el conocimiento de haber tenido una vida difícil. Entendiendo difícil como éxito, fama, dinero, mujeres (no hay hermanas mayores), coches y luego drogas que invalidan todo lo demás, caída al desastre, cárcel, familias rotas, más llantos. El haberla cagado a lo grande te hace más sabio. La lectura del programa es que debes dedicar una parte de tu vida a ser un vicioso, luego destrozar esta vida para demostrarte que el vicio está mal y finalmente redimirte para poder aconsejar y sermonear a niños psicópatas (que seguro que no se van a divertir nunca ni la mitad que tú porque viven en barrios pobres sin muchas posibilidades de ascenso social o recursos). Brillante. Me fascina.

Mujeres y Hombres y Viceversa: Ante todo madurez televisiva. Este formato televisivo nos viene a decir que la gente joven y hermosa con cuerpo Danone vive una espantosa tragedia: no ligan. O no como quisieran. Bueno, sí, tal vez consigan follar de vez en cuando pero de amor nada, no lo han encontrado. Claro, lo han buscado en lugares íntimos o acogedores y lejos de las miradas de la gente pero eso no funciona. El amor verdadero solo se puede encontrar en un plató de televisión frente a las miradas del público, las cámaras, tus vecinos, tus avergonzados padres. La privacidad es para perdedores.
A estos tristes hombres y mujeres y viceversas que tanta pena nos dan nos lo quieren ni en las agencias matrimoniales. Son veneno. Sus músculos, rostros de cejas depiladas, enormes pechos y culos perfectos son despreciados por todo el mundo (menos la gente de la televisión).
Ellas pelean por el macho con el poder de sus escotes, insultando a las rivales por besar al tronista antes de tiempo y en general demostrando que luchan por un tratamiento de la mujer que la ensalce y la haga ser respetada y respetarse a sí misma.
Ellos ligan diciendo que son muy maduros y demostrándolo acudiendo a buscar el amor en televisión y llevando barba hipster. O haciéndonos llorar con sus duras vidas en las que tuvieron que trabajar después de los veinte años, estudiar sin beca o contándonos cómo perdieron la matrícula del gimnasio. Pura tragedia griega a la hora de la comida.
Este programa nos informa además del rico y preciso léxico de nuestra juventud actual: “No… O sea… Lo flipas…Oyeeee….No mola pero es que nada…lo flipo full HD… ¿O qué?”
Oro televisivo.

Cámbiame: Este programa nos despierta. Estamos hartos de esta sociedad que cultiva el mundo interior, la poesía, el exceso de gente leyendo en bibliotecas. Queremos ir a la superficie. Si no te gustas como eres no cambies por dentro, eso son estupideces, lo que necesitas es un cambio de peinado o vestir mejor. Lo que mola es la superficialidad (aquí no sé a que vengo con ironías, ES QUE ES ASI).
Tres adefesios intentan enseñarnos a lucir como adefesios. Una es una mujer recién salida de su papel de mala en las siguientes entregas de “Maléfica”, yo la miro y me asusto o pienso que me va a lanzar un conjuro desde la televisión por hacer bromitas en este blog. El chico sentado en el medio es un tipo ambiguo. No sabemos si deseaba ser como James Dean o simplemente soñaba con follárselo. Y en cuanto a la última… Bueno, con la tercera no me meteré. Iba a decir que tenía síndrome de Peter Pan pero hasta que no venda mi colección de comics de superhéroes no señalaré esa pajita en el ojo ajeno.
La idea es que estos estilistas acceden si les sale de la punta del… a cambiarte, te harán mejor persona. Y tiene su lógica. Los ves tan chulitos, tan pagados de sí mismos y tan consejeros ellos que piensas: “Vaya, si estos esperpentos que se visten en el contenedor de ropa de la esquina se creen regios, yo debo parecer un príncipe”.
La parte es cuando la gente se deja transformar. Supongo que parte del truco es presentarlos antes recién levantados, despeinados y sin duchar ni maquillar y luego hacer lo contrario y jugar bien con la iluminación del plató. A veces sí parece que mejoran pero sólo por esos contrastes tan calculados. Casi nadie se atreve a decir que no le gusta el cambio pero… ¿Te atreves tú a decírselo a tu ilusionada peluquera cuando acaba?
Un programa para filosofar sobre la vida, estimulante, con valores…


De momento esto es todo. Seguid en mi canal. Lo vais a flipar… O sea… pero flipar que te cagas… Va a ser super, super cool. Comentadme, plis

09 noviembre 2015

Forever Beast




Estaba en la cafetería. Leyendo. Ninguna novedad entonces. Hasta que le vi. Diez años más tarde de la última cena que compartimos en Transilvania, año 2005. Así que este blog le conocía por poco. Todo un personaje. Tamaño torre de castillo medieval. Ancho por todos lados menos por el cerebro. Conversación de niño. Un tópico de la ficción y al parecer también de la realidad.
-      Hola- se me acercó él mientras yo dudaba en decirle algo- Te conozco.
-      Sí, sí. De aquel viaje a Rumanía. ¿Te acuerdas?
-      Sí- me estrechó la mano como con la intención de romperla- Rumanía…
Mientras él evocaba lo que fue aquello, yo hice lo mismo. Resumiendo, fue un viaje solitario que hice allí buscando vampiros. Me encontré más bien con el monstruo de Frankenstein. O con la bestia.
En el aeropuerto de llegada, mientras esperábamos a nuestras respectivas guías nos dimos cuenta que éramos españoles por eso del castellano. Su compañera, una chica menuda y no demasiado agraciada pero muy simpática, dijo que ya me tenía visto del avión y que se había dado cuenta de que era compatriota por el libro que yo leía. De Barcelona todos. Él no decía nada. Se mantenía en su volumen y condición de hombre armario. Quedamos en vernos si coincidíamos. Y sí. Fuimos compañeros también de autocar.
El viaje fue divertido. Nos unimos gallegos, madrileños, catalanes, etc de vacaciones por un país del este recién salido del comunismo de fachadas agrietadas. Todavía fuera del euro y con salarios mínimos de 75 euros. No sé cómo les irá ahora.
Yo recuerdo divertirme bastante. Con cenas en restaurantes de aspecto gótico, con casas de pueblo adornadas con ajos en las puertas (más de cara al turista que a la verdadera superstición, imagino), con visitas a las camas y lugares de paso de Vlad Tepes, su hijo, Stocker…
Durante todo ese tiempo el hombre armario se dio a conocer. Cantaba canciones inventadas en voz alta con letras como “necesito que me coman la polla, LO NECESITO Y NO ME LA COMEN”, discusiones a viva voz porque él alegaba insatisfacción amorosa y su compañera dolores de cabeza o la regla (la falta de intimidad de ciertas personas es gloriosa para poder escribir, viva la extimidad), ocasionalmente le sorprendía mirándome mal cuando su simpática pareja hablaba conmigo o me halagaba por saber inglés. Su pareja que a su lado parecía la bella porque en la comparación y junto a ese pajarraco, ganaba cualquiera. El tipo me miraba de una forma que me hacía pensar que se había montado una tómbola a mis espaldas. Que en la tómbola había montones de premios dónde se rifaba una hostia. Que me los estaban comprando todos sin yo saberlo. Lo confirmé un día que por Sighisoara, hermosa ciudad de cuento, les comenté a los del grupo que un mendigo me había mirado mal por no darle nada y el armario dijo:
-      A mí no se atreven a mirarme mal. Como soy tan alto y fuerte nadie me mira mal. Todos ven que les puedo pegar si se ponen tontos. Tú eres diferente.
Y ahora, años después de aquel viaje, lo tenía delante. Con una conversación tan difícil y árida como siempre. Si acaso peor. Sin saber qué decirle:
-      ¿Y tú mujer qué tal?
-      ¿Por qué lo preguntas?
-      No, por… Bueno, por decir… ¿Estáis bien?
-      Sí, nos va muy bien. Seguimos muy bien. Nos va perfecto.
-      Claro, se os veía muy buena pareja. Seguro que sí. Encantado de haberte visto.
Y ya no hablamos mucho más. Se fue a buscar a su santa o a tomar viento.
A saber qué le vería ella. Aparte del volumen, claro. Si se pensaba que la bestia iba a cambiar en príncipe lo tenía claro. En la realidad no hay transformaciones mutantes ni se comen perdices, por eso tenemos el divorcio.

Las bestias si acaso, tienden a empeorar.