30 diciembre 2005

¿Alone, alone? No, you’re not alone

Hoy han despedido a un compañero de trabajo, a Mr P, ya mencionado en artículos anteriores. A la pésima noticia y a su efecto negativo se suma el hecho de que estamos a 30 de Diciembre y mañana termina el año. Se prepara la gran fiesta en la que todo el mundo o una buena parte de él gritará de alegría y saludará el nuevo año como si ese cambio de fecha significase más que el cambio de fecha aleatorio e igualmente arbitrario que se sucede cada día. Estas fechas tan alegres se lo ponen muy difícil a la gente triste. Son un recordatorio perfecto de que la alegría como el dinero, como el sexo o como el trabajo pueden ser un derecho pero ni mucho menos están al alcance de todo el mundo. Desde el blog de Mr. P, ese “Alone, Alone” tan pesimista en su concepción como lo está siendo en su última entrada, he sabido de su reacción: pesimismo, amago de depresión(aunque una depresión es algo más que la tristeza producida por un revés temporal), un solapado rencor hacia los de arriba por la forma en que lo han hecho y sobre todo hacia su suerte... Siempre la palabra suerte.

Yo le respondo con lo que siempre he creído: la suerte se la fabrica uno mismo. Al menos en un ochenta por ciento o en un noventa. Nada ocurre porque sí. Hay una acción nuestra que lo ha provocado anteriormente. Aunque no sepamos verla.

En este caso es cierto que se veía, se intuía que alguien iba ser despedido. Los trabajadores del cine no están en la más boyante de las empresas precisamente. Los ingresos en taquilla son cada año más escasos, los cines que se cierran más numerosos. El público no parece regenerarse por culpa de Internet, las televisiones por cable, la nueva cultura de la pantalla pequeña y el cerebro más pequeño todavía(con el debido respeto a los que sencillamente no van al cine porque no les gusta el sonido de la deglución de palomitas, de los móviles, de los alborotadores…), los precios más caros en Barcelona que en el resto de España… Se veía venir que el año nuevo y previendo la sequía de espectadores para Enero, más entregados a escalar cuestas(la de Enero es dura) que a ver fotogramas, alguien sería expulsado del bonito grupo que habíamos formado. ¿Era Mr. P el eslabón más débil? Probablemente. En su blog asegura serlo. Y si crees que eres débil ya no puedes ser fuerte en modo alguno. Me gustaba decirle la frase de cierto comic del doctor Extraño para animarle: “Eres como el mendigo que pide limosna en el camino sin saber que está sentado sobre un cofre de oro”. Y es cierto. Creo en ello. El problema es que suena a libro de autoayuda y eso nunca funciona. Para convencerse de la frase más sencilla, una persona debe pensar a menudo en ella y no perderla de vista en ningún momento. Como en cierta obra de Shakespeare, yo también digo: “Si fuera capaz de seguir uno solo de los mil consejos que he dado en la vida, viviría feliz”.

Pero al final es la realidad la que enseña. Los reveses te cambian. Mr. P, como Bat Man, debería sentarse en el sillón de la Bat-Cueva y reflexionar sobre lo que ha hecho mal él y sobre lo que han hecho mal los demás(que de eso también hay mucho). Separar fríamente sus errores de los errores ajenos y no olvidar esta última experiencia en su siguiente trabajo. A los veintidós años no puedes dar por finalizada la partida. Ni siquiera a los cuarenta.

¿No te gustan los videojuegos Mr. P? Pues este Game Over sólo significa que tienes que empezar de cero pero ahora ya sabes como pasar el primer nivel: vigila que no parezcas débil aunque te sientas como si lo fueras, no ataques directamente a las serpientes(maldita señora L de los cojones) y vigila que las serpientes no te quiten nivel de fuerza hablando mal de ti a tus espaldas, no reconozcas tus debilidades frente a ningún jefe y sigue las reglas como si te fuera la vida en ello cuando estén delante… En fin, cada videojuego tiene sus trucos. A lo mejor eres el rey en otro en el que los demás no pasaríamos del primer obstáculo.

Sea como sea y aunque repita lo que dije en otro antiguo artículo sobre ti, me alegra haberte conocido y lo que me has enseñado. Volveremos a comer Sushi y a reírnos por los viejos tiempos que nunca fueron tan buenos como los recordamos.

Pero eso sí, nos cabrearemos mucho cuando recordemos esta fecha: ¿No podías perder tu trabajo en una época dónde la gente no tiene más ocupación que llenarse la boca de felicidades? A la mierda la Navidad y el año Nuevo. Sólo se celebra la felicidad de los felices y la miseria de los tristes para que los comercios hagan su Agosto en Diciembre.

En fin… Felices fiestas a todos e incluso a ti, Mr. P. Pero felices porque nos de la gana y no porque nos lo diga la televisión. ¿Sigue en pie lo de invitarme a jugar con la XBOX?

22 diciembre 2005

Crímenes mayores, delincuentes menores… ¿Castigos mayores?

“Detrás de cada niño que delinque hay un padre que debió ser esterilizado” Sergio Gómez- 2005

Hay un tema de discusión en la calle y de la calle: el incremento de la delincuencia por parte de menores y la aparente impunidad con que estos actúan. Las televisiones y las radios del país llenan horas de programación y les dan un sueldo extra a sus expertos para que nos expliquen o nos tranquilicen o nos saquen de quicio, según el temperamento personal de cada uno, opinando sobre este tema que nos afecta tan de cerca, que nos es tan íntimo(un delincuente se acerca, te lanza la mano al culo y además de ser ultrajado has perdido tu documento nacional de identidad, la fotografía de tu novia, tu tarjeta del banco, tu dinero para las compras…). Y esa es todavía una situación afortunada. La moda es el robo con intimidación. En una sociedad pusilánime como la nuestra es fácil intimidad al personal, desde luego. Pero eso tiene que dejar secuelas: días y días de soñarte asesinando al hijo de puta que te amenazó y se llevó tu dinero y que no debía tener más de diez años. Pero… ¿Cómo está la situación?

Las estadísticas o los que hacen dichas estadísticas nos cuentan que los delitos de menores son en más de la mitad realizados por niñatos españoles, en un cuarto o menos por niños rumanos y el resto por niños de Marruecos. Gracias a la inmigración no tenemos que avergonzarnos y decir que el cien por cien del crimen en España es español. Si le roban la cartera al embajador de Estados Unidos siempre podemos decir: “esos golfillos inmigrantes nos dejan mal, los españoles no somos así”. Pero también se quedan sin argumentos los racistas que dicen que sólo roban los de fuera y que nosotros, los españoles, vivimos en una civilización sin pecados como el Edén o como la Atlántida antes de que se la zampase el mar. Nos pertenece un cincuenta por ciento alto del crimen. Es una estadística democrática y moderna la que nos ha tocado. Aquí roban los de dentro y los de fuera.

En lugares como La plaza Real de Barcelona o la plaza Mayor de Madrid hay avisperos de delincuentes enanos. Algunos tienen leves reincidencias(se dan casos de hasta sesenta tirones de bolso en el mismo personajillo). También se dan casos de niños inducidos por los padres para que roben. ¿Es posible? Desde luego. Hay padres que aprovechan la impunidad con que se mueven sus hijos para sacarse un sobresueldo pero no olvidemos que hay muchos modos de tener diez años, que no todos hemos vivido en el mismo ambiente. Hay niños que viven en ambientes Dickensianos. Aunque nos resulte extraño en este siglo y en este país, los Oliver Twist existen y lo pasan peor en cuanto que sus historias no acaban tan bien. Estos acaban en la cárcel, asesinados en luchas de bandas, muertos por sobredosis… El catálogo de mortandad en estos ambientes es de sobras conocido. No suele haber parientes ricos en sus historias. Y si los hay no aparecen.

Todos los delincuentes menores, independientemente de su nacionalidad, tienen preferencia por el robo con intimidación y por el atentado contra el patrimonio privado o público. El homicidio en España sigue siendo excepcional y menor que en el resto de Europa. Tal vez por eso las leyes son tan suaves.

Pero no deja de ser un problema que las legiones de rateros se multipliquen mientras los efectivos policiales no pueden hacer nada contra ellos. Hoy en día, los niños son privilegiados. No puedes tocarles sin ir a la cárcel o ser acusado por una legión de defensores del menor. Si un niño te ha apuñalado repetidas veces y tú, con el último aliento de vida, le aplastas el cráneo con una piedra, serás acusado(aún post morten) de Hitler en potencia, de lobo feroz, de hombre del saco en tu tiempo libre… El niño es como un ángel. Y no pierde su aureola divina ni aunque lleve una navaja automática en el bolsillo y se dedique a tirar del bolso de jubiladas que sin su irrisoria paga mensual no pueden sobrevivir(porque vivir con sus pensiones, viven bien poco, muy malamente).

Estos niños dan bastante rabia, es cierto. Pero debemos actuar con la cabeza fría.

Buscar el problema.

Sabemos que lo más fácil sería montar campos de concentración en lugar de reformatorios y quemarlos a todos en ellos. Eso sería lo más fácil pero tendríamos quejas de diversos organismos nacionales e internacionales a favor de los derechos humanos. Estos organismos contemplan los derechos humanos de esos niños pero no los de sus víctimas, curiosamente.

Por eso debemos aumentar el gasto social en algo que hasta ahora se menciona mucho pero se ejercita poco: la educación. Los niños, casi siempre, son reflejo de sus padres. Los padres(estoy hablando del modelo de padre dickensiano) es un mal modelo a seguir. Es por eso que a cada niño capturado por la ley, además de un castigo, le ha de llegar una propuesta de reinserción. Hay que matarlos a charlas educativas. Pero no solo al niño, sino a la madre que lo parió y al padre que la fecundó. Deben reparar el daño que han causado y sobre todo, entender que existen modos alternativos de vida que no pasan por agredir al prójimo para que te de su paga. También enseñarles a ganarse ese modo de vida. Pero eso sin perder de vista que la ley debe actuar presta. A cada falta, una reacción inmediata. Que vean que no estamos en la higuera mientras ellos corretean libres y cazan por la sabana urbana. A cada acción una reacción.

Es cierto que no podemos cambiar a un personaje de Dickens por otro de Walt Disney. Ni falta que hace. Pero seguro que podemos dejarlo en un punto medio. Con las debidas atenciones puede ser un ciudadano provechoso para el país.

Y bueno, si fracasamos, siempre nos quedarán los campos de concentración.

Digan lo que digan los organismos oficiales que favorecen a los pequeños golfos.

14 diciembre 2005

Nuevas aventuras de la señora L

La veo llegar, como siempre, desde la puerta del cine en que trabajo. Al fondo, bajando por las escaleras mecánicas del centro se le ven primero los pies, luego el cuerpo redondito, y finalmente el rostro inexpresivo. Desde dónde estoy, no sé, puede que a cuarenta metros de las citadas escaleras, veo su cara pero no puedo leer bien en ella sus sentimientos. Mucho menos sus mentiras. En cualquier caso sí la veo preparando el espectáculo a medida que se va acercando. El rostro es serio, desde luego. Quiere decir algo. Pero no lo hará hasta que esté a mi altura. Ella sólo gasta energía cuando le apuntan los focos, cuando tiene espectadores delante.

- Buenas tardes. Hoy vengo malísima. Me tendrán que ayudar ustedes los muchachos a limpiar un poco las salas. Estoy fatal.
- No debió venir.
- Ya sé, ya sé, pero yo soy muy burra para el trabajo. Yo vengo hasta muriéndome.


-Nesesitoplata para traer a mi hija de Chile. Ya me queda poquito para tenerla aquí y no

quiero quedar mal con los jefes. Pero yo no sé si hoy… Ustedes me van a ayudar…

¿Verdad?

Claro que la ayudamos. Cuanto haga falta. Otras veces ha usado el mismo truco así que no sabes si hoy es más cierto que la última vez pero no sé, le veo mala cara. O está realmente enferma o es que cada día afina mejor sus actuaciones.

Desde la última vez y desde el último artículo que escribí sobre ella, ha habido novedades. Desde que dije que engañaba sobre sus compañeras y exageraba sus méritos para conseguir ser encargada… ¡Han echado a varias personas! De las dos primeras bajas, unas chicas que trabajaban el fin de semana como hormiguitas y con las que todos mis compañeros y yo estábamos muy contentos, sólo se sabe que cometieron algún pecado oscuro relacionado con hablar más de la cuenta. La señora L vino llorosa al cabo de una semana y me dijo que le había dolido la expulsión de una de ellas. ¡Y eso después de hablar tan mal de estas las pasadas semanas!

Dos minutos después lloraba de risa contándome una de sus ocurrencias.

A veces, la señora L debería ensayar mejor sus actuaciones. Pena y risa sólo van de la mano si tienes cuatro años o si estás loco. Ella no está loca y tiene ya una cierta edad.

Dos semanas más tarde echaron a otra chica porque era lenta, porque sólo reaccionaba por estímulos sonoros como “Venga, espabila” o “Muévete, cariño, que tenemos prisa”. La señora L no tuvo que actuar aquí. Igual que nos dijo a todos lo que opinaba sobre la chica debió decírselo a su jefa. Estaba convencida de que hacía una labor social expulsándola de sus labores. Ya he dicho que ella quiere ser encargada a toda costa y sobre toda mujer que le pongan de compañera. Su frase, como la de todos los policías a lo Clint Eastwood de las películas es: “No necesito compañeras, trabajo mejor sola”.

Nadie dijo nada al respecto porque desde luego la expulsada era bastante lenta.

La señora L es la trabajadora de la limpieza que más ha durado en el puesto sin ser excepcional en su trabajo. Y ahora admito que me equivocaba cuando pensaba que debía emplear su energía en trabajar y no en denostar a sus compañeras o decir de sí misma que era la trabajadora definitiva, bombardearnos con publicidad de sí misma. Me equivocaba mucho.

Ella sigue ahí, por encima de todo y de todos y consiguiendo que de tanto en tanto le hagamos el trabajo los “muchachos”. Y que además le escuchemos sus historias: las dramáticas, las pornográficas, las de miedo, las de amor, las de cotilleo…

¿Cómo lo hace?

Si han visto “Chicago” entenderán que las apariencias no sólo engañan si no que son imprescindibles para triunfar en la vida. En la película las bailarinas atraen a su público y la fama que buscan haciendo cualquier cosa menos bailar. Con el escándalo de sus vidas y vendiendo intimidades llegan más lejos que con su arte. Exactamente igual que nuestros famosos de la prensa rosa. Y aunque nadie parece tan tonto como para caer en ese tipo de seducciones, estas siguen funcionando. Lo que brilla es lo que capta primero nuestra atención. Ningún poeta piensa en el lado oscuro de la luna cuando escribe. Y eso porque no lo ve.

Puedes ser el mejor en tu trabajo y sin embargo no ser nada si no consigues que te vean trabajar. Marilyn Manson dice más o menos en una de sus canciones que sin una cámara grabándote no existes. Sin una cámara o sin unos ojos y unas orejas, añadiría yo.

No se trata de ser productivo sino de parecerlo.

La señora L hace bien en buscar espectadores cuando se mueve. Esos minutos de atención dirigida son inteligentes. Los despidos de sus compañeras y su propia persistencia en el puesto así lo demuestran.

Y si las apariencias fallan, la señora L ha descubierto nuevas técnicas de seducción laboral o de ganarse a las altas esferas.

A nosotros, los acomodadores que podemos hablar de ella y en ocasiones ayudarla, nos trae bizcochos de vez en cuando.

Al encargado le trajo un pastel no hace mucho.

La señora L sabe como ganarse el entorno: mentir sobre las bondades de sus competidoras, trabajar sólo cuando la miran y decir lo bien que trabaja a todo el mundo, adular a los jefes… Actuar todo el tiempo. Que se note que trabaja en un cine y para actriz… ella. Que nadie la vea sentada aunque lo haga a menudo y a escondidas.

Lo sabe muy bien: en estos tiempos el marketing lo es todo.

P.D. ¿Será verdad lo de su hija o es otro engaño para añadir dramatismo a su situación? Es lo único que le falta para el Oscar.

09 diciembre 2005

Las soluciones de la realidad


Las antiguas tragedias griegas se solían resolver con una escasa pero gratificante falta de imaginación. Cuando el protagonista estaba pasando por su peor momento y la situación era crítica, un Dios amigo bajaba de los cielos y le echaba una mano al héroe. Si Dios te echa una mano no debes temer a los mil puños del enemigo, naturalmente. A esto se le llamó “Deus ex machina” (Dios es una máquina) porque en el escenario físico de la obra, alguien que se disfrazaba de Dios bajaba mediante un rudimentario pero efectivo mecanismo de la parte superior de la escena para impresionar a los espectadores. Supongo que esto cubría en Atenas el hueco de los cines actuales y de las superproducciones con efectos especiales digitales.

Años más tarde, Stan Lee, el pésimo guionista de comics pero diseñador genial de súper-héroes, resolvía sus aventuras de un modo similar. El personaje debía estar en un aprieto tan terrible que sólo Dios lo pudiera salvar. En este caso los resultados dejaban bastante que desear. Stan Lee es un diosecillo bastante mediocre y no resolvía bien. Cuando el héroe iba a morir a manos del enemigo, al enemigo se le ocurría que prefería matarlo más tarde para que el bueno tuviera tiempo de recuperarse y zurrarle una buena tunda. Soluciones simplonas más problemas complejos te dan una mala historia. Bueno, algunas tragedias griegas están bien, si no en su final, sí por lo menos en el desarrollo.

En mi vida los problemas complejos no tienen ni “Deus ex machina” ni casualidad benefactora o estupidez del enemigo. O los resuelvo yo, o no hay Dios ni plumilla de segunda que me los resuelva.

Los malos de mi historia son empresarios o banqueros que te ofrecen la mejor hipoteca (para ellos), las mujeres que no te quieren dejar entrar cuando y como quieres dentro de su vagina, los vecinos ruidosos, las cucarachas veraniegas, las olas de calor, las olas de frío, las facturas en el buzón y el agujero negro que se genera en tu cuenta corriente, la inflación que provoca inflación en tu sistema nervioso, la delincuencia juvenil o senil, las malas compañías(me refiero a las compañías que te ofrecen un pésimo servicio de Internet o de telefonía y que rozan la estafa), el polvo que se atrinchera en los rincones, la vida que se nos escapa como una fuga de gas y que sólo percibimos en los cumpleaños, el examinador que se venga de los que alguna vez le examinaron a él, el que te examina los dientes o los ojos y siempre encuentra algo que no está bien… Problemas prosaicos pero complejos. Y lo peor de todos ellos es que muy pocos se pueden resolver mediante ayudas ajenas. Hay quien todavía reza para que la vida le vaya bien pero la estadística demuestra que ese sistema no funciona. Miles de millones de seres humanos asesinados por causas religiosas a lo largo de la historia y religiosos ellos pueden atestiguarlo. Puede que muchos murieran rezando. Dios es como los fontaneros, nunca está cuando lo necesitas.

Esa es una diferencia esencial entre realidad y ficción. La ficción puede ser terrible pero tú te la guisas y tú te la comes. Los problemas tienen soluciones sencillas. Cuanto más imbécil el escritor, más sencillas las soluciones.

La realidad, incomparable por otro lado a la ficción, también tiene soluciones. O eso dicen. Lamentablemente, no siempre las encontramos. O las encontramos tarde. O nos equivocamos. Y nunca oímos los engranajes de la máquina que baja al diosecillo de turno que se descuelga. Por más que lo esperemos. Además, todo el mundo admite también que hay algo que no tiene solución. Algo que en la ficción sí la tendría: la muerte.

Al final solo gana ese del que hablaba Edgar Allan Poe: el gusano conquistador.

Eso confirma la idea de que hay que ser muy rastrero para medrar.

En fin… Yo a pesar de estos pesares que tecleo, soy optimista.

Cada vez que acudo a la oficina de apuestas con mi Primitiva en la mano, le dedico mis pensamientos al verdadero y último“Deus ex Machina” de la era moderna: el dinero. De todas las soluciones fáciles y mínimante verosímiles que te puede dar la realidad, esta es mi preferida. Si Dios no quiere acudir a mis plegarias me parece bien. No se me da bien hablar con desconocidos. Pero por favor, que me caigan unos milloncejos para morir de un atracón y no de trabajar.

¡Y basta ya con decir que el dinero no da la felicidad!

¿Acaso te la da la pobreza?

01 diciembre 2005

Más allá de la piel... mis letras

Decía un sabio de cuyo nombre sí puedo acordarme, Paul Valéry, poeta y pensador francés que vivió a caballo entre el XIX y el XX, que lo “más profundo está en la piel”. La frase me gusta. Es difícil conocer al prójimo. Por eso se hace imposible perdonarle. ¡Y no digamos confiar a sus golpes una mejilla! Lo único que sabemos del tipo que no somos nosotros, del otro que no soy yo, es que parece un alienígena con apariencia humana que espera una debilidad nuestra para eliminarnos de una puñalada láser en la espalda. El otro es aquel del que sólo vemos la apariencia, la piel de la que habla Valéry. Y ya podemos tratar de ser comprensivos que siempre se nos escapa un prejuicio o se nos escurre una crítica. Sólo a veces, gracias a la literatura, una de las técnicas de intimidad y penetración de personas ajenas más avanzada del mundo y sólo superada por un buen polvo, podemos sentir una mínima comunión con otra cabeza que la que alberga nuestros sesos. Para entender a los demás, a veces, debemos leerles. Escucharles cuando están presentes no parece dar buenos resultados. En el diálogo a dos bandas existen perturbaciones, contaminaciones acústicas y sobre todo, estamos demasiado pendientes de lo que vamos a decir nosotros mismos. Bioy Casares aseguraba no escuchar a sus contertulios, sólo miraba sus labios, desesperado porque esperaba que terminasen de hablar para poder empezar él con su monólogo en compañía. “Nos sentimos tan sabios cuando hablamos de lo que sabemos”, decía el egotista escritor argentino…

Kafka decidió en cierta ocasión comunicarse exclusivamente con su novia por carta y Flaubert no quería que le importunase demasiado su amante pero disfrutaba como un enano escribiéndole cartas de amor. Sade pedía que le devolviesen las que escribía a sus mantenidas de turno porque las escribía por el placer de ser escritor no para seducirlas.

El placer de la palabra. La avaricia del lenguaje. La comunicación mediante escritos por encima de la oral.

El problema se puede agravar cuando pensamos que el otro tampoco nos escucha y nos malinterpreta y nos juzga con prejuicio y desde sus propias y limitadas referencias personales. En cierta canción que me gusta citar de Morrissey(lo digo por disculparme si me repito) este dice con desesperación: “¿Cómo puede alguien saber como me siento? La única persona que veo por aquí en mí, soy yo”. En realidad resulta más humorístico que desesperado este simpático gruñón. Pero el tema es serio.

Hace poco, un compañero de trabajo del cine en el que pierdo algunas horas a cambio de ese poderoso caballero del que hablaba Quevedo, daba una apariencia que no se correspondía con lo que era. Una vez más. No quería acomodar, se escabullía cuando había que limpiar y se peleaba con la señora de la limpieza(vaya con la señora de la limpieza de la que pueden consultar vida y milagros en uno de los blogs de Noviembre de este año), apenas tenía más conversación que la próxima consola de videojuegos que compraría o el magnífico sushi que come en cierto restaurante con buffet libre. En la piel nos quedamos todos y apenas podíamos extraer algo más de él. Pero como dice otro sabio amigo israelí mío: “todo el mundo tiene algo que enseñagte”.

Para empezar, el lugar dónde come sushi Mr. P(así le llamaremos anónimamente), es ciertamente de lo más agradable. Los platos se mueven por tu lado en una cadena mecánica que se va reponiendo periódicamente, no tienes que levantarte, la comida es fresca y buena, el precio es razonable, el ambiente es agradable… Hhmmm. No me arrepiento de haber visitado dicho restaurante con dicho compañero y otro, Mr F., que también se ha dejado seducir por la comida nipona.

Y entre bocado y bocado y broma y broma surgió el tema de los blogs. Yo tengo este, el otro compañero del cine tenía su página Web y el colega del que hablo nos sorprendió diciendo que tenía su diario virtual. No le gusta leer pero le gusta escribir. Era de la modalidad de escritores diaristas. Disfrutaba con el pormenorizado detalle de su vida cotidiana. Al principio se mostró reticente a darnos la dirección pero finalmente lo conseguimos.

Fui a casa y leí. Me encontré con otra vida alternativa a la que imaginaba. El personaje “plano y arquetípico” del trabajo no acomodaba porque odiaba o temía al público, se hacía un mundo con la llegada del público, le tenía alergia a las operaciones de limpieza, le amargaba en definitiva un trabajo que para los demás era una rutina y en ocasiones una diversión. Pero había más. También era un alma que luchaba contra el deseo porque temía el rechazo del otro, o mejor dicho, de la otra. Había tenido una mala experiencia al enamorarse de una chica en el trabajo y todavía quería escapar de esa agonía que es el desamor(sobre todo el desamor adolescente). Me recordaba a mí mismo, un yo semiolvidado, perdido en el tiempo pero con el que todavía me puedo reencontrar en el futuro(espero que no). También hablaba de una mala experiencia con mala gente en otro trabajo. Y de las agonías de no estar a gusto en un lugar al que has de acudir por dinero. También las conozco. El personaje se me hizo más cercano mediante el blog que en persona. Ahora le respeto más que antes. Siento empatía hacia él.

Bien es cierto que con los amigos, esa empatía te la da una enorme cantidad de tiempo y vivencias compartidas que te los acercan hasta casi convertirlos en familiares(en ocasiones más que familiares a los que por otro lado, no siempre aprecias demasiado). No necesitas leer a tu amigo para entenderle(aunque he conocido facetas inéditas de Ozymandias mediante su blog, ciertamente). De todos modos, la escritura debería defenderse a toda costa como la mejor terapia para conocerte a ti mismo y la lectura de lo ajeno para conocer al otro y por ende, conocerte a ti mismo todavía más. También como el mejor “prejuicida” del mundo. En el libro “El fracaso de la inteligencia”, José Antonio Marina asegura que a mayor vocabulario en una persona, mayor comprensión del mundo. El lenguaje está intrínsecamente unido a la inteligencia y por lo tanto hemos de abastecer nuestro diccionario mental todos los días para ser mejores, para saber, para entender mejor lo que nos rodea y a quien nos rodea. También para ir más allá de la piel y conseguir que lo profundo no sea la superficie.

Puede que tu blog no tenga muchas visitas pero los que entren te conocerán mejor.

Ahora falta averiguar si eso es bueno.

La única solución: derecho de admisión. Sólo entras si me dejas entrar.

Te cambio mi blog por el tuyo. Esto es mucho más de lo que parece. No puedes pasearte por aquí libremente.

Y es que si el demonio o dios quisieran almas podrían dedicarse a leer blogs. Las derramamos en cada entrada que hacemos. Dejamos jirones de espíritu en la prosa que colgamos de la red.

Soy más cierto que nunca en estos párrafos que lees. Incluso cuando miento.