17 marzo 2006

Una pregunta al azar

Antes de la Edad Moderna se creía que el azar era algo divino y predeterminado. Tú tirabas los dados y pensabas en Dios y si Dios estaba de buenas, te llevabas una oveja, unas monedillas de oro, una botella de vino o a la mujer de tu contendiente. De todos modos, siempre hay alguien que quiere ver más allá de la explicación esotérica olo quiere poner todo en duda. El emperador romano Claudio escribió “Cómo ganar a los dados”. Hoy en día está un poco desfasado. Y más si tenemos en cuenta que a él siempre había que dejarle ganar a los dados y a lo que le diera la gana. Si eres emperador todos te obedecen. Incluso la suerte(al menos hasta que tu mujer decide envenenarte).

Alfonso X el Sabio presentó 56 resultados posibles del lanzamiento de tres dados en Libro de ajedrez, dados y tablas. En la Divina Comedia Dante menciona un juego de azar con tres dados.

Pero dicen que fue Girolamo Cardano, allá por el siglo XVI, el primero que puso la ciencia al servicio del juego. Por primera vez vio que el azar no era cosa del azar. Dicen también que además de médico era un gran ludópata. Este hombre supuso como el prólogo a la primera teoría de la probabilidad(rama de las matemáticas que trata sobre los posibles resultados de eventos dados, así como sus probabilidades y distribuciones).

Ya no bastaba con pedirle a Dios que te hiciera ganar. Los menos religiosos, cansados de perder a los dados, buscaron alternativas. Y calcular las veces que te puede salir esta o aquella combinación parecía más fiable que gritar “Ayúdame, Dios mío” cuando lanzabas los dados.

Pero la mayor contribución al tema es de Pierre-Simón Laplace, matemático, físico y astrónomo francés que entre el XVIII y el XIX, trabajó duro con las probabilidades y hoy en día lo reconocemos como el que más aportó a la materia. Nunca se tomó el juego como un juego. El azar no era para él un juego de niños( y perdonen que juegue todo el rato con las frases hechas pero es que el tema anima).

Es sorprendente. Hay una ley natural que está en todas partes. Tanto los eventos naturales(medidas del cuerpo humano, muertes, nacimientos…) como las acciones voluntarias(matrimonios, hipotecas, romper la cara al vecino…) tomados en conjunto, se comportan con regularidad. Lo descubrió un belga, Adolphe Quetelet.

Hoy en día, en estos tiempos de simpáticos y sanotes herejes, usamos la estadística y la probabilidad para todo, (incluso para calcular la media de calabazas que recibo por parte de las mujeres en promedio con la media que reciben otros más afortunados que yo).

En Meteorología podemos averiguar cómo evolucionará un huracán, en economía calcular la prima de un seguro de vida, en una sociedad las regularidades que dominan el conjunto… Las aplicaciones son enormes. De todos modos nadie descubre cómo forzar a que te toque la Primitiva, la mejor solución a la realidad posible(ver “Las soluciones de la realidad” en este mismo blog).

“Dios no juega a los dados”, dijo Einstein. “Juega al escondite”, le respondió Woody Allen en “Maridos y mujeres”. Yo creo que Dios está perdiendo la partida en el siglo XXI. Hace tanto que no se pasa por la Tierra que se cree poco en él. Según Houellebecq(el verdadero), la globalización en los últimos diez años está acabando con las religiones monoteístas a un ritmo espectacular. Esta cita de su último libro me gustó mucho. ¿Pero a qué estoy jugando? No hablaba de religión, hablaba de probabilidad.

En fin, si quieren una ampliación de este artículo más seria y rigurosa pueden pasarse por el “Historia y vida” de hace un par de meses. No es casualidad ni azar que haya caído en mis manos. Estoy suscrito.

De todas formas, después de todo esto, me queda una reflexión por hacer. ¿Por qué si todas las combinaciones de dados son limitadas y a todos nos toca una pequeña probabilidad de que nos salga un cinco en el parchís nunca me sale a mí?

¿Por qué mis dados son más torpes que los de cualquiera independientemente de que juegue con un rival de cuatro años o de cuarenta?

Creo que la próxima vez que juegue dejaré de leer libros sobre probabilidad. A ver si mirando al cielo y gritando “Soy tu vil y gusano servidor, Yoth Soggoth o Nyarlathotep o cualquiera de los diosecillos de Lovecraft, pero ayúdame ahora y luego, si gano, vamos a medias”, me va mejor.

No tengo nada que perder si de todas formas no he ganado nunca.

2 comentarios:

Ozymandias dijo...

Mi querido Houellebecq, creo leer rastros de derrotismo en sus palabras. Lo de ofrecerse como un vil gusano a los dioses es una triquiñuela que en su caso no funcionaría, va incluida en el lote. Quizá algún sacrificio humano (se agradecería que no pensara en sacrificar a amigos, que queda poco espectacular y muy feo) o simplemente leer algo del clan de los Pelayos, que reventaron de forma legal varios casinos, encontrando las regularidades de la ruletas. El azar no existe de forma clara en nuestro universo (tendría que revisar mis libros de mecánica cuántica...), acuerdese de que si se da un tiempo muyyy largo y unas máquinas de escribir a un grupo de monos, acabarán escribiendo las obras completas de Shakespeare (si les das un fin de semana y dos flautas te sacan la discografía conpleta de David Bowie). El problema es que no tenemos suficiente tiempo. Siga usted echando la quiniela cada semana para hacerse rico o bien opte directamente por el robo, que es un atajo que suele funcionar, sobretodo si eres político o empresario.

Houellebecq dijo...

Hombre, tiempo me sobra. A mis veinte años todavía me quedan muchos de optar a que me toque algo. Es usted el que está casi finiquitado. No hay más que
leer sus ataques a Bowie. ¿Sabe que lleva 16 años de fiscalía contra el Dios de la música? ¡Y Bowie mejor que nunca! Ejem... Con perdón de la angioplastia del 2004.