22 noviembre 2006

Las Ciencias pierden en los quioscos




La descubrí porque me llegó con la suscripción del “Historia y vida”. Tenía un formato y diseño muy similares al de la revista que tanto me gustaba por lo que pensé: “vaya, qué buen gancho, si no fuera porque soy impermeable a la publicidad me suscribiría a esta nueva revista de ciencia”. Así se llamaba: “Conocer la ciencia”. Con la palabra conocer en grande y destacada. En su interior cualquier lector de la revista de historia hermana se podía sentir muy cómodo. Todo seguía el mismo patrón salvo por el hecho de que aquí se hablaba de neutrones, satélites espaciales, meteoritos o energías alternativas en lugar de romanos, griegos, carolingios o asuntos menos actuales. Pero no. Ni hablar. No tenía un hueco para mis demasiado abundantes lecturas. No iba a caer en esta trampa del marketing. Soy demasiado astuto. Sé sortear los trucos publicitarios. ¡Y lo conseguí! Nunca llegué a suscribirme. Pero eso sí, me compré todos los números en el quiosco. Bueno… Es que la revista valía mucho la pena.

El pasado mes de Octubre, sin embargo, cuando esperaba el noveno número de la publicación vi que estaba perdiendo puntualidad. Sólo dos semanas más tarde traté de averiguar por Internet qué sucedía aunque la intuición ya me avisaba sobre ese asunto.

La revista se había cancelado. Creo que lo leí en un foro de una página científica. Sin más. Leí algunas críticas negativas sobre ella y otras más positivas pero ya daba igual. Cancelada. “Conocer…” era como un puente entre las revistas de ciencia más dura e inaccesible(“Investigación y ciencia”) y las revistas para un público más… digamos… de medio pelo(“Muy interesante” o la sensacionalista “Quo”). Yo, huérfano del “Conocer” sabía que se me habrían esos dos caminos, el de lo difícil y el de lo fácil. Decidí ponerme chulo y caminar hasta la biblioteca de Bellvitge(ver pasados posts) para echarle un vistazo a la revista más exigente. “Investigación y ciencia” me esperaba. No tenía por qué caer en este nuevo anzuelo. Esta cuesta seis euros frente a los dos noventa y cinco del “Conocer la ciencia”, su diseño es menos atractivo y con menos fotografías de impacto, con una letra más diminuta lo que le da densidad a la lectura, con un lenguaje más propio de “ellos sabrán lo que dicen” que de hacer concesiones al público gárrulo del lugar, con muchos diagramas de esos que el profesor escribía en la pizarra y que tan difíciles de entender resultaban siempre. En definitiva una revista de ciencia para los que se quieran esforzar un poco. Pero yo soy un valiente de la intelectualidad. Decidí ojearla. Comencé a leer un artículo sobre la necesidad de refrigerar los cojinetes de los ventiladores de los MP3(cada vez más pequeños) y otro, muy interesante, sobre la información cuántica en un futuro “si un bit define la unidad mínima de información y esta se define como un sistema binario dónde sólo hay dos posibilidades, cero y uno, ¿Qué ocurriría en el mundo cuántico si asignásemos ese modo de información a los átomos? En el universo clásico o Newtoniano sabemos que toda causa tiene su efecto y podemos predecir cualquier comportamiento de la información- bueno, en el universo clásico se cometen errores, pensé, pero es cierto que se ha avanzado mucho y se consigue por ejemplo que esas monstruosidades de hierro llamadas aviones sean capaces de volar salvo, claro, esos errores- En el universo cuántico esas leyes no existen. A niveles subatómicos un bit de información puede ser sí y no, apagado o encendido a la vez, el sistema binario se enfrenta a dificultades distintas- una señora le pregunta en ese momento al bibliotecario por un libro que sirva a una persona que no suele leer habitualmente, algo sencillo para su cerebro de verdulera que por cierto, grita su petición en lugar de hablar en el “modo biblioteca”- La incertidumbre en este mundo subatómico es lo que llamaríamos ruido. Entre el emisor y el receptor hay un grado de incerteza que dificultaría este tipo de información y que nos obliga a buscar soluciones para resolver el problema…- un tipo entrega cuatro DVDs y dice que tres de ellos están rayados y uno de ellos resulta que ni siquiera pertenece a esta biblioteca. Lo hace a gritos, por supuesto- …en el mundo cuántico, por tanto, debemos guiarnos más por la intuición. No sabemos todavía por qué las partículas subatómicas se comportan de otro modo y por otras leyes que en nuestro universo pero…- han llegado los adolescentes en horda. Me siento como en un zoológico dónde hubiesen abierto todas las jaulas- …en el mundo cuántico, por tanto, debemos guiarnos más por la intuición. No sabemos todavía por qué las partículas subatómicas se comportan de otro modo y por otras leyes que en nuestro universo pero…- He vuelto a leer el mismo fragmento de texto. ¡Aquí no hay quién se concentre!”

Creo que esta revista puede aportarme grandes momentos de lectura pero desde luego, no puede hacerlo en ese lugar. Es como intentar estudiar en una cueva dónde los Neandertales estén haciendo la gran fiesta del espíritu del oso. Supongo que me tendré que resignar a leer números atrasados y en préstamo. Pero las revistas sólo te las dejan llevar a casa una semana (si quieres ser honesto y cumplidor con las fechas de entrega y yo lo soy contra esa costumbre tan poco viril que tiene mi compañera de entregar según sus propias y muy tardías fechas de devolución de lo que en buena fe le han dejado).

En fin… Otra opción es buscar páginas por Internet con temas científicos. Pero no es lo mismo. La letra impresa es mejor y además me permite estar tumbado y con las piernas bien estiradas en el sofá. Espero que alguien se lo vuelva a pensar y “Conocer” tenga una nueva génesis. Las revistas de historia siguen vendiéndose en los quioscos (junto a las del corazón, los diarios, las de decoración de interiores, las de tuning…). Contra lo que ocurre en las universidades, los humanismos triunfan en el mundo del ocio. La ciencia en nuestro país no se consume todavía por placer. O para venderla hay que maquillarla con noticias sensacionales sobre lo bien que follaremos en el futuro, lo guapos que seremos o lo mucho que viviremos.

Si no fuese porque sus revistas están escritas en alemán, emigraría a Austria(ver “Bitte, wien”). Si sus calles son más silenciosas que las bibliotecas de aquí, sus ciencias habrán crecido más lozanas.

Bueno, a lo que iba, un minuto de silencio por “Conocer la ciencia” (si estáis en la biblioteca de Bellvitge os podéis conformar con un tiempo de Planck de silencio, es decir, la unidad de tiempo más pequeña que puede ser medida, no conseguiréis más).

Sin acritud lo digo.

1 comentario:

Ozymandias dijo...

El quiosco se muere de forma generalizada. No paro de ver cartelitos de "se traspasa". Del quiosco desapareció el tebeo por culpa de las librerias especializadas, el porno por culpa de intenet, el periódico por culpa de los periódicos gratuitos. O sea que vete acostumbrando. Es un milagro que visto lo visto, revistas como Historia y vida se sigan publicando. Por suerte el Hola sigue arrasando. Mierda de pais.
P.D.: Tú eres masoquista, reconocelo. ¿Para qué cojones sigues yendo a la biblioteca pudiendo estar en la comodidad de tu castillo? ¿Tu gusta rodearte de idiotas?...como hagas el chistecito fácil te corto los huevos...