18 octubre 2007

Seguridad

A esta quiero vigilarla yo


Hace unos años, durante unas exposiciones de la fundación “La caixa” dónde pude alternar las fotografías de Richard Avedon con la arquitectura moderna de Miers Van der Roe, en la sala de este último revienta-bellezas arquitectónicas(prefiero la arquitectura del siglo XIX y hacia atrás), una anécdota imborrable quedó registrada en el pasado que comparto con Luz. Un guarda de seguridad sentado en un taburete alto amenazaba o se amenazaba a sí mismo con caer al suelo. Se le cerraban los ojos y hablaba como para sí con un monólogo monótono y algo gangoso “me estoy durmiendo…”, “Qué sueño…” “Me voy a caer…” y frases tan inspiradas como las aquí anotadas. Pero sobre todo lo primero, “me estoy durmiendo”, a la vez que lo demostraba y se balanceaba peligrosamente sobre el abismo de ese alto taburete y provocaba las risas nerviosas de algunos visitantes que abandonaban la contemplación de la arquitectura de Van der Roe y se alejaban de esa zona dónde un tipo que debía estar por la seguridad(de las obras o de los visitantes o de algo pero de la seguridad al fin) no se podía asegurar ni a sí mismo. Un hombre al borde de un taburete y al filo de un batacazo y al límite de un despido. Nada excepcional. De vez en cuando, Luz y yo recordamos su frase “me estoy durmiendo” entre risas.

Pero a lo largo del tiempo mi trabajo me ha hecho entrar en contacto con otros guardas de seguridad. De hecho, yo ya conocía el gremio por haber trabajado doce horas seguidas de mi existencia en él durante una noche(pero esa es otra historia).

A lo largo de los años he tenido que compartir algunas charlas intrascendentes con esos personajillos que se me acercan aburridos y cansados de sus excesivas horas de acecho y me vienen a contar algo más sobre ellos. Yo intento montar el rompecabezas de su psique. Saber cómo son, elucidar si realmente son de una especie diferente a la de las personas que nos movemos en otros trabajos(por más que a ciertas horas de la noche yo también vigilo por el vestíbulo de mi cine tras un día de acomodar, romper entradas, etc.). Pero ellos son diferentes. Algo los hace únicos. Es la sensación de que en el fondo son unos parias. Pocos de ellos se salvan. Inevitablemente, todos comparten el hecho de que no queremos pasar mucho rato hablando con ellos. Algo se ha roto en su interior. Si no eran así antes de entrar en el trabajo, el trabajo les termina por doblegar el carisma. Como en la “Invasión de los ultracuerpos” parecen haber sido replicados por plantas de fuera de este mundo que les han robado el alma y sobre todo la capacidad para crecer como individuos, para razonar, y puede que todavía peor, les han convertido en seres tremendamente involucionados. No se conforman con vegetar. Algo de primitivismo les hace más terrible su situación que la de la película. ¡Lo he visto con mis propios ojos! O me han contado lo que no he visto. Unos disfrutando con la tortura gastronómica, muertos de risa porque le llenaban de ketchup, picante, y un largo etc el helado a un compañero especialmente primitivo que de todos modos se tragaba esa basura, me han explicado cómo uno jugaba con el portón automático del cine a detenerlo con la cabeza y casi lo destroza, les escucho fanfarronear sobre lo mal que hacen su trabajo y lo bien que saben escaquearse, o fanfarronear sobre si a veces se les va la mano con algún golfillo, les veo aparecer con una casi unánime gran barriga, les vuelvo a escuchar decir que si los restaurantes o el cine se portan bien con ellos y les regalan alimento ellos corren más rápido si surge un problema(¿Y cómo pueden correr con esos barrigones?), les veo devorar palomitas de todo tipo y hacer ostentación de cualquier estupidez o chiquillada que se les pase por la cabeza como que piratean más y mejor que nadie, que hacen más horas que cualquiera pero que también las hacen peor que nadie, que saben mejor que nadie dónde se fuma fuera de cámara además de informarnos dónde podemos golpear nosotros a los golfillos también sin que nos vigilen las cámaras, no les importa que conozcamos los puntos ciegos del cine ni que seamos ladrones en potencia… Da igual. Esos simpáticos pelmazos son diferentes. Esa es la conclusión a la que quiero llegar. Y si siempre hay alguno que me sorprende como aquel que tenía el vicio de la literatura o el otro con el que puedo hablar más de cinco minutos sin que me salgan sarpullidos(y me reporta beneficios bajados de internet), lo cierto es que la sensación general es desalentadora. Los guardias de seguridad están muy mal pagados. Es por eso que sólo contratan a los desesperados. Y los desesperados no inspiran mucha seguridad ni confianza. Cualquier retardado puede ejercer la profesión de guardar. Si existe un examen de selección debe ser del tipo “¿Estas sin un puto duro y necesitas trabajar en lo que sea o atracarás un banco?”. Si marcas un sí en la casilla ya eres guardia de seguridad.

Ya sólo necesitamos que surjan agencias especializadas en guardarnos de los que nos guardan. Pero a estos, por favor, páguenles mejor…

3 comentarios:

Shoori dijo...

Tio, esta semana me he ido de "señoritas de compañia xD" y bufff mucho mejor que con la primera. Fue bastante bien la cosa =) si quieres mas detalles tenemos que quedar la semana que viene para ir al japo! Y por fa, no comentes nada de esto en mi blog que lo lee gente de mi cine....

Houellebecq dijo...

Bueno, pero de mi cine sí que lo lee gente. Espero que te dé igual. De momento no tengo horarios. Como siempre, el Domingo los dan.

Shoori dijo...

Tranqui, que me da igual hace un siglo que no me paso por alli. Pues si eso, el lunes te mando un sms y ya me dices algo, que yo la semana que viene tengo vacaciones....