14 noviembre 2007

El tamaño de mis posesiones


A esta también le gusta mucho leer



Mi biblioteca es enorme porque está viva. No me preocupa tanto lo que ocupa como lo que puede llegar a ocupar. Su crecimiento, además, es exponencial. Con los años compro más, me interesan más tebeos, libros y revistas que hace años. Creo que trabajo para la letra impresa. Ya no sé si soy un lector o una publicación más de las que se acumulan y apiñan en mi habitación.

Hace poco decidí poner un poco de orden en ese jardín. Así que a podar(tirar aquello que nunca leeré otra vez porque fue un error leerlo una vez). También comprar una de esas cajas de plástico como tupperwares con ruedas de los chinos que aprovechan muy bien espacios desperdiciados como el vacío entre las cuatro patas de una cama, el espacio entre un armario y el techo… O quizás, aunque de momento Nérida no me deja, algunos otros rincones menos estéticos como bajo el armario del televisor(hay un tentador hueco ahí), el lavadero dónde hay cosas tan inútiles como una lavadora o un calentador de agua o colocarlas a la vista, en la habitación que según la leyenda pertenece a mi amigo Ozymandias(él dijo que le reservásemos un cuarto cuando compramos la casa, imagino que para emergencias como que le persiga la policía o se le hunda el piso o tenga los mismos problemas de espacio que yo). Esos tupperwares gigantes son deliciosos. Saben guardar herméticamente y con tapa muchos trastos. Los vi por primera vez en casa de mi hermana y yo, culo veo culo quiero, no he tardado en pensar el beneficio que me podrían reportar a mí. Puede que más adelante compre una cama más grande para ocultar más metros cuadrados de “literatura invisible”. Ahora duermen con Nérida y conmigo algunas colecciones recientemente leídas de comics DC, medio metro de la revista “Historia y vida” y otro medio metro de revistas de salud y autoayuda de ella, algunos libros en el purgatorio(no sé si acabarán en el contenedor o regresarán a la biblioteca y están a la espera de mi juicio final), casetes que ya no se usan desplazadas por las nuevas tecnologías, algunos muñecos pequeños que mi sobrina suele querer tragarse cuando viene a casa, colecciones de la biblioteca excelsior de Marvel…

Es agradable limpiar la habitación y ordenarla. En verano se suda más pero al final es como redimirte de algo. Psicológicamente es como un borrón y cuenta nueva por más que el leve mal de Diógenes te impide deshacerte de todo. Sigo acumulando cientos de papel de los que nunca querré deshacerme. Nunca sabes cuando te puede hacer falta. Pero de todos modos sientes que has hecho algo productivo. Y también que debería pensar más antes de comprar.

Cuando termino con esa limpieza me siento y pienso que me gustaría que el destino fuera real y tuviera poderes. Que ese destino hiciera desaparecer todo aquello que no volveré a visitar en el futuro. Que los libros y los tebeos y las revistas que nunca volveré a desear releer desaparecieran de la estantería.

Pero qué escalofriante sería descubrir que el destino te vaciase casi toda la biblioteca y sólo te dejase uno o dos comics.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola estoy creando un periódico digital y me gustaría que colaborases conmigo.
Agrégame a Messenger y hablamos.
Un saludo. Jose Guillermo. Lonuestro27@hotmail.com

Houellebecq dijo...

Ya te he agregado. Dime a qué horas sueles conectarte.

Truman C. dijo...

El hacedor de blasfemias, jaja. Y ese autor Houellebecq es genial, aunque Bukowski es mejor.

Saludos.

Truman C. dijo...

El hacedor de blasfemias, jaja. Y ese autor Houellebecq es genial, aunque Bukowski es mejor.

Saludos.