03 julio 2008

Aviones

Me gustaría volar así no en avión.



“El infierno, del que se habla poco en este tiempo, existe y es eterno” Benedicto XVI


El avión a Praga salió sin retrasos. Los aeropuertos están concurridos pero sin excesos. La crisis es algo real. La gente tiene vacaciones pero no tiene dinero para ir demasiado lejos. Ni siquiera con ofertas. Imagino que muchos de los que me rodeaban viajaban a crédito e intentando olvidar lo que les cobrarían de intereses a la vuelta. Ya no se vende el alma al diablo pero se la puedes hipotecar al banco.

Una vez en el avión intenté concentrarme en una revista de historia que me prestó mi cuñado, en un libro de una berlinesa que saqué de la biblioteca y que a las dos páginas se me cayó de las manos por aburrido, en la revista bilingüe del avión cargada de noticias que más parecen publicidad de empresas, en el menú ultracaro de la carta o el dossier informativo sobre Praga que había sacado de Internet. Eran mis desesperados intentos por olvidar que viajaba sobre inmensos depósitos de combustible altamente inflamable. También por no recordar mi temor casi medieval al hecho de que no es normal que algo tan pesado como un avión vuele. O que te lleve intacto de un lado a otro.

La revista de historia hizo muy bien su trabajo. Las últimas declaraciones del papa sobre que existe el infierno daban motivo a un repaso por todos los infiernos de la cultura occidental que me alejaron brevemente de la realidad. Disfruté mucho ese artículo. Eso fue hasta que se oyó decir desde la cabina del avión: “Avisamos a los pasajeros que vamos a pasar por una zona de turbulencias, manténganse sentados en sus asientos y con el cinturón abrochado” La fiesta empezaba. Después de una hora de relativa tranquilidad y de mirar de reojo el ala del avión por si algún motor estaba ardiendo o el ala se rompía por un lado o aparecían demonios verdes en la ventanilla, el verdadero horror podía comenzar. Hasta ahora sólo lo había imaginado. Pero las turbulencias eran algo real. Por lo que sé las hay leves, menos leves, graves, enormemente horribles. Se producen por cambios de presión en la atmósfera, porque hay aviones a reacción cerca y por otros temas que no me importan. Lo que me importa es que esas corrientes de aire invisible se pueden presentar sin que las esperes y darte el susto del año. Si te dan miedo los aviones tienes un motivo extra para pasarlo mal pensando en las turbulencias. Hay turbulencias extremas que incluso pueden causar daño estructural en el avión. Aunque las muertes que se han producido en avión normalmente han sido por culpa de pasajeros que no llevaban el cinturón puesto. Cuando el movimiento empieza los objetos se pueden ver desplazados de un lado a otro igual que en Poltergeist. Si ves que la azafata vuela con su carrito por los aires estás en una turbulencia extrema. Es un buen momento para empezar a creer en dios si eres ateo. No te salvará del desastre pero si crees en él por lo menos te sentirás aliviado.

Yo empecé a sentir el característico temblor. La gente comenzó a gritar a mi alrededor. Yo no, yo intentaba leer mi revista de historia. Desgraciadamente mi revista de historia se movía mucho y las letras se movían todavía más. Apenas podía ver mejor las fotografías sobre pinturas del infierno. Paradójicamente, el infierno para mí está en los cielos.

A través de la ventanilla veía pasar las malditas nubes cargadas con sus asquerosas corrientes de aire invisible como martillos pilones sobre el fuselaje de nuestro avioncito. No duraron demasiado tiempo pero se hicieron eternas. Una de ellas nos hizo sentir casi como en un ascensor que baja o sube demasiado rápido y lo notas en el vientre. Pero en los ascensores no estas sobre 11000 metros de caída en picado.

Cerca de mí una mujer gritaba escandalosamente para evitar que los demás nos tranquilizásemos algo. Su marido se reía para quitarle importancia pero su risa era bastante nerviosa y falsa. No hace falta ser muy hombre y no tener miedo pero sí por lo menos aparentarlo. El tipo, de un modo muy heroico disimulaba su propia turbación bromeando con el tema. Se reía mucho y descontroladamente. Me hubiese gustado que le contase un chiste en voz alta y así nos reíamos todos.

Pero todo llega y todo pasa. La muerte no me esperaba ese día. Tal vez en el próximo avión de regreso. Al menos aprovecharía los buenos euros que me había costado la excursión. Las turbulencias se fueron a molestar a otros que vinieran detrás. La fiesta de gritos y carcajadas de histeria cesó. Yo pude regresar a mi revista como si no hubiese pasado nada aunque leyéndome tres veces el mismo párrafo para entender lo que decía. Cualquiera que me hubiera visto desde fuera no hubiese notado nada. El más impertérrito de todos, el más tranquilo en apariencia. De no ser porque me pasé diez minutos buscando una religión o un dios que me pudieran ayudar en esas circunstancias ya podría decir que he superado el miedo a los aviones. Pero es que no me gusta esa sensación de impotencia que da estar en un lugar del que no hay escapatoria. Si pasa algo no hay muchas posibilidades de salir vivo de allí. Y tengo que poner toda mi fe en un aparato(falible) y en un piloto(más falible todavía) y en el hecho de que no haya turbulencias que me arranquen del cinturón en el que estoy agarrado. Demasiada fe para tan poco creyente.

Cuando el avión aterrizó la gente aplaudió. Me pareció un poco cursi. Yo no aplaudí. Se supone que es el trabajo de un piloto es llevarte sano y salvo a tierra. Si empezamos a aplaudirle puede parecerle una opción optativa (el aplauso es para lo que se sale de lo común para lo que es mejor de lo esperado). Un día puede decir “bueno, estoy un poco agobiado, paso de aterrizar bien, total, puedo prescindir de unos cuantos aplausos” y mandarte de cabeza al infierno. Porque en eso tiene razón el papa Benedicto XVI. El infierno existe si bien es cierto que para mí no es tan eterno. Dura exactamente los minutos que duran las turbulencias aéreas. Si me apuran lo que dura un viaje en avión.

Por suerte también hay paraíso: el de los aplausos de los horteras al tomar tierra.

6 comentarios:

LaLongoria dijo...

Muy buenas houelle,la curiosidad me ha traído desde el blog de Hugo.Como buena curiosa he ido directa al perfil, Y si te gusta Bowie tenía que leerte.Wild is the wind y las turbulencias.
Para mí el infierno no está en la turbulencia,ésta con suerte acaba contigo y así dejas de sufrir por el tamaño de los asientos de los aviones.
El verdadero infierno del avión son sus asientos, sin duda.
un saludo

Loveclois dijo...

Me gusta ver que el pánico a la incompetencia de los pilotos es compartida...la verdadera proeza es volar y salir vivo de la aventura.

saludos .... me ha gustado mucho tu estilo.

Houellebecq dijo...

El tamaño de los asientos de los aviones es bastante lamentable, sí, Lalongoria. Supongo que deben hacerlos así pensando que el miedo te encoge bastante. Y eso de Bowie, je,je, qué curioso que sólo me encuentre admiradores de Bowie entre la gente que no conozco ni me conoce. Y más a estas alturas, después de casi cinco años sin disco nuevo de estudio desde el New killer Star que ahora escucho.

Houellebecq dijo...

Bueno, dónde antes decía "New killer star" quería decir "Reality" que es el Cd y no el single.
Por cierto, loveclois, el pánico a los aviones está más estendido de lo que pensaba. Creo que sólo disfruta volando la gente que no piensa o que cuando lo hace sólo se ven en su mente once tíos jugando a futbol o programas del corazón de media tarde (incluso alguno de estos se ha visto con miedo a los aviones). Cuanto más sabes peor vives, está demostrado. Quita combustible, turbulencias y comida de avión de mi cerebro y subiré más contento que unas castañuelas a uno de esos aparatos.

pierrot dijo...

El dia que me subí a un avión..., yo ya pensaba que de ahí no salía, estaba al lado de la ventanilla, y el avión empezo a moverse, como a tambalearse, yo observaba a la gente que tenia a mi alrededor y bien tranquilos que estaban, durmiendo, leyendo y que mas se puede hacer en un avión..., yo estaba asustada, y pensando, nos vamos a estrellar!, pero intentaba mantene la calma, supongo que las personas que le tienen panico a los aviones, a las alturas se asustan mas de la cuenta, y se montan unas historias de pelicula, y eso lo digo por mi.Pero espero que hayas superado ese pequeño miedo, te felicito, yo lo hubiera pasado peor, no podria estar leyendo, y no podria ser discreta, solo intentaría relajarme y empezar a creer en algún dios, no soy creyente, pero en estos casos, casi todos camviamos de idea.

Houellebecq dijo...

No estoy seguro de que sea un miedo que se supera por completo. Creo que se puede mantener a raya si viajas muy a menudo. Siempre y cuando sea un leve miedo y no una fobia verdadera. Al parecer, una buena parte de la gente comparte ese leve miedo.