30 junio 2009

Sin estupidez no hay felicidad


Estos, aunque están muertos, viven muy bien. Ni sufren ni padecen.


Sísifo. Un mito griego. Zeus le hace subir cada día una piedra por una montaña. Al final del día la piedra cae ladera abajo y vuelta a empezar. No se indica si alguien amenaza a Sísifo pinchándole el culo con una bayoneta para que se pase el día al sol haciendo rodar una bola de piedra como si de un escarabajo se tratase. El caso es que Albert Camus se sintió atraído por este mito para definir su concepción de la existencia. Nos da alguna idea de cómo debemos encarar la vida.

El momento en que Sísifo sube la piedra representa la acción sin reflexión. Cuando llega el final del día y la piedra cae, llega el descanso, el ser consciente de lo que está pasando y de la propia condición… Según Camus, Sísifo es más infeliz en ese momento de lucidez que cuando empuja y suda y sube hacia arriba con todo ese tonelaje redondo.

Parece que sólo pensar asesina el alma.

Algo así pensé yo cuando cerré “El árbol de la ciencia” de Pío Baroja. Aquel que prueba de la manzana de ese árbol, todo aquel que quiere coquetear con un conocimiento digamos superior, acaba castigado por dioses paganos u ortodoxos. A Prometeo le comen el hígado a diario por darles el fuego a los hombres, Pandora desata todos los males sobre la tierra por ser curiosa y abrir una caja, Adán y Eva pierden el paraíso por robar la manzana del mencionado árbol… Desde hace milenios ya se nos avisa que lo de ser empollones pasa factura y que la ciencia es fuente de todo mal. Cuanto más sabes más infeliz eres.

El actor Gary Cooper recomendaba para una vida feliz trabajar todo el día y llegar tan cansado a casa que no pudieras hacer otra cosa que dormir. Todo un precursor de Camus. Si bien Gary Cooper tenía un trabajo más estimulante que el de cualquiera.

Hace poco, observando el pequeño microcosmos de miseria intelectual en el que me muevo, lo pensé. Jóvenes idiotas pendientes de si el encargado ha dejado salir antes o después a otro compañero, otros enfrentados por si el uno trabaja más que el otro, otros por si aquel se cree más o menos que nadie… En fin. Rencillas de patio de colegio.

Y en el despacho, el verdadero problema, el revanchista hijo de puta que los divide a todos, muerto de risa. Debido a sus carencias como líder ha seleccionado un equipo de retrasados que secunden sin problemas su tiranía de serie Z. Pero como decía, les observaba. Y mientras me distraía con toda esta colección de formas de la ignorancia sin más aspiraciones en la vida que vivir criticando los próximos cinco minutos, vi la clave de la felicidad. Ellos tienen la verdad. No se pierden en el pensamiento, se pierden en la acción, como Sísifo. Nunca desesperan porque sin reflexión no hay depresión. Viven en el momento y todo es importante para ellos (saber si una compañera limpia o barre mejor la barra de las palomitas es asunto de estado). Y yo soy el equivocado.

¡Cuantos ansiolíticos me ahorraría si pudiera convertirme en un zombi de ese tipo!

Sísifo. Un mito griego. Zeus le hace subir cada día una piedra por una montaña. Al final del día la piedra cae ladera abajo y vuelta a empezar. No se indica si alguien amenaza a Sísifo pinchándole el culo con una bayoneta para que se pase el día al sol haciendo rodar una bola de piedra como si de un escarabajo se tratase. El caso es que Albert Camus se sintió atraído por este mito para definir su concepción de la existencia. Nos da alguna idea de cómo debemos encarar la vida.

El momento en que Sísifo sube la piedra representa la acción sin reflexión. Cuando llega el final del día y la piedra cae, llega el descanso, el ser consciente de lo que está pasando y de la propia condición… Según Camus, Sísifo es más infeliz en ese momento de lucidez que cuando empuja y suda y sube hacia arriba con todo ese tonelaje redondo.

Parece que sólo pensar asesina el alma.

Algo así pensé yo cuando cerré “El árbol de la ciencia” de Pío Baroja. Aquel que prueba de la manzana de ese árbol, todo aquel que quiere coquetear con un conocimiento digamos superior, acaba castigado por dioses paganos u ortodoxos. A Prometeo le comen el hígado a diario por darles el fuego a los hombres, Pandora desata todos los males sobre la tierra por ser curiosa y abrir una caja, Adán y Eva pierden el paraíso por robar la manzana del mencionado árbol… Desde hace milenios ya se nos avisa que lo de ser empollones pasa factura y que la ciencia es fuente de todo mal. Cuanto más sabes más infeliz eres.

El actor Gary Cooper recomendaba para una vida feliz trabajar todo el día y llegar tan cansado a casa que no pudieras hacer otra cosa que dormir. Todo un precursor de Camus. Si bien Gary Cooper tenía un trabajo más estimulante que el de cualquiera.

Hace poco, observando el pequeño microcosmos de miseria intelectual en el que me muevo, lo pensé. Jóvenes idiotas pendientes de si el encargado ha dejado salir antes o después a otro compañero, otros enfrentados por si el uno trabaja más que el otro, otros por si aquel se cree más o menos que nadie… En fin. Rencillas de patio de colegio.

Y en el despacho, el verdadero problema, el revanchista hijo de puta que los divide a todos, muerto de risa. Debido a sus carencias como líder ha seleccionado un equipo de retrasados que secunden sin problemas su tiranía de serie Z. Pero como decía, les observaba. Y mientras me distraía con toda esta colección de formas de la ignorancia sin más aspiraciones en la vida que vivir criticando los próximos cinco minutos, vi la clave de la felicidad. Ellos tienen la verdad. No se pierden en el pensamiento, se pierden en la acción, como Sísifo. Nunca desesperan porque sin reflexión no hay depresión. Viven en el momento y todo es importante para ellos (saber si una compañera limpia o barre mejor la barra de las palomitas es asunto de estado). Y yo soy el equivocado.

¡Cuantos ansiolíticos me ahorraría si pudiera convertirme en un zombi de ese tipo!

3 comentarios:

Awixumayita dijo...

Lo triste es que ni los estúpidos de tu oficina son felices...

Neuroscopetrix dijo...

Lo peor es actuar como Sísifo pero además reflexionando mientras subimos la piedra. Tortura psicológica.
Así que el que dirige vuestro cotarro es el mismísimo Zeus.
Saludos.

loveclois dijo...

Interesante analogia .... no te contare nada más, cuando este estresada ja,ja ( eso te va alegrar no? : ) .