04 junio 2011

Le dí la mano a un escritor que he leído bastante

De lo que representa encontrarse en persona con tus ídolos literarios y de su decepción dejé constancia hace tiempo, cuando expliqué la anécdota de cuando fui a ver a Michel Houellebecq hace años y no me coincidió la persona imaginada con el escritor que me encontré. Es por eso que el día de Sant Jordi en Barcelona o la actual feria del libro cuando paso por Madrid ya no me estimulan tanto. Hay escritores, sí, pero el placer no está en esos señores agachados en el mejor de los casos sobre el libro de un admirador y firmando o en el peor de los casos en los escritores que solo están de relleno, con cara de circunstancia y sin fans a la vista, aportando más tristeza al evento que amplitud, los escritores en segundo plano que a lo mejor son de primera pero no se les ve cuando hay presentadores de televisión o gentucilla de la prensa rosa dejando su nombre en un libro que no han escrito ellos. Yo encuentro el placer en las páginas que han escrito no en las que han firmado.
Deberían prohibir a las editoriales llevar autores engañados a los que dicen que habrá mucha gente esperando para firmarles sólo por mostrar una caseta abultada y luego mostrar el triste espectáculo de un escritor mediático llevándose las miradas, las firmas y la atención de todo el mundo mientras varios escritores solitarios y avergonzados que hablan entre ellos para no aburrirse (escritores que suelen ser de verdad y a veces buenos pero sin cobertura televisiva desconocidos para la masa, invisibles y vulnerables) les parecen hacer de escolta y parecen subrayar más el éxito de lo televisivo con el fracaso de lo literario. El éxito es más notorio si le pones perdedores cerca para contrastar.
Pero el pasado Sant Jordi Enrique Vila Matas al que ya he mencionado algunas veces por aquí firmaba y yo tenía ya comprado el libro (y leído, este año firmaba lo mismo que el año pasado). Decidí pedir por mí mismo una firma. Normalmente nunca lo he hecho. Siempre he enviado a otros a que pidan la firma por mí (ver el post dedicado a Luis María Panero en Madrid). Ni le doy importancia a esas firmas ni a la foto con el escritor. Ya lo he dicho más arriba, el placer verdadero está en el libro. El libro siempre es mejor que su escritor. La literatura es algo premeditado y esforzado. El escritor es como tú y como yo y a veces incluso peor.
Pero Vila Matas es tímido, asegura en un artículo que comenzó a dar conferencias con ansiolíticos. Eso me alentó a pedirle la firma. Quería comprobar cuál de las dos timideces pesaba más , la suya o la mía(mi timidez va a rachas, en estado de rabia y furia se evapora, solo funciona cuando estoy tranquilo y me sirve para parecer más educado de lo que soy).
Vi que la persona que tenía delante se acercaba con gran intimidad al escritor y este le respondía afable a lo que fuera que le dijera y hasta se dejaba hacer fotografías con una media sonrisa.
Cuando me llegó el turno todo fue breve. Le dije mi nombre y él me pidió que lo repitiera. Yo lo había dicho en un buen tono de voz pero supongo que había mucho ruido alrededor. A su lado estaba el exitoso Javier Marías dejándose la muñeca y refutando lo que he dicho sobre el fracaso de la literatura(el mismo Vila Matas en Barcelona tiene bastantes más seguidores de los que suele tener cualquier otro escritor de los llamados de culto).
Y allí lo tenía, Vila Matas dibujándome un señor con su sombrerito y su firma y mi nombre en la primera página en blanco de “Dublinesca” (página amañada por mí dónde añadí números en lápiz a los que ya había, un 19 y un 10 en una fracción que mostraba que lo había comprado saldado en el Mercado de San Antonio dónde consigo ahorrarme por motivos que desconozco hasta nueve euros por libros recién salidos de imprenta, le cambié la fracción para que no percibiera el escritor que le compro de saldo y además le pido una firma).
Me animé a charlar con él y le dije que siempre que estoy leyendo a un escritor este aparece como conjurado en alguna feria del libro a la que voy, me pasó con Panero. Él me hizo como una media sonrisa asustada y asintió casi dando paso al siguiente. Nos dimos la mano y adiós.
Al principio pensé que le había molestado con algo pero luego recordé el modo en que se acercaba el anterior lector, el hecho de que yo había tenido que repetirle mi nombre, el gesto que hizo en cierta presentación de no oír bien. Creo que actuó como una persona a la que le dices algo, no te oye bien pero por timidez hace ver que sí.
Podría optar por decepcionarme del escritor pero esta vez la culpa era mía. En realidad la culpa siempre es del que se decepciona. El que decepciona no está obligado a nada. Es el decepcionado el que tiene expectativas y se monta sus engaños, el que desconociendo todavía se cree con el derecho de pedirle algo al que decepciona pero se equivoca.
El que espera más de la cuenta se merece que lo dejen plantado.
Yo a los escritores los voy a seguir leyendo.
Dejaré las ferias para los vanidosos, los fetichistas de las fotos y las firmas y para los alegres receptores de pisotones.
El día del libro y similares parecen ser cada día más para los que nunca leen pero ven mucha televisión, para los que compran el objeto pero no lo van a usar.
Yo le di la mano a ese escritor y me la he lavado muchas veces. Como admirador no soy gran cosa.

19 comentarios:

Ximo Segarra "ACAPU" dijo...

Es así, cuando hay decepción el problema es del decepcionado... Yo no soy mitómano, no me gusta poner a nadie en un pedestal, pero reconozco que tengo mis "artistas preferid@s" y prefiero no arriesgarme y no cruzar el umbral de la relación que se establece a través de la obra, que al fin y al cabo, como tú dices, es lo que de verdad importa.
Eso sí, tengo una anécdota que siempre guardaré con cariño relacionada con Saramago, cuando me atreví a enviarle un fanzine que yo editaba donde salían citas suyas junto a dibujos míos. En la carta le decía que confiaba en no haberle molestado por publicar fragmentos de sus obras sin haberle pedido permiso. Al cabo de una semanas me llamó su secretaria diciéndome que al señor Saramago "no le ha molestado, sino que le agradece la publicación", o algo así, no recuerdo bien porque yo no podía creer que me estuviera llamando alguien de parte de Saramago y no supe ni qué decir... en fin, no volví a tener ningún contacto pero son detalles que se quedan ahí adentro.
Salud.

Mario dijo...

Como admirador tampoco soy gran cosa. No suelo acudir a las grandes ferias de libros, cuando me dejo caer por alguna, casi no compro, y lo que menos hago es pedir autógrafos. Admiro a quien cumple con esas expectativas; quien llega, quien admira, quien compra y quien pide autógrafos a diestro y siniestros escritores que no levantan la cabeza del olvido.

Eso sí, me declaro seguidor tuyo. Buen admirador. Y cada vez que llego hasta aquí, la cotidianidad de tu dicción, tus literaturiedades del día a día, son los puntos que necesitan mis íes.

Y tus comentarios, o la reciprocidad de los mismos, conforman la mejor de las dedicatorias.

Ha sido un placer, hoy como siempre, peregrinar hasta
tu stand...

Un abrazo, dedicado.

Mario

Pilar dijo...

Compartimos la idea de que al autor hay que asmirarlo por lo que escribe, no estamos hechos para el fetichismo (literario)me temo.

Houellebecq dijo...

Acapu, lo de Saramago es más de lo que suelen hacer normalmente los grandes escritores. Yo tenía una carta de Vargas Llosa de antes de ser Nobel que seguramente estaba escrita por su secretaria pero que me hizo mucha ilusión. Fui a saludarle en "El corte inglés" dónde estaba solo o con poca gente y mi pareja le preguntó que si podía enviarle un libro mío a algún sitio. El nos dio su dirección y al escribirle nos respondió con esa carta en la que nos decía el departamento dónde podía enviar mis originales. No llegué a hacerlo porque igual se lo podía haber enviado a cualquiera, solo era una dirección editorial pero esos detalles te gustan. Algunos grandes se esfuerzan algo en no decepcionar. No entraremos en motivaciones pero es que algunos dan la sensación de ser grandes de verdad, en persona y en libro.

Houellebecq dijo...

Mario, me imagino que si admiras escritores (y yo, a pesar de todo sigo haciéndolo, es evidente) es cuando les leemos y disfrutamos con la frase o la metáfora o el estado de gracia de sus letras y entonces sí, admiramos de una forma anónima pero no por ello menos intensa. Muchos de los escritores agradecen admiradores como nosotros. El mismo Vila-Matas dice que el éxito es como una leve incomodidad que sólo sirve para que le paren cuando va a comprar el pan y le digan lo bueno que es su último libro. Supongo que lo dice con humor porque en el fondo a nadie le debe amargar que le lean con placer pero si todos fuésemos fanáticos caza-firmas los autores no escribirían. Escribir requiere cierto gusto por la soledad. Aunque sea de vez en cuando.

VANESSA dijo...

Tienes razón, a mí por eso me gusta leer a veces libros que seguramente ha leído muy poca gente, y como no he escuchado antes hablar de ellos pues me sorprenden y me dejan un bonito recuerdo de alguna historia.
No creo que seas tan malo como admirador, por ejemplo tus comentarios en mi blog me alegran.
Besoss!

Angéline dijo...

A mí me maravilla que mucha gente separe al escritor de la persona y me encantaría hacerlo pero a veces no puedo. Este año ha sido el primero de ocho que no he ido a la feria del libro de Madrid y en esos otros he visto de todo, tengo recuerdos variados, algunos muy buenos y otros francamente decepcionantes. No puedo sentir admiración por un escritor que en persona es un imbécil, un divo maleducado o un tipo impaciente que no está a gusto frente a sus lectores y les muestra su cara más desagradable y sólo le falta gritar ¡El siguiente!, cuando firma. Así que no querría tener delante jamás a John Banville ni al resto de mis referentes, porque por una mala experiencia de ese estilo no vuelvo a leerlos en la vida. Además de escritores, por mucho que me guste su estilo, para mí son personas, no reyezuelos, ni les concedo ninguna categoría especial que no tenga cualquier otro ser humano. Su valía se la ganan con su trabajo, que la pierdan con su personalidad no es tan extraño, le puede pasar a cualquiera, que pienses que es de una forma y te demuestre que realmente es de otra y no quieras saber nada de él. Hay tanto por leer y tantos libros editados interesantes a los que no llegaré jamás por falta de tiempo en una sola vida, tantos autores todavía por descubrir, que la verdad, no siento dejar de leer a quien no lo merece, si se da el caso. Un saludo, Houellebecq, una foto muy interesante.

maloles dijo...

Supongo que I'm back. O algo así.
¿todo bien? Lo creas o no me informo periódicamente de tus novedades bloggeras y sé que estas por Lorca.
Bueno, estoy de exámenes y no debería estar aquí, de ahí que se haga más interesante todavía. jajaja

Un beso

Houellebecq dijo...

No, no, maloles, sigue con tus exámenes. Todo bien. Ya nos vemos por aquí o por allí, que ya estás de vuelta.

Houellebecq dijo...

Pues no estoy seguro pero a Banville sí que es posible verle por estos pagos así que cuidado.O no. Yo he seguido leyendo a Michel Houellebecq con los años y en persona... Bueno, es difícil definirle, tampoco es que le hiciera un feo a nadie pero daba la apariencia de estar mal de la cabeza. Claro que eso es lo que me gusta de sus libros. Es lo que decía hace tiempo. Que ciertos personajes sobre el papel o en la ficción son simpáticos pero en la realidad y en interacción con nosotros no. Esto lo digo porque... ¿Les seguiría leyendo si tuviera una mala experiencia con ellos? Creo que sí. Pero la mayoría solo se ríe de su s fans a sus espaldas. No son tan tontos como para perder su fuente de ingresos. ¿O sí? Lo más parecido a eso, a ser desagradable con los seguidores que me he encontrado es Panero pero es a otro al que se le disculpa con la locura.
Y la fotografía no sé, suponmgo que una persona observadora verá mucho datos ahí.

neko dijo...

Me parece curioso el estado de decepción, porque normalmente es causado por las espectativas que uno mismo pone en cada situación. Tendemos a creer que la persona que escribe algo que leemos o que vemos por la televisión hasta casi considerarlo conocido es especial, y muchas veces no tiene por qué ser así. Todos y nadie somos especiales.

No sería mas fácil hacer las cosas sin esperar nada? conocer a las personas sin tener prefijada una sombra para ellos?

Muchas veces las letras dicen tanto que dificilmente pueden alcanzar el nivel de la propia persona, y que es mejor, la imagen de nuestra mente o la realidad?

Ninguno tiene culpa de nada mas que de ser humanos. Así somos...

Houellebecq dijo...

La admiración parece una especie de prejuicio pero al revés. Tenemos el prejuicio de que alguien es perfecto sólo porque nos ha hecho admirarle en cierto momento pero no tenemos el global de miserias y aciertos que supone un ser humano.
No, no podemos evitarlo. No estamos preparados para juzgar el mundo sin una opinión preconcebida. Podemos intentarlo si nos esforzamos y nos concentramos pero normalmente no es así, siempre lo miramos todo a través de una idea previa.

Annie dijo...

Hou te cuento que yo nunca he pedido un autógrafo, no sé, no me sale...
Sólo una vez le pedí a un arquero de la selección de fútbol de mi país (Oscar Córdoba) hacerle una foto con mi hijo cuando estaba pequeño y eso porque coincidimos en el mismo hotel y después de ver que todo el mundo se le acercaba y él era muy amable. Esas cosas me dan corte.

En las ferias de libros como soy tan despistada ni me entero quien es quien y como te digo, al darme vergüenza el pedir autógrafos, pues ni modo, no tengo el placer o la decepción de esa experiencia. Me limito a disfrutar los libros y ya está, disfruto la lectura como antaño, sin necesidad de que los autores tuvieran que ser mediáticos.

Besos mágicos y feliz fin de semana

Houellebecq dijo...

Pues tu experiencia se acerca bastante a la mía. Creo que este es el primero que pido en persona. Todo lo demás me lo fueron a pedir y luego no le encontré la gracia al papel pintarrajeado con garabatos rápidos. Supongo que a partir de cierto momento empezamos a perder ídolos o los mantenemos sin perder de vista que son personas. Cosas de la madurez.

arguellesacero dijo...

Yo lo que quiero es que tú me firmes una novela de zombies.
Las ferias, ya no es que me decepcionen, es que me acojonan.

arguellesacero dijo...

Se me olvidó añadir qué gusto volver a tenerte aquí Houlle.

Houellebecq dijo...

Te acuerdas de mi novela de zombies. Y ahí sigue. Me cuesta mucho porque cuando leo fantasía puedo suspender la credulidad pero no cuando la escribo. Se me da mejor (o eso creo) la novela sin elementos fantásticos. Y en eso estoy. Absorbido con una novela en la que le doy vueltas a la estructura y en la que espero que me entienda alguien más que yo mismo. Y si hubiese libro de zombies o de lo que fuera por firmarte sería el mismo que antes te hubiese regalado. El gusto de que no lo hayas dejado (en tu temporada más larga y sin interrupciones) es mío. Cruzo los dedos.

rafarrojas dijo...

Dos cosas: 1. de vila matas sæolo he leido un libro, Dietario voluble, y me parecio propio de alguien ingenioso, un poco afectado (me sobra el name-dropping intelectual, prefiero el ideas-dropping), y demasiado deslavazado para mi gusto. Eso lo podia hacer Nietzsche q era un poeta con genio o un genio con poesia).
y 2. me tope en la feria del libro de madrid con Bryce Echenique. Quise decirle lo q me parece justo q sepan los q nos hacen felices: q me hacia feliz a ratos. No creo q lo agradeciera. En su mirada vi como tiro mi piropo segun lo recibia al mismo sitio donde se tira el spam. Una pena. Pero, claro, el fallo puede ser de el, q sea una persona cutre q escribe bien, o mio por tener cara de idiota (q todos los fans se idiotizan un tanto), o del dia... "ya voy a tener bastante-demasiado de esto hoy"...
Lo q sea.
Un abrazo desde Noruega

Houellebecq dijo...

No podía evitar añadir, rafarrojas, que Vila Matas me gusta escribiendo pero tengo ídolos mayores aunque la mayoría han muerto:Borges, Nabokov, Proust y los que están vivos viven lejos. A echenyque lo he visto mucho por Barcelona. Tenía una amiga que le conocía en persona porque su marido era periodista y comía con él habitualmente. Lo único que dijo mi amiga de él es que se emborrachaba mucho y le caía baba del labio inferior. Detalles que siguen confirmando que conocer autores es desmitificar mucho. Y no te preocupes por cómo te mirase. Imagina que todo el día te vienen a decir lo grande que eres. Al final sólo quieres seguir con tu rutina normal, cobrar los cheques y pasar de todos esos halagos. Aunque si no los tuvieran los echarían de menos, ¿No crees?