22 julio 2014

Holliday...ta,ta,ta... Celebrate... ta,ta,ta...



Para una chica oriental, tres españolas(una morena, una rubia y otra teñida de rojo casi fluorescente), dos peruanas y una joven sudamericana a la que no he distinguido bien el acento debido a que lleva mucho tiempo en España y ya es más de aquí que de allí(o de ningún lugar que es lo que le ocurre a tanta gente que emigra)… para estas chicas decía, yo no soy una persona. Yo más bien soy un café solo largo y en taza con croissant sobre ciertas horas de la mañana. Soy la oferta especial matutina, de la semana y si el gobierno no vuelve a joder con el IVA, del año. Son siete chicas que me ven durante unos minutos o media hora al día (no todos, pertenecen a cafeterías distintas que voy salteando). Tal vez me perciban solo cuando entro por la puerta y justo en el umbral paso de humano a cliente. En esos instantes me señalan, me sonríen y me piden confirmación “¿Lo de siempre?”. Yo asiento sonriente a mi vez y me voy sentando. Mi deseo ha sido expresado sin palabras, casi telepáticamente por obra y gracia del hábito, de que no cambien el personal de los lugares que frecuento y de sus memorias frescas y jóvenes y tal vez desperdiciadas. Después de eso me hundo en un periódico si lo han dejado libre, en el libro de turno que siempre llevo encima o en una libreta que voy llenando de caracteres solo entendibles por mí, mi libreta de loco, que diría L. Otras veces dejo pasar la vida por delante de la puerta o la observo con mirada bovina desde mi asiento y mi espera de la cafeína. Esperando la fiesta del café en taza.
Eso suele suceder hasta que llegan las vacaciones. Entonces rompo el equilibrio o desestructuro el ecosistema. Desaparezco de las mañanas de las chicas y luego, al regreso, me piden explicaciones casi como si pasasen lista y yo me hubiese saltado un buen puñado de controles por la cara o sin justificante. Hemos creado un vínculo cliente-dependienta y yo me he ido a la francesa. Es por eso que ya aviso antes de irme. Evito las caras de casi enojada sorpresa del regreso. Más bien al contrario me preguntan que qué tal me ha ido y por dónde he estado pero eso es otra historia. Tal vez soy sólo un café con pasta para ellas pero uno que antes de irse debería avisar. Ser educado no cuesta nada. Los humanos establecemos vínculos hasta con la entrada de concierto de hace diez años que tenemos guardada en una vieja caja de recuerdos. Y es por eso que hablando de vínculos me remito a vosotros, lectores blogueros, escasos pero valiosos. Porque ya os estaréis preguntado “¿Todo esto para qué?” (sobre todo si habéis leído el título de mi bitácora).  Todo esto para decir que nuestro vínculo en el que sois lectores y yo escribidor o viceversa (que algunos también escribís), queda congelado hasta después de vacaciones. Que me voy con billete de ida y vuelta. Que aún sin estar vigilaré vuestros blogs y los comentaré porque la gente, aún de vacaciones, puede llamar a sus familiares y amigos. Que no me voy pero de momento no estoy. Que todo va bien, gracias pero con el calor pienso peor. Y sea como sea… ¿Quedará alguien por aquí en Agosto?   

06 julio 2014

La fuerza del destino

Me siento a escribir y busco una historia. En la estantería de libros sobre el ordenador encuentro una. El libro de Marco Aurelio, emperador romano, me la recuerda por asociación de ideas.
Hace años una chica se quiso convertir en mi destino. Tenía algo decidido por mí sin apenas conocerme. Fue en un cursillo de informática. El primer día me apuntó con su mano destinataria la silla junto a ella "te sientas aquí". A su lado. Fue el principio de algo pero nunca quedaría claro qué, ahora lo explico. 
Recuerdo que durante el curso cogió la gripe. Yo me convertí en repartidor de apuntes a domicilio porque ella me lo pidió. Recuerdo su casa de la alta burguesía catalana. Muy barcelonesa. Con techos altos y escaleras viejas como de serie de época sobre el franquismo. En el comedor tenía una librería cargada de clásicos griegos y latinos que llamó mi atención. Ella, como si los viera por primera vez o por mi interés cobrarán una vida nueva(aunque se notaba que nunca le habían interesado) me dijo con orgullo repentino: "Son de mi padre. Míralos si quieres". Y yo los hojeé un rato como el ratón que come queso en una trampa. Porque eso me pareció la súbita aparición de la madre. El cepo cerrándose. Pero era más una sensación que un pensamiento con letras y gramática. Sentí que la madre me estudiaba. Sentí que ella estudiaba la reacción de su madre. Yo intentaba refugiarme en la lectura a distancia de los lomos de los libros pero no me llegaban las dioptrias. Y me inquietaba tanto estudio.  
Luego acabó el curso. Yo me dejé citar a la antigua. Estaba despechado con mi verdadero amor así que no tenía un plan en mente. Como mucho, de haberse terciado, un par de ratos perdidos de sexo veraniego. Pero la chica me tenía destinados otros tempos. Así que daba igual.A falta de un plan me dejé llevar por su ritmo.
Fuímos al cine para ver una película y solo eso, a una pizzería a comer y conocernos y hasta de público a un programa de TV3 como público. Mi brazo derecho salió televisado pero no me hice famoso. A ella las cámaras la captaron bastante bien. Y muy contenta. Al terminar el programa pasamos junto al presentador de esa época (Jordi Gonzalez) que hablaba con su entrevistado(Enrique Iglesias). Los tenía al alcance de mi mano pero era un desperdicio porque no me apetecía tocarlos. 
Seguimos saliendo. Creo que ahora tocaba que yo le dijera algo. Me lo estaba dejando más o menos claro ella que era mi destino. Pero entonces quedé con la causa de mi despecho, la otra, arreglamos lo nuestro y se acabaron los juegos y las madres a traición. 
Mi destino se enfadó. Tuve que pasar varios malos ratos dándole explicaciones sobre asuntos que ni yo mismo entendía muy bien. Yo sólo tenía claro que quería a la que en ningún momento había dejado de querer.
¿Y ella qué quería? Al parecer yo me parecía a alguien con quien ella había estado antes. De ahí su firmeza del primer día cuando me dijo que me sentará a su lado. Para ella yo era alguien casi conocido. Pero no es bueno creer que una persona que se parece a otra vaya a resultar igual. Yo era yo y el de antes era el de antes. Teníamos rasgos físicos parecidos o fenotipo gemelo pero no éramos el mismo. No nos parecíamos en nada más. O quizas sí. Ambos habíamos decidido tomar nuestro propio destino.