02 septiembre 2016

Retrasos en un tren



Al igual que le sucede a mi amiga Dorotea Hyde, pienso que el transporte público es como una buena vitamina para escribir historias. Te cruzas todo el tiempo con gente. La mayoría no es exactamente gente viva, más bien zombis atapados por una pantalla. Pero algunos supervivientes a la epidemia de muertos vivientes respiran normalmente entre nosotros, interactúan, permiten que ponga mi oreja a hacer horas extra y de paso el cerebro.
Era sábado. Yo iba a trabajar pronto muy pronto, en una hora donde se mezclan los pringados como yo con los que acaban su fiesta. Hacemos mal equipo. Los ceñudos contra los que todavía ponen música en el móvil o van borrachos o cantando o gritándose las últimas anécdotas de discoteca o los planes de futuro inmediato en un “after”.    
Y oigo a dos tipos. Me giro. Dos individuos que representaban mi idea de idiota de manual: gorra con visera en la nuca, edad adolescente y móvil con reggaetón a volumen pernicioso para la salud (no muy alto pero los altavoces de un Smartphone son molestos a cualquier volumen, la cumbre del estropicio auditivo, ni Mozart sonaría bien ahí, así que lo otro…).  
Escuché esta inquietante conversación:
-      Le voy a matar, hermano, te juro que lo mato. Cojo una pistola y me lo cargo…- me giré para ver si había peligro inminente pero solo vi dos gorras y dos nucas más los respectivos respaldos.
-      ¿Pero tú te escuchas? ¿Eso que estás diciendo? Es una locura- al parecer uno de los dos gorritas no era tan estúpido como pensaba. Esto es un nuevo revés a los prejuicios, la apariencia no lo es todo. Entre los dos sumaban un cerebro pero solo estaba en la cabeza del segundo interlocutor.
-      No, te lo juro, hermano, le mato. Me ha dejado en ridículo porque estaba con todos y haciéndose el gallito con su novia pero te juro que le mato. El viernes que viene voy y ¡pum,pum! Un tiro. 
-      ¿Te oyes? ¿Y tu madre? ¿Qué dirá ella?  
-      Me da igual.
-      Vas a ir a la cárcel.
-      Me da igual. Le mato. Ese tío se creía muy gallito- es repetitivo, lo sé, pero el discurso de alguien que va bebido es esto, puro bucle sin solución de novedad y este había ahogado sus penas en la mitad del alcohol de su local, tenía esa dicción emborronada y gangosa de los excesos etílicos.
-      Estás loco. Cuando duermas y se te pase ya lo dejarás pasar.
-      Que no, el Viernes que viene, tío, te juro que…
Y así todo el tiempo. Eran cuatro pinceladas de una historia. Yo veía ahí como al borracho hablando con una chica, luego el matón acompañado de la pandilla arropadora dejándole en ridículo o calentándole el cuerpo a base de golpes, la chica pasando a manos del chulo (vete a contarles a estos que las mujeres no tienen dueño y van por libre o que la prehistoria pasó y ahora ya estamos en lo siguiente), el resentido desahogándose en su cerebro con una pistola que dispara en su agenda de los propósitos del mes siguiente. Puro género negro del cutre. Del de andar por un vagón de metro.
Me alegró pensar que el escenario anunciado para la presunta matanza sería la semana siguiente en un lugar que yo no frecuentaría. Que se realizaría entre idiotas y eso es puro Darwinismo, una matanza entre atontados no puede hacer daño a nadie(o sí, quién sabe, pero yo no estaría para verlo). Lo cierto es que mi intuición me dice que al día siguiente tendría una buena resaca y la certeza de que las armas de fuego no las venden en los quioscos así que el viernes siguiente nada de lo anunciado sucedería.
Salí al amanecer y caminé hacia mi trabajo. Recordé las tragedias de mi propia adolescencia, tan grandes en su momento y tan ridículas ahora.
También pensé que esos tiempos de juventud no son tan buenos como los recordamos. Aunque yo nunca llevé gorra con visera en la nuca. Pero pude ser tanto o más imbécil que ellos.
El trabajo me pareció un mal menor, en cualquier caso.
Gracias, mi joven y triste amigo asesino. Sé que en algún lugar de un viernes futuro sigues tan borracho como siempre y no has matado a nadie. Con suerte crecerás para reírte de lo cretino que eras. Y para darle las gracias a tu amigo. Algunos hasta se salvan de la edad del pavo.

Hasta el próximo tren de cercanías, amigos-as. Pero no os lo recomiendo. La RENFE en Cataluña sigue sufriendo grandes retrasos y a ciertas horas se suben otro tipo de retrasados. 

9 comentarios:

Verónica Calvo dijo...

¿Estarás pendiente de la crónica de sucesos el sábado?
A esas edades nos creemos la última coca cola del desierto.
Menos mal que todo pasa.

Saludos.

Sergio dijo...

No, qué va. Las tragedias solo suceden en una ínfima proporción. Lo que ocurre es que leídas a diario nos parecen muchas pero si las dividimos entre los millones de personas que somos... son más bien improbables. No pasaría nada. Y si ha pasado casi que es peor saberlo. Qué alegría es eso de sobrevivir a la adolescencia y aprender algo, aunque no sea mucho. Saludos

Dorotea Hyde dijo...

Ay, S., cómo echo de menos una conversación de esas en el tren que inspiran una entrada. No hace falta que sea exactamente como la de estos dos, que me acojonaría un poco, pero estoy tan poco inspirada. Y eso que el transporte es fuente inagotable de historias.

Sobre tu entrada, da para comentar tantas cosas que no sé por dónde empezar. Quizás por esa época terrible que es la adolescencia, que nunca volvería a repetir ni siquiera para enmendar errores. O quizás debería comentar esa posesión que algunos hacen de las chicas, aunque me parece todavía peor que ellas se dejen. Y ese último párrafo de los retrasos en Renfe casi mejor me lo salto, porque me trae toda la inspiración de golpe pero saldría con demasiados tacos y me acusarían de infamias aunque sólo dijera verdades.

Un abrazo enorme.

Sergio dijo...

No creo que Renfe esté para denuncia a nadie por infamias. Yo a diario veo como la gente se acuerda de ellos y les dice de todo. A veces a simples operarios que no tienen la culpa de las malas infraestructuras.
Creo que las chicas se dejan si no tienen la cultura o la preparación suficiente. Claro que a esas edades quién la tiene. Cuatro gatos. Y gatas. Aunque ya digo que uno de ellos parecía inteligente. Por contraste.
Hay un dibujante de comics de Chalie Hebdo, la revista francesa, que vive solo de incluir página semanal con algo que ha escuchado en el tren o transporte público o en la calle. Depende cómo pongas la antena. Saludos otra vez. Mi primer saludo homenaje estaba en el mismo post,je,je

Dorotea Hyde dijo...

No sabes la ilusión que me ha hecho tu saludo en el post :) Me ha sorprendido lo que comentas del dibujante de Charlie Hebdo. En realidad tienes razón con lo de las antenas. Esta mañana iba un grupo de señoras que podría haber dado mucho juego, sólo que estoy resfriada y mi humor me llevó a enchufarme los auriculares en vez de cotillear lo que decían... quién sabe, igual todavía puedo inventar algo a partir de lo poco que observé.

Un abrazo.

MaRía dijo...

Si la vida es un viaje en si
compartir transporte nos acerca a otros viajes
historias sórdidas, amantes furtivos, borrachos de la vida, y una vida de borrachos.
Muchas veces al escuchar esas conversaciones ajenas el pasado regresa a nosotros ,
sacudimos la cabeza, sonreímos o añoramos aquellos con los que compartimos
Lo del boinas seguro que era un arrebato, cuantas veces hemos dicho eso de
lo mato
claro que si viviésemos en otro país , si mira al otro lado del charco, tu serías un testigo de un intento de asesinato y es que a veces ser espontáneo es lo que tiene :P

hace tanto que no viajo en tren que lo extraño
extraño esas noches en el Alvia hasta Zaragoza
tantas historias ....
vidas cruzadas en fragmento de tiempo ínfimo


besos

Sergio dijo...

Dorotea: Claro que puedes si quieres. Yo noto que si no despliego antenas y voy despistado no me entero de nada. Si presto atención a lo que me rodea la cosa cambia. A veces te despistas por un resfriado como el tuyo(espero que te mejores) o porque como yo, llevo música en las orejas y un libro en la mano. Pero vamos, que si hay ganas de escribir y faltan motivos o anécdotas, ahí tienes tu cultivo. Y tu sabes sacarle frutos a eso.

María: Bueno, visto de esa manera, el tren es casi romántico. En mi caso es un triste tren de cercanías por una madrugada de fin de fiesta, con individuos resacosos y de mal humor o simplemente adormecidos.
Nunca creí ser testigo de un intento de asesinato. Creo que la vida tranquila hace que bajes la guardia. Los asesinatos reales y los que no suceden se presienten del mismo modo. No se presienten, más bien. Piensas que no pasará nada y luego... la tragedia. Este no fue el caso. O no salió en ningún lugar. Bien. Por más que no soy un gran admirador de los adolescentes ni en general me gustan.
Saludos desde este verano casi interminable. Seguro que a tí te gusta más que a mí, je,je.

Pilar V dijo...

Me encantan las historias a partir de una conversación escuchada a medias, y aunque la que cuentas seguro que terminó como imaginas...que mal rollo. Claro que no puedo evitar pensar que el zagal tiene madre y seguro que anda preguntándose qué ha hecho tan mal para este pésimo resultado.
Siempre me han sorprendido quienes afirman que volverían a esa edad encantados.
Beso

Sergio dijo...

Pilar: Las madres siempre haciéndose preguntas de esas. Y no siempre pueden evitar, hagan lo que hagan, que un chico vaya por mal camino. Hermanos bajo el mismo techo toman caminos muy distintos, eso me hace liberarlas un poco de su responsabilidad.
Sí, sorprendente lo de volver a esa edad con ganas. Besos