19 marzo 2017

¿Y a ti qué tal te va?



Llevo algunas semanas bajo algún tipo de maldición o mal de ojo. Pequeños asuntos burocráticos o kafkianos me vienen a molestar por las mañanas. En mis horas de calma o “relaxing coffee”.
Es coger un libro o un cómic y piiiiip, timbre de la calle, unos policías. Les abro la puerta. Dicen que vienen a por mí o el vecino pero que no lo saben seguro porque la dirección de la puerta no está clara. Admiten que buscan que sea dominicano y yo no lo parezco. Aún así les confirmo que soy autóctono. Luego me hacen unas preguntas. Buscan a la familia que estuvo viviendo de alquiler en el piso de al lado hace dos años. Ahora están en paradero desconocido que es un lugar dónde la policía no puede llegar con sus notificaciones del juzgado. La policía me agradece la información sobre la familia (les he informado que ya no viven allí) y me aseguran que no me volverán a molestar. Yo les aseguro que lo dudo.
Otro día me encuentro una notificación de Endesa. El cartero ha escrito que yo no estaba en casa. Siempre dice lo mismo. Pero yo siempre estoy a esas horas. Creo que es él el que tiene sobrecarga de trabajo y no quiere pulsar el timbre de mi casa y entregarme los envíos en mano. Por suerte su compañera de Correos es muy amable y no me hace esperar al día siguiente a recibir la notificación y por la tarde la coge del montón de cartas no entregadas sobre su mesa y me la entrega. Las mismas cartas que dejó el mentiroso de la mañana que no entrega nada porque no le da la gana.
Endesa me dice que la ley obliga a cambiar los contadores y yo me estoy rezagando bastante en dejarles hacerlo. El límite es el año 2018. Pero ellos dicen que si no cambio en dos meses el contador pasarán a cortarme el suministro eléctrico. Supongo que su ley es diferente a la que escribe el gobierno. Claro que como son amigos da igual. Se lo perdonan todo entre ellos.
Esto es más bien una lucha entre mi compañera contra la eléctricas. En la asociación en la que está le han dicho que no la pueden forzar a cambiar al nuevo contador antes de tiempo y así vamos. Yo digo que si lo vamos a hacer por qué no hacerlo ya. Pero ella lo lucha todo. Hace poco la llamaron de TV3 para entrevistarla por lo de la asociación esa. No le gustó la experiencia televisiva:
-      Uy, qué mal me veo. Y se me ve enfadada.
-      Estás hablando de las estafas de las eléctricas en este país. Es normal que se te vea enfadada. Hasta yo me estoy cabreando un poco.
-      Pero he salido fea. ¿No?
-      No, qué va, pero claro, en la realidad estás mejor.
-      Pon otra vez el vídeo.
Y así veinte veces. A ver si en una de esas visualizaciones cambiaba el vídeo y se veía tan guapa como deseaba.
El asunto eléctrico sigue por ahí rondando.
Al día siguiente pensaba que ese día me dejarían en paz con las notificaciones pero apareció la señora Teresa en la puerta de mi piso. En bata y zapatillas de estar por casa. Despeinada de almohada. Sabía que era ella antes de verla por esa forma tan cabreada que tiene de pulsar el timbre.
Lo de siempre. El aire ha vuelto a soltar los cables de los que tenemos internet y estos golpean en la chapa de la fachada y hacen ruido. Le digo que pase a mi casa y lo solucionamos allí mismo. Ella duda. Mi compañera y ella no se pueden ver y teme algún enfrentamiento pero estoy solo.
-      Pero no le digas nada a tu mujer- me pide.
La observo. El mechón alzado detrás de su cabeza la hace parecer un pajaro carpintero. Uno de andar por casa. Ella es así, puro glamour. En mi escalera el único que sale a la calle con ropa de… calle soy yo. Todo lo demás son pantuflas, batines, batas, remolinos capilares de recién levantado y en general moda de geriátrico. Todos tienen muy superada la mirada del prójimo.
Soluciono el asunto más o menos. Quedo atrapado durante días en casa esperando que mi compañía envíe un técnico para solucionar los problemas. La primavera se queda fuera y yo me quedo en casa. Expuesto a más notificaciones y llamadas de bancos que intentan robarme más y mejor. En fin, la maldición de la que hablaba.   
Así que ayer, en pleno fin de semana y libre y en el campo me puse a lo final de “Lo que el viento se llevó” y con tierra en la mano alcé mi puño al cielo prometiéndole al dios que estuviese de guardia que no iba a dejarme avasallar por ninguna maldición.
No mucho después me caí por un terraplén que no vi bien y conseguí un par de esguinces de segundo grado en los tobillos. Uno por tobillo, muy bien repartidos.
Actualmente estoy de baja. Esperando que mañana por la mañana alguien venga a buscarme y demostrarme que la mala suerte o las maldiciones, contra lo que siempre he pensado, sí existen.       

9 comentarios:

ReltiH dijo...

LA ÚNICO QUE HACE FALTA, ES QUE LLEGUE TU SUEGRA A QUEDARSE POR UN TIEMPO. JEJEJEJEJE. FULLL TEMA.
ABRAZOS

Sergio dijo...

Reltih: Mi suegra descansa en paz, la pobre, pero desde luego el destino tiene imaginación para hacerme eso y más. Un abrazo, reltih.

Dorotea Hyde dijo...

¿Pero qué dices? ¿En los dos? Ya es mala suerte, bueno, todos esos días fueron bien accidentados, pero por tu forma de narrar me estaba riendo... hasta que llegué a la parte de los esguinces. Me recordó a tu entrada de las vacaciones, aquella sobre el mar traicionero, en la que nos diste el susto al final. Cómo te gusta hacernos sufrir.
Un abrazo y mejórate.

Sergio dijo...

Dorotea: Bueno, es mala suerte que provoca en el caso del esguince otro tipo de suerte no tan mala. Días de baja, por primera vez, haciendo lo que mis compañeros hacen para ver el futbol, no ir al trabajo. Deben estar pensando que yo hago lo mismo. Cero sufrimiento. Y gracias por tus buenos deseos. Creo que voy saliendo de la mala racha.

Verónica Calvo dijo...

Ayer te dejé comentario y debe ser ese gafe que arrastras, que no se ha publicado jajaja.
Te decía que, como soy una mala persona y una impresentable, no paré de reír, incluso cuando llegué a los esguinces. Sergio, es que lo cuentas así, como si nada, y yo voy lanzada.
Por este lado de la pantalla en total identificación con esta entrada, sobre todo con la vecina pájaro carpintero, que es como la mía más menos.

Espero de corazón que sanen bien los esguinces.
Un abrazo!!!

Sergio dijo...

Veróncia: Yo que pensaba que ya estaba saliendo de la zona de peligro del gafe. Estoy al borde de ponerme en manos de todo aquello en lo que no creo.No, que va. Mente científica hasta el final.
No creo que seas mala persona. Somos así. Nos reímos de estas cositas. Tampoco es que cuente un dramón de los de llorar.
Mi vecina sigue tal y como la describí delante de mi ventana. Tiene que habalr conmigo de algo. Esto no cesa.
Un abrazo

MaRía dijo...

Oye una pregunta antes de :

-Todo esto te pasa a ti?

Madre del amor fermoso

pd/ espero tu respuesta para comentar mientras te encomiendo a un santo o a dos...


Un beso

Sergio dijo...

María: Pues claro. Y a veces me pregunto, ¿todo esto para qué? Pero estas pequeñas incidencias de los últimos tiempos no son grandes aventuras. solo problemas burocráticos. Un beso

MaRía dijo...

Bueno Sergio la burocracia nos acarrea dolores de cabeza , cierto es
mejor preguntarse eso que otro tipo de dolores... esos que nos hacen meternos en la cueva hasta curarnos y volver a caminar

mas besos y buen finde