04 septiembre 2017

Al calor del sol en una calle



Este post lo escribí antes del anterior pero el tono alegre y dicharachero no tocaba en ese momento así que lo incluyo ahora. Es de principios de Agosto. Qué tiempos aquellos. 

Teníamos que resolver algunos asuntos con el banco. En realidad ella, mi compañera. Su última lucha era reclamarle algo al Goliath particular que lleva nuestra hipoteca. Yo decidí quedarme al sol y con un libro. Iba para largo. Me defendí del calor con una gorra. Con la visera en el lado adecuado, por delante (he observado que los adolescentes la llevan para atrás consiguiendo subrayar con ese aspecto la imbecilidad que ya les presupongo debido a su edad).
Era el Paseo de Gracia de Barcelona. Una de las calles más caras del mundo. Por eso la gente sólo pasea y observa o hace fotos. Si fuera un alien podría haber recogido muestras de humanos de cualquier lugar del planeta en pocos minutos.
De todas formas si pasáis por allí y os encontráis con un argelino de aproximadamente uno con sesenta y ocho de alto, de complexión media y con el cabello hecho de rizos diminutos y moreno tendréis un ejemplo más pintoresco de lo que se cuece por ese lugar. El contraste. Tiendas en las que no se puede comprar por el precio y alquileres de ciencia ficción sobre vendedores del top manta y mendigos. Alguno de ellos como el que me ocupa, con más cara que espalda.
Le conocí hace unos diez años ya. Se me acercó sonriente pero predecible. Me quería hacer una pregunta. Ya por esa época me sabía el libreto. Que si había perdido la cartera y perdía el último tren para su lejano pueblo que salía a cualquier hora del día, podían ser las doce del mediodía, que si le prestaba algo para no quedarse en la estacada, blah, blah, blah... Un clásico, vamos. Yo le dije que no llevaba nada y él empezó a llamarme racista. Yo me enfadé por esa agresividad pedigüeña y le mandé a la mierda. Hasta le dije que sí, que yo debía ser racista porque me estaban entrando ganas de soltarle una buena hostia y luego tirarle al suelo y patearle la cabeza. Al decírselo a gritos le parecieron buenos argumentos porque se fue. La gente que me escuchó y miraba también se alejó. Si ves a alguien gritando siempre parece el malo. Y puede que así sea.
Con el tiempo lo he visto más veces. Cuando me reconoce pasa de mí pero le he visto hacer lo mismo con otros. Se acerca a un turista, le pregunta el idioma, le habla en inglés, francés y castellano. Luego le explica que ha perdido el tren. Si le dicen que no hay dinero empieza con lo de “¡racista, racista!”. Una década en la que el tipo no se ha aprendido los horarios de los trenes ni a guardar la cartera con el dinero.
Como estaba leyendo y con gorra se me acercó con lo de “¿Te puedo hacer una pregunta?”. Le reconocí sin verle así que levanté la cabeza y le dije con mi diplomática forma de gestionar estos conflictos un rotundo y casi enloquecido “¡No!”. Le vi el odio y el reconocimiento en los ojos. Iba a responderme. Pero apareció una chica sonriente que me quería hacer otra pregunta. “¿Disculpe, la calle Aragón?”  Mientras le respondía, el tipo se fue alejando pero de vez en cuando se volvía y me miraba con ganas de volver y tal vez apuñalarme (pero es una calle tan concurrida…). 
Luego ya me convertí en un punto de información más amable. Otra chica que iba con el novio que se quedó en segundo plano y como si la cosa no fuera con él, me preguntó que dónde estaba el metro más cercano. Esto de los hombres que no quieren preguntar a otros hombres ni a nadie y dejan que sus parejas femeninas lo hagan por ellos debe ser porque demostrar ignorancia les hace o nos hace sentir como que tenemos la polla más pequeña. Lo he visto mucho. Yo mismo lo he practicado pero no sabría decir por qué soy tan reacio a ir preguntando por ahí. Siempre es igual. Ellas se acercan y formulan la cuestión. Ellos miran para otro lado. Alguno por lo menos se recupera y te da las gracias por la información al unísono con su pareja.
En poco más de media hora informé sobre diversas calles cercanas, medios de transporte, la ubicación de varios monumentos importantes, me cambié de farola para que un tipo con acento eslavo colocase su bici con cadena, me sumé a un grupo de turistas al que un guía les explicaba en inglés la Pedrera de Gaudí… No leí mucho pero estuve entretenido. Luego mi compañera salió contenta y casi helada por el aire acondicionado de la oficina del banco y nos regresamos para casa.
Cerca del metro vi algo que me interesaba. Era el de Algeria, estaba a punto de preguntarle algo a un turista. Le di los horarios de trenes y me fui dejándole mirando el panfleto.
-      ¿Qué haces?- me dice mi compañera.
-      Buscando que me partan la cara.
Ella se encoge de hombros y me dice que como siempre, pero que ya se lo contaré. Tiene que explicarme lo del banco. Sus nuevos triunfos legales.
Vosotros ya estáis avisados por si alguna vez os pasáis por ahí. Os he presentado al individuo. ¿Subvenciones a los pierdetrenes y pierdecarteras? Es vuestra decisión, yo en eso no me meto.  


10 comentarios:

Verónica Calvo dijo...

Eres mi ídolo :)
No puedo decir más.

Un abrazo grande.

Sergio dijo...

Un abrazo Veronica. Idolatría mutua.

Maman Bohème dijo...

Te veo sentado con tu libro y una I (de información) dentro de un punto rojo flotando en tu cabeza y la gente no dejándote leer...Siento una mezcla de sentimientos entrecruzados, entre la rabia que de que no te dejen en paz y la de imaginarte resoplando a cada interrupción...Qué mala soy!!! jajjajaja

Al grito de racista...lo he escuchado tantas veces por parte de este sector. Recurren a ello en cualquier momento, no sé...debe hacer efecto. Lo he escuchado cuando quieren entrar en una discoteca borrachos hasta las trancas y el portero diciéndole que no pasa porque va como va...y el otro respondiendo a gritos:racista. En la cola del supermercado, en un colegio...por cualquier chorrada. No sé...
Yo soy racista, pero de algunas religiones, de algunas ideologías y de algunas actitudes. No de personas. Porque tengo amigos de todos los colores.

Sobre lo de pedir...no sé qué decir...precisamente escribía sobre algo parecido. La gente de la calle...aquí en Buenos Aires es espantoso...No puedes ni imaginar la cantidad de gente con niños que andan pidiendo, vendiéndote algo, en el metro, en todas partes...da una tristeza que te mueres. El groso, argentinos.

La miseria es tan espantosa que es ya, herencia familiar...ves a esos niños que no van a la escuela, que mendigan en la calle y sabes que cuando crezcan van a seguir en la calle...porque nadie les enseñó que pueden tener una vida distinta quizás si estudian o si intentan trabajar en cualquier cosa...para vivir de una manera diferente. Pero, ¿cómo se logra?

Y sí...algunos se acercan y piden no sé si la palabra justa es "con humildad"...no sé qué palabra utilizar...pero otros te piden exigiendo. Y otros...con enojo.
Y son tantos que piden que podrías dejar tu sueldo en ellos y no arreglaríamos su vida, sólo quizás una hora de su triste vida...aixx...no sé Sergio. Qué complicado es todo.
Nada...que hoy vengo del metro y me topé con muchos de ellos y cada vez que me muevo en metro y voy al centro me deprimo...

un besote "broncas"

Pd.Pero que sepas que también eres mi ídolo!!!!!!!!!!!
ah! y en otra vida quiero reencarnarme en un portero de discoteca muyyyy cachas!!!! estaré todo el día en los juzgados...verás...jejeje

Sergio dijo...

Maman: Bueno, por suerte fue menos dramático que en tu imaginación. Estaba de pie y moviéndome de un lado al otro porque los bancos estaban cogidos. Y ya sé que allí no puedo leer así que resoplé más por el calor que por la gente. Pero eso que imaginas me pasa en otros sitios. Ten en cuenta que hay quien piensa que solo es posible leer en caso de aburrimiento extremo. Por eso te interrumpen como el que te hace un favor.
El problema de gritar racismo es doblemente mezquino y miserable porque le haces daño a tu colectivo. Realmente puedes fabricar racistas auténticos. Y es muy usado. Yo lo he visto más veces. Y lo he contado en otras circunstancias por aquí mismo. Yo a alguno ya le he dicho que como no soy racista le trataré como trataría a cualquier otro que me provoque por la calle, rompiéndole la cara.
Sobre lo de pedir... este tipo pertenece a un grupo que tengo archivado en mi memoria por esta zona. Son dos o tres caraduras que lo hacen porque según sus propias palabras a gente que conozco, "les da más dinero y es más rápido que trabajar". Son unos caras. Llevan toda la vida así. También hacen daño a los que piden por necesidad. Sea como sea, pide si quieres pero no amenaces ni ofendas.
La situación que me explicas de Buenos Aires también me deja con un "no sé". Puedes ayudar pero si intentas solucionarlo todo tú sola, pronto habría que ayudarte a ti. ahí sí que nos metemos en un lugar complicado. Pero vamos, que la cosa podría ser algo como ayuda en la medida de lo posible y de tus circunstancias.
Acudir todos los días a los juzgados... tan recomendable como tirarse un cubo de ácido sulfúrico a la cara. Reencarnate en tí misma. Yo creo que así estás bien. Besos


Dorotea Hyde dijo...

Lo que me he reído, S.
Cerca del trabajo también tuve a una estafadora habitual, solo que como no le contesté mal, se acercaba a mí una y otra vez. En realidad la primera vez acabé soltándole una historia aun más enrevesada que la suya, y claramente le entró por una oreja y le salió por otra. Y siempre se me acerca muchísima gente a preguntar por la calle. Esquivan a unas cuantas personas y vienen directas a mí. Así que me he sentido muy identificada con esta historia.
Un abrazo.

Sergio dijo...

Dorotea: ¿Qué hace que ciertas personas atraigamos a los preguntones más que otras? Yo he estado observándolo y veo que no es algo subjetivo. Hay varias personas a mi alrededor y se acercan a mí. ¿Tengo cara de buena persona? ¿O de listo? Esta última me gusta más. Una vez iba con J. personaje habitual por aquí, y una mujer salió de un grupo de gente y me dijo como si me conociera de toda la vida "A ver, diles a estos lo de si al llegar al año 2000 ya han pasado 2000 mil años o si te tienes que esperar al 2001 uno para que sean los dos mil"(bueno, algo así). Parecía una película de Woody Allen. Y les respondí y ella dijo ¿veis? y se fueron aceptando mi veredicto que luego comprobé que estaba equivocado, por cierto. Creo que es mejor que las personas se te acerquen a ti, Dorotea. Soy un punto de información precario.

Pilar V dijo...

Me encanta saber que sigues ahí, escribiendo desde una ciudad que adoro y que me duele.

un abrazo

Sergio dijo...

Gracias Pilar. Una ciudad en la que últimamente pasan demasiados cosas. Pero aúna sí espero seguir.

Mario dijo...

Sergio, si el alien fuera yo, un alien explorador, escogería trozos dispares de las literaturas de este mundo. Y sí, me haría con alguno de tus textos, para que allí, allí donde fuera allí, descubrieran, a través de tus manos, o de tu prodigiosa mente a ras de calle y paseante de aceras, a qué sabe la vida de verdad en la Tierra.

En fin, también los tengo calados. A ellas y a ellos. En Paseo de Gracia, sobretodo, cuando bajo del tren y enfilo las escaleras que me devuelven a esa luz elitista y cara de la zona, ya me asaltan. Me dicen lo del tren, muchas veces, cuando consiguen romper la barrera con la que el racismo inexistente protege mi cartera famélica. Normalmente llevo suelto para cafés. Y en tarjeta para algún capricho capitulado, pero vamos, no he abierto esta posibilidad para hablarte de mi capacidad económica. Ellos no saben nada de mi vida. Yo, de la de ellos, sé que no van a coger ningún tren a ningún sitio. Que su único destino es un despistado turista, un samaritano incorregible, un viajante buscando hacer la buena obra del día que le redima de algún pecado, o un político del sí, que le da algo tras rebuscar en sus bolsillos sonriendo a las cámaras, o un político del no, que como lleva la negación en su mensaje, debería darle nada, pero si le persigue una cohorte de fotógrafos, expondrá su lado más generoso…

Eso sí, es casi imposible leer en Paseo de Gracia. Bien por lo de antes, bien porque me preguntan muchas cosas y me piden coordenadas varias, bien porque tomo más café que leo, bien porque tomo más café y observo las conductas ajenas, que leo, bien porque entro en una librería y me abastezco de alguna novedad. No sé, con lo que disfruto leyendo me es una quimera hacerlo en esta calle. Pero no descarto leerte alguna vez desde allí y escribirte un comentario entre sorbos y miradas a la jungla urbana que pasea su decadencia elegante por una pasarela de “gracia”

Por cierto, cuando voy en pareja, por lo general, quien escoge a la víctima (cuando el móvil es incapaz de acercarnos a algún sitio u ofrecernos las características de algún punto) y quien formula la pregunta siempre es ella. Pocas veces soy yo. Ese dato es curioso. Es más, si la cosa sucede en el extranjero, entonces, es que me quedo en un segundo plano o me planto, directamente, en otra dimensión conocida, ya visitada con anterioridad. Allí espero que su intrusión de resultado y resuelva la encrucijada de caminos.

Pero hoy es domingo. He escrito un pequeño texto recordando a Tom Petty que alojaré socialmente en alguna red y seguramente subiré al blog el día menos pensado. Como es hoy y no estoy en Paseo de Gracia, puedo leer con tranquilidad, escribir tranquilamente, y pasear mi voracidad lectora entre tus capítulos callejeros.

Un abrazo, Sergio.

Sergio dijo...

Un abrazo, Mario. Escribes el post que yo últimamente no soy capaz de escribir por diversos motivos personales o de capacidad. Porque si cortase y pegase este comentario ya me daba para entrada.
Por cierto, que en paz descanse Tom Petty, pensaba que este señor duraría mucho más, le veía incombustible incluso a la parca.
Sobre el Paseo de gracia... Me llega antes al corazón quién me pide o sugiere que quién me impone. Pero ya he visto en algún comentario por arriba que en ciertos lugares es casi inevitable incluso esa beligerancia. El tema es muy delicado y yo soy muy bruto así que casi es mejor que no le dé más vueltas.
Absolutamente de acuerdo en que leer en Paseo de Gracia es lo más cercano a imposible que hay. Pero por otro lado esa calle es en la que he trabajado casi toda mi vida(empresas diferentes me han llevado allí, amores también, creo que hay un vínculo invisible entre ese lugar y yo). Si leo en el metro entre músicos y raperos, creo que puedo conseguir abstracción a base de MP3 y autosugestión y digerir alguna frase o párrafo.
Por lo demás gracias por estar ahí. Yo de momento poco motivado por mil historias que más tarde o más temprano tal vez sean historietas aquí mismo, ya se verá. Un gran abrazo. Si te veo por Paseo de gracia te lo doy en persona.