11 junio 2018

Tomando café




Como en una historia de Mario, entré a buscar café. Esa mañana tenía cita en el Ayuntamiento para hacer unos psicotécnicos. Esos test requieren estar atento así que usé la cafeína como amuleto contra el despiste. Una vez más.
Entré en una famosa franquicia cafetera. Buen café pero malos precios. Pensé en pedir una hipoteca para pagarme el expreso oscuro que vibró tembloroso en su taza cuando me lo dejaron en la mesa junto a la bandejita sobre el ticket con el precio. Pero olía bien. Y sabía mejor. Estaba tan bueno que me pregunté qué era eso a lo que había llamado café hasta ahora, la forma en que mi pasado cafetero quedaba reducido a una sucesión de tazas de agua sucia del cubo de fregar. Hasta el azúcar parecía estar de más, casi una herejía, ni lo necesitaba. Y por más que el café es un buen aliado de la acidez de estómago y el reflujo, esté me sentó mejor que el Almax o el Omeprazol. O yo me autosugestioné con eso. Si en el paraíso hubiera cafeterías esta estaría en su guía Michelín del más allá.
Y me empezó a hacer efecto. La sacudida mental más el estómago vacío me engendra ensoñaciones y muchos flashbacks.
Recordé lo que hacía en tiempos más ingenuos en esas cafeterías. A lo mejor no disfrutaba tanto del café pero igualmente lo pasaba bien. Casi de manera involuntaria había entrado en un local que tenía una porción de mi historia que recordé como si hubiese pasado ayer.
Parafraseando a Sabina recordé mis “juegos de manos, a la sombra de esas cafeterías en verano”. Todo lo importante que me pasaba era subterráneo, pasaba por debajo de la mesa. Aunque no sé si engañábamos a nadie. No desde luego a las señoras y señores mayores que nos llamaban guarros a la salida. Por más que no me gustasen los lugares públicos para lo íntimo. Pero ella era más de dónde surja y lo malo es que le surgía en cualquier lugar. Hasta cierto punto era envidiable. Era capaz de abstraerse del entorno y pensar en lo suyo. Yo no era tan despreocupado así que me quedaba con la ingrata tarea de pasar vergüenza por los dos. Supongo que ella amaba o deseaba mejor y sin peros. Y yo me dejaba querer…
Al fondo del local vi una pareja representando mi vieja obra de recuerdo, más o menos, a lo suyo y toqueteándose como para asegurarse de que el otro era de verdad. Ella intentaba frenarle un poco y él no se daba por aludido. Aquí los papeles estaban invertidos pero era la misma historia. Qué gran distancia hay entre el corazón que desea con fuerza y el que no. Parecen mundos alternativos solapados en el mismo espacio y tiempo.
Yo terminé el café y el recreo de la memoria. Tocaban los psicotécnicos. Y no me fue mal aunque nunca se sabe. No al menos hasta que te dan los resultados. Casi decidí regresar a celebrarlo con otro café pero no me apetecía pedir otra hipoteca para pagarlo. Y mi cuota de Dèjá Vú estaba más que cubierta de momento. Ningún tiempo pasado fue mejor a no ser que te estés haciendo viejo. Nos engañamos mucho con otros tiempos. Pero la vida nunca ha sido especialmente fácil, lo mires como lo mires. Es sólo que con el tiempo le perdonas los disgustos que te dio. Yo en aquella época ya quería que pasase todo para sólo tener que recordarlo. Es tan cómodo sólo recordar…       

17 comentarios:

Zhura dijo...

Creo que todos hemos jugado a ese juego. El tema del toqueteo en público siempre ha tenido su aquel.
Supongo que como todo, con el tiempo se te pasa (o al menos eso espero), hay ciertas cosas a ciertas edades que prefiero no presenciarlas en un lugar público.

Yo no soy de café, la cafeína del café me afecta un montón (la de la coca cola en cambio no), soy capaz de estrangular o de reírme mucho o las dos cosas a la vez jajajaja (depende de la persona que tenga delante)

Respecto a lo de que cualquier tiempo pasada fue mejor... pienso como tú, no es cierto.
Yo he pasado malos momentos para dar y vender y hoy por hoy, soy feliz.
Supongo que endulzas las cosas o se te olvida como lo viviste y quedan recuerdos algo edulcorados o que prefieres terminar de recordar de otra manera.

Cada uno se engaña como puede, supongo.
Ahora solo queda esperar a los resultados de esos psicotécnicos.
Suerte!!

Sergio dijo...

Zhura: Sí, sí que se pasan ese tipo de actitudes. De hecho a mí ni me llegó porque nunca me gustó la exposición pública pero bueno, sí me gustaba que me quisieran así que jugaba de mejor o peor gana.
A mí el café también me afecta pero no mato gente, sólo me despeja y diría que hasta me pone creativo. Es el equivalente a una droga pero sin abusar. Por la tarde ya no tomo o me arriesgo a pasar la noche en blanco.
Gracias por los buenos deseos. Cruzo los dedos y si no... Seguiré intentándolo. No soy excesivamente pesimista.

Dorotea Hyde dijo...

Me ha encantado esta entrada, aunque diferente, está muy relacionada con las anteriores en las que nos trajiste a algunas de las mujeres de tu pasado. Quizás que no ha sido premeditado, pero no puedo evitar conectarlas.

Coincido con vosotros, no creo que cualquier tiempo pasado sea mejor, o sí, pero no como sentencia. Mis abuelos siempre lo decían, pero el pasado había sido el de la guerra, el hambre y la represión. Claro que eran jóvenes, y seguro que eso pesa más que vivir cómodamente con una pensión, rodeados por la familia de tu hija, pero viejos.

Un abrazo enorme y suerte con las pruebas.

Sergio dijo...

Dorotea: Está muy conectada con esas otras entradas. Tanto que podría hasta señalar que esta mujer ya ha salido mucho pero como el nombre o la inicial no era necesario para lo que cuento, pues no ha salido.
Lo de tus abuelos es normal. Pero en cuanto a nosotros tengo que decir que yo en una época donde no conocía la crisis tuve grandes momentos de infelicidad y en otros donde sí hubo crisis algo de felicidad. La economía es un factor pero no el único que te da la felicidad.
Muchas gracias. Suerte es lo que necesito.

Verónica Calvo dijo...

Y tanto que nos engañamos con eso de que tiempos pasados fueron mejores...
Qué sería de los que amamos el café sin esas cafeterías que, además, nos sirven de punto de observación para escribir.
Por cierto, la historia de Mario, muy buena.

Abrazos.

Sergio dijo...

Verónica: Me alegra que hayas leído lo de Mario. Es el escritor más "de cafetería" que conozco. Siempre termino pidiéndome otro más basándome en sus experiencias. Abrazos

Sylvia dijo...

Las cafeterías me relajan, me inspiran... quizás porque no he tenido recuerdos como los tuyos jeje..
Me quedo con tu párrafo de conclusión y "Esa vida a la que perdonas los disgustos que te dio..." es absolutamente genial.

Bss ;)

Sergio dijo...

Sylvia: A mí me encantan las cafeterías. Es uno de los pequeños placeres de la vida. Esta y este texto son un momento puntual ajeno a una larga y satisfactoria carrera como usuario cafetero. Besos

RECOMENZAR dijo...

Ay Sergi
has vuelto a ser el que eras
cuando escribes de algo que te sale de las tripas
me encantas
eres un excelente escritor
aunque cuando haces reseñas eres también super bueno
mil besos

Sergio dijo...

Recomenzar: Muchas gracias por los dos piropos literarios. Un placer tenerte de nuevo por este blog que seguro que te interesa más que el otro, je,je Un beso

a n a dijo...

Yo también uso el café como amuleto y a veces incluso como salvavidas ..., pero nunca lo había visto como una puerta a la memoria y a los recuerdos. Interesante :)

Un saludo, un placer encontrar tu sitio.

Mario dijo...

Lo bueno de leerte es que me adivino en casi todas tus historias. Tus textos están llenos de pasajes que podrían haberme pasado a mí. Y de despistes que podría haber sufrido yo también están llenos. Vas a bibliotecas, trabajas los libros o las letras o lo qué sea que son, bebes café bueno y cafés imposibles y nada tragables también pruebas, tienes conocidos y conocidas que juegan al despiste con tu despiste, o lo alimentan, literal y literariamente, tienes amigos que son mecenas en esto de sumergirte en una sociedad, que después te dejan solo, y que sales y entras y compruebas los estragos del tiempo, o que el tiempo hace con esas personas que acabas incorporando a tu narrativa. Conviertes en personajes lo que tocas, aunque sea un café de esos de antes más malo que todas las cosas y más caro que una participación o un pellizco de las minas del rey Salomón.

También tuve una amiga que se masturbaba con juguetes. Pero no juguetes eróticos, no, nada de aparaticos fálicos, no, qué va. Lo hacía con muñecos y figuras que habían resistido al tiempo. Un día escribiré sobre ese tema porque, entre otras cosas, hace bastante tiempo me pidió que escribiera sobre ella y sus gustos o sobre mí sobre ella y mis gustos. En fin, todo se escribirá, cuestión de tiempo.

Te saludo desde esta cafetería. He acabado mi texto de hora y pico con café exquisito (aquí serías feliz por razones varias; las vistas de fuera, y las vistas de dentro, el sabor, el color...) Digo que he terminado de escribir, pero no he querido subir el texto a la red hasta leerte. Me debía tus entradas desde hace semanas. Y aquí estoy, café en mano, agradeciéndote todo lo que vives, todo lo que confiesas y todo lo que despistas...

Un abrazo, Sergio.

Y feliz entrada de verano.

Sergio dijo...

Ana: Muchas gracias. He entrado a curiosear en tu blog y también me parece un buen descubrimiento. Nos leemos.

Sergio dijo...

Mario: Este último texto es uno de los más dedicados a tu propio mundo literario. Pero no deja de ser mi texto porque me identifico mucho con lo que escribes. Y los de cafés y literatura ya ni te cuento (porque ya te lo he contado mil veces antes). Creo que sabemos de sobra el efecto de la cafeína en nuestras neuronas. Nuestra bohemia sin glamour ni excesiva riqueza sólo nos da para tomar estimulantes cotidianos pero mejor así. Nos mataremos más lentamente. Ya te conozco y me conozco esa maravillosa sensación de sentarse, dejar que el café llegue a donde debe y te saque a rastras las ganas de escribir algo.
La historia de tu amiga que prometes escribir tiene un trailer de lo más sugerente. Esta sí que te puede sacudir el ya agitado espacio literario de tu instagram. No me la pierdo. No me pierdo ninguna pero vamos, que la espero con especial interés.
Seguro que me gustaría tu cafetería. Estuve mirándola por el google maps para memorizarla por si vuelvo a pasar por Girona y te localizo por allí. Y además tiene mis peores tentaciones azucaradas. Muchas gracias por estar siempre por aquí. Y dejar comentarios como textos que le dan enjundia a todo esto. Un abrazo

Mina Jankovic dijo...

Nice post, dear!

Following you! Follow back?
www.minnieart.blogspot.com

Maman Bohème dijo...

"Nos engañamos mucho con otros tiempos"...empiezo por ahí porque yo hago todo lo contrario y no sé qué es peor Sergio.Engañarse o "ensoñarse" con el pasado o engañarse con futuros.
Yo soy de soñar futuros. El pasado sólo se asoma para decirme qué hice bien o qué hice mal. Para recordar cosas buenas de personas o para que me piquen diversas cicatrices. Pero lo hago sin añoranzas.
Lo bueno está ahí y me hace sonreír pero no anhelar ni desear que vuelva. Las cicatrices me hacen seguir hacia delante aunque me entorpezcan muchas horas del presente pero es lo que hay. Así que mi talón de aquiles son los futuros soñados. Algunos se cumplen otros se quedan en el camino, otros te defraudan. No sé. Ojalá todos supiéramos cómo hacer para vivir mejor y con más intensidad el momento. Estoy tan enfurruñada con eso que me he comprado "El poder del ahora". Aunque si te soy sincera, soy tan escéptica con esta temática. Pero vaya! quizás aprenda algo que no sé y pueda poner en práctica.
Sobre el café...qué te he de decir...los desayunos o el café de la tarde son mis preferidos. Prefiero desayunar que ir a comer o a cenar. Es mi comida preferida se mire por donde se mire. Y si es un lugar lindo y que hagan buen café...pues eso que también dejaría mi sueldo allí. De hecho, cuando tengo un mal día aquí, me voy a desayunar. Y ni que sean diez minutos mi humor pasa a ser regular o mejor...jejeje!
Sobre lo de querer más o mejor...no sé qué decirte. ¿Cuál es la intensidad del querer? No está mal tampoco dejarse querer...a veces sienta bien.
Te mando un besazo!

Sergio dijo...

Maman: Sobre el futuro también parece un problema. El mío desde luego lo es pero en mi caso porque siempre me parece más grande y peligroso o difícil de lo que luego realmente es. El día que consiga ajustar mi realidad al presente seré feliz. Ya estarás harta de oír el carpe diem. Pues eso. Vivir el momento. O por lo menos conseguir vivir algunos momentos en directo. Sin preocuparte de lo que venga después o de lo que hiciste. Yo por eso ya firmo. Pensar está bien pero a veces hay que dejar descansar incluso nuestra cabeza.
Yo también soy escéptico con esos libros. Aunque a mi manera usé esos libros. La "memorias de Adriano" es un libro de un romano estoico que contaba su vida de emperador y daba consejos sabios sobre la vida. Me sentía bien leyéndolo. aunque luego fracasaba de nuevo en los mismos puntos porque me olvidaba o no empleaba bien la sabiduría sobre el terreno. Creo que al final solo los años nos tranquilizarán un poco. Entres los 50 y lo 60, cuando ya empiecen a no importarnos las cosas, seremos más felices. Lo dice la ciencia. Siempre que estemos bien de salud o económicamente,claro.
Un besazo también para ti. Hoy te brindaré mi primer café ahí donde estés.