30 agosto 2007

Misogínia pasajera(creo)

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Las diferencias entre hombres y mujeres aparecen dónde menos lo esperas. Incluso en la cola de un cine. El día del estreno de un bombazo. Todos tenemos prisa por entrar. Todas no parecen tener prisa por nada. Ellas nunca van solas. Aparecen las mujeres con sus compañeros sexuales o con sus compañeros no sexuales que desean serlo. O con sus amigas, o con sus abuelas y sus tías. Los hombres tienen menos problemas y acuden más solitarios que solitarias. Probablemente ellos van a ver una película y ellas van a compartirla. Ellos llevan el dinero en la mano. Veo que los tres machos frente a mí llevan seis con veinte. Es el importe exacto. Yo miro mis manos y también lo tengo preparado. Ellas deben llevar el dinero metido en el monedero al fondo de un bolso cargado con cien mil artilugios de belleza, el móvil, las gafas, las compresas… Hablan animadamente y no piensan en buscar el dinero hasta que llegan a la taquilla. Una vez allí buscan y rebuscan el dinero, hacen perder tiempo a la taquillera, a la cola, a sí mismas. Pero claro, primero había que hablar de la cirugía de Pepita que le ha quedado fatal y lo de prepararse para pagar era irrelevante. Algunas de ellas preguntan si hay descuento por ser madre de familia, por haberse comprado un consolador caro o porque las acaba de abandonar el marido. Si les dicen que no comienzan una discusión hasta que consiguen el descuento. Ellos preguntan que si hay descuento por ser el día del espectador y si les dicen que no ni pierden el tiempo en preguntar por qué. Simplemente quieren entrar en el cine y no perder tiempo discutiendo. Ni siquiera cuando tienen razón. A veces ellas deciden si hay que comprar entradas para una cuarta persona que no se sabe si vendrá cuando están delante de la taquillera. Luego, después de tres horas de ruegos y preguntas entre ellas deciden que se la compre la ausente si quiere, cuando venga. Ellos han decidido cuantos vendrán, quienes serán, quién pagará qué y en qué momento aparecerá (probablemente ninguno llegue tarde a la cita y no haya que esperar a nadie) horas, semanas y hasta meses antes de que lleguen a esa cola.

En la sala de cine ellos se sentarán en su sitio si las entradas son numeradas. Sabrán si lo es o no mirando en la entrada. Puede que lo pregunten en taquilla o lo hayan leído en el periódico. Ellas pueden estar en la cola junto a una persona que grita desesperada “¡Dios, son entradas numeradas, mi vida no tiene sentido con entradas numeradas en los cines!”, no oírla, llegar a taquilla y preguntarles la taquillera qué sitio prefieren porque las entradas son numeradas, haber visitado cientos de veces ese cine dónde siempre han sido numeradas y después de eso llegar a la sala y sentarse dónde les de la gana. Después puede venir el acomodador, decirles que el sitio está ocupado y ellas indignadas son capaces de asegurar muy convencidas: ¡Deberían avisar que estaban numeradas!

También puede ocurrir que lleguen tarde cuando no son numeradas y pronto cuando son numeradas(pero esto último es casi utópico).

Ellos entran apresurados a la sala para estar sentados tres horas antes de la película o por lo menos un cuarto de hora. Ellas pueden llegar media hora tarde y todavía pedirle a su compañero que las espere porque quieren palomitas y el cine no es cine sin palomitas. En la sala es posible que ellos no se muevan ni medio centímetro de dónde se han sentado. Ellas pueden moverse por todas y cada una de las mil butacas y no sentirse cómodas en ninguna. Al llegar a la elegida se pueden reír y mirar a su compañero que las mira con los ojos desorbitados y la tensión tan alta que les aparece un señor muriendo con un rayo en un cartel en el pecho y soltarles con humor: "¡Vaya, qué bien se ve desde aquí, en la primera butaca en la que nos habíamos sentado!"

Ellos y ellas pueden ser así en el cine y fuera de él. Hay personas excepcionales de ambos sexos que se escapan de algunos de mis ejemplos cuando no de todos pero yo, después de asistir al último estreno de cine importante y de haber observado mi entorno una vez más, sufro mi crisis pasajera de misoginia. Tengo que leer el libro ese de las mujeres son de Venus y los hombres de Marte. Pero claro, a los hombres nos gusta poco la autoayuda y esos libros son tan aburridos... Buscaré alguna mujer para que me lo cuente. Alguna que no lea mis posts, claro.

2 comentarios:

Ozymandias dijo...

!Bwahahah¡ Eso no es misoginia, es simplemente ver las diferencias hombre-mujer. Nosotros somos cazadores y ellas recolectoras. Cuando el cromañón cazaba si se despistaba mirando las musarañas o hablando con el otro cromañón se le escapaba la presa, así que iba al grano. La cromañona por el contrario tenía todo el tiempo del mundo para perderlo, las avellanas y los tuberculos no se escapan. Y las cosas no han cambiado.

Houellebecq dijo...

Bueno, algo sí han cambiado. Ellas ahora también tienen que ir de caza. Aunque lo hacen con el comportamiento de las recolectoras.