08 junio 2008

Secretos


Nadie sabe que trabaja en Smallville pero odia los superhéroes



Últimamente noto que me cuentan bastantes secretos en el trabajo. Personas que se odian entre ellos me confían una información que mal usada por mí les podría hacer bastante daño. Eso en cuanto al grado de confianza que la gente me muestra es positivo. No puedo decir lo mismo en cuanto al grado de presión que me produce. Porque no todos los secretos son iguales ni se asimilan del mismo modo. Algunos son difíciles de tolerar.
Hay secretos que me dejan perplejo. No entiendo muy bien cuando me dicen algo como “no le digas a nadie que he ido al dentista a sacarme una muela, no quiero que nadie lo sepa”. En fin, puedo entender que no sea de tu agrado explicar una operación de fisura anal pero ocultar al dentista como si se tratase de un amante secreto o miembro del Opus Dei me parece un tanto excesivo.
Prefiero secretos del tipo “Nunca he practicado cunnilingus con una chica. ¿Crees que eso es importante para una mujer?” Bueno, no es el tipo de pregunta que sabría responder pero sí es el tipo de saber práctico que me encantaría enseñar. El problema de este tipo de confesiones es que no se pueden dar demasiadas soluciones. Como mucho ofrecer algunas páginas de autoayuda masculina como Tuporno, pornotube, etc. O ser totalmente falso y salir por la tangente: “No, no es importante. Las mujeres no le dan importancia a casi nada, no te preocupes, con que la lleves de vez en cuando a echarle pan a los patos ya estará contenta y no te cambiará por nadie”. El problema de esas confesiones es que exigen una respuesta por tu parte, un consejo.
Peor debe ser el que tiene que soportar de la chica a la que quiere un secreto como “Se la chupo muy bien a mi novio así que no sé qué más quiere” y luego pasa a explicarle todo lo que le hace al objeto de sus amores. Este tipo de secretos es de los peores. A nadie le gusta que le expliquen detalladamente el sexo que practica una persona a la que desea con otra persona a la que desearía lanzar desde un tren en marcha. Esas confesiones de la amada se las podría meter dónde al sufrido oyente le gustaría meter otra cosa.
Secretos más jugosos y soportables son los de temática laboral. Te viene un individuo que confía en ti y te explica que odia a otro del mismo puesto de trabajo. El otro no tarda en mostrarte que el odio es mutuo y pone verde al primero. Tú sabes que si le explicases algo a cualquier de los dos sobre lo que ha dicho el otro tendrías algo así como fuegos artificiales y verbena en el trabajo. Es por eso que debes callarte y limitarte a sonreír como un idiota cuando cualquiera de ellos te diga: “¿Te ha dicho algo el otro sobre mí?”. “No, no”, debes asegurar “A mí es que no me cuentan nada”. Pero claro, siempre está la maldad personal de cada uno y el hecho de que siempre te cae mejor uno que otro. A veces alguna fuga sí que se me produce en este asunto. Nada recomendable, por otro lado. Puedes pasar de ser Suiza(país neutral) a EEUU en pleno 11 de Septiembre de hace seis años.
Y luego los secretos inventados. Esos que también se llaman rumor y que tocan un poco las narices. Alguien con dos neuronas en el cerebro escucha mal porque no se lava los oídos algo y luego lo transmite a media voz con aire interesante pero de un modo falso a otro oyente que a su vez lo llevará a otro oído incauto y el virus estará servido. Los rumores son odiosos y casi siempre se sustentan en los deseos personales del frustrado que los inventó, en su estupidez por no entender bien la información que recibe o en sus deseos de venganza mediante la difamación. Es una pena que instituciones tan dignas como la Inquisición no sigan con su brillante labor hoy en día y por ejemplo se dediquen a castigar el delito de brujería. Porque brujería es decir que tal persona ha estado bailando en tal sitio en que no ha estado mientras estaba de baja. O que otra persona ha firmado un papel de finiquito para irse del trabajo cuando dicha persona sólo ha cambiado sus condiciones laborales. ¿Acaso ven ellos lo que nosotros no percibimos? ¿Tienen poderes más allá de nuestra comprensión? ¡A la hoguera con ellos! El único secreto a voces referente a ellos es que son imbéciles.
Es evidente que los secretos tienen su utilidad. Por más que todo se acaba sabiendo. Yo estuve años ocultando en los sitios más inverosímiles un diario personal que mi hermana no buscaba pero se acababa encontrando como por casualidad. Un viejo amigo mío aseguraba que lo mejor para que nadie sepa algo que no quieres contar es no contarlo a nadie. Y es que el deseo de aventar lo que te cuentan es casi universal. Sólo algunas mentes privilegiadas escuchan y callan y no cuentan lo que se les ha pedido que no cuenten. Pero la norma general es decirlo todo. Tenemos libros de Historia gracias a los bocazas. Me gusta la frase que pone el escritor de comics Brian Michael Bendis en boca de la Bruja Escarlata sobre la información de la prensa: “Tiendo a no creerme lo que dicen los medios. Espero diez años y leo el libro en el que cuentan qué pasó de verdad, pero que tenían demasiado miedo para contarnos entonces.” Sí, todo se sabe al final. Aunque a veces ya no te importe saberlo.
Es por eso que al igual que Poe en “La carta robada” siempre trato de poner mis secretos muy a la vista para que se disimulen mejor. Si la gente ve que no escondo algo tal vez sea porque ese algo no existe y todo es una broma. Eso es lo que deberían pensar. La única pega es que como escritor aficionado(y aunque fuera profesional daría lo mismo) toda la información que recibo se acaba convirtiendo en algo escrito. Me gustaría guardar mejor los secretos pero entiéndanme… ¡Soy un blogger!

3 comentarios:

pierrot dijo...

Cunnilingus del latín, pero quien no practique el cunnus no sabe lo que se pierde.
Los romanos ligaron el poder al sexo oral, practicar una felación o un cunnilingus por un hombre o una mujer el ejecutor los convertía en culpable, parecia ser que practicarle el sexo oral a la mujer era rebajarse mas que uno que fuera penetrado por otro hombre. A lo mejor si te han confesado en alguna ocasión de que no ha practicado el cunnus a una mujer....,preferirá que se lo practique un hombre.

Houellebecq dijo...

Cierto. En las paredes de Pompeya se conservan graffitis dónde se insultan a ciertos hombres llamándoles comecoños. Hoy en día sería justo lo contrario. Los tiempos y las costumbres cambian. Las ganas de no dejar en paz al prójimo ni a su sexualidad parece que no.

mierda de bufalo dijo...

anda loser surnormal bete a lamerle el culo a ezkretor que aqui no entra nadie jaja surnormal