30 septiembre 2009

Rabioso


Tiene unos cincuenta y tantos. La conozco desde hace unos seis años. Pero es un decir. Me debo haber cruzado con ella unas cuantas veces y siempre he tratado de evitarla. Su conversación parece un interrogatorio en primer grado o recuerda a la Stasi Berlinesa, un departamento para la seguridad del Estado. ¿Qué estado? El estado de su curiosidad, claro. Estoy seguro de que es una mujer a una mirilla pegada. En las reuniones de vecinos se queja de que nunca van los jóvenes. Ella siempre está. La oigo gritar desde mi casa. Siempre discute por algo con alguien. Vive por y para el barrio pero no ayuda en nada. Bueno, el otro día me abrió la puerta mientras cargaba yo con dos garrafas de ocho litros de agua. Cuando ya me dirigía a las escaleras me pidió un momento. Yo sabía que el diablo me estaba tentando. No debía caer en su juego. Debí escapar pero la educación me lo impidió durante esos momentos de titubeo. Solté las garrafas y relajé los hombros. La señora tenía que comentarme algo.

Ella-Sé que no es asunto mío porque esto es cosa del presidente pero me gustaría saber quién deja la basura frente al rellano de tu casa.

Yo- Si se refiere a una vez que la dejamos un momento fuera porque se olvidó…

Bueno, yo no pero fue…

Ella-Vale, vale da igual. Pues dile a quién le tengas que decir que aquí se puso un cartel sobre ese tema y que eso no se puede hacer. Ya sé que eso tendría que decirlo tu vecino o el presidente y no es cosa mía pero las cosas, si se dicen bien… Además, si tanto sabéis de leyes en tu casa sabréis que no está permitido dejar la basura en el portal.

Yo- Primero: no he sido yo el que ha puesto la basura en el portal así que hable con la que lo ha hecho, no soy mensajero. Segundo: esto me consta que no es una costumbre y que son dos o tres hechos puntuales. Tercero: hace años que me quejo de que algún tarado de este vecindario le da de comer a las palomas y tira pan frente a mi casa atrayendo a estos bichos tan asquerosos además de ratas y cucarachas que son peores, alguien tira al otro lado bolsas de patatas fritas y paquetes de tabaco, a mi rellano lo rocían con caramelos y envoltorios de lo que sea que lleve el guarro que espera el ascensor frente a mi casa, los negritos dominicanos que según usted se me deberían quejar y viven al lado me ponen el reggaeton a todo volumen y a cualquier hora del día o me dejan bicicletas y objetos variados en el rellano más alguna que otra colilla de ellos o de sus amigos, los jubilados sobre mi cabeza tienen un taller no declarado sobre mi cabeza que parece de chinos y he ido varias veces a juicio por esa causa… ¿Y usted me viene con esas?

Ella: Lo que a usted le pase no es cosa mía. Ustedes tienen que seguir las reglas y lo otro… Pues denúncielo o ponga cámaras. Pero el Sábado pasado la basura estuvo en tu portal por la tarde, por la noche y a la mañana siguiente.

Yo: Eso no está bien pero creo que debió ser un error. Sufrí un coágulo de sangre y me tuvieron que acompañar al médico. Olvidamos la basura en el portal (esto es falso pero a lo mejor la conmuevo un poco y además creo que es falso lo que dice, a mí tampoco me gusta ver la basura en el rellano de casa).

Ella: Creo que si las cosas se dicen bien nadie se debe molestar porque ustedes saben mucho de leyes pero luego a la hora de cumplirlas….

Yo:(en ese momento cambia mi rostro, paso del modo chico simpático y amable a gárrulo y cabreado. Ya no se puede razonar conmigo. Soy desagradable y me acerco a ella como si quisiera pegarle. Cuando me pongo así realmente quiero golpear pero no lo haré) Por lo que dice usted no ha tenido otra cosa que hacer el fin de semana pasado que bajar y asomar su cabeza al rellano de mi casa varias veces. De otro modo no hubiese visto esa bolsa de basura que a usted ni le va ni le viene porque vive cuatro escaleras más arriba. En algo le doy la razón. Esto no es asunto suyo. Es del presidente, de los negritos o de la policía pero no de usted… Al parecer usted lo ha hecho suyo. Debe ser algo personal por aquella vez que en justicia pedimos que se arreglase con dinero de la comunidad algo que por ley se tenía que arreglar para que no nos ahogásemos de humedad en mi piso. Si usted se lo toma como algo personal yo no tengo problemas en tomármelo como personal también. Y el que me busca me encuentra. Buenas tardes. (Me voy porque por la dirección de su mirada intuyo que alguien se acerca y sé que le encanta hablar en voz alta para todo el mundo y para defender sus causas)

Ella: (aturdida) Buenas tardes.

Regreso enfadado a casa. Vuelvo a tener la rabia. Casi dos meses de paz y creyendo firmemente en las virtudes del Prozac para controlar el Hulk que llevo dentro.

Después de todo, lo mejor para no alterarme era no alternar con cretinos desocupados ni discutir por temas que ni me van ni me vienen.

¿Alguien tiene una cabaña en mitad de ningún sitio para mí?

23 septiembre 2009

Lecturas vivas de un verano muerto


Safo


Robándole ocio a mi tiempo y alquilando en la biblioteca he leído bastante últimamente. Sin ningún tipo de objetivo o coherencia. Movido por el impulso y algunos comentarios o recomendaciones extraídos de cualquier lugar. No sé si salgo más sabio de la experiencia pero sí más leído. Como siempre. Este año han sido más de cincuenta entre novelas, poesía, ensayos y descontando las toneladas de tebeos y revistas variadas. Eso sólo puede significar que el año ha tenido sus momentos buenos (y aún no ha muerto, que le quedan más de tres meses), esos en los que he devorado páginas. En sentido metafórico, claro. ¿Hay algún orden en mi lista? Lo dudo:

- “El mal de Portnoy”. Philip Roth: Para todos los públicos si tienen más de 18 años. No menos genial que siempre pero sí más guarro. Una delicia literaria.

- “Adiós a la filosofía y otros textos”. E.M. Ciorán: Filosofía para gruñones. Como yo estaba cabreado cuando lo leí y el autor puede que también lo estuviera (toda su vida) la selección de textos me gustó.

- “Vineland”. Thomas Pynchon: Dicen que es uno de los cuatro escritores vivos más importantes del momento(junto a Philip Roth, Cormac McCarthy y Don Delillo). Yo no me leí el más importante de sus libros pero este me aburrió. No siempre estoy de acuerdo con la opinión global o es que a mí hay libros que me pillan despistado. Para opinar más debí leer los suyos más importantes pero es que son gigantes y si no tengo la garantía de que el autor me gustará me da pereza empezar mamotretos de mil páginas. No sé si regresaré a este escritor del que sólo tenemos una fotografía suya de hace cincuenta años. Ha sido un desamor a primera vista… o leída.

- “Epicur- Ética”: Un libro en catalán que traducido al castellano sería “Epicuro- Ética”. Ejem. Una delicia sobre el filósofo que mejor me define. Hedonista hasta la última célula.

- “Elogio de la locura”. Erasmo de Rotterdam: Entretenido. Me distrajo bastante en los transportes públicos de Barcelona que tanto tiempo te roban con sus averías y retrasos por causas extrañas al pasajero. Pero no me volvió loco si se me permite el chistecillo tonto.

- “Maestros del horror de Arkhan House”. Varios autores: Cuentos de literatura Pulp que no es para tirar cohetes pero ya sabes que no lo será antes de abrir el libro. Me gustaron más las presentaciones a los cuentos que los cuentos mismos. En cualquier caso muy bueno como higiene mental.

- “Si mi biblioteca ardiera esta noche”. Aldous Huxtley: Artículos y ensayos. Lo mejor que he leído este año. No puedo decir más. No recuerdo si este autor está en mi perfil pero si no es así aparecerá en breve. Todo lo suyo es superior.

- “Doctor Pasavento”. Enrique Vila-Matas: Vila-Matas suele estar bien así que opino bien sobre el libro. Aunque sea el que menos me ha gustado de los suyos. A lo mejor es que hacía mucho calor este verano.

- “Bajo el volcán”. Malcolm Lowry: Un clásico de la literatura para alcohólicos. Como lo leí mientras jugaba al ajedrez con una persona a la que estaba enseñando tal vez se me escapó la poesía de algunos pasajes pero el final me impactó bastante. No contaré nada por si eres un amante de la literatura etílica y quieres leerlo. Tiene película de John Houston que aún no he visto.

- “La carretera”. Cormac McCarthy: Literatura fantástica y post-apocalíptica con película inminente. Una obra maestra del género. Para leer en una tarde y del tirón.

- “Anábasis”. Jenofonte: Un reportaje de primera mano sobre la vida de unos mercenarios griegos que durante el primer capítulo pierden a su jefe, un persa llamado Ciro, y comienzan una aventura de lo más entretenido por Oriente. Muy bueno pero a mí me gusta toda la literatura grecolatina así que no soy objetivo.

- “El mar”. John Banville: El mejor clon de Nabokov que he encontrado hasta la fecha. Pero sigue ganando el original de largo. Agradable en cualquier caso.

- “Poesía y testimonios”. Safo: Muy bueno pero sería mejor si los nueve libros que escribió esta habitante de Lesbos no hubiesen sido purgados por los gusanos y las ratas que se fueron comiendo casi toda la obra. Poco nos ha llegado de esta poetisa griega pero tiene buenos momentos. Para disfrutar más de su obra me haría falta una lira, una partitura original de Lesbos y saber algo de música pero en fin, que el libro se lee con gusto.

He leído algunos más pero ya estoy cansado de escribir.

Prefiero seguir leyendo.

18 septiembre 2009

Feria

Confiaba que la crisis fuera el verdugo de las fiestas de mi barrio pero el esbirro me ha fallado. Como cada año Septiembre me ha dejado nueve noches de gritos de borrachos hasta altas horas de la noche, gárrulas despechadas igualmente borrachas clamando por sus príncipes cocainómanos, vejestorios buscando juventud en las improvisadas pistas de baile y al amparo de unas orquestas que ahora lo tienen peor(la SGAE además de apretar, ahoga), atracciones de tres euros el viaje y dos minutos el dudoso placer, alimentación de chiringuitos más perjudicial que todo el tabaco de la península y… ¡bien!, propuestas culturales.

Yo he aprovechado esas tardes de teatro, poesía y cine para ver qué se cuece en mi barrio o en las cercanías. Tal vez me encontrase con alguien de gustos similares o mejores que me aportase algo. Estaba claro que en la feria no se me iba a ver salvo por el hecho de pasear a mi sobrina cuatroañera que todavía es público del ruido y el gusto lo tiene como en construcción.

Dí una vuelta por las casetas dónde diversas personas se agrupaban con objetivos que iban desde la afición a la cocina hasta el desafío viril aunque un poco simplón del rugby. Allí había de todo y hasta algunas sorpresas. La primera me la dio mi sobrina que me llevó de la mano hasta una caseta dónde un montón de margaritas de plástico con la fotografía de un niño por cara se exponían como la asociación del Esplai al que iba ella. Una de las margaritas con la cara de un niño eclipsaba un poco la de mi sobrina así que deforme su tallo un poco para que ella destacase más. El guardia de seguridad estaba entretenido piropeando a féminas desde los cuatro hasta los ochenta años.

En el barrio había un tipo con un perro al que un amigo y yo solíamos llamar subnormal porque nos caía muy mal desde siempre. En la asociación de enfermos mentales a los que ayuda mucho tener un animal salía él en una instantánea acompañado de su no menos tarado amigo. Después de todo nunca le insultamos. Sólo le definimos.

Otro al que le teníamos respeto y no insultábamos porque nos apenaba un poco su hidrocefalia y el convencimiento de que realmente no estaba muy bien de la cabeza no sólo era Homo Sapiens sino que estaba su fotografía destacada en una asociación de poetas insignes del barrio.

Nada como esas casetas para ver algunos de los bastidores de la engañosa realidad.

El recinto para la poesía en una improvisada carpa fue decepcionante. Sólo gente mayor que confundía la poesía con el mercado y se saludaban a voces y sin sonotone mientras en el escenario poetas no menos mayores en edad pero muy inmaduros como artistas se trababan recitando, confundían la poesía con un espectáculo hortera de variedades y ripios de colegio, soltaban sermones de iglesia cursis en el mejor de los casos y soporíferos en el peor o en fin, demostraban que todo el mundo puede ser escritor o poeta pero casi nadie puede hacerlo bien. Muchos aplausos pero muy poco arte. Resistí casi media hora más fascinado por la capacidad del ser humano para hacer el ridículo sin darse cuenta que del nulo placer proporcionado por los versos. Soy un morboso.

El teatro estuvo un poco mejor. La sala estaba muy bien acondicionada en un edifico público y sólo eché de menos poder sentarme. El aforo estaba completo. Mientras veía “Ocho mujeres” y trataba de olvidar que las protagonistas que hacían de abuela, madre e hija respectivamente parecían tener la misma edad, algunas personas mayores entraron a oscuras en la sala. Estos lugares me hacen sentir casi un niño, el público no baja de jubilado. Una señora entró tanteando. Con su mano derecha se sostenía en su bastón mientras con la izquierda se sostuvo unos incómodos segundos en mi culo. Ni respeto a sus canas ni nada. Mucha desvergüenza es lo que hay. A cualquier edad.

En fin, otro año más sin sentirme parte integrante del barrio.

Será porque suelo salir más por el centro de la capital que por aquí.

04 septiembre 2009

Actualidad de nuestros cuerpos


En ese banco tenemos una porción de brisa y un buen pedazo de mar. Estábamos en crisis entre nosotros y con amenaza de recesión. Pero ahora, contigo sentada sobre mí al estilo adolescente parece que surgen los brotes verdes y vemos la luz al final del túnel. El puerto me sabe mejor contigo. La población de Barcelona me sigue sobrando pero como es un mal inevitable intento concentrarme en el bien acariciable sobre mi regazo.

Nos besamos como si desafiásemos a la gripe A pero es que en realidad ni la recordamos. Nuestras enfermedades juegan al ping pong. Recuerdo que la gripe del año pasado se mudó de mi garganta a la tuya y cuando sané me la regresaste de nuevo y cómo al final, cuando tú sanaste, aún te la devolví una vez más. Si el virus muta a mortal seremos los primeros Romeo y Julieta de la pandemia del siglo veintiuno.

Pero no me dejas pensar mucho más. Sabes que eso es lo último que necesito para ser feliz. Me besas con más intensidad y pruebo el sabor de tu lengua. Las buenas costumbres no se pueden perder. El sueño de todos mis dedos era tocar tu piel. Ahora lo cumplen mientras se reparten cinco tu espalda y los otros cinco tu vientre (premio para el que llega a tu ombligo).

Es cierto que en el Mediterráneo hay tiburones. Uno de ellos desea arrancarte la perfección de esos labios a bocados.

Unos gárrulos envidiosos gritan cosas como “ñaka, ñaka” y monosílabos varios desde el puente sobre el banco. Resultarían encantadores si no desease más bien ponerles una piedra alrededor del cuello y tirarlos al rincón más sucio de este Mediterráneo con depredadores. Pero al probar la saliva de tu boca se produce el efecto del mítico río Leteo, me quedo sin memoria. O al menos sólo tengo neuronas para ti. Soy capaz de abstraerme y olvidar a los pajilleros y Neandertales de los aledaños. Los niñatos sólo existen si crees en ellos y los nuevos planes educativos en España los están matando. Pronto comprobaremos si se puede morir de estupidez y ellos nos lo van a demostrar.

Intento hacer una ampliación de tu escote. Me miras sorprendida. La polémica del nudismo sí o no es alternativa a lo nuestro. Podemos armar polémica y escándalo sin quitarnos una sola prenda de ropa. El nudismo está permitido en España salvo en ciertas playas de la ciudad Condal pero el tope está en practicar sexo en público. Algo incomprensible si miramos las fotografías de “El País” detrás del mercado de “La Boquería”, un manjar para los amantes de la pornografía. Las leyes son claras pero los recursos escasos. Tenemos que seguir aprovechando la debilidad de nuestros ayuntamientos para atajar nuestros ardores (por si acaso, antes de bajar mis labios hasta tus pechos miro si hay policía cerca, gente sí, de eso hay en todos sitios y a cualquier hora). Mi poca vergüenza tiene límites pero están poco claros.

Tú me arañas la yugular con los dientes. Luego el atentado terrorista es en mi oreja. Cierro los ojos y apago el mundo porque mi placer no necesita que mire la realidad. Me sacas del error y me muestras como un avance de lo que podríamos hacer en un cuarto, el principio de tu tanga negro. Me quedo como hipnotizado por las transparencias. Intento descifrar el secreto que insinúa esa tela y pienso en esos otros labios sin lengua que también me gustaría besar. Me detienes la mano antes de que nos detenga alguien. Esas cosas a su tiempo. O en la intimidad.

Todos los órganos de mi cuerpo están en elecciones y ha ganado el sí a ti en el referéndum. El presidente levanta la cabeza en mi pantalón aprobando tu legislatura sobre mi corazón. También se aprueba un estatuto que incluye el derecho, llegado el caso, a terminar de follar sólo en caso de agotamiento extremo por parte de uno de los dos.

Salimos de allí antes de que nuestro efecto invernadero nos mate frente a esos peces tan mirones que tenemos delante.

En el autobús intento ensayar tiras cómicas contigo pero lo único que te hace gracia es saber que estamos juntos y no quiero eludirte como única reina de mi monarquía.

Me cobro unos cuantos impuestos a base de caricias y apretujamiento de nalgas. Hoy parece el cumpleaños de mis manos.

Sabes que cuando tenga ocasión me tomaré el derecho de pernada con avaricia.

Cuando al bajarme del autobús alzo mi mano y te despido no es lo único que levanto para decirte adiós.