Acusado

Un chistecillo para quitarle importancia al asunto
Fui a ver a un abogado amigo de una amiga. Sólo para que me asesorase un poco.
Tenía la oficina a una hora en tren más transbordo de metro. Me costó bastante llegar hasta allí. Al llegar me recibió una gordita sudamericana que dijo que estaba arriba, en su despacho. La oficina no era tal, sólo un piso dónde una niña, en el comedor, saltaba aburrida y sola y con el televisor apagado sobre un sofá. Creo que era la hija del abogado.
Subí por una escalera de caracol hasta la oficina dónde a duras penas podía separar tanto la silla de la mesa que no tocase contra la pared. En esa caja de cerillas esperé a que terminase de hablar con alguien sobre un evento cultural que estaba organizando o asesorando. El lugar era austero. Tenía un portátil sobre la mesa y una carpeta con el mechero, los lápices y un bolígrafo encima que el abogado, mientras hablaba por el móvil, organizaba y reorganizaba una y otra vez distraídamente. Cuando terminó me preguntó por mi caso. Intenté ser breve:
- Tengo un problema con un vecino jubilado desde hace cinco años. Trabaja sobre mi piso y hace ruido. Hemos discutido muchas veces. Me llevó a juicio el año pasado porque le llamé hijo de puta y le amenacé. Salí absuelto de aquello porque no tenía pruebas. Este año me acusa de haber golpeado su puerta con un martillo. Daños a la propiedad.
- ¿Es cierto?
- Bueno, tal vez. El día que ocurrió volví a por él pero unos vecinos míos se sumaron a mí en la escalera. A ellos también les molestaba el ruido. Al llegar a su planta descubrimos que el ruido no lo hacía él, lo hacían sus vecinos. Por primera vez este hombre era inocente. Pero aprovechó para comentarles a mis acompañantes que yo había golpeado su puerta. Esta sólo tenía un agujero astillado, no más grande que una moneda de euro. Al día siguiente se presentaron los Mossos d,Esquadra a tomarme los datos. Meses más tarde llegó esta citación.
El abogado me miró divertido. Tenía su gracia que el vecino afirmase haber estado “casualmente” en la mirilla de la puerta y me “viese” golpearla. La imagen era ridícula. ¿Está todo el día espiando por la puerta? Me aconsejó llevar un testigo por si el vecino llevaba otro. Si yo quería defender mi inocencia me costaría unos trescientos euros que él rebajaba a doscientos cincuenta. Esta inocencia tenía un descuento de cincuenta euros. Teniendo en cuenta que la otra vez me defendí muy bien y el vecino demostró ser un gran cretino, decidí pensar lo que haría. No me juego la cárcel aunque dos juicios ya me hacen sentir íntimamente emparentado con el “Vaquilla”. Sólo me arriesgo a pagarle los daños al vecino y a una multa. Algo que sería humillante y le daría al cabrón el derecho a seguir haciendo ruido sobre mi cabeza. ¿O no? Bueno… Pues eso es lo que me preocupa.
El próximo Martes a las doce treinta vuelvo a ser el acusado.
Como veis no doy la total certeza de haber sido yo el del martillazo (que me hubiese gustado darle a él en la cabeza y no en la puerta).
Ya contaré toda la verdad y nada más que la verdad cuando esto haya acabado.
Iré solo y sin abogado.
Comentarios
Debe ser un sinvivir el tener que aguantarle y encima que te ande denunciando. ¿Es que sólo la tiene tomada contigo?
Yo creo que tienes las de ganar, pero con estas cosas nunca se sabe. EN fin, muchísima suerte ante el vecino coñón.
Un saludo.
Y sí la tiene tomada conmigo, Perséfone porque yo soy al que más molesta. Estoy justo debajo de sus maquinas. Y de las carreras a media noche por culpa de sus desequilibrados hijos, etc. Más que la multa me preocupa la humillación de pagarle los desperfectos a él.
Un amigo mio tuvo que pagar una multa a un policía y lo hizo con monedas de céntimos, se quedó como dios.No es el único caso que conozco y por lo visto te deja muy buen cuerpo, no te sientes tan humillado.