Revolución

G. nos mirará así cuando acabe sus vacaciones
Llevábamos tres años de mentiras. El encargado nos había manejado y le habíamos dejado hacerlo por diversas razones: ignorancia del convenio, cansancio, miedo, estupidez…
G. se había rodeado de una plantilla cuyo mayor valor no era ser más puntual, o ser más eficiente ni más inteligente. Su mayor valor era que no le replicaba a nada y se dejaba robar. Sólo unos pocos le conocíamos mejor y sabíamos que llegaría nuestro día. Pero debíamos tener cuidado. Una de las frases que recuerdo de G. me lo resumió como persona para siempre: “Soy un rastrero y me gusta serlo”. Me la dijo durante un juego de paint ball hace un par de años, justo antes de demostrarlo ( le dije que me había quedado sin munición y me disparó a quemarropa todas esas bolas de pintura a presión causándome hematomas de gran importancia y un derrame en la pierna. Yo le llame hijo de puta y a punto estuve de pegarle con la culata del rifle en la boca pero recordé en el último segundo que era mi encargado).
Esta semana se dieron varias circunstancias. G. se había ido de vacaciones. Dos lacayos sin más poder que el que G. les dejaba, simples marionetas de este, nos dirigían. Estas marionetas habían hecho enfadar a los compañeros negándoles derechos que ya tenían como días de convenio o personales a los de media jornada (estos tienen derecho a la mitad de días que los de jornada completa pero desde luego no a que se les nieguen por completo). La gente estaba cansada también de que les metiesen más horas que las que ponía en su contrato semana sí, semana también y apenas notasen la diferencia en la nómina. Y a que les dieran el horario de trabajo el Domingo para la semana siguiente y no mensualmente para poder organizar un poco la vida.
Descontento, un cabecilla de vacaciones(en Malta, creo), dos lacayos sin muchas luces pero con mucha tontería encima, unos cabroncetes como ciertos compañeros y yo sin miedo al despido y con un total rechazo a las injusticias… Todos esos ingredientes estaban en la receta del plato que se cocinaba: motín en la empresa.
Yo leía “La condición humana” de André Malraux y me sorprendía con las luchas de los comunistas chinos contra el gobierno en la primera mitad del siglo XX. Esos tíos se arriesgaban a que los quemasen vivos en los hornos de una locomotora de un tren. ¿Y nosotros le debíamos tener miedo a perder un trabajo de mierda y a un gerente al que le habíamos puesto el mote de uno de los piratas del caribe por sus múltiples abordajes a nuestros derechos? No. El miedo nos hace esclavos. Era el momento de atacar al capo. Y de la manera más rastrera. Cuando no estaba. Él nos lo había enseñado. Somos discípulos de su escuela, meros principiantes. ¿Riesgos? Una vez dio una lección porque antes de que hubiera revolución alguien delató el complot y echó a un trabajador fijo. Típico terrorismo de despacho. Sólo asustó a los más miedosos. Creo que a casi todos menos a dos o tres de nosotros. Pero ahora había más valientes en las filas. Algunos incluso sin contrato fijo. Gente que lo tenía todo que perder menos la dignidad. Todavía les veo entrando a ver “Ché, el argentino” para darse ánimos.
Escribimos una carta exigiendo derechos y recriminando engaños. Y se la entregamos unos pocos a los dos lacayos.
Nos llamaron a los dos más representativos al despacho. En un tono amable los lacayos nos dijeron que no tenían poder para darnos lo que pedíamos. Que esperásemos al capo y que cuando volviese de las vacaciones le pidiésemos a él lo exigido. Claro que sí.
Creo que es ilegal tener un encargado que te pide deberes pero al que no le puedes exigir tus derechos.
Por si acaso lo registré todo en una grabadora.
Nuestra lucha ha empezado, prácticamente está en su prólogo.
Curiosamente estamos todos más animados, parece que nos guste más el trabajo.
Supongo que las rebeliones están para sacudir un poco el aburrimiento.
Eso mientras no rueden las primeras cabezas. Y las segundas cabezas tengan miedo y comiencen a inclinarse humilladas…
Comentarios
Sólo espero que nadie se chive y que no caiga nadie...ya os enfrentareis al Capo...espero que no rueden cabezas y que no se sienta intimidado, que comprenda las exigencias.
Besitossss
yo soy becaria y mi jefa directa es la hostia (me dio clase en la carrera y nos referimos a ella, de siempre, además de por "la jefa", por "mamá" o "dios". dependiendo de qué queremos de ella. porque soluciona imposibles y es omnisciente y omnipotente, de siempre, pero también hemos ido, durante la carrera, todos a llorar alguna vez. vale, éramos tres o cuatro por promoción (en la mía, tres), pero íbamos todos
un clásico, llegar al despacho de mercedes (antes al decanato) a solucionar convalidaciones o a organizar horarios y acabar llorando por cualquier cosa. a mí me cuadró cambiarme de carrera el año que mi madre estaba fatal (el año que murió, de hecho) así que supongo que habré sido de los que más lloraran
todo esto venía a que no tengo problemas. ni con jefes ni con compañeros. al menos, de momento
el director del centro, bueno... no es santo de mi devoción (también me dió clase) pero por mi sala no viene, así que todo bien
allí estoy, seis horas diarias dedicándome al trabajo sucio (hacemos cosas para que luego los filólogos de verdad investiguen) y a los trovadores. luego llego a casa y se supone que, este año sí, intento doctorarme
pero bien
sin revolución
al menos en mi sala
aunque hay cosas que tampoco van bien. somos oficialmente investigadores en formación, pero no nos forma nadie. deberiamos tener status de investigadores de verdad, pero pasan de nosotros
etc etc
pero eso no depende del centro, sino de política lingüística
y...
ánimo en la revolución
y que las cabezas que caigan sean las de los jefes que, generalmente, son quienes lo merecen (y ya he dicho que mi jefa es la hostia)
besos
Luego, eso sí, a quejarnos todos desde el sofá de casa, que eso se nos da de lujo...
Que vida esta.
En fin, mucha suerte en vuestra pequeña lucha.
Abrazos.
De momento todo está tranquilo. Los encargados lacayos se mueven con tranquilidad, te tratan con amabilidad relativa...
Los compañeros me están sorprendiendo porque parecen más decididos que nunca a seguir(casi todos quieren continuar con la guerra ahora que hemos quemado las naves pero hay que ser conscientes que G. intimida a muchos). Veremos. Las cabezas más arriesgadas son las de los fijos como F. y yo o las de los que no son fijos porque son fáciles de despedir. En mi caso asumo el riesgo hasta con ilusión, el castigo me parece más una recompensa que nada pero eso no significa que no vaya a luchar por lo mío ni que lo vaya a entregar alegremente.
Por último recomendar lo que dice Loveclois: que nadie se chive. Todas las revoluciones que he visto fracasar han sido apagadas por la delación, por los traidores... El peor enemigo siempre está entre tus filas. En fín. Disfrutemos de esta tranquilidad antes de la tempestad que tampoco será tanta.
es, ay! tan grande
mi libro es de taschen, ocho euros. de los de taschen formato cuaderno, tapa blanda, más bien pocas páginas
y las láminas acojonantes que siempre traen los de taschen, claro
cómo va tu revolución?
besos
somos tres (literalmente) por promoción y nos tratan muy bien. cuando murió mi madre, mandaron un telegrama
pero, ni ahora que es la jefa ni entonces, lloraríamos por un aumento (somos becarios, daría igual), un aprobado o nada por el estilo
y también tenemos pánico cuando nos pide cuentas. o cuando te mira y pregunta por el tit. o por la asignatura que te quedaba para licenciarte. o por qué no fuiste a su clase la semana pasada
pero en lo humano, pues eso
un profesor, ex-alumno suyo, dijo una vez que "no era mamá, era abuela"
es cierto
otro beso
y un blog está mucho mejor, totalmente de acuerdo... pero en fotolog sólo puedes comentar si tienes uno. y fue por lo que yo me hice el primero, para comentar a amigos. el problema es que ahora mismo había gente con la que sólo me comunicaba por fotolog. y eso jode... pero jode...
pero ahora ya está
me niego a crear un cuarto, para que se ensañen
besos
Lo digo porque yo fuí testigo indirecto de una revolución en unos multicines. Y hubo delator. Y la represión terrible, dos despedidos de los indefinidos (los cabecillas)y el afianzamiento de un encargado cabronazo.
Los delatores me provocan una profunda vergüenza ajena.