Juicius interruptus

La mañana era soleada aunque algo fresca. Ideal para mí. Lástima que tuviera un juicio pendiente. Subí la rambla de ese para mí desconocido pueblo costero. Alguien me dijo dónde estaban los juzgados con marcado acento catalán. Eso me facilitó llegar veinte minutos antes a mi destino así que tuve que hacer o perder o deshacer tiempo. Llevaba un libro de cuentos de un escritor mexicano, Juan Villoro. Leí durante esos minutos con la concentración a medio gas. Cuando el reloj me lo sugirió cerré el libro y fui a que me viera el médico forense. Recordé el día anterior. Yo estaba bien. Sin hematomas ni rasguño alguno. Intenté que mi sobrina de cuatro años me golpease el rostro y ella lo hizo pero fue insuficiente (aunque ella lo disfrutó mucho). También se lo pedí a P. pero ella sólo lo hace cuando le interesa y mi actitud se lo sugiere. Al final quedó claro que soy un fracaso autolesionándome. No comulgo con el masoquismo.
La médico forense me vio. ¿Y qué había que ver? Nada. Dos minutos de consulta. Este juicio en el que me estrenaba como demandante estaba perdido.
Esperé en la tercera planta a que me llamasen.
De pronto apareció el sudamericano. Estaba buscando el lugar del juicio y no me reconoció. A mi alrededor no había cámaras ni seguridad alguna. Mi único recurso eran los gritos, las piernas o saltar por la ventana. Pero el tipo se fue.
Al cabo de un rato regresó con una pareja joven. ¿Sus abogados? No. Tenían un aspecto desastrado que los delataba como simples amigos del acusado. Y no me equivoqué. El novio pasó a enfrentarse con otro joven rapado y malcarado que pululaba por allí. Pero antes vimos algo digno de un buen anecdotario. Unas señoras mayores salían de ganar un juicio. En voz alta y muy gárrula se ufanaban de haber humillado a la oponente que perdió por falta de pruebas. La alguacil, enfadada, les interpeló: “¡Cállense señoras, que todavía le haré de testigo a la denunciante! ¡Es que no aprenden!”
El sudamericano rió de buena gana y se quedó a charlar con la joven que esperaba a su novio, el que entró a juicio. Este debió ganar porque salió al poco con el pulgar hacia arriba. El rapado salió después y dando un portazo. Su aspecto de skin psicópata era un marketing espantoso para ganar juicios.
El sudamericano despidió a sus amigos y entonces se volvió hacia mí. Se acercó. Se sentó a una silla sin persona de distancia de mí. Me miró otra vez. Me reconoció. Después, con timidez, dijo: “Así que eres tú el del otro día. No te había conocido. Mira, me siento muy avergonzado. Tienes que entender. Doce horas de trabajo. Un mal día. ¡Qué vergüenza! Y delante de mi esposa y mi niño. Te pido perdón. Lo siento mucho. Eso no debí hacerlo así”. Juntaba sus manos a la vez que hacía un amago de ponerse de rodillas. Yo hablé con él con calma. A la luz de esa mañana soleada y fresca las cosas se veían de otro modo. Y el juicio estaba perdido de todas formas.
Salió la alguacil y preguntó por nosotros. Al vernos así, tan “acaramelados”, preguntó si realmente queríamos seguir con el juicio. Y bueno, pues fue que no. Y entonces entró a por algo y salió de la sala de juicios con una sonrisa y asegurando que los jueces estaban muy contentos con nuestra decisión. Nos hizo darnos la mano. Todo el mundo sonreía. Hasta la gente que esperaba para juzgar o ser juzgada.
El tipo me invitó a desayunar y dijo que a ver si nos encontrábamos para recoger la sentencia y así invitarme a comer. Había tenido que pedir libre en el trabajo pero el próximo viernes tenía más tiempo. Me contó también algo de su vida. Era colombiano. Trabajaba doce horas al día en un restaurante cara al público. Insistía en decir que sentía vergüenza por lo ocurrido.
Nos despedimos con otro apretón de manos y la promesa de que no volvería a intentar matarme. “Al menos no delante del niño, ja,ja”.
Qué mañana tan agradable…
Comentarios
¿Por qué quería matarte un colombiano, que trabaja 12 horas, delante de su hijo?
Saludos
un saludo!
En fin el resumen despues de leer la "agradable mañana" es ... K momento mas rarooooooooooo!!!No te imagino confraternizando con el señor este la verdad. Me hubiese gustado ver el momento por un agujerito jijiji.
Bueno al menos todo se arreglo pacificamente no?
Enorabuena
Besines
:)
Muas!
eso sí, que no te pille otra vez con un mal día...
ah, las cucarachas existen para que el planeta no quede vacío cuando nos lo carguemos. tu vecino, ni idea
besos
Shoori, esta semana empiezo vacaciones de dos semanas y no sé si estaré en Barcelona o en Pineda. O este Viernes o el que viene podemos quedar. Te aviso Jueves si puedo este Viernes o dime la semana que viene cuando puedes.
Lissi: ¿Qué cosas te pasan a tí? Bueno, ya revisaré tu blog. Entradas antiguas y eso.
Ali Reyes: "Cadena de favores" es una película que ví hace mucho tiempo. Tengo un muy buen recuerdo de ella pero tendría que volver a verla para hacer una extensa crítica.
Nos vemos!
jejeje