06 mayo 2009

Vibraciones del pasado


Cuando fui aquel año a Transilvania quería olvidar. No sólo llevé el equipaje mínimo y conseguí comprimir mis necesidades de ocho días en una bolsa de mano. También decidí dejar mis preocupaciones, mis problemas y el caluroso verano en Barcelona. El clima rumano es fresco y el aire sabe mejor.

Mi intención era estar solo y ver mundo. Al menos ver una pequeña parte de él. Lo segundo sucedió del modo previsto, lo primero…

El autocar que nos guiaba por todo el país a un ritmo de dos o tres ciudades diarias cumplió objetivos sin problemas. Pero yo, no sé cómo, me vi incluido en un grupo de unas diez personas más la guía que se fue formando de un modo natural y casi sin darme cuenta. El resto eran parejas y matrimonios desperdigados y absortos en sus disputas domésticas y sobre todo en el visor de sus cámaras digitales.

Cuando llegaba por las noches al hotel derrengado por los madrugones, las caminatas y los traslados con mi bolsa de mano deformándome el hombro, todavía me golpeaban la puerta los nudillos de mis nuevos compañeros procedentes de distintos puntos de España y los de la guía, una mujer muy simpática por cierto, y me forzaban a salir del encierro voluntario para ir de fiesta con ellos. Como confundían mi amabilidad con el interés de estar con ellos pensaban que mis reticencias sólo eran producto de la timidez. “¡No vamos a dejar que te quedes aquí muerto de asco!”, parecía ser el lema de esos simpáticos aunque algo entrometidos samaritanos. Me hicieron de todo menos abusar sexualmente de mí: me llevaron a un punto cercano a la ebriedad en un agradable pub rumano y acabar casi en el regazo de la guía rumana, entraron en mi habitación varias veces con el viejo truco de usar el pie para no dejar cerrar la puerta una vez la has abierto, la guía me disfrazó de rumano típico junto a otra compañera para servirles el postre a los del grupo, me incluyeron en la cena de un restaurante donde un drácula a punto de jubilarse trató inútilmente de asustarnos con sus dientes de plástico y sobar a las chicas… En fin. Me ayudaron a crear todas esas postales amables que necesita un viaje para ser recordado con una sonrisa nostálgica mientras miras fotografías desencuadradas o mal enfocadas (mi cámara no era digital aún).

Yo buscaba vibraciones. Había leído que los lugares dónde ha habido violencia guardan esos ecos del pasado en sus paredes. Y así, acompañado de españoles que parecían buscar lo mismo recorrí los lugares dónde el verdadero conde Drácula, Vlad Tepes, le metió palos en el culo a los turcos para regocijo propio y de sus siervos.

A mi lado iba una pareja cien por cien anormal, pero no sobrenatural, más bien infra. El tipo era enorme. La naturaleza lo había invertido todo en su cuerpo y se había olvidado del cerebro. Se pasaba el día gritando en restaurantes, calles y avenidas “quiero follar, quiero follar” mientras su también anormal compañera (pero menos, detrás de un hombre subnormal hay una mujer moderadamente tarada) le pedía un poco de moderación verbal mediante suaves codazos en el hígado o agarrándole el brazo suavemente(ella no sabía que su compañero pedía a gritos una barra de hierro en la cabeza). Él daba vergüenza ajena. Ella un poco de pena. Y a pesar de todo no eran ajenos a la belleza arquitectónica de los pueblos o hasta de la capital, Bucarest, dónde no dejaron de repetir casi como un mantra “to esto está mu guapo”. Y sé que habían ido al lugar buscando el mismo tipo de vibraciones que yo. Compartíamos el deseo de recuperar la sensación de las viejas películas de la Hammer sobre vampiros en esas tierras rumanas (cuando esas películas eran bien británicas, la verdad). Yo también perseguía mis literaturas góticas. Quería hacer una adaptación a la realidad de lo que hasta el momento sólo había sido ficción o como mucho documentales sensacionalistas sobre Vlad Tepes, el conde empalador. Pero los freaks iban más allá. Ella me preguntó si era cierto que allí existían vampiros de verdad y si el conde se transformaba en murciélago. Yo les expliqué con mi habitual escepticismo lo que sabía sobre las supersticiones de la región, lo de Vlad, lo de la mezcla que hizo en su literatura Bram Stocker…

O no me expliqué bien o no me entendieron porque todavía me preguntaron si era conveniente llevar ajos para evitar vampiros. Hasta entonces pensaba que ese tipo de tontos sólo salían en las comedias americanas.

Y al fin llegamos a la cama dónde había dormido Vlad Tepes o a Sighisoara dónde este había nacido. Sentí lo mismo que cuando estuve frente a la casa de Kafka en Praga o la consulta de Freud en Viena o el los palacios dónde habían tocado Beethoven o Mozart: nada. No me vibraba ni el móvil. ¿Dónde estaban los ecos del pasado que se impregnan en los paisajes dónde han sucedido?

Miré a mis compañeros. El grandullón no parecía tan alto. Los dos estaban pálidos y se abrazaban como Hansel y Gretel viendo el cocido que la bruja prepara con ellos de ingrediente. Ellos sí sentían esas sensaciones que buscaban cuando la guía explicaba las historias de empalamientos y torturas que habían sucedido por esas calles que ahora son patrimonio de la humanidad (muy acertadamente ya que no hay mayor patrimonio de la humanidad que el de la crueldad y el salvajismo).

A ver si lo van a llamar vibraciones cuando lo que quieren decir es autosugestión para mentes débiles.

Regresé a Barcelona más sabio pero no más supersticioso.

Eso sí, en el avión intercambié miedos con los freaks. No consigo volar sobre depósitos de combustible altamente inflamables sin vibrar. Muy malas vibraciones, añado.

9 comentarios:

Meryone dijo...

"me hicieron de todo menos abusar sexualmente de mí"

cada día tengo más claro que hay que aprender a ser un poco menos amable, al menos si se quiere estar solo. sobre todo porque luego te pasa lo que a mí y termina habiendo gente que te dice "es que eres una persona que no sabe estar sola". cagüensandiós! la próxima vez que alguien me llame y yo pretenda quedarme en mi casita con un libro, en lugar de ser amable y acceder a ver a quien sea, pienso decir "no. prefiero el libro a tu compañía. el libro dice cosas más interesantes"

claro que si sirve para conocer a freaks de comedia norteamericana, puede que ser amable tenga gracia

besos

LISSI dijo...

PUES YO IBA A COMENTAR EN REFERENCIA A LO MISMO K MERYORE.Y ES K SOY MU BRUTA PERO APRENDI K CUANDO NO KIERO HACER ALGO NO COLABORO DE LOS LLAMADOS COMPROMISOS SOCIALES...PERO BUENO CADA CUAL ES CADA CUAL.
INTERESANTE FOTO ESA DE VERTE EMBRIAGADO HASTA EL PUNTO DE CAER EN EL REGAZO DE LA GUIA...JIJIJI
YO ESTARIA CON LA BOCA ABIERTA VIENDO LA CAMA DE VLAD TEPES ...NO LO PUEDO EVITAR ME FASCINA SU HISTORIA Y SOBRE TODO EN LO QUE DESEMBOCO...LA FANTASIA DEL VAMPIRO TAL Y COMO LA CONOCEMOS.
BESOTES

Nai dijo...

Cucu! I'm alive!!!

Que sepas que me ha encantado aparecer en tu blog tras tanto tiempo y ver a Vlad con su bigotito, una de mis parafilias son las historias de vampiros :P

Tengo que ponerme al dia con tu blog

Beso!

Shoori dijo...

Hola tio! a ver si quedamos en breve para ir al japo con Natalie, que tengo ganas de verla. Yo en poco tiempo tendre otras dos semanas de vacaciones, pero dispongo de dias libres la semana que viene.
Ya me comentaras algo!
Un saludo!

Meryone dijo...

la virginidad como virtud es poco asimilable, sí. pero tiene su punto fascinante. mi teoría siempre ha sido que, muy en el fondo, toda esa gente, disfruta con el dolor. con el propio, claro

y la iconografía religiosa es fascinante

leiste la leyenda de san julián el hospitalario, de flaubert? es uno de los tres cuentos y tiene muy bien pillado el punto medieval. además, la leyenda es realmente así

las religiones no molan nada para seguirlas, pero las mitologías, las cosmogonías, todas esas historias están muy bien. además, suelen estar maravillosamente bien escritas

besos

maloles dijo...

Ser amable es malo.
O debes saber con quién ser amable.
Hay gente que se lo toma demasiado bien ,y gente que se lo toma demasiado mal.
Tú has expuesto un caso, yo te espongo otro: cuidado con hablarle de usted a un señor o señora que tenga problemas de identidad respecto a su edad. No sabes la que se puede desencadenar!xD

El romanticismo fluye en el aire...

"Dicen de mí que soy un poco animal, pero en el fondo soy un sentimental..."

Ays... no digo más.


Muas!

Meryone dijo...

mira! otra que tenemos en común

yo ni capitales, ni ríos, ni dónde están los países, ni hostias... pero nada de nada de nada. una nulidad absoluta

borges es altamente paladeable, sí. y el problema es mío, no de borges. pero no soy capaz de disfrutarlo. me parece un genio, pero no lo disfruto

no como mi hermano con antonioni, grrrrrrr

besos

Angéline dijo...

Es muy curioso, estoy escribiendo un post sobre un capítulo de una serie y aquí en el tuyo vendría a decirte algo muy parecido a lo que pensaba en el mío. La visión-lupa, o lo que es lo mismo, experimentar las lecturas, películas, desde tu interior, amplificar (por juego o experimento) las sensaciones, como quien hace un zoom a un sentimiento y puede incluso diseccionarlo por capas, a ver. Buscabas vibraciones, ecos del pasado en las paredes, pero no las sentiste. Eso puede ser porque esperabas que ese pasado llegase a ti, pero viéndolo al revés ¿y si jugases a entrar tú en el pasado? En la casa de Kafka, en la consulta de Freud, en los palacios donde tocaban los maestros. Algo así como jugar a interrumpir, entrar en el corazón del momento, imaginar que sólo un segundo antes aquel piano sonaba, que Kafka estaba parado en la puerta de su casa, paralizado con una idea terrible que le atenazaba (una espalda revestida de un traje modesto, una respiración irregular, los ojos tan gráficos del escritor desde una mirada remota), la mesa de Freud con una pequeña hendidura que hizo un día con su pipa, una tarde que intentaba explicarse un comportamiento inusual en alguien y dio golpecitos continuos hasta que se dio cuenta de que estaba cargándose el barniz de la mesa. Es más divertido moverlos a ellos que esperar que ellos se muevan para llegar a ti. Sería como cuando jugabas con tu sobrina a colocar sus muñecos, sólo que en este caso se trata de colocar un pasado ficticio pero muy posible en las estancias de las personas que se han ido hace tiempo pero de alguna forma todavía están ahí. Adoro hacer eso, intercalar una realidad paralela, es lo más parecido a vivir su mismo instante que se me ocurre. Creo que te he enviado saludos suficientes, así que como estoy empezando a estudiar gaélico irlandés, me despediré con un Slán agat (se le dice al que se queda. Significa algo así como "Salud a ti". Al que se va se le dice "Slán leat" (salud contigo). Pues eso.

Houellebecq dijo...

El tipo de identificación que sugieres parte de tí. Por supuesto si quieres sentir, sentirás. Si quieres usar la imaginación adelante. Yo frente a la cama de Vlad Tepes me imaginé de todo y sí, en el fondo sí que sentiría algo aunque el ruido de la gente y los flashes y alguna tontería que tenía que escuchar me sacaban del reino de la imaginación. Supongo que aquí solo quería mostrar que las vibraciones externas de los lugares no existen o por lo menos yo no creo en ellas. No me llegan ecos del pasado. En el sentido de entrar en ellos por mi cuenta, sí, claro. Tú lo haces divertido del modo en que solo puede hacerlo alguien acostumbrado a crear mundos dónde no los hay, una escritora. Y crearlos en el sentido más grato y maravilloso de la palabra. Así te pueden llegar vibraciones del pasado pero en realidad serán ondas que llegarán de tu interior. Y yo he seguido buscando esas emociones en los lugares o acontecimeintos que me gustan. Parte del placer que sentí en Viena en aquel concierto modesto venía de mí mismo y de saber que realmente estaba en viena. Todo está en nuestro cerebro. Y ahí es de dónde sacamos nuestros cielos o nuestros infiernos. Lo bueno sale cuando estamos inspirados, claro. Saludos. Slán agat.