Adiós a la magia

Me han contado que una tía mía, de la que recuerdo que era bruja, se está muriendo. Sus artes no eran muy ostentosas. Sanaba males de ojo con oraciones susurradas en el oído del “agredido” de palabra a la vez que gesticulaba cruces sobre su rostro o su cuerpo. Yo era un crío en la época que observaba ese espectáculo. Normalmente creía lo que veía. Incluso lo que me contaban. Toda la fe de mi vida se acumuló en mi infancia.
Mi tía no cobraba por librarte de un maleficio. Ni siquiera te pedía la voluntad. Y los pacientes solían sanar. Se notaba porque ya no lloraban. Era bruja por afición. También por tradición familiar. Poderes hereditarios.
Me fascinaban sus historias de terror de pueblo. En sus labios no eran menos reales que el telediario de las tres. Tan reales como las pesadillas que me aseguraban por la noche.
Una vez una vecina me pidió que le diese a probar de mi granizado de limón. Yo le dije que no. No era avaricia infantil, sólo escrúpulos prestados de mi madre. No me gustaban los labios de desconocidos sobre mi caña. Horror ya superado a la saliva ajena. Pero la vecina sólo vio un niño egoísta. Me maldijo con un “que te siente mal”. Y yo me lo creí. Me sentó fatal.
Mi tía se puso como una furia. Para ella no era mi culpa por dejarme influenciar. Para ella era un maleficio clarísimo. Falta de ética profesional entre brujos. La vecina se iba a enterar. Que maldijera a su puta madre. Bajó hasta su piso y se enzarzó en una pelea más bien terrenal, muy física, con uñas y dientes sobre la piel del enemigo. Por supuesto, lo hizo después de pasarme sus rezos sanitarios y asegurarse de que me repartía suficientes cruces de magia blanca por el cuerpo como para que se me pasase el mal de ojo (que derivó en mal de tripa).
La vecina perdió el combate. Yo mejoré rápidamente.
Años después me quedan de ella estos recuerdos cada vez que alguien la menciona.
Yo no creo ya en nada más allá de lo que veo o toco y a veces ni eso. Pienso… luego tal vez y sólo tal vez exista (aunque los personajes ficticios también se creen reales así que…).
A todo hecho fantástico le suelo encontrar una explicación. Estoy atiborrado de ciencia y ni siquiera creo que el talismán de la razón sea infalible.
A veces he tenido sueños que me han parecido premonitorios. Otras veces escribo algo que me pasa poco después. Pero sigo justificándolo todo mediante el recurso de la casualidad. Si lo supiera mi tía se avergonzaría. Yo era su aprendiz de brujo preferido. Ella sí creía en mis sueños de adivinación. Decía que yo era el heredero de la magia de nuestra familia.
Poco después de escribir este post he sabido que ha muerto y he cambiado el final del post.
Ahora sí que es un punto y final definitivo.
Descansa en paz. No creo en brujas buenas o malas pero sé que algún tipo de magia sí que se va contigo, querida tía.
Comentarios
No sé si tu tía era bruja, pero seguro que su recuerdo te envuelve ahora y su fuerza te acompañará si recurres a ella.
Lamento tu pérdida.
excelente relato.
un abrazo
Buena noche.
Besos.
Nos vemos.
Algunas veces he pensado que soy medio bruja...porque en ocasiones veo a traves de la gente y noto cosas que no me dicen incluso en la distancia.No se si es intuicion o que soy buena observadora o magia...pero es real.
Quizas a tu abuela le gustaba sentirse bruja pero en realidad lo que queria transmitirte es esa intuicion y esa capacidad para ver en los demas que tienes y que te niegas a reconocer por no ser algo del todo racional,no?Bueno quiza me equivoqie o quiza ahora eches de menos poder valorar ese pequeño "don genetico intuitivo" que te dejo tu tia.Será por eso que escribes y sabes transmitir lo que observas de una manera unica??Quien sabe...quiza solo sea magia ;)
Un abrazo
no es que me lo crea pero... a veces me da miedo, como a la otra los fantasmas
muy muy de vez en cuando y siempre en la ficción, claro
besos
ps. blog nuevo?
También veo que hay cambio de look del blog. Pues parece mentira pero algo como eso te suele animar a escribir. A mí me pasó con el mío. Besos y suerte. Tienes mucho que contar a partir de ahora. Te deseo que sea bueno."
Por otro lado te confieso que no miro con displicencia a los que sí creen. Más bien con cierta envidia. Ayer me paseaba por el barrio y veí agente mayor saliendo de una iglesia y sentí una punzada de sana envidia porque a ellos le protege y sobre todo les consuela una entidad superior que a mí me ha dejado huérfano. No es mi voluntad tener o no tener Dios. Ni creer o no creer en energías alienas a la ciencia. Es sólo que mi experiencia y mi razón me dicen que todo tiene explicaciones prosaicas y ahsta la fecha no he encontrado nada que realmente me haga dudar de eso. Pero el día uqe entre en esa casa de la que hablas y me ocurra algo así tal vez acepte otras teorías con alegría. No me gusta encerrarme en mis ideas como en una torre. Si la vida contradice mis teorías pues mejor. Porque sería fantástico creer que el mundo es algo más que esta realidad gris a la que despierto cada día. Saludos, Angèline.