Ruptura

Dicen que un segundo antes de tu muerte ves pasar toda tu vida frente a tus ojos. Yo no lo creo. Aunque nunca he estado un segundo antes de mi muerte. Por eso puedo escribir esto. Aún así no creo en ese dicho. Lo dice gente que estuvo a punto de morir ahogada, o quemada o fusilada pero no los que murieron realmente. Esa persona no murió así que lo que le sucedió no le sucedió antes de su muerte si no que le sucedió antes de salvar la vida por los pelos. Pero no es el tema…
Decía lo anterior porque el final de una relación amorosa sí me recuerda de algún modo a ese dicho. La pareja rompe el contrato tácito de piropos, responsabilidades y sexo ocasional que les unía… y se separa. Una vida en común se deshace y entonces los individuos vuelven a vivir para ellos mismos o para una nueva pareja. En ese instante sí puede pasarles esa vida en común por la imaginación. Si la relación ha sido lo suficientemente larga las calles, ciertos bares, algunos cantantes o grupos musicales, retazos de ciertas conversaciones… Todo eso y más recuerdan a la pareja que ya no está contigo. Una microvida de recuerdos con esa otra persona pasan ante ti cuando se ha roto la relación. Lo bueno y lo malo que tuviste con ella te recorre el cerebro durante los primeros días. Porque por mala que haya sido esa relación, si existió fue por algo y el peso de las muchas discusiones que llevaron a que terminase no alivia de la carga del dolor de que esa persona a la que dedicaste tu tiempo y por eso es única (ya lo decía Saint-Exupery en “El principito”) no está contigo. Y tampoco importa que ambas partes estén de acuerdo en romper el contrato. Los principios de ese fin suelen ser traumáticos. Si no ha habido malos tratos, ni excesivas putadas traicioneras o si cualquiera de los dos no disfrutaba con la música folclórica o tuneando automóviles es posible echar de menos a esa persona. Aunque lo mejor para ambos sea dejar de estar juntos.
Recuerdo cómo una amiga en una de esas rupturas antes de la ruptura definitiva fue al hospital por unos antidepresivos. Allí vio a una joven que tenía la muñeca rota. Y ella deseaba tener rota la muñeca y la envidiaba porque ese problema era ridículo frente a su dolor. Ciertas separaciones equivalen en dolor al fallecimiento de una persona amada.
Los humanos nos movemos por asociación. La marca de enjuague bucal de tu pareja puede salir en un anuncio y recordártela fácilmente. Si hemos compartido mucho con la persona amada (y ahora en fase “desamada”) nos espera un largo camino de espinas, recuerdos amargos, Prozac y la seguridad de que ciertos silencios no hicieron más que fumigar el buen ambiente entre los dos. La incompatibilidad es el monstruo que mata muchas pasiones, por otro lado.
Y luego el esfuerzo de tener dignidad y no desear fracasos a la otra persona y aceptar imaginarla feliz con otra pareja, de no perderle el respeto aunque se le haya perdido la confianza, de conseguir una amiga aunque se haya perdido una amada. Difícil. Al menos a corto plazo. Pero claro, dicen que el tiempo lo cura todo.
Lo que no se suele decir es que también lo mata.
Comentarios
VIVA EL DOMINGO GORRINO!
A veces pienso que, pese a ser una de nuestras mejores virtudes, la memoria es también uno de nuestros puntos débiles más importantes.
Toda una paradoja ¿que no?
Buena reflexión.
Un abrazo.
Lissi, tu comentario me ha llegado porque lo entiendo a la perfección. Y yo sí tengo claro si amaste o no. Por tu comentario es seguro que sí lo hiciste.
Gracias Perséfone.
pasará, acabará pasando, que dicen todos... no sé. mi vida se parece demasiado (es la frase de la semana) a una novela de phillip roth como para hacer ese tipo de cosas bien. siempre salgo huyendo por las mañanas (y algunas tardes y algunas noches) y reacciono fatal ante las muestras de cariño postcoitales. y ante los alardes públicos
pero entiendo (aunque sólo sea figurativamente) la putada que tiene que ser la ruptura. aunque salga del platonismo más doloroso de la vida (ya hace como seis meses, ya debería hacerme mayor y dejar de lamerme heridas) y no crea en el amor
("eso no se llama amor, se llama sueño del amor". söderberg dixit en una parada de autobús el otro día)
lee doctor glas (cátedra blanco, unos nueve euros), que es una maravilla
un beso
Beso!
seguro que tenemos una especie de síndrome del madame bovary...
aunque estoy de acuerdo contigo en que son identificaciones buscadas: cuando uno está revolcándose en su mierda no lee a terry pratchet o a agatha christie (es un decir)
por cierto, creo que voy a pedir al círculo (por qué estoy en el círculo es una larga historia, pero se resume en que tenía un amigo que trabajaba allí) el libro de mc ewan que reseñabas una de las primeras veces que entré por aquí
(qué pobre es, dios mío, el catálogo del círculo!! eso sí, me ofrecen émulos del código da vinci a patadas. y mundos sin fin. cualquier día salen niños con pijamas de cuadros o de lunares, también)
uno fue elegy. y el otro??
espero tu opinión sobre söderberg (doctor glas es muy encontrable, repito)
besos
Qué bien que salgas del 2008. Eso y la primera mitad de 2009 supuso un año horrible para mí. Claro que es cuando más motivado estaba para escribir y desfogarme. Saludos y me voy a tu comentario en presente.