Hola ¿Qué tal?

Iba a visitar a mi madre por el barrio que me vio nacer. Nadie me avisó que los riesgos eran evidentes. Me encontré con un “medio amigo-medio conocido” de la infancia. Los años nos habían cambiado pero no hasta el extremo de quedar desfigurados. Nos reconocimos inmediatamente. Él era dos años mayor que yo.
Le dejé que rompiera el hielo ofreciendo su mano. En los viejos tiempos nunca nos hubiésemos saludado así. Antes bastaba con un “eh, tío ¿y el capullo de tu hermano?” Ahora ni sus dedos abrazando los míos transmitían algo más que reconocimiento y una tibia sonrisa. Había un paréntesis bastante grave de experiencias entre su vida y la mía. Y luego estaba lo poco que recordaba en esos momentos sobre los viejos tiempos en común. ¿Éramos muy amigos? No demasiado. Él era mayor. Dos años en la infancia y adolescencia son como un par de décadas para los adultos. ¿De qué hablaba con él? El minutero se puso en marcha y ensayé un inteligente mantra que uso cuando pienso lo que debo decir: eeeeeeh… Luego, como este no funcionó usé el infalible: Pueeeeeees… Y lo rematé con un “cuanto tiempo” desapasionado que consiguió un asentimiento de cabeza afirmativo por su parte. Los primeros tres segundos de encuentro se habían salvado por puntos. ¿Pero qué podíamos decirnos aparte de esto? Yo recordé en un flash lo subrayado en mi memoria respecto a él. Tres cosillas nada más:
- Aquel día que yo estaba tan borracho que alentaba risas y bromas en mis compañeros de fiesta y hasta alguna que otra pelea con las paredes de ladrillos de un colegio, él me llevó en ese triste estado a casa. Fue el principio de mi casi abstinencia alcohólica posterior.
- Estaban jugando a tirar balones a la gente y yo fui un daño colateral que pasaba por allí. Él me preguntó si estaba bien y dijo que me apartase de ese juego tan bruto.
- Le recuerdo explicándome el mapa de manchas sobre los asientos de su automóvil. “Esta de aquí es de una corrida de la paja que me hizo X que saltó por encima de su cabeza y cayó justo en ese sitio. La otra mancha es de cuando me la comía Y. y se le derramó un poco por un lado de la boca. Esta otra… No sé. Es que el coche no siempre lo llevo yo. También están mis hermanos ¿Sabes?”
Y poco más. Después comenzamos a separarnos. Un “hola y adiós” desde lejos hasta ese día, en esa calle, a una distancia tan íntima que no podiamos decir hasta luego con la mano y largarnos. No después de no habernos visto las caras durante al menos un par de años. Obligados a decirnos algo por tácitas fórmulas de cortesía urbana.
Le pregunté por el trabajo y él me dijo que bien pero con inconvenientes. Si le hubiésemos preguntado a cualquier otro trabajador que pasase por allí hubiese dicho lo mismo. El tiempo estaba poniendo en su sitio nuestra relación: él era hermano de un amigo al que por cierto ya no veo. Solo eso. Un buen tío, por supuesto (ver los puntos uno y dos) pero ya está. Si no nos hubiésemos vuelto a ver puede que no nos hubiésemos vuelto ni a recordar.
Al final miramos nuestros relojes casi simultáneamente, como si quisiéramos sincronizarlos por algún motivo y yo le dije que tenía que ir a comer a casa de mi madre y él dijo que tenía que hacer algo que me importó tanto como a él lo de la comida con mi madre. Caminé aliviado y soltando el aire como si me acabasen de examinar.
Lo primero que mata el tiempo es la confianza. O la complicidad, no sé.
Es por eso que no dejo entrar a cualquiera en mi Facebook.
Comentarios
En fin que complejos somos .....
Besos corazón, y mira sin conocerte, ainsss.
Me gusta como hablas con sinceridad del aspecto superficial de una socialización que se confunde con amistad. Interesante tema que debería ser más reflexionado.
¡Saludos!
y que hay de dejar entrar a cualquiera a tu blog? :D
e hijos de amigos de tus padres y vecinos y gente que iba al mismo colegio que tú y...
he dicho ya que odio la ciudad terrible? no? pues lo digo ahora
creo que me va tocando irme de esta también. antes de convertirme definitivamente en una de las que "se quedan"
besos
Cierto es que la vida de cada uno es como un tren, unos pasajeros se montan en la primera parada y se bajan en la siguiente, van subiendo y bajando, otros se quedan hasta el final del trayecto...
Yo como tu tampoco dejo a todo el mundo entrar en FB, lo comparto ;)
UN ABRAZO LUMINOSO
Me has hecho recordar alguna situacion similar.
Besos
Un abrazo
Gracias por visitar mi blog, el tuyo está muy ameno. Te sigo.
Saludos.