25 enero 2016

Otra de infieles torpes


El móvil sonaba insistentemente. Era el del conserje pero no había nadie y parecía pedirme A MI que lo cogiera. Así que respondí. Al otro lado sonó una voz cálida y amorosa. ¿Habéis follado alguna vez por teléfono? Es que es la única manera de definir esa voz. Me recordaba a aquella  chica que me llamó desde Andalucía y bueno, aquel otro post…
-      ¿Sabes quién soy?
Vaya. El juego de “sabes quién soy”. Lo odio. Soy más de certezas que de adivinanzas. Soy un poco “rollo alemán”, ir directo al grano. Menos cuando escribo, claro.
Pero el adivina quién soy por teléfono me pone en un compromiso y me hace perder tiempo. Parece estar relacionado con un egocentrismo mal entendido. Que te conozcan por la voz no te hace más interesante ni más Alpha. A veces reconoces la voz de quien peor te cae porque lo tienes fichado-a como troll o pelmazo habitual. Claro que yo me voy al extremo. Cuando llamo a alguien digo “Soy Sergio” acompañado de datos como “tu amigo de toda la vida”, “el que te dijo que te llamaría a esta hora” o “vivo en tal sitio y me conoces por…” y entonces es cuando me dicen que me calle, que vale ya, que saben de sobra quién soy, que me han conocido por la voz. Bueno, de acuerdo, hay voces que no se conocen tan bien por teléfono, yo por si acaso intento que se sepa quién soy sin dar nada por hecho. Aunque me tengan memorizado en el teléfono incluyendo fotografía y melodía personalizada (una de Bowie seguro).  
Pero volviendo a esta mujer tan cariñosa siguió la conversación:
-      No- le respondí a su pregunta. Ni idea de quién era.
-      ¿No sabes quién soy o no quieres acordarte?- le puso más calor a la voz. El cable ardía. Llegué a pensar que el conserje se hacía llamar desde alguna línea de teléfono erótico (algo absurdo, llamas tú, creo).  Aún así me hubiese gustado ser ese que se pensaba que era.
-      ¿Y tú sabes quién soy yo?- le dije para ir avanzando un poco.
-      Ja,ja,ja… Pues claro, tú eres Xavi.
Claro. El conserje. Lógico que pregunten por un conserje llamándole a su móvil. El mismo que estaba ahora con su mujer y su hija vete a saber dónde ya que era Sábado.
-      Pues no, yo no soy Xavi.
-      Ja,ja- todavía se reía pero menos. Parecía insistir en cambiarme el alma. Pero es que yo no era Xavi, estaba seguro de eso. No tiene sentido que me pase la vida diciéndole a la gente que me llamo Sergio para ahora tener que llamarme Javier en catalán.
-      No, me llamo… Bueno, no soy Xavi.
-      ¿Y qué haces con su móvil?
Esa fue la pregunta más inteligente del día. Me pilló un poco descolocado. Pero respondí:
-      Estaba sonando en conserjería, no había nadie y lo he cogido…
-      Ah… - la intuí desilusionada por el tono. Me colgó. Más que cortar la comunicación parecía darse a la fuga. Muy sospechoso todo.
Digo yo que quién se busca amante debería pedirle un poco más de naturalidad, que no llame a la hora de la comida de un día festivo a su móvil, que no juegue a las adivinanzas por teléfono… Por parte del conserje también encuentro muy poco acertado eso de no decirle a su amante que lo es y que ya tiene una vida hecha con la madre de su hija, que ella no es su pareja oficial y puede llamar cuando le apetezca.
Por último, no sé, se me ocurren detalles muy importantes como no ir dejándote el móvil por ahí.
Siempre puede haber algún curioso desalmado o inmoral al que no le importe responder un teléfono con la única excusa de que estaba sonando.


11 enero 2016

Desde el día en que murió mi ídolo


Esta mañana desayuné una mala noticia. No me hizo falta cafeína para despejarme. Estaba en la cama y un locutor semi-incrédulo me dijo en el transistor bajo la almohada que David Bowie había muerto. Que se había esperado a confirmarlo por si era uno de esos bulos que mataban a mi ídolo desde los setenta pero no, la familia había dicho que esta vez iba en serio.
Yo muchas veces había pensado qué ocurriría cuando mi ídolo no estuviera en este mundo. Pero como lo veía en buena forma me olvidaba.
Esta noticia me ha dejado impactado porque era mi número uno (a pesar de los Depeche, Morrissey, Sabina, etc.). Mi modelo de juventud cuyo mayor lema se había convertido en el mío “Cambia”. Era el eterno retorno de Nietzsche, la idea de que debemos morir y resucitar muchas veces durante nuestra vida, reinventarnos, no quedarnos quietos y tratar de buscar nuevas formas de ser para no estancarnos. Decía que cuando alguien hacía un disco parecido al anterior sentía que estaba cavando su propia tumba.
El escritor peruano Santiago Roncagliolo me dijo una vez en la Casa América de Barcelona que en la literatura también se podía hacer eso (y en cualquier arte). Hacer algo muy distinto cada vez, cambiar hasta el estilo si era posible, que él lo intentaba en su literatura. Reencarnarse de nuevo como los budistas o como el superhombre del citado Nietzsche (sí, Dios ha muerto, el mío hace unas horas).
Así que fui mitómano en mi adolescencia y coleccioné todo lo que me llegaba de ese artista. Le imité. Me puse pesado con todo el mundo que me conocía hasta el punto que me han llegado condolencias de amigos y familiares que han relacionado su nombre con el mío nada más escuchar la noticia. Y no, no temáis, no estoy tan loco que la tristeza me haga llorar por un ídolo. Soy avaro con las lágrimas y de momento me las guardo para familiares o amigos cercanos pero aún así…
Si amas la música como yo, tu ídolo es una parte de tu vida y sus recuerdos (soy un melómano confeso enamorado de todo lo inglés pero que lee con música clásica o jazz, o no le haces ascos al heavy, a los buenos cantautores con buenas letras, al blues, a… creo que en distintos momentos puedo escucharlo casi todo salvo el folclore que no es lo mío por más que lo intenté).
Me recuerdo en un cine de adolescente con otro Sergio que tocaba conmigo en nuestro grupo de música. Él solía decir que Bowie era un moñas confeso. Yo le respondía que para moñas sus Pet Shop Boys que además eran dos y se daban todo el tiempo entre ellos (¿Y qué? ¿A quién le importa hoy en día que alguien sea gay? Sólo a los adolescentes subnormales como nosotros).
En mitad de la proyección, una de terror, un susto nos hizo gritar como nenazas y nos quedamos callados y con el corazón latiendo a mil por hora. Así que empate técnico. Como moñas quedamos mi amigo y yo en ese cine. Es una anécdota que siempre nos hemos recordado muertos de risa. Luego mi amigo se hizo fan de Bowie aunque no haya relación con esta anécdota.
Y recuerdo también la música de aquella banda sonora de película infantil “El laberinto” que mi prima se aprendió de niña por mi culpa y hoy me ha recordado (veremos mi sobrina que también tuvo que soportar eso).
Y recordé a mi hermana y amigos que me llamaron pesado hasta lo indecible por meterles a Bowie hasta en la sopa y luego, cuando de mayores lo han escuchado les ha gustado y me han pedido disco o hasta han llegado a comprárselo(o me han seguido llamando pesado pero con cariño).
Y aquella vez en las alturas de Barcelona, en aquel estadio, cuando pasé horas hasta conseguir mi primera fila aplastado contra una valla para la comunión con mi dios. Nada de eso desaparecerá “como lágrimas en la lluvia” porque los medios están más pelmazos incluso que yo. Hoy toca Bowie en las notícias. Incluso teniendo una maldita infame infanta sentada en el banquillo de los acusados.
Con vuestro permiso voy a torturar a mi vecino con unos cuantos discos que tengo por aquí. Hoy toca dejarme la garganta. No soy de homenajes ni cosas así pero bueno, que este es mi guía espiritual.   

Es lo que tienen los artistas, que se mueren y dejan algo bueno detrás que no se muere nunca. No podemos decir lo mismo de los políticos. Descansa en paz, genio. 

03 enero 2016

Construyendo puentes


Ya pasadas casi todas las fiestas he descubierto la cantidad de atrocidades que estas pueden llegar a producir en la gente. Estos días en los que ha habido algún que otro puente, he visto cómo en mi empresa alguno forzaba o construía puentes inexistentes. Llamaban y decían que se les había muerto alguien y ya no iban a trabajar. Siempre entre dos festivos para poder ir a comprar algo a Andorra llorar en paz. A veces tenía que ir a reforzar o substituir debido a que mi familia goza de buena salud. Eso es terrible si quieres quedarte en casa. A falta de tragedias que esgrimir te llaman a ti. Parece que todos tenemos que cargar una cruz. Mis compañeros, la muerte de sus suegras y yo las malditas horas extras para sustituirles. Es curioso que esto también me ocurre cuando hay algún partido importante del Barcelona. Si los culés juegan contra el Madrid o hay Champions mi compañero Fernando va a tener problemas graves. El último campeonato tuvo a su suegro en el hospital. Porque claro, matar u hospitalizar al padre o alguien más cercano debe dar yuyu. Y hay más partidos de fútbol importantes que padres. Si dices que es tu suegro el aquejado cumples un sueño y consigues una excusa. Que también me sorprende cómo en mi empresa no se deben llevar mucho los justificantes. Algunos han matado, resucitado y vuelto a resucitar al mismo suegro. Deberían pedirles algo. Aunque fuera una foto en el cementerio con un periódico fechado el día del entierro. Y hasta con otra foto del finado.
Por eso el último no-puente que tuve entre el seis y el ocho de Diciembre estuve a punto de decir algo. Pero no por la excusa sino por el exceso de estas. Por la falta de coordinación. La cosa fue así:

    -Un compañero: Creo que tendrás que venir el siete. A X. se le ha muerto la suegra.

-Otro compañero: Me han dicho que a X. se le ha muerto el suegro. ¿La suegra dices? A mí me han dicho el suegro.   

-La jefa: Sergio, X. me ha dicho que está enfermo, tendrías que venir el siete.


-X.: Perdona, tío, lo siento, pero mi mujer está fatal. Siento que tengas que ir por mí cuando no te tocaba… 

    Desde luego las desgracias no vienen nunca solas. 

14 diciembre 2015

Semana de reflexión


El otro día, viendo a Homer Simpson y recordando al presidente de mi país, tuve una revelación. Algo importante sobre la vida. La filosofía que necesitaba y estaba ahí sin haberla visto antes. Gracias a usted, presidente de esta zarandeada península.
Homer intentaba con sus torpes esfuerzos habituales hacer algo bien y todo se estropeaba. Le dolía tanto el fracaso que se tumbaba en el comedor de casa y decidía no volver a hacer nada en la vida, se acabaron los planes de futuro. “Si hagas lo que hagas y te esfuerces lo que te esfuerces, las cosas ocurren como quieren… ¿De qué sirve intentar algo?”, pensaba Homero Simpson. Y entonces yo, frente a ese programa de animación, pensé: pues igual que usted, “mire usted”, presidente.
Ha pasado por casos de corrupción flagrantes que apuntaban no solo a su partido sino a su mismísima persona, nos ha rescatado los bancos (que sí, vale, que según usted era otra cosa pero sólo porque le gustan los sinónimos como a todo buen político), los problemas que comenzó el anterior partido en Cataluña los ha dejado crecer usted por desidia, tuvo un desagradable caso de machismo antes de las elecciones al parlamento europeo con un candidato de su partido, etc. Y luego no pasó nada.
Con el tiempo, muchos de esos problemas se han resuelto o se han hecho más grandes. Da igual. Todos se han afrontado del mismo modo. Esperando. No haciendo nada. Lanzando ocasionales palabras tranquilizadoras o mensajes cifrados como “parece que está lloviendo”. Ganando tiempo mientras lo perdíamos nosotros hasta que pasase la tempestad.
Usted es como la madre que susurra al bebé que llora “ya,ya” y espera a que se calme con unas palmaditas. La madre lo consigue así que por qué no usted.
Y es que presidente, usted es un sabio. Ha entendido que si todo llega es porque también todo pasa. Usted que gusta de obviedades como “un plato es un plato y un vaso es un vaso” entenderá lo que quiero decir. “Todo esto para qué”, piensa usted igual que yo. Se lo pregunta, se encoge de hombros y espera. Y luego nada es tan malo como esperábamos. A lo mejor actuando todo iría a peor dadas sus limitadas competencias como político (todos sabemos que Soraya, su segunda, es el báculo en el que se apoya y delega porque sin ella su partido ya tendría la credibilidad de Pinocho incluso entre sus afiliados).
Pero dejemos de preocuparnos por todo. Usted es un mensaje de esperanza para todos nosotros. No hagáis nada, nada importa, los países se gobiernan solos, no hay problema que no se olvide en tres telediarios, tumbaos como Homer en el comedor de casa y a verlas pasar… El Universo no es para siempre. Si se va a acabar, a qué tanto movimiento y tanta preocupación.
A mí esta filosofía nihilista me inclina a ir el Domingo al colegio electoral, coger todas las papeletas, meterlas en una bolsa y luego pedir una mano inocente que saque una a boleo. Que vote el azar, a lo que salga, porque al fin da igual, de aquí a cuatro años nada importará. ¿Eso es lo que quiere que haga, señor presidente?   


Nota: A pesar del modo irónico marca de la casa, me temo que votaré sin esperanza pero con decisión al que menos malo me parezca. No llego al nivel de pachorra que tiene este presidente de política zen. No soy capaz de actuar como un maniquí o de vivir como un pedazo de nada a través de una pantalla de plasma. No le llego a la suela de los talones al presi, todavía creo que la democracia sirve para algo y hay que votar. En el fondo soy un ingenuo.   

30 noviembre 2015

Programas de televisión que no os podéis perder por nada del mundo


Entre que abandonaba una compañía de televisión a la carta y contrataba otra (y me ponía de acuerdo con ellos), me he tenido que resignar temporalmente al TDT, a televisiones públicas, a los cortes publicitarios. ¿Y qué? He descubierto mundos maravillosos que no sabía que existían. Que sea “de gratis” no tiene que significar que sea malo. Y si no,  a ver qué me decís de estas maravillas:

Hermano mayor: Un tío que podría ser tu padre mayor(o al menos el de los chicos a los que aconseja). Este señor se va a aconsejar adolescentes que no han tenido las hostias preceptivas adecuadas para su educación, les dice qué necesitan, cómo deben actuar para no aterrorizar a sus padres y acabar en la cárcel. Les explica que está feo pegarles a los padres porque lo dice el refrán (pronto veremos cómo alguno le vuela los sesos con una recortada al progenitor para subir audiencia), les enseña a buscar trabajo como si hubiera, hacen ronda final de llanto y abrazos para que pensemos que a la que se van las cámaras la cosa no va a seguir igual o peor y que estos salvajes no se solucionarán ni en una semana ni en un mes (ni sin un buen correccional). A este hermano mayorzote le viene el conocimiento de haber tenido una vida difícil. Entendiendo difícil como éxito, fama, dinero, mujeres (no hay hermanas mayores), coches y luego drogas que invalidan todo lo demás, caída al desastre, cárcel, familias rotas, más llantos. El haberla cagado a lo grande te hace más sabio. La lectura del programa es que debes dedicar una parte de tu vida a ser un vicioso, luego destrozar esta vida para demostrarte que el vicio está mal y finalmente redimirte para poder aconsejar y sermonear a niños psicópatas (que seguro que no se van a divertir nunca ni la mitad que tú porque viven en barrios pobres sin muchas posibilidades de ascenso social o recursos). Brillante. Me fascina.

Mujeres y Hombres y Viceversa: Ante todo madurez televisiva. Este formato televisivo nos viene a decir que la gente joven y hermosa con cuerpo Danone vive una espantosa tragedia: no ligan. O no como quisieran. Bueno, sí, tal vez consigan follar de vez en cuando pero de amor nada, no lo han encontrado. Claro, lo han buscado en lugares íntimos o acogedores y lejos de las miradas de la gente pero eso no funciona. El amor verdadero solo se puede encontrar en un plató de televisión frente a las miradas del público, las cámaras, tus vecinos, tus avergonzados padres. La privacidad es para perdedores.
A estos tristes hombres y mujeres y viceversas que tanta pena nos dan nos lo quieren ni en las agencias matrimoniales. Son veneno. Sus músculos, rostros de cejas depiladas, enormes pechos y culos perfectos son despreciados por todo el mundo (menos la gente de la televisión).
Ellas pelean por el macho con el poder de sus escotes, insultando a las rivales por besar al tronista antes de tiempo y en general demostrando que luchan por un tratamiento de la mujer que la ensalce y la haga ser respetada y respetarse a sí misma.
Ellos ligan diciendo que son muy maduros y demostrándolo acudiendo a buscar el amor en televisión y llevando barba hipster. O haciéndonos llorar con sus duras vidas en las que tuvieron que trabajar después de los veinte años, estudiar sin beca o contándonos cómo perdieron la matrícula del gimnasio. Pura tragedia griega a la hora de la comida.
Este programa nos informa además del rico y preciso léxico de nuestra juventud actual: “No… O sea… Lo flipas…Oyeeee….No mola pero es que nada…lo flipo full HD… ¿O qué?”
Oro televisivo.

Cámbiame: Este programa nos despierta. Estamos hartos de esta sociedad que cultiva el mundo interior, la poesía, el exceso de gente leyendo en bibliotecas. Queremos ir a la superficie. Si no te gustas como eres no cambies por dentro, eso son estupideces, lo que necesitas es un cambio de peinado o vestir mejor. Lo que mola es la superficialidad (aquí no sé a que vengo con ironías, ES QUE ES ASI).
Tres adefesios intentan enseñarnos a lucir como adefesios. Una es una mujer recién salida de su papel de mala en las siguientes entregas de “Maléfica”, yo la miro y me asusto o pienso que me va a lanzar un conjuro desde la televisión por hacer bromitas en este blog. El chico sentado en el medio es un tipo ambiguo. No sabemos si deseaba ser como James Dean o simplemente soñaba con follárselo. Y en cuanto a la última… Bueno, con la tercera no me meteré. Iba a decir que tenía síndrome de Peter Pan pero hasta que no venda mi colección de comics de superhéroes no señalaré esa pajita en el ojo ajeno.
La idea es que estos estilistas acceden si les sale de la punta del… a cambiarte, te harán mejor persona. Y tiene su lógica. Los ves tan chulitos, tan pagados de sí mismos y tan consejeros ellos que piensas: “Vaya, si estos esperpentos que se visten en el contenedor de ropa de la esquina se creen regios, yo debo parecer un príncipe”.
La parte es cuando la gente se deja transformar. Supongo que parte del truco es presentarlos antes recién levantados, despeinados y sin duchar ni maquillar y luego hacer lo contrario y jugar bien con la iluminación del plató. A veces sí parece que mejoran pero sólo por esos contrastes tan calculados. Casi nadie se atreve a decir que no le gusta el cambio pero… ¿Te atreves tú a decírselo a tu ilusionada peluquera cuando acaba?
Un programa para filosofar sobre la vida, estimulante, con valores…


De momento esto es todo. Seguid en mi canal. Lo vais a flipar… O sea… pero flipar que te cagas… Va a ser super, super cool. Comentadme, plis

09 noviembre 2015

Forever Beast




Estaba en la cafetería. Leyendo. Ninguna novedad entonces. Hasta que le vi. Diez años más tarde de la última cena que compartimos en Transilvania, año 2005. Así que este blog le conocía por poco. Todo un personaje. Tamaño torre de castillo medieval. Ancho por todos lados menos por el cerebro. Conversación de niño. Un tópico de la ficción y al parecer también de la realidad.
-      Hola- se me acercó él mientras yo dudaba en decirle algo- Te conozco.
-      Sí, sí. De aquel viaje a Rumanía. ¿Te acuerdas?
-      Sí- me estrechó la mano como con la intención de romperla- Rumanía…
Mientras él evocaba lo que fue aquello, yo hice lo mismo. Resumiendo, fue un viaje solitario que hice allí buscando vampiros. Me encontré más bien con el monstruo de Frankenstein. O con la bestia.
En el aeropuerto de llegada, mientras esperábamos a nuestras respectivas guías nos dimos cuenta que éramos españoles por eso del castellano. Su compañera, una chica menuda y no demasiado agraciada pero muy simpática, dijo que ya me tenía visto del avión y que se había dado cuenta de que era compatriota por el libro que yo leía. De Barcelona todos. Él no decía nada. Se mantenía en su volumen y condición de hombre armario. Quedamos en vernos si coincidíamos. Y sí. Fuimos compañeros también de autocar.
El viaje fue divertido. Nos unimos gallegos, madrileños, catalanes, etc de vacaciones por un país del este recién salido del comunismo de fachadas agrietadas. Todavía fuera del euro y con salarios mínimos de 75 euros. No sé cómo les irá ahora.
Yo recuerdo divertirme bastante. Con cenas en restaurantes de aspecto gótico, con casas de pueblo adornadas con ajos en las puertas (más de cara al turista que a la verdadera superstición, imagino), con visitas a las camas y lugares de paso de Vlad Tepes, su hijo, Stocker…
Durante todo ese tiempo el hombre armario se dio a conocer. Cantaba canciones inventadas en voz alta con letras como “necesito que me coman la polla, LO NECESITO Y NO ME LA COMEN”, discusiones a viva voz porque él alegaba insatisfacción amorosa y su compañera dolores de cabeza o la regla (la falta de intimidad de ciertas personas es gloriosa para poder escribir, viva la extimidad), ocasionalmente le sorprendía mirándome mal cuando su simpática pareja hablaba conmigo o me halagaba por saber inglés. Su pareja que a su lado parecía la bella porque en la comparación y junto a ese pajarraco, ganaba cualquiera. El tipo me miraba de una forma que me hacía pensar que se había montado una tómbola a mis espaldas. Que en la tómbola había montones de premios dónde se rifaba una hostia. Que me los estaban comprando todos sin yo saberlo. Lo confirmé un día que por Sighisoara, hermosa ciudad de cuento, les comenté a los del grupo que un mendigo me había mirado mal por no darle nada y el armario dijo:
-      A mí no se atreven a mirarme mal. Como soy tan alto y fuerte nadie me mira mal. Todos ven que les puedo pegar si se ponen tontos. Tú eres diferente.
Y ahora, años después de aquel viaje, lo tenía delante. Con una conversación tan difícil y árida como siempre. Si acaso peor. Sin saber qué decirle:
-      ¿Y tú mujer qué tal?
-      ¿Por qué lo preguntas?
-      No, por… Bueno, por decir… ¿Estáis bien?
-      Sí, nos va muy bien. Seguimos muy bien. Nos va perfecto.
-      Claro, se os veía muy buena pareja. Seguro que sí. Encantado de haberte visto.
Y ya no hablamos mucho más. Se fue a buscar a su santa o a tomar viento.
A saber qué le vería ella. Aparte del volumen, claro. Si se pensaba que la bestia iba a cambiar en príncipe lo tenía claro. En la realidad no hay transformaciones mutantes ni se comen perdices, por eso tenemos el divorcio.

Las bestias si acaso, tienden a empeorar.              

26 octubre 2015

Cotilleos

Hace poco les decía a unos amigos en una cena que yo no soy cotilla, que detesto el “marujeo”. Ellos aseguraban que todos lo somos de algún modo. A continuación me tentaron con una anécdota muy jugosa sobre X que me atrapó de inmediato. Pero hay sucesos y gente de la que no puedo hablar por aquí ni en plan iniciales. Me leen. Y llevan una vida de gimnasio. Tienen la fuerza de sus músculos para hacerme entrar en razón. Si me dicen que no cuente tal cosa o me romperán las piernas, la inteligencia me dice que dejar un poco de misterio no viene mal. No hay que ser tan bocazas. O su equivalente en bloguero, no sé, tan letrazas.   
Luego están los que no me leen. Esos van a pagar por los que sí. Recuerdo que hace algún tiempo coincidimos B. y yo en un hospital. Visitábamos a J. que era amigo común. B. fue compañero de infancia. Yo era el empollón de clase y él lo contrario. La pedagogía de aquellos años le hizo tener a la profesora la brillante idea de juntarnos. El objetivo es que a B. se le contagiase mi responsabilidad académica o mi capacidad para entregar más o menos bien los deberes. Creo que lo único que nos contagiamos una vez fue una pasa de gripe muy fuerte que hubo. Y el amor por el cine. Nos hicimos muy amigos. Aunque él con sus suspensos y yo con mis sobresalientes. Sin variación alguna. Aún así él gana mucho más dinero actualmente del que gano yo. Como dice una escritora catalana, “No ens calia estudiar tant”. No nos hacía falta estudiar tanto.   
Con el tiempo nos fuimos separando pero aquella operación de J. nos reunió aquella mañana. Nos turnábamos llevándole arriba y abajo con la silla de ruedas.
B. es un tipo que alienta al cotilleo. Muy directo. Tras años sin vernos esta era su conversación:
-Pues nada, que el otro día he descubierto un puticlub muy bueno cerca de tu casa, Sergio, ya sabes por… Pero no se lo digáis a nadie ¿Eh? Llegas y es una casa normal y corriente pero tienen una negrita que fue verla y dije, me la follo pero ya. Mi mujer en ese momento estaba con los críos y le dije que tenía que hacer horas en el curro. Bueno, eso es trabajo ¿no? Pero ojo con decírselo a alguien. Que no salga de aquí. Bueno, pues la negra muy  bien, hace unas mamadas… Y oye, espectacular. Muy simpática. Yo creo que hasta le gusté. Pero ahora estamos ahorrando para las vacaciones y no puedo ir por un tiempo. O sea que sólo me quedan las pajas. Da igual, me he comprado uno de esos huevos masturbadores que son mano de santo. Se lo recomiendo a todo el mundo. No había probado nada tan bueno antes de eso. Les pones lubricante, la metes y es el paraíso. Dicen que son para dos usos pero yo les he dado ya diecisiete o así, mi huevo masturbador está tan estirado y roto que parece uno de esos gorros de piscina viejos que se les acumula el polvo y se les pegan los pelos. Un asco pero a la que N. se va a dormir lo saco, meto la polla dentro y a pasar otro ratito bueno, esto no se lo digáis a nadie. ¿Vale?
- Vale, vale, a nadie. Lo prometo- dije yo.
Y como soy hombre de palabra no se lo he dicho a nadie. Solo lo escribo que es una de las cláusulas que no he firmado.

Pero que esto quede entre nosotros ¿Eh?