25 mayo 2015

Un encuentro inesperado



Ya he estado aquí antes. El tanatorio. Es  por el padre de un amigo en esta ocasión. Este lugar me empieza a resultar familiar. ¿Por qué antes no lo conocía y ahora lo visito ocasionalmente? Mi amigo J. me dice que cuando éramos críos no se moría nadie. Supongo que conocíamos a menos gente, que nuestro reducido grupo social era más joven y que hasta teníamos algo de suerte.
Esta muerte ya estaba anunciada desde hacía años. Una de esas enfermedades degenerativas que ni dejan vivir ni acaban de matar hasta que sí, finalmente lo hacen. Suelen hacer padecer más a los familiares que al propio enfermo que casi no sabe ni quién es ya.  
En el tanatorio abrazo a la madre de mi amigo y a su hermana. Hablo con él que parece bastante entero de momento (el dolor puede ser práctico, a veces se espera a que pase el entierro y aflora cuando no lo esperas).
Allí mismo empiezo a ver desfilar viejos conocidos y amigos comunes de los que no sabía desde hace años. Es como una gran fiesta macabra dónde a pesar de que reina el luto nos reunimos con viejas caras. Entre ellos hay una mujer que me resulta familiar de espaldas o perfil. Al cabo de un rato me observa y me saluda con una sonrisa.
-          Hola, Sergio, cuánto tiempo. Perdona por no venir antes a saludarte.
Perdona por no saber del todo quien eras, debí decirle yo. Aunque ahora ya sí. A pesar de que ha mutado de rubia a morena. Pero básicamente es la de siempre. No ha cambiado más allá de lo que ha querido hacerlo voluntariamente con el tinte.
Ahora recuerdo que estuve enamorado de ella. O algo así. En la adolescencia se le llama amor a cualquier urgencia hormonal. No un amor de novela del siglo XIX, algo más de andar por casa. Debería decir que me gustaba.
La dibujé en el pupitre del instituto. Mi compañero de entonces puso dos flechas que apuntaban a sus pechos con un rótulo: Campanas de Belén. Jugaba vulgarmente con su nombre.
La madre de Belén me enseñaba solfeo en el aula de cultura del barrio hasta que me agoté de una disciplina que no era la mía. Tuve mi época de grupito de música pero eso no podía seguir por el bien de todos. Belén me sustituyó en ese grupo y al dejar el instituto ya no volví a saber de ella (que también dejó el grupo o el grupo la dejó a ella, no lo recuerdo bien).
Nuestro amigo común es el del padre fallecido que entonces tocaba en el grupo. Ahora canta por libre en otro proyecto.
Vuelvo al presente funerario.
Vamos todos camino de la cafetería. Ella se sienta a mi lado. El padre vivo de otro amigo quiere hacernos una fotografía para probar una cámara. Es absurdo pero accedemos. Dice que él no se aclara con estas “nuevas” cámaras. Belén se inclina hacia mi lado y saca la lengua al fotógrafo. Nos van a inmortalizar juntos aunque es un decir porque aquí acabaremos todos muertos cuando toque. Pero el hombre titubea y efectivamente no se aclara. No, lo suyo no son las cámaras digitales por más que solo haya que presionar un botón como en las antiguas. No consigue hacer la foto.
Luego ya nos vamos despidiendo.
Belén se ofrece a llevarme en coche hasta casa. Resulta que vivimos a una manzana de distancia y no lo sabíamos. No hemos abandonado el viejo barrio.
Es guapa, es simpática, estoy dónde quise estar hace tiempo con ella, viajando por una noche fresca a su lado. Charlando como no hicimos cuando íbamos al mismo instituto pero a cursos distintos y con poca confianza, apenas saludos con la cabeza solo porque yo conocía a su madre. No éramos realmente amigos, solo conocidos.  
Luego nos despedimos usando labios y mejillas. Ella me invita a una fiesta a la que no podré ir por motivos laborales pero igual dejo la puerta abierta, no se lo digo, lo dejo en un “tal vez”. Sonríe una vez más y me deja en la acera con la adolescencia pasándome frente a los ojos.
Aunque luego regreso al presente como el que se despierta de un sueño.
No dejo de pensar que casi todo lo interesante que me ocurre en la vida ya, no pasa de mi cabeza.   

04 mayo 2015

Adiós, que te vaya bien. Hola, vamos a ver qué tal.

Su nuevo amor sigue funcionando entre Barcelona y Jaén. Ella viene con su amor a domicilio y mi amigo lo recibe ilusionado. En los intermedios de distancia se whatsappean. Hay algunas aristas que pulir en esta nueva relación pero es indudable que avanza.
De todas formas ocurre que cuando ciertas parejas empiezan, hay ciertos asuntos que solucionar con el pasado. Se empieza con algunas deudas pendientes. A la dificultad de un ex que no quiere dejar de serlo se pueden añadir las dudas de uno mismo-a.

Recuerdo a otro amigo, años atrás, en una situación similar. Frente a nuestras cervezas me confesó: 

-          La he conocido en este tiempo que he vivido en Irlanda. Ella es española como yo pero se lió con un nativo. Al final se viene conmigo para Barcelona. Ella está allí pero mañana se vendrá conmigo y empezaremos aquí. Lo que ocurre es que se ha quedado para despedirse de su ex. No me gusta esto. ¿Qué opinas?

Tomé un sorbo de la cerveza (negra) y dije algo amable aunque seguramente falso. Lo que realmente pensaba es que ella se estaría despidiendo del ex a lo grande. Con uno o varios polvos apoteósicos. El sexo del adiós. Un clásico del erotismo del que se ha dicho poco.
Pero volviendo a mi amigo T., digamos que también tiene una ex. Aunque su situación es opuesta. Mientras estuvo con ella no consiguieron mantener la relación a flote más de una semana sin discutir o separarse. Luego se enviaban unos mensajes, quedaban de nuevo y vuelta a empezar situando el kilómetro cero del nuevo principio en una noche de sexo reconciliatorio. Una base endeble, la verdad. El sexo es casi siempre el único lado sencillo en una relación. El trabajo está en sostener todo lo demás. Luego, claro, volvían a discutir y vuelta a la casilla de salida.
T. y ella quedaron hace unos meses. Fueron al cine y luego fueron a casa de ella para recordar viejos orgasmos. Ella le confesó a T. que lo “estaba pasando mal”. Que ahora sí sentía que lo perdía (por la de Jaén). Le puso una oferta generosa sobre la mesa. Que se fuera a vivir con ella (antes no quería). Que podían ir él y sus perros. Que discutirían menos. Además añadía, no sin maldad: “Piensa que yo no tengo hijos como la de Jaén”. Dicen que en el amor y en la guerra todo está permitido pero yo siempre he pensado que eso lo dijo algún hijo de puta que se lo quería permitir.  
Podía haber funcionado. La ex, por lo demás,  no es mala chica. La conozco y no creo que lo sea. O no más que cualquiera. Pero a veces estas promesas llegan tarde. Y además el tiempo las hubiese tirado por tierra. Las mejores intenciones caen ante la realidad. Solemos cambiar poco en lo básico. T. y ella hubiesen regresado al bucle de discusión-nostalgia-reconciliación.
Mi amigo ya está casi, casi metido en su nueva relación. El nuevo clavo ha terminado de sacar el anterior. En caso contrario, de estar solo T., puede que él y su ex hubiesen seguido hasta el fin de los tiempos con su relación defectuosa. Hay muy poca gente que deja atrás una relación si no tiene nada ahora. Debería haber más.
Por supuesto esto no es un final feliz. Mientras la gente está viva no hay finales, solo un largo continuará…

13 abril 2015

La sabiduría de estos perdedores





A mi hermana se le ocurrió que teníamos que vernos más a menudo. Con la excusa de que tenemos los mismos padres. Es por eso que algún que otro Sábado hemos quedado y accedido a ir a ver uno de esos partidos de baloncesto de mi sobrina. Y no es tarea fácil. O te llevas una distracción alternativa o el espectáculo es un desierto de aburrimiento. Hasta los padres se enfrascan en sus pantallitas táctiles para no agotarse con sus propios hijos maljugando en la pista. Y es que son un equipo de lo peor. Mi sobrina es muy mala. Le tiene miedo a la pelota y cuando se la pasan se aparta no vaya a golpearla. Las pocas veces que la tiene en las manos es para perderla en segundos. Salta mucho pero más allá de eso… nada. Nunca a alguien se le dio tan mal algo que le gustase tanto.
Los partidos no tienen más intriga que ver si al menos consiguen marcar una vez. La canasta de la vergüenza. A veces ni siquiera eso ocurre. Además estas ligas infantiles están desproporcionadas y se enfrentan niños grandes y mastodontes a peques como los del equipo de mi sobrina.  
Por supuesto, al salir, siempre les decimos que lo importante es participar o mentiras piadosas de ese estilo.
Aunque son un equipo bastante feliz. Les ves salir del vestuario después de un 120 a 0 en contra gritando “yupiiiii”  y gastándose bromas entre ellos. A mí desde luego me hacen reflexionar sobre la felicidad o la tolerancia al fracaso. Estos chicos son maestros contra el infortunio. Y mi sobrina la primera. Siempre nos recuerda esa jugada buena que hizo en tal momento que (aunque decimos que sí) no vimos.
Todo el equipo sufre las derrotas más humillantes, llevan un par de años así, y no tienen más aspiración que ver a la crack del equipo (una niña de nueve años no demasiado desarrollada pero con una media máxima de dos encestes al mes o 0,5 por partido) conseguir un tanto. Si la crack consigue dos puntos lo celebran como si hubiesen ganado. Si por el contrario pierden 200 a 0(lo he llegado a ver) los ves igual de contentos a la salida. Sólo ves un poco de tristeza en los padres.
Cuando llego a casa observo las estanterías de mi habitación. Un rincón para la autoayuda de L. y el resto de la biblioteca que es mía. Entre esos volúmenes hay algunos de mis queridos libros de filosofía o clásicos griegos y romanos. Esos sabios antiguos son como el germen de la moderna autoayuda (esta no es más que un refrito simplificado de la sabiduría clásica). Todos ellos escribieron pensamientos muy sabios sobre cómo se debe vivir. Yo disfruto especialmente con los estoicos (Marco Aurelio, Epicteto, Séneca) y los subrayo a menudo (también los hedonistas como Epicuro). Adoro lo moderno de Michel de Montaigne… Casi postmoderno a pesar de haber vivido en el siglo XVII.
Y sin embargo no somos capaces de llevar a la práctica esas doctrinas tan sabias.
Una vez trabajé en un cine y teatro. Pedro Ruiz presentaba un monólogo que finalizaba con el famoso poema de Rudyar Kipling, la carta a su padre, un buen montón de consejos de vida ideales. Como Pedro en persona era un cretino al que una vez casi estuve a punto de golpear en puro ataque de rabia por algo que no viene al caso, le pregunté no sin maldad: “¿No crees que es difícil seguir los consejos de esa carta al padre?” Me miró con sus ojillos de comadreja y me respondió: “Imposible, absolutamente imposible”. Bueno, como persona era insoportable y rigurosamente hostiable pero el tipo era y debe seguir siendo muy inteligente. Y consciente.
Pues eso, que enunciar o leer sabiduría parece más o menos posible. Lo difícil es llevarla a cabo. Mi sobrina y sus compañeros no han leído nada de esos libros pero son más estoicos, hedonistas y en general felices que los que los escribieron, que nosotros. Eso es lo que pienso cuando les veo tan ajenos a sus derrotas.
El próximo Sábado les toca enfrentamiento contra un rival dos cursos superiores y bastante profesional, líder de grupo. Les aplastarán a lo grande. Y ellos volverán a salir contentos del vestuario. Se lo pasarán muy bien.      

23 marzo 2015

Un día cualquiera



Recibo varios ataques informáticos desde el Domingo por la tarde hasta el Lunes por la mañana. Un virus me bloquea el ordenador con una supuesta página de la policía. Me acusa de pederasta, violador y me pide cien euros para saldar esas “faltillas”. No me doy por culpable y consigo desbloquearlo y limpiarlo. En la policía me dicen que la próxima vez haga una captura de pantalla para localizar a los estafadores (porque de eso se trata). Pero durante la mañana del Lunes veo que los duendes la han liado más. Mi polvorienta cuenta de twitter que no uso casi nunca envía spam a todo el mundo en mi nombre. Bueno, a los cinco twiteros que tenía agregados. Un mal menor pero en fin, todo esto con el ordenador me deja  algo mustio y desconfiado. -1

Además de esos asuntos tengo que ir a las oficinas de mi empresa a “no se sabe qué”. Esta incertidumbre nunca es bienvenida por mí. Nunca espero nada bueno de alguien que me paga por trabajar. Sé que en mis superiores y jefe-as no voy a encontrar el amor verdadero. Pero al llegar me recibe un tipo sonriente al que no conocía y que dice encargarse de… me quedo en blanco, estoy esperando el chaparrón y no recuerdo más allá del saludo. Me lleva a su despacho tras avisarme de un escalón mortífero en el camino. Allí me dice que si quiero un cheque por 200 euros sobre unas horas extras del año pasado que se habían quedado sin pagar. Que si quiero coger el cheque y cobrarlo. Ja,ja, nos reímos los dos. Claro, hombre, tú trae para aquí y los dos tan amigos. Intento no dar la impresión de que había olvidado que me debían ese dinero. Podrían acabar ellos olvidándose algún día de lo que me deben si me ven así de descuidado. Mi ánimo se eleva un poco.+1

En un transbordo del metro, ya camino del trabajo, hay una redada de revisores que casi nunca suelo ver. Miro mi bono y “¡Oh,nooo!”, es el de L. que llevo en la misma funda que el mío. He marcado el suyo que es personal e intransferible. La multa puede ser del tamaño de la deuda nacional no solo por no pagar el metro sino por substituir a otra persona. Pero ya me han visto. Solo puedo escapar hacia delante. Son quince tipos. Yo he quedado atrapado en ese río de gente y quedo entre dos sonrientes hombres con el logotipo de “Transportes públicos de Barcelona” a la altura de su corazón. “¿Me permite el billete, por favor?” Claro. Les sonrío yo también como un atontado y les saco el bono de L. Uno de ellos lo pasa por su maquinita de control que suena bien, aprobadora y el hombre ni siquiera lee la pantallita dónde debe decir que yo tengo nombre de mujer, un DNI que no es el mío y que bueno, que el bono no me pertenece. “Gracias”, me dice. No hay de qué, le digo apresurando el paso. +1

Ya en la cafetería, antes de entrar al trabajo, descubro que el día no ha terminado con sus juegos. Me lo está poniendo difícil y yo tengo metido el torpe dentro. No sé cómo, derramó el café solo sobre el croissant. El hojaldre, así rociado, sabe mojado y amargo. No lo recomiendo. También me cae algo en el pantalón.  -1 

Dos puntos a favor y dos negativos me dan un día muy compensado. Pero no sé si tengo suerte o no la tengo. Enfrentados los pros contra los contras la cosa no está mal.
De todas formas los puntos negativos pesan mucho, se notan más, se recuerdan mejor, en ocasiones borran lo bueno que pueda haber pasado. Es por lo que mucha gente dice que le ha caído la negra y habla de mala suerte aunque no todo en su vida sea negativo.
Yo he tenido días mejores pero casi nada de lo ocurrido tiene más culpables que un despiste, un olvido, unos estafadores o cosas así. El mundo no está contra mí. Tampoco a mi favor. Sólo le agradecería que se guardase las sorpresas para los cumpleaños.

25 febrero 2015

Celebrando, confesando, saludando, recordando, gerundeando...



Todo esto para escribir durante diez años. Casi se me va Febrero sin recordar que este blog cumple años. Una década. Es acuario como yo. Tal vez Piscis, creo que empezó acabando el mes. Y nunca le he regalado nada. Todo me lo ha dado el blog a mí. Nunca le mencioné el post número cien o le aplaudí el primer año de vida virtual. Será que a mí estas celebraciones no me dicen nada. Pero bueno, uno cambia o le van cambiando y son diez años. Estoy en blogger casi desde que bloguer es blogger. Por mediación de un amigo que me dijo que esto estaba existiendo. Que podía escribir lo que quisiera y editarme y publicarme yo mismo. Era lo que siempre había querido.
Así que comencé como el que empieza una libreta nueva o un bloc. Con la página en blanco pero en el buen sentido.  Viendo sus posibilidades y no sus bloqueos.
Actualmente me avisan que si tengo contenido pornográfico me dejarán sin página. Nueva política políticamente correctísima, los tiempos cambian a muy moderados. Pues vale. Creo que la pornografía ilustró mis letras un puñado de veces y lo cierto es que no he evolucionado hacia esa tendencia ni esas pulsiones. Borré la última vulva que no me habían ido tumbando ya y que se alojaba en el 2006 y listos. Estoy limpio. Creo. Espero que la política de blogger no la vaya luego a tomar con pensar un poco distinto de lo normal.  Veremos.
Creo que no soy ya tan ácido. He ganado en empatía. Ahora ya puedo releerme como si fuera otro. No me acuerdo de ciertos textos míos y parecen de otro a medias (sigo reconociendo mi estilo en cualquier post de hace diez años, admito que son hijos míos desde el primer párrafo y aunque no recuerde la letra sí reconozco la música).  Pero el título de este blog recoge mi inmenso encogimiento de hombros. Ya casi soy el estoico al que siempre aspiré. Lo bueno de que todo esto pueda ser para nada me da tranquilidad de espíritu y gracias a eso, me inclino menos al enfado, todo importa poco (no cantemos victoria, todavía tengo las zarpas al final de los brazos).
Al principio eso sí, solo escribía para el amigo que me recomendó esto y algún otro. Escribir casi para nadie te da libertad. Aquellas largas parrafadas entre el ensayo, la comedia y la tragedia, el costumbrismo y el cuento cotidiano no han cambiado mucho salvo por la extensión.
Ahora hay unos cuantos apuntados a lo de pasear por aquí. Algunos solo miran y no comentan pero dejan su huella en la estadística y aunque tal vez me odien y abominen de lo que leen me sostienen igual.
En estos diez años nunca he perdido las ganas de escribir. Si acaso el tiempo pero la fiebre estaba ahí. He escrito decenas de post con la cabeza que luego se me han muerto por el olvido o porque ya no eran actuales. Algunos los he censurado porque criticaba a quien tal vez no lo merecía o con quién me llevaba mejor que cuando lo critiqué. Otros porque rozaban lo ilegal. Otros porque alguien me pidió que lo hiciera. Pero he prescindido de muy pocos en general. Lo he dejado casi todo. A pesar de los problemas que me dio este blog hace años. Demasiada gente usó cualquier post en el que me pronuncié en mi contra. Gente que ahora ya no es ni el margen de la página. A la gente también se la puede borrar de una vida como el que borra un dibujo que no le gusta.
Hay otras personas que sin embargo me piden la exhibición voluntaria de salir por aquí como J. o T. o…
Si no me llegan la vivencias propias siempre tengo las de otros.
Pero ya me estoy extendiendo. Sólo añadir que mis post se hacen ahora verdaderamente más profundos porque se completan en vuestros comentarios que los amplían y corrigen. Los leo o los leen los protagonistas de mis historias también con un interés absoluto.
Un saludo especial a mis blogueras-os más fieles(alguna de ellas debe disculparme por no llamarla antes ya que desde hace un tiempo estoy atado en corto y solo se me dará permiso para relacionarme con otras féminas el día del Juicio final). Alguna otra me debe disculpar así, a secas, ella ya me entenderá desde por ejemplo, Galicia.
Un saludo general para los ocasionales que también valen su peso en plata.      
Supongo que estos autohomenajes aburren pero bueno, uno a la década…