30 junio 2015

El nuevo pensamiento único y a la carta



Pronto llegará Netflix a España, la mayor empresa de entretenimiento en streaming (flujo) que creo que existe. Una televisión inteligente que sabe lo que te gusta basándose en los datos de audiencia de sus propios subscriptores (creo que van por sesenta millones en todo el mundo). Saben qué series se ven más, si son populares entre las mujeres, los hombres, los niños… Incluso qué escenas de la serie funcionan mejor de cara a fabricar el tráiler. Un buen anuncio puede llevarte al fracaso o al éxito. Usan la disciplina del Big Data (datos masivos). Según esta, somos máquinas altamente predecibles y si te gusta esa serie con un político terrible tal vez te guste aquella otra de similar temática. Aunque no creo que sea una disciplina cien por cien fiable. Spotify funciona más o menos así. Cuando me dice que ya que he escuchado a Pablo Alborán tal vez me guste escuchar a X se equivoca. Y lo hace porque yo no he escuchado a Pablo Alborán ni lo haré. Lo que sí se yo entonces es que mi compañera ha andado trasteando con mi ordenador y seguro que sus intenciones no eran buenas. Este es un fallo clásico de Big Data, recogen el dato de que el ordenador ha hecho funcionar ese cantante o serie pero no saben que tal vez no sea cosa del dueño. A gran escala no importa. Las estadísticas masivas son más fiables y estos pequeños errores son insignificantes.
Lo de manejar nuestros datos nos puede volver un poco paranoicos pero si no estás pensando en cometer un atentado en nombre del EI contra tu vecino(a mí casi me pillan por aquí) y cosas así no tendrás demasiados problemas. Como mucho te encontrarás anuncios personalizados en facebook, Spotify, tu mail, el teléfono que siempre tiene una llamada spamera para ti… La publicidad es nuestro único amante seguro.
Yo tengo un amigo músico que funciona como el Big Data. Cuando pillé el último disco de Bowie me dijo que me veía cantando y bailando cierta canción del disco que ni siquiera era single. Acertó. Realmente me siento raro ante mi predictibilidad.
Yo por mi parte suelo recomendar discos, libros o películas preguntando primero cuáles son tus obras preferidas. Mi compañero F. me preguntaba el otro día qué película podía estar bien y le dije que la última de “Fast and Furious”. Ni siquiera la he visto pero es un fan de las seis primeras y creo que Woody Allen no le podría gustar, suele definirlo como “ese maldito pederasta” (y razón no le falta pero la pederastia hasta dónde sé, no define tu talento como director o escritor, son valores distintos o bueno, pederastia ni siquiera es un valor). Está claro que si miramos la ética o moral de nuestros ídolos nos quedamos sin héroes. Bowie defrauda a hacienda, Polanski fue también un poco de tener la mano larga con las menores, Houellebecq está para que lo encierren…
Volviendo al Big Data hablaba de esa disciplina porque me preocupa que la originalidad se nos ponga de luto. Sólo quieren darnos lo que queremos. Si te gusta una película dónde un andaluz gracioso hace chistes a costa de los tontos vascos te ofrecerán también películas con el mismo actor haciendo lo mismo con los imbéciles catalanes, gallegos, australianos… y eso está bien las dos primeras veces pero una vida sin ideas nuevas no me parece el mejor de los mundos posibles. Hubo una época en la que teníamos dos canales de televisión pero al menos los libros valían algo y hasta se leían. El Big Data también estudia cuanta gente se ha leído la última novela de Donna Tartt hasta el final (muy poca, yo la acabé porque soy un psicópata compulsivo pero sufrí bastante). He leído un artículo dónde preguntan con ironía ¿Debería entonces Donna Tartt haber terminado de escribir la novela? Mal asunto esto de que ya nos registren hasta la capacidad de atención.   
Cómo soy optimista creo que también superaremos este bache en el pensamiento único. Dicen que la Deep Web*  nivel cinco es diferente a todo lo que hemos visto hasta ahora…      

*Nota: Por lo que sé, dicen que la Deep Web o red profunda es el noventa y cinco por ciento de la Internet que desconocemos. Nuestros buscadores oficiales como Google solo nos enseñan el cinco por ciento. Se cuenta de todo sobre esa red profunda y hay múltiples artículos. Si descartáis los que hablen de cosas como los hermanos de Sión, la conspiración de los gobiernos en la sombra y conspiranoias varias, averiguareis que es un mundo interesante.

15 junio 2015

Relaciones, complejidad, Apocalipsis... Pasándome de rosca con las digresiones



Como ahora toca estar sin hablarse unos días sin mi cónyuge, aprovecho para hacer ese tipo de asuntos en los que se requiere una cierta libertad de movimientos.
Dicen que lo bueno de las discusiones son las reconciliaciones. Yo voy un paso más allá y trato de sacar provecho de las discusiones en sí o de su período posterior, ese limbo de silencios en los que simplemente “hay mal rollo”. Salgo y entro de casa y quedo con amigos sin dar explicaciones, me dedico más tiempo a mí mismo (en pareja me dedico el ochenta por ciento, sin ella me dedico el cien por cien), me voy al cine a ver cosas que solo pueden existir en una cartelera porque voy a verlas yo (si no, no se explica que existan semejantes películas), etc.
El precio de ser libre es estar solo pero soy de los que lo llevan bien si no pasa de los seis meses. Tiempo tendré de volver al redil.
Recuerdo a mi pareja diciendo un día de sol, cansada y deshidrata y en mitad de un sendero, en su momento más vulnerable: “¿Tú no te sientes mal cuando discutimos?”. “Claro”, dije yo por no discutir y sentirme peor bajo ese sol tan asesino, no hagáis senderismo a las dos de la tarde. Aunque lo que realmente me hacía sentir mal en ese momento era el principio de insolación.
También recordé aquella otra chica más joven, hace bastantes años ya, pidiéndome: “Prométeme que nunca volveremos a discutir”. Solo a ciertas edades se pueden pedir imposibles de ese tamaño. Pareja y discusión son casi sinónimos. Hay gente que dice que no entiende cómo parejas que discuten tanto se pueden mantener unidas. Yo creo que parejas así se tienen que querer mucho para poder soportarlo (no es mi caso).
Pues bien, aprovechando mi soltería falsa y temporal salgo con un amigo, el del culebrón con la de Jaén. Al parecer el exmarido de ella no era el buen tipo que nos dio a entender. Sólo era un bastardo latente o en hibernación. Cuando ha visto que su ex mujer realmente se le iba del pueblo se ha dedicado a hacer cosas extrañas como dejarles sin luz ni gas en el piso que ella comparte con sus hijos (¿?). También arrastra su patetismo por facebook y escribe que se suicidará si ella se va del todo. Eso en psicología es un secuestro en toda regla. Coges a tu pareja y le chantajeas para que siga contigo con la excusa de que si abandona te suicidarás. Patético.
Mi amigo opta por animarle al suicidio. Yo creo que es mejor dejarlo estar. Ella ya tiene pensado seguir con sus planes con mi amigo. Y nadie es responsable del suicidio de alguien. Ese hombre necesita un psiquiatra y lo rechaza, se ve que le debe gustar revolcarse en su locura de pobre diablo. A mí algo de pena me da pero no tanta como para sacrificarla a ella.
Después de ese culebrón no puedo más con las relaciones humanas. Estoy saturado.
Decido asustarme de otra forma y me leo un libro de cosmología. Dice que hay una posibilidad entre cien mil de que en los próximos años nos caiga un asteroide gordo en la tierra que acabe con nuestras miserias. Yo creo que las posibilidades de que vuestra pareja o la mía os de un disgusto mañana o pasado es bastante más grande. No hay color. Las relaciones en pareja son más difíciles que la física, Einstein…    
Pero vamos a dejarlo por hoy.

25 mayo 2015

Un encuentro inesperado



Ya he estado aquí antes. El tanatorio. Es  por el padre de un amigo en esta ocasión. Este lugar me empieza a resultar familiar. ¿Por qué antes no lo conocía y ahora lo visito ocasionalmente? Mi amigo J. me dice que cuando éramos críos no se moría nadie. Supongo que conocíamos a menos gente, que nuestro reducido grupo social era más joven y que hasta teníamos algo de suerte.
Esta muerte ya estaba anunciada desde hacía años. Una de esas enfermedades degenerativas que ni dejan vivir ni acaban de matar hasta que sí, finalmente lo hacen. Suelen hacer padecer más a los familiares que al propio enfermo que casi no sabe ni quién es ya.  
En el tanatorio abrazo a la madre de mi amigo y a su hermana. Hablo con él que parece bastante entero de momento (el dolor puede ser práctico, a veces se espera a que pase el entierro y aflora cuando no lo esperas).
Allí mismo empiezo a ver desfilar viejos conocidos y amigos comunes de los que no sabía desde hace años. Es como una gran fiesta macabra dónde a pesar de que reina el luto nos reunimos con viejas caras. Entre ellos hay una mujer que me resulta familiar de espaldas o perfil. Al cabo de un rato me observa y me saluda con una sonrisa.
-          Hola, Sergio, cuánto tiempo. Perdona por no venir antes a saludarte.
Perdona por no saber del todo quien eras, debí decirle yo. Aunque ahora ya sí. A pesar de que ha mutado de rubia a morena. Pero básicamente es la de siempre. No ha cambiado más allá de lo que ha querido hacerlo voluntariamente con el tinte.
Ahora recuerdo que estuve enamorado de ella. O algo así. En la adolescencia se le llama amor a cualquier urgencia hormonal. No un amor de novela del siglo XIX, algo más de andar por casa. Debería decir que me gustaba.
La dibujé en el pupitre del instituto. Mi compañero de entonces puso dos flechas que apuntaban a sus pechos con un rótulo: Campanas de Belén. Jugaba vulgarmente con su nombre.
La madre de Belén me enseñaba solfeo en el aula de cultura del barrio hasta que me agoté de una disciplina que no era la mía. Tuve mi época de grupito de música pero eso no podía seguir por el bien de todos. Belén me sustituyó en ese grupo y al dejar el instituto ya no volví a saber de ella (que también dejó el grupo o el grupo la dejó a ella, no lo recuerdo bien).
Nuestro amigo común es el del padre fallecido que entonces tocaba en el grupo. Ahora canta por libre en otro proyecto.
Vuelvo al presente funerario.
Vamos todos camino de la cafetería. Ella se sienta a mi lado. El padre vivo de otro amigo quiere hacernos una fotografía para probar una cámara. Es absurdo pero accedemos. Dice que él no se aclara con estas “nuevas” cámaras. Belén se inclina hacia mi lado y saca la lengua al fotógrafo. Nos van a inmortalizar juntos aunque es un decir porque aquí acabaremos todos muertos cuando toque. Pero el hombre titubea y efectivamente no se aclara. No, lo suyo no son las cámaras digitales por más que solo haya que presionar un botón como en las antiguas. No consigue hacer la foto.
Luego ya nos vamos despidiendo.
Belén se ofrece a llevarme en coche hasta casa. Resulta que vivimos a una manzana de distancia y no lo sabíamos. No hemos abandonado el viejo barrio.
Es guapa, es simpática, estoy dónde quise estar hace tiempo con ella, viajando por una noche fresca a su lado. Charlando como no hicimos cuando íbamos al mismo instituto pero a cursos distintos y con poca confianza, apenas saludos con la cabeza solo porque yo conocía a su madre. No éramos realmente amigos, solo conocidos.  
Luego nos despedimos usando labios y mejillas. Ella me invita a una fiesta a la que no podré ir por motivos laborales pero igual dejo la puerta abierta, no se lo digo, lo dejo en un “tal vez”. Sonríe una vez más y me deja en la acera con la adolescencia pasándome frente a los ojos.
Aunque luego regreso al presente como el que se despierta de un sueño.
No dejo de pensar que casi todo lo interesante que me ocurre en la vida ya, no pasa de mi cabeza.   

04 mayo 2015

Adiós, que te vaya bien. Hola, vamos a ver qué tal.

Su nuevo amor sigue funcionando entre Barcelona y Jaén. Ella viene con su amor a domicilio y mi amigo lo recibe ilusionado. En los intermedios de distancia se whatsappean. Hay algunas aristas que pulir en esta nueva relación pero es indudable que avanza.
De todas formas ocurre que cuando ciertas parejas empiezan, hay ciertos asuntos que solucionar con el pasado. Se empieza con algunas deudas pendientes. A la dificultad de un ex que no quiere dejar de serlo se pueden añadir las dudas de uno mismo-a.

Recuerdo a otro amigo, años atrás, en una situación similar. Frente a nuestras cervezas me confesó: 

-          La he conocido en este tiempo que he vivido en Irlanda. Ella es española como yo pero se lió con un nativo. Al final se viene conmigo para Barcelona. Ella está allí pero mañana se vendrá conmigo y empezaremos aquí. Lo que ocurre es que se ha quedado para despedirse de su ex. No me gusta esto. ¿Qué opinas?

Tomé un sorbo de la cerveza (negra) y dije algo amable aunque seguramente falso. Lo que realmente pensaba es que ella se estaría despidiendo del ex a lo grande. Con uno o varios polvos apoteósicos. El sexo del adiós. Un clásico del erotismo del que se ha dicho poco.
Pero volviendo a mi amigo T., digamos que también tiene una ex. Aunque su situación es opuesta. Mientras estuvo con ella no consiguieron mantener la relación a flote más de una semana sin discutir o separarse. Luego se enviaban unos mensajes, quedaban de nuevo y vuelta a empezar situando el kilómetro cero del nuevo principio en una noche de sexo reconciliatorio. Una base endeble, la verdad. El sexo es casi siempre el único lado sencillo en una relación. El trabajo está en sostener todo lo demás. Luego, claro, volvían a discutir y vuelta a la casilla de salida.
T. y ella quedaron hace unos meses. Fueron al cine y luego fueron a casa de ella para recordar viejos orgasmos. Ella le confesó a T. que lo “estaba pasando mal”. Que ahora sí sentía que lo perdía (por la de Jaén). Le puso una oferta generosa sobre la mesa. Que se fuera a vivir con ella (antes no quería). Que podían ir él y sus perros. Que discutirían menos. Además añadía, no sin maldad: “Piensa que yo no tengo hijos como la de Jaén”. Dicen que en el amor y en la guerra todo está permitido pero yo siempre he pensado que eso lo dijo algún hijo de puta que se lo quería permitir.  
Podía haber funcionado. La ex, por lo demás,  no es mala chica. La conozco y no creo que lo sea. O no más que cualquiera. Pero a veces estas promesas llegan tarde. Y además el tiempo las hubiese tirado por tierra. Las mejores intenciones caen ante la realidad. Solemos cambiar poco en lo básico. T. y ella hubiesen regresado al bucle de discusión-nostalgia-reconciliación.
Mi amigo ya está casi, casi metido en su nueva relación. El nuevo clavo ha terminado de sacar el anterior. En caso contrario, de estar solo T., puede que él y su ex hubiesen seguido hasta el fin de los tiempos con su relación defectuosa. Hay muy poca gente que deja atrás una relación si no tiene nada ahora. Debería haber más.
Por supuesto esto no es un final feliz. Mientras la gente está viva no hay finales, solo un largo continuará…

13 abril 2015

La sabiduría de estos perdedores





A mi hermana se le ocurrió que teníamos que vernos más a menudo. Con la excusa de que tenemos los mismos padres. Es por eso que algún que otro Sábado hemos quedado y accedido a ir a ver uno de esos partidos de baloncesto de mi sobrina. Y no es tarea fácil. O te llevas una distracción alternativa o el espectáculo es un desierto de aburrimiento. Hasta los padres se enfrascan en sus pantallitas táctiles para no agotarse con sus propios hijos maljugando en la pista. Y es que son un equipo de lo peor. Mi sobrina es muy mala. Le tiene miedo a la pelota y cuando se la pasan se aparta no vaya a golpearla. Las pocas veces que la tiene en las manos es para perderla en segundos. Salta mucho pero más allá de eso… nada. Nunca a alguien se le dio tan mal algo que le gustase tanto.
Los partidos no tienen más intriga que ver si al menos consiguen marcar una vez. La canasta de la vergüenza. A veces ni siquiera eso ocurre. Además estas ligas infantiles están desproporcionadas y se enfrentan niños grandes y mastodontes a peques como los del equipo de mi sobrina.  
Por supuesto, al salir, siempre les decimos que lo importante es participar o mentiras piadosas de ese estilo.
Aunque son un equipo bastante feliz. Les ves salir del vestuario después de un 120 a 0 en contra gritando “yupiiiii”  y gastándose bromas entre ellos. A mí desde luego me hacen reflexionar sobre la felicidad o la tolerancia al fracaso. Estos chicos son maestros contra el infortunio. Y mi sobrina la primera. Siempre nos recuerda esa jugada buena que hizo en tal momento que (aunque decimos que sí) no vimos.
Todo el equipo sufre las derrotas más humillantes, llevan un par de años así, y no tienen más aspiración que ver a la crack del equipo (una niña de nueve años no demasiado desarrollada pero con una media máxima de dos encestes al mes o 0,5 por partido) conseguir un tanto. Si la crack consigue dos puntos lo celebran como si hubiesen ganado. Si por el contrario pierden 200 a 0(lo he llegado a ver) los ves igual de contentos a la salida. Sólo ves un poco de tristeza en los padres.
Cuando llego a casa observo las estanterías de mi habitación. Un rincón para la autoayuda de L. y el resto de la biblioteca que es mía. Entre esos volúmenes hay algunos de mis queridos libros de filosofía o clásicos griegos y romanos. Esos sabios antiguos son como el germen de la moderna autoayuda (esta no es más que un refrito simplificado de la sabiduría clásica). Todos ellos escribieron pensamientos muy sabios sobre cómo se debe vivir. Yo disfruto especialmente con los estoicos (Marco Aurelio, Epicteto, Séneca) y los subrayo a menudo (también los hedonistas como Epicuro). Adoro lo moderno de Michel de Montaigne… Casi postmoderno a pesar de haber vivido en el siglo XVII.
Y sin embargo no somos capaces de llevar a la práctica esas doctrinas tan sabias.
Una vez trabajé en un cine y teatro. Pedro Ruiz presentaba un monólogo que finalizaba con el famoso poema de Rudyar Kipling, la carta a su padre, un buen montón de consejos de vida ideales. Como Pedro en persona era un cretino al que una vez casi estuve a punto de golpear en puro ataque de rabia por algo que no viene al caso, le pregunté no sin maldad: “¿No crees que es difícil seguir los consejos de esa carta al padre?” Me miró con sus ojillos de comadreja y me respondió: “Imposible, absolutamente imposible”. Bueno, como persona era insoportable y rigurosamente hostiable pero el tipo era y debe seguir siendo muy inteligente. Y consciente.
Pues eso, que enunciar o leer sabiduría parece más o menos posible. Lo difícil es llevarla a cabo. Mi sobrina y sus compañeros no han leído nada de esos libros pero son más estoicos, hedonistas y en general felices que los que los escribieron, que nosotros. Eso es lo que pienso cuando les veo tan ajenos a sus derrotas.
El próximo Sábado les toca enfrentamiento contra un rival dos cursos superiores y bastante profesional, líder de grupo. Les aplastarán a lo grande. Y ellos volverán a salir contentos del vestuario. Se lo pasarán muy bien.